Maruch Sántiz: la fotógrafa tsotsil que es voz de otra realidad (FOTOS)

Sus objetos cotidianos de su vida en comunidad asoman una parte de la filosofía maya; información en imágenes que ha recibido de la tradición oral.

Maruch Santíz nació en Chamula, Chiapas, y habría seguido una vida usual en su comunidad como tsotsil, y de alguna manera lo hace, solo que en 1992 un detalle marcó una gran diferencia. En esta fecha entró en la ciudad de San Cristóbal al Proyecto Fotográfico de Chiapas, ahí aprendió algo de foto y se ha convertido en una de las primeras fotógrafas indígenas con reconocimiento tanto por su trabajo como documentación histórica sobre su cultura y asimismo por un toque conceptual subjetivo que ha hecho sobre su propia interpretación de su tradición.

Las imágenes de Sántiz han recorrido sitios como en el Festival de Berlín y ganado distintos premios. Su cometido es que sea expandida la voz de las tradiciones orales de sus antepasados; y lo curioso es que lo hace desde los objetos más cotidianos, acompañados de algunas frases que nos muestran la filosofía maya de algún modo. 

Algunas de las siguientes fotos vienen acompañadas de frases con las que Sántiz explica la relación de las creencias de su comunidad con el objeto: 

 

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Trascendiendo el cliché del folclor: la cultura popular viva en la obra de Teresa Barrera

"Es importante reflejar un poco lo que te toca vivir; un poco de lo tu época".

Como todo lo que sucede a nuestro al rededor nos cuenta cosas mucho más profundas, la artista mexicana Teresa Irene Barrea, va por las calles de CDMX con los sentidos aguzados. 

Empezó a pintar por mera casualidad, en algunos talleres de la prepa en el 2002. Luego, ya no pudo dejar de hacerlo, pero sobre todo porque lo que hallaba en las calles, y en la vida cotidiana en general, le llamaba a plasmarlo.

teresa irene barrera artista

Microhistorias marineras

Su arte refleja la cultura popular más no desde el cliché. “Toda cultura y lenguaje tiene que renovarse porque sino se queda para museo, la cultura popular es lo que nos toca vivir”, me dice.

A sus 37 años su obra ha sido expuesta en distintos países y esta creativa muestra un especial interés por lo diminuto. Nos acerca la realidad del caos de la vida mexicana diaria en micro historias enfrascadas o como elementos de los gabinetes de curiosidades clásicos del siglo 19. Objetos que contaban historias, muchas misteriosas, para descubrirlas.

“Pinto sobre la cultura popular que es lo que me toca ver diario. Considero que es importante reflejar un poco lo que te toca vivir un poco de lo tu época, yo estudié historia en la UNAM, y esto que te toca vivir tiene que pasar por tu interpretación,”, cuenta.

Fantasmas del metro

Sus lienzos también pueden ser cajas de cerillos o recortes pintados y puestos al interior de marcos antiguos. También hace murales comunitarios o figuras de papel que pueden reflejarse en la pared inmersa en la noche.

Entre fantasmas del metro, nostalgia huasteca o sonideros en la Santa María de la Rivera, Ibarra sustrae algo muy inmediato que documenta la esencia de eso dinámico, abstracto y cambiante de la realidad mexicana. 

Más allá de lo social, o el folclore, para ella: el relato. 

teresa irene barrera artista

 

teresa irene barrera artista

Las aspiraciones

teresa irene barrera artista

Tamborilero

teresa irene barrera artista

La dulce fidelidad

teresa irene barrera artista

 

teresa irene barrera artista

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Increíbles carteles de ilustradores mexicanos que abren una ventana a lo fantástico (GALERÍA)

El sutil oficio de la ilustración nos deja pequeñas puertas a otros panoramas…

Poco se asocia el oficio de ilustrar con aquel del electricista. Tal vez porque se ha olvidado que ilustrar también significa iluminar o alumbrar. Y ¿qué es eso que el ilustrador alumbra? Posiblemente formas insospechadas de lo conocido y cotidiano.

El que ilustra, también, traduce al plano gráfico un mensaje que está en otro lenguaje, tal vez el escrito o el hablado. Y en este ejercicio de trasladar palabras al terreno del color y la forma, ilumina variantes fantásticas de lo que se dice.

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La ilustración, entonces, es imaginativa e ingeniosa. Así lo demuestran por lo menos estas sutiles piezas, obras de jóvenes artistas mexicanos que formarán parte del 28 Catálogo de Ilustradores de Publicaciones Infantiles y Juveniles y los ganadores del 30 Concurso Nacional de Cartel “Invitemos a Leer”.

A propósito de lo infantil, tal vez es válido contarlo como cualidad de la ilustración, precisamente porque estas imágenes son ventanas a lo fantástico. También, pequeñas puertas a otros panoramas, como esas que construimos de niños cuando combinábamos mentalmente animales u objetos completamente ajenos, pero que parecían encajar entre sí, por lo menos de forma divertida; o cuando huíamos de sombras consistentes que venían a asustarnos. ¿Será que quienes mejor ilustran son niños?

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Así, alumbrando imágenes surreales, fantasiosas y delicadas, estas piezas invocan otros mundos y es fascinante permitirse un rato frente a ellas; tal vez después de admirarlas, sí sea natural sea agarrar un libro, para satisfacer el ansia permanente de hacer el mundo más claro; de alumbrarlo.

*Imagen destacada: “Desplazamiento”,  Andrés López Martínez.

Lecciones de visualidad, belleza y mestizaje, cortesía de una fotógrafa oaxaqueña

Estos preciosos retratos celebran el mestizaje y le dan una vuelta crítica a una noción de belleza que ya no nos hace falta…

La fotografía –especialmente el retrato fotográfico– es un espacio colectivo. En su presencia comulgan el ojo espectador, el que enfoca y el que se permite ser parte del encuadre. Lo que se encuentra ahí, tal vez sin quererlo, es un cruce de miradas; una convergencia de formas de ver. Así lo entiende Citlali Fabián, una fantástica fotógrafa oaxaqueña.

mexico-oaxaca-fotografia-fotografa-oaxaquena-indigena-zapoteca-mestizaSin embargo, no siempre se asume de esta manera. La fotografía puede transformarse en una herramienta peligrosa. Pensemos que al fotógrafo le corresponde un poder sobre el objeto que captura; precisamente, porque se lo guarda para sí mismo, porque lo utiliza para sus fines privados y porque, desde el principio, él decide cómo encuadrar la imagen.

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Pensemos en todas esas imágenes que hacen posar a un sujeto indígena para representar “lo exótico”. El ojo que encuadra se concentra en rituales que le parecen espectaculares; en las diferencias con su propia cultura; en las “carencias” de la persona o comunidad a la que está fotografiando. En pocas palabras: se concentra o enfoca desde la extrañeza. Así, la foto genera una distancia, pues quien porta la cámara se elimina a sí mismo de la escena.

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Pero Citlali Fabián busca otra cosa. Particularmente con su serie Mestiza, en donde se dedicó a retratar a mujeres de su familia y a amigas, algunas de ellas yalaltecas (descendientes de la cultura zapoteca). A través de estas piezas, intenta explicitar lo colectivo en la imagen, haciendo que sus modelos se apoderen de la representación. Estas fotos no son para otros, son para una misma.

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Así, cada una posó como quiso; se adornó cabellos y rostro como mejor le parecía, incluso se presentaron desnudas, aludiendo a la franqueza y al cariño que le tienen a su propia figura y a la de sus hermanas. El resultado es exquisito, en gran medida porque Citlali decidió utilizar las técnicas análogas y –y prácticamente alquímicas– de la fotografía del siglo XIX, que permitieron un acabado muy peculiar en la imagen.

mexico-oaxaca-fotografia-fotografa-oaxaquena-indigena-zapoteca-mestizaPero la elección no es sólo técnica, también profundamente simbólica, pues fueron estas mismas cámaras y revelados los utilizados por las primeras generaciones de antropólogos, quienes desde una injustificable posición pusieron a quienes llamaban indios frente a las cámaras, para examinarlos, como si fueran de otro mundo. La frase supersticiosa de la que muchos se ríen “no nos gusta que nos tomen fotos, porque nos roban el alma”, adquiere otro carácter aquí: cuando nos fotografían, cuando se adueñan de nuestra imagen, nos roban la posibilidad de ser representados de otras maneras y con otras intenciones; incluso nos roban la posibilidad de representarnos a nosotros mismos.

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Este tema es especialmente delicado para Citlali Fabián y lo ve encarnado no sólo en el hecho de ser indígena, o de ser mestiza, también en el ser mujer y encarnar belleza. En diferentes momentos de su obra ha explorado cuestiones de identidad. Cuenta que fue alejada de su cultura que fue “deslenguada por mis propios padres en un intento por protegerme del estigma que mi color de piel no puede negar.”

mexico-oaxaca-fotografia-fotografa-oaxaquena-indigena-zapoteca-mestizaY así, antes que arrancarse la piel, antes que entender sus orígenes como un estigma en el sentido negativo, se regocija en su propio mestizaje, lo comprende como un terreno de posibilidad. Mestiza le permite a ella y a sus “cómplices” (a las modelos), reapropiarse de sus representaciones, de la creación de su propia imagen “levantar la frente ante nuestro propio reflejo, mostrándonos lo mismo divinas que frágiles.” Además de devolverle potencia a la voz de su comunidad, la encuadra de tal manera que el espectador puede permitirse comprender a cada mujer retratada no desde ese extrañamiento que genera distancias, sino con la intriga deliciosa que nos sugiere la belleza.

mexico-oaxaca-fotografia-fotografa-oaxaquena-indigena-zapoteca-mestizaCitlali misma reconoce que su ejercicio podría parecer idealista, pero cada fotografía, cada honesta mirada es un llamado a que estas chicas, su comunidad y a que cada sujeto pueda ser visto desde un enfoque horizontal, con empatía. Y, como bien concluye, en el desafortunado panorama que nos envuelve, hace mucha, mucha falta.

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