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Lugares más improbables que alcanzó la nevada en México (FOTOS)

Estados como Aguascalientes, Jalisco o Guanajuato, ofrecieron paisajes impensados por las nevadas ajenas a estas tierras.

Podría decirse que esta semana ha sido de las más extrañas en cuanto a clima en México en los últimos años. La conjunción de la presencia de dos frentes fríos y una tormenta invernal hicieron que en 25 estados del país (casi la totalidad) hubiesen fuertes vientos (que en algunos sitios como la ciudad de México tiraron espectaculares y decenas de árboles), lluvia intensa, bajas temperaturas, y en algunos estados, nevadas…

Ello provocó que en algunos sitios donde es extrañísimo que nieve, este fenómeno se diese, sorprendiendo y encantando, a muchos. El resultado estético son increíbles imágenes con escenarios improbables: como agaves en sus hermosos patrones en hileras cubiertos de nieve, un binomio visto con escasísima regularidad.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

Alerta una peculiar teoría naturalista que el hombre es el reflejo del ambiente en el que vive. Sea por la estrecha relación de las condiciones meteorológicas con la salud y fisiología, o en tanto que su geografía define ciertos modos culturales de extenderse en el espacio; el hombre puede ser el clima y el territorio que habita en la medida en que se funde con ellos.

Resulta interesante conectar esta concepción con México y sus mexicanos: un México donde los climas son distintos y dispersos, y donde la cantidad de escenarios discrepantes contrastan la belleza de una diversidad biológica y cultural que en esencia es innata. Desde la más límpida geografía de sus desiertos y la espesura de un valioso bosque mesófilo, hasta los fortísimos vientos que cruzan ambas superficies; las incontables veces que la lluvia se apropia del territorio y le vuelven tropical por excelencia; un territorio que se sabe abrazado por una extensa cordillera de montañas, muchas de ellas de esencia sulfurea. Así se describiría a grandes rasgos también el mexicano. 

Reconocer, por consecuente, que en México las experiencias las protagonizan no solo los espacios, sino la leyenda, la ofrenda, los lenguajes y las muchas máscaras del mestizaje –tan rico en formas étnicas como en mezclas cuasi-occidentales–. Que los mexicanos somos nuestro lugar, en la medida en que rendimos culto a los bellísimos procesos de la naturaleza (y damos gracias en miles de formas y tradiciones populares), a veces de manera inconsciente, y descubrir que las bases de toda filosofía antigua mexicana –la del México profundo–, se sujetan de fenómenos psico-climáticos de corte mágico, porque “las causas iniciales [de todo aprendizaje] están en el ambiente y permanecen allí” (Skinner).

Partiendo desde este umbral es fácil conectar con la idea de que México es, más allá de un destino turístico para contemplar, una suerte de anima difusa que no se ve, pero se vive y experimenta distinto en cada paisaje mexicano y en cada psique según su nacionalidad.

Encaminándonos a la franca premisa que defendemos en el título de este texto –¿Por qué amar a México a través de experiencias y no lugares?– las razones por las que se reconoce a México no son del todo geográficas o folclóricas (entendiendo esta palabra como lo comunitario, cultural e incluso teológico). Éstas comparten lugar también con el espectro axiológico; con el anímico, el metafórico, el cosmogónico, el onírico, el ritualista, el caótico y el sensible también, pero sobre todo con el axiológico. Aquello es fundamentalmente su riqueza.

Como bien evidenció alguna vez Carl Lumholtz, etnógrafo y explorador noruego, en su libro México desconocido, nuestro territorio ofrece irrevocables tesoros esencialmente en su comunidad y sus valores. En esas gentes que, permeadas de una gentileza asombrosa, nos comparten sus secretos de cultura cada vez que visitamos un rincón de México: “Encuentro a los mexicanos más corteses que ninguna otra nación de aquellas con que he estado en contacto”, decía, y añade:

Todo el que viaje a dicho país bien recomendado, y se porte como un caballero, puede estar bien seguro de quedar agradablemente sorprendido de la hospitalidad y solicitud de todos, altos y bajos, y de que no es una vana frase de cortesía la empleada por el mexicano que “pone su casa à la disposición de Ud.”

      Guanajuato es una ciudad con tantos detalles como historias.

Así como el prestigiado Lumholtz destacó esta notable virtud de la tierra mexicana, autores como Antonin Artaud, Jack Kerouac o el admirable Fernando Benitez, evidenciaron en sus diarios de viaje esas otras riquezas que subsisten en México, y que solo el sensible será capaz de aprender de ellas, una vez montado en su travesía por México:

“Centro del opio del Nuevo Mundo, comí tortillas con carne en la selva, en cabañas de palos a la africana, con cerdos frotándose contra mis piernas; bebí pulque puro de un cubo, recién traído del campo, de la planta, sin fermentar, la leche pura de pulque te hace reír, es la mejor bebida del mundo. Comí frutas desconocidas, erenos, mangos, de todas clases. En la parte trasera del autobús, mientras bebíamos mezcal, canté bop para los cantantes mexicanos que sentían curiosidad por saber cómo sonaba; canté Scrapple from the Apple e Israel de Miles Davis”, escribió en una carta Jack Kerouac a William Burroughs, cuando pasó por Culiacán.

En otro momento, escribía Antonin Artaud, a propósito de su viaje a la Sierra Tarahumara, que:

“La cultura racionalista de Europa ha fracasado y he venido a la tierra de México para buscar las bases de una cultura mágica que aún puede manar de las fuerzas del suelo indio… La mitología de México es una mitología abierta. Y México, el de ayer y el de hoy, posee también fuerzas abiertas. No es necesario indagar demasiado sobre un paisaje de México para sentir todo lo que sale de él. Es el único lugar del mundo que nos propone una vida oculta, y la propone en la superficie de la vida.”

Tomando en cuenta estas nobles razones quizá tu próximo viaje a través de México te regale otra perspectiva. Una perspectiva, sin duda, dotada de valores de cultura.

mas de mx collage jaen

*Imágenes: 1) Rosa Merman – flickr / Creative Commons; 2) Israel Gutiérrez; 3) flickr – Creative Commons; 4) Archivo Más de Mx; 5) Collage de Jaen Madrid

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

¿Por qué este pianista estadounidense decidió adoptar la vida rarámuri?

Lleva 30 años viviendo en la Sierra y forma ya parte de la comunidad de Retosachi. Uno de los muchos Occidentales que ha quedado fascinado con la concepción del individuo como comunidad de los rarámuris.

Cuando llegué a la Sierra Tarahumara estuve frente a una comunidad que practicaba de forma cotidiana, esa doctrina de vivir para los demás, de todos ser uno, por eso me quedé aquí y no me quiero ir.

Romayne Wheleer

Trascendiendo la óptica que presenta a los indígenas como parte del folclore de un país, o como actores de un curioso modo de vida desde la perspectiva occidental, existen historias que realmente engrandecen la existencia de algunas etnias, en sí maravillosa.

La historia de Romayne Wheleer, documentada entre otros por el reportero Luis Fierro para el Universal, es muy especial. Tal vez inspirado por la discreción, este artista dejó su todo para vivir desde hace 30 años en la Sierra Tarahumara, en específico en la comunidad de Retosachi. Esto no como un mero acto de “humildad occidental”, sino como uno de reconocimiento a una sabiduría que trasciende el modo de vida al que estamos acostumbrados (centrándonos en el individuo cuando, evidentemente, este no se llena a sí mismo).

Romayne Wheleer nació en Estados Unidos, aunque creció en Austria; estudió piano y fue convirtiéndose en un reconocido intérprete que lo llevó a dar conciertos en 52 países del mundo.

En su casa en la Sierra tiene un antiguo piano Stainway & Sons que se utilizó durante años en el Teatro Degollado en Guadalajara y que anteriormente perteneciera al fundador de PAN, Manuel Gómez Morín. También vive rodeado de libros.

romayne wheeler sierra tarahumara pianista

Para mi fue un desafío conocer su filosofía, sabía que me iba a cambiar la vida…(…) Venir aquí fue como volver al inicio de la vida donde el individuo tiene el valor como persona de aportar a los demás.

Come frijoles, tortillas de nixtamal, sopa y frutos, como el resto de su comunidad.

Llegué a la Sierra Tarahumara unos días antes de Año Nuevo, en 1980. La comunidad me invitó a pasar la fiesta con ellos ya acepté. Fue algo muy especial, a la medianoche todos, eran como 120 personas, se dieron un abrazo, el curandero bendijo la vida de cada persona y comenzaron a bailar. En la mañana esos 120 quisieron entrar al mismo tiempo a mi casita de campaña y obviamente la rompieron. Ahí entendí que Dios quería que durmiera con ellos en el campo, y de entonces aquí sigo.

romayne wheeler pianista sierra tarahumara

Ha compuesto más de 60 piezas dedicadas a los árboles y tiene claro que los tarahumaras poseen una increíble calidad de vida (que no se trata, naturalmente, de tener electricidad, o piso de cemento, esas son necesidades creadas). Quizá lo único lamentable es cuando existe sequía, y por lo tanto hambruna; también cuando los niños mueren pequeños por enfermedades evitables. Fuera de ello, somos nosotros los occidentales los que de alguna manera nos hemos vuelto esclavos incluso del tiempo y los rarámuris, que están plenamente convencidos de su visión, lo saben.

Por ello Wheller hace cada año un viaje por el mundo dando recitales y con lo que recaba ayuda a su comunidad, de la que ya es parte, y por tanto no se trata de un acto de beneficencia sino de cooperación comunitaria. De hecho, los alimentos que su organización reparte lo hace a cambio de artesanías, nunca regalando, en una especie de banco de trueque cuando los tiempos son apremiantes y  escasea la comida.

Wheller encontró en la filosofía tarahumara una verdad profunda, una especie de revelación que contrasta con el errático individualismo de occidente… La pertenencia, y no la posesión, es lo más importante: vivir en comunidad, donde el individuo se diluye, y a la vez no.

Acá puedes ver su agenda de conciertos.

* Imágenes: 1) Charles Graham; 2) romaynewheeler.org.mx;  3) amigotrails.com

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )
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La Sierra Tarahumara vestida de blanco: conócela cubierta de nieve

Cuando sus cascadas se congelan y sus bosques son cubiertos de nieve, la mirada a este espacio ancestral, y ya de por sí místico, se vuelve más luminosa.

México en realidad no es un país asociado comúnmente a paisajes nevados, aunque algunos años ciertos estados, sobre todo del norte, nos regalan deliciosas áreas nevadas.

La Sierra Tarahumara, en Chihuahua, para nuestra fortuna, es uno de ellos. Sus comunidades esparcidas por la sierra, con sus techos triangulares y sus indígenas en resistencia ofrecen imágenes de dignidad y belleza. Sus árboles, mayormente táscates, pinos y encinos cubiertos de blanco arrojan de una luz inesperada en invierno.

Sí, acá la nieve brilla con un fulgor especial, acaso porque no es común verla en México, y porque los relieves de la sierra le dan un contraste importante con sus rocas y árboles: una estética  por demás memorable.

Acá una prueba: