10 hermosas versiones musicales que inmortalizan la leyenda de la Llorona

La realidad es que la Llorona es una figura mítica en la cultura mexicana; ya sea porque nos ha enseñado a amar con todas las fuerzas sobrehumanas o nos recuerda la mística esencia resiliente, sobreviviente, de la mexicanidad.

Yo soy como el chile verde, Llorona, picante pero sabroso

Ne quemin chili celictzin chocani, cogoctzin pero huelictzin.

‘Todos me dicen el negro, Llorona, negro pero cariñoso

Nochti nechlilbia tlilictzin chocani, tlilictzin pero te tlazohtla.

¡Ay de mí! Llorona, Llorona, Llorona de ayer y hoy.

¡Hay no chocani! Chocani chocani yen yalla iuan axcan.

Ayer maravilla fui, Llorona, y ahora ni sombra soy.

Yalla cualtzin onicatca chocani, axcan nion ni tlecauilotl.

Salías del templo un día, Llorona, cuando al pasar yo te vi.

Semi itech teopan tiguistibitz chocani, ihcuac onimitzitta otipanoa.

Hermoso huipil llevabas, Llorona, que la Virgen te creí.

Cualtzin mo tzotzoltzin tiquentiuitz chocani, oniguihto ti tonantzin.

¡Ay de mí, llorona! Llorona de azul celeste.

¡Ay no chocani! Chocani xihuitic quen ilhuicac.

Aunque me cueste la vida, Llorona, no dejaré de quererte.

Masqui no nemiliz nicpoloz chocani, saicsemi ni mitztlasohtlaz.

La Llorona, aquella mujer vestida de blanco que recorría las calles sollozando “¡Ay, mis hijos!”, se convirtió en una leyenda que trascendió límites espacio-temporales de un México colombino. Es la protagonista de numerosas expresiones artísticas, como si buscara permanecer en la sangre de cada persona que ha sufrido, con arrebato, las penas del amor.

Este espectral mito del folclor mexicano no sólo presenta al alma en pena de una mujer que asesinó a sus hijos, también de una mujer que amó como nunca se llegó a amar. Es la quintaesencia de una cultura, arraigada al misticismo y la muerte, que eleva al amor hasta la raíz.

Hay quienes dicen que la Llorona fue Doña Marina –también conocida como la Malinche– la mujer que le dio la espalda a su gente por amor al conquistador Hernán Cortés. Sin embargo, ante la traición y el desamparo que la indígena sintió al saber que su único amante se casaba con una italiana, ésta mató al producto de su idilio con el conquistador español. Muy al fondo de su alma, Doña Marina sufrió como nunca un desgarrador mal de amores, el cual la llevó a rogar por pequeñas muestras de afecto mientras recorría las calles de la ciudad sollozando por su trágico final.

Otros cuentan que la Llorona es el espectro de la deidad Cihuacóatl, la diosa de la tierra –Coatlicue–, la fertilidad y de los partos –Quilaztli– y la mujer guerrera –Yaocíhuatl– y madre –Tonantzin–. Se dice que esta mitad mujer y mitad serpiente emergía de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos –los aztecas– en el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores españoles. Al ser patrona de las cihuateteo, los espectros de mujeres fallecidas por un parto que de noche voceaban y bramaban en el aire, éstas solían seducir y castigar a los hombres mientras se desvanecían entre las sombras…

La realidad es que la Llorona es una figura mítica en la cultura mexicana; ya sea porque nos ha enseñado a amar con todas las fuerzas sobrehumanas o nos recuerda la mística esencia resiliente, sobreviviente, de la mexicanidad. Se trata de un pivote que une a todos los mexicanos a través de la sensación carnal del desamparo y desamor, que nos hace beber para olvidar que somos almas en pena con un pasado opresivo, doloroso. Porque el que no sabe de amor, no sabe de penas.

Numerosos artistas e intérpretes han homenajeado a esta sensación tan única del mexicano. Si bien las versiones más conocidas son la de Chavela Vargas y Lila Downs, existen otros músicos que se han apropiado de la Llorona, que se la han vivido con dolor y amor. Te compartimos estas bellas versiones de los famosos versos de la Llorona:

La Llorona de Chavela Vargas

 

de Lila Downs y Mariachi Juvenil

 

de Devotchka

 

 

de Beirut

  

de Charles Lloyd & The Marvels

 

de Chano Lobato

  

de Eugenia León (para Chavela Vargas)

  

de Georgina Meneses

  

de Ximena Sariñana

  

de Trío Montalbán

 

 *1)Delegación Xochimilco

Malitzin, Malinche, Marina: las caras del personaje más controvertido de nuestra historia

Como su nombre, ella se transformó una y otra vez, para ser símbolo y arquetipo, villana e intérprete, víctima y, para algunos, victimaria.

Marina fue el nombre que los españoles le dieron por no poder pronunciar el suyo. Pero Malinalli, fue nombrada así en honor a la diosa de la hierba, y algunos años después, su familia le añadió un nombre más, Tenepal, que significa “la que habla con mucha vitalidad”. Después, fue llamada Malitzin, que significa “noble prisionera”

Otro de sus muchos nombres, “Malinche”, que hoy se define en los diccionarios como una “persona, movimiento o institución que comete traición” (y de ahí el término “malinchista”). Cabe mencionar que los indígenas también llamaron Malinche al mismo Cortés. Se cree que Malinalli nació alrededor de 1500, cerca de Coatzacoalcos, Veracruz, y es uno de los personajes más controvertidos y fascinantes de nuestra historia. 

¿Quién fue la “Malinche”?

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De acuerdo con las crónicas de Bernal Díaz, ella fue una mexica de clase alta, hija de un cacique de la región que hoy es el municipio de Olutla, en Veracruz —frontera cultural entre las regiones maya y náhuatl. Al enviudar su madre, ésta volvió a casarse y tuvo un hijo. Fue entonces cuando Malinalli se convirtió en un miembro incómodo dentro de su familia y fue vendida a traficantes de esclavos. Tras un encuentro entre mayas y mexicas, ella fue cedida al cacique maya Tabscoob, por eso ella hablaba náhuatl y maya a la perfección.

Malinalli fue también parte de un grupo de 20 esclavas que —al lado de algunas piezas de oro y un juego de mantas— fueron dadas como tributo por indígenas de Tabasco a los españoles tras su victoria durante la Batalla de Centla. En este enfrentamiento, un grupo maya dirigido por el cacique Tabscoob perdió ante soldados españoles liderados por Hernán Cortés, en 1519. 

Malinalli fue bautizada por los españoles, poco después, como Marina; algunos historiadores sostienen que la razón fue que la religión católica permitía el concubinato a los españoles sólo con mujeres solteras y forzosamente bautizadas.

Primero fue dada al capitán Alonso Hernández Portocarreño, uno de los más reconocidos de la expedición, pero cuando éste volvió a España, Cortés decidió conservarla por su valor como intérprete, en un principio, del náhuatl al maya. Al lado de Jerónimo de Aguilar —que había naufragado años antes en costas mayas y conocía su idioma—, ella fue una de las herramientas de Cortés al momento de planear y lograr la conquista de México. También fue, se sabe, su amante.

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Ilustración: Pablo Auladeli

Tiempo después, Marina aprendió español. Además de ser intérprete, enseñó a los españoles sobre costumbres sociales y militares de los pueblos prehispánicos de México, algo que ayudó a Cortés a ganar espacios en las sociedades nativas y que culminó en la Conquista.

Tras la caída de Tenochtitlán en 1521 y el nacimiento de su hijo Martín Cortés en 1922, ella habitó una casa que Cortés había construido en Coyoacán, cerca de la capital mexica, enfrente de la que hoy se conoce como la Plaza de la Conchita. Tiempo después, Cortés casó a Marina con otro español, Juan Jaramillo, en Veracruz. Se sabe que ella tuvo otra hija de nombre María Jaramillo. 

¿Sabías que la Malinche y la Llorona están relacionadas?

Tiempo después, Cortés volvió a llevar a Marina con él como intérprete para acallar un levantamiento en Honduras, entre 1524 y 1526. Se sabe poco de su vida posterior a este viaje, aunque algunos calculan que murió durante una epidemia de viruela alrededor de 1529. Sin embargo, un historiador, Sir Hugh Thomas, sostuvo que ella vivió, por lo menos, hasta 1550, algo que dedujo tras hallar correspondencia que hablaba sobre ella y que databa de aquel año.

Malinche, figura mitad leyenda, mitad realidad, víctima de un intenso machismo

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Imagen: Jujomx/Wikimedia Commons

Como ella, su nombre tuvo que volverse muchos nombres. Así también lo ha hecho con el tiempo su papel en la historia: se le ha llamado traicionera, se le ha considerado la encarnación del mestizaje y la injusticia para con los pueblos originarios de México, pero también ha sido considerada (quizá más justamente) una víctima del tiempo que vivió. 

Aunque según Bernal del Castillo, Marina terminó por ser una mujer muy poderosa, ella fue vendida, esclavizada, casada y utilizada como una herramienta de guerra. De hecho, en su poema Malinche, Rosarios Castellanos plantea a esta figura mitad leyenda, mitad realidad como una víctima del machismo y la misoginia que la rodearon en vida:

Malinche

Desde el sillón del mando mi madre dijo: «Ha muerto».

Y se dejó caer, como abatida,

en los brazos del otro, usurpador, padrastro
que la sostuvo no con el respeto
que el siervo da a la majestad de reina
sino con ese abajamiento mutuo
en que se humillan ambos, los amantes, los cómplices.

Desde la Plaza de los Intercambios
mi madre anunció: «Ha muerto».

La balanza
se sostuvo un instante sin moverse
y el grano de cacao quedó quieto en el arca
y el sol permanecía en la mitad del cielo
como aguardando un signo
que fue, cuando partió como una flecha,
el ay agudo de las plañideras.

“Se deshojó la flor de muchos pétalos,
se evaporó el perfume,
se consumió la llama de la antorcha.

Una niña regresa, escarbando, al lugar
en el que la partera depositó su ombligo.

Regresa al Sitio de los que Vivieron.

Reconoce a su padre asesinado,
ay, ay, ay, con veneno, con puñal,
con trampa ante sus pies, con lazo de horca.

Se toman de la mano y caminan, caminan
perdiéndose en la niebla.”

Tal era el llanto y las lamentaciones
sobre algún cuerpo anónimo; un cadáver
que no era el mío porque yo, vendida
a mercaderes, iba como esclava,
como nadie, al destierro.

Arrojada, expulsada
del reino, del palacio y de la entraña tibia
de la que me dio a luz en tálamo legítimo
y que me aborreció porque yo era su igual
en figura y en rango
y se contempló en mí y odió su imagen
y destrozó el espejo contra el suelo.

Yo avanzo hacia el destino entre cadenas
y dejo atrás lo que todavía escucho:
los fúnebres rumores con los que se me entierra.

Y la voz de mi madre con lágrimas ¡con lágrimas!
que decreta mi muerte.

*Fuente:

Historia verdadera de la conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo.

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

La Llorona, el más triste de nuestros fantasmas

Un poco sobre el nacimiento y evolución de uno de los espectros más famosos de nuestro país; una de las leyendas más extendidas y con más variaciones; símbolo y arquetipo del dolor femenino.

La mujer que, por locura o traición, mata a sus hijos, es parte del universo mítico de muchas culturas. Quizá, una de las primeras fue Medea quien, enloquecida por el abandono de su amado Jasón, mató a sus hijos. Pero cada pueblo tiene su expresión muy propia del arquetipo, y en México existe el lamentoso fantasma conocido como La Llorona.

El mito de esta trágica mujer tiene su origen en el México precolombino

Sus primeras apariciones están asociadas con los presagios de la llegada de los invasores españoles y la caída de Tenochtitlán. 

El espectro que sería conocido como La Llorona más tarde aparece en los textos de fray Diego Durán, que escribió que, poco antes de que su imperio cayera en manos de los conquistadores europeos, Moctezuma II soñó que iba a ser derrocado, tras lo cual encomendó a brujos y adivinos que le explicaran el significado de sus sueños; también pidió a todos los que andaban de noche por las calles de la ciudad que preguntaran a la mujer que gime y llora por las noches el motivo de su pesar. Esto deja ver que la presencia de la mujer fantasma que se lamenta por las noches y que ronda desesperada las calles de la ciudad existió antes que el país que hoy llamamos México.

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Esta leyenda también se encuentra registrada en la Historia de Tlaxcala, escrita entre 1576 y 1591, por Diego Muñoz Camargo. En su texto, los presagios de la invasión incluían: una llama que aparecía en la noche y que asustaba a la gente, desde diez años antes de la Conquista; un incendio inexplicable e inextinguible en el Templo de Huitzilopochtli; un rayo que cayó al Templo Xiuhtecutli sin hacer ruido alguno; la inundación de una gran cantidad de casas a causa del desbordamiento del lago; un fuego que apareció en el poniente y se dividió en tres partes; la supuesta captura de una gruya que tenía un espejo en la cabeza en el que podían verse sucesos del porvenir; el nacimiento de personas deformes con un cuerpo y dos cabezas.

Finalmente, una mujer que recorría las calles gritando lastimosamente —una figura parecida a Raquel que, en la Biblia, lanza fuerte lamentos por sus hijos (el pueblo de Israel).

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Imagen: Carmen Ligeia

La leyenda de La Llorona también fue documentada por fray Bernardino de Sahagún

A través de sus informantes indígenas, supo de una mujer que llamaba a su hijos por las noches, les advertía que tenían que irse lejos y se preguntaba a dónde habrían de ir; el fraile asocia a este espíritu femenino con la mujer serpiente, Cihuacóatl, y con Tonantzin, la diosa madre. Sahagún también apunta que esa mujer solía llevar una cuna vacía al mercado por las noches y dejarla ahí; dentro de ella sólo había un cuchillo hecho de pedernal, el mismo que usaba para hacer sacrificios humanos.

El espectro sobrevivió la Conquista, y se mezcló con la cultura que nació de ella. Aparece, también, en las crónicas de Luis González Obregón (1865-1938), específicamente en Las calles de México, donde el historiador narra que, a mediados del siglo XVI, en el centro de la Ciudad de México, se escuchaban tristes gemidos por las noches. 

Provenían de una mujer vestida de blanco, que llevaba un velo sobre la cara, y que recorría las calles de la capital hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se hincaba viendo hacia el Oriente y se lamentaba; luego se dirigía hasta la orilla del lago, donde se esfumaba como bruma. El espectro asustaba a los vecinos, y muchos valientes conquistadores, aunque llenos de miedo, la seguían con cuidado para verla desvanecerse en el agua.

Hoy existen muchas versiones de la leyenda de La Llorona dependiendo del estado de la república donde se narra

A pesar de las muchas variaciones, casi todas ellas coinciden en contar la historia de una mujer muy bella, de origen indígena, que se enamoró un acaudalado criollo. La pareja tuvo dos hijos (en algunas versiones tres), pero nunca contrajo matrimonio.

Eventualmente, él decidió casarse con otra mujer de su misma clase social y casta, y decidió llevarse a sus hijos a su nuevo hogar. En un ataque de ira y desesperación, una noche, la mujer ahogó a sus hijos en el lago, aunque otras versiones dicen que los acuchilló. Una vez que los había matado, al darse cuenta de lo que había hecho, comenzó a vociferar ese lamento que hasta hoy es capaz de estremecernos: “Ay, mis hijos”. Se dice, hasta el día de hoy, que el espectro se ha visto en muchas partes de la ciudad, casi siempre cerca de donde hubo un río o un cuerpo de agua.

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Muchos expertos asocian la leyenda y la figura de esta mujer con Malitzin, esposa indígena de Hernán Cortés, también conocida como “la malinche”. Según algunas versiones de la historia, el hijo que nació de su enlace fue llevado por él a España, y ella nunca lo volvió a ver. Lloró por él cada noche. Existen numerosos mitos parecidos a este en lugares más lejanos como Venezuela, Chile, Ecuador, El Salvador y hasta España, en la que el espectro que se lamenta es el de una gitana traicionada.  

La Llorona, nuestro fantasma más desgarrador, encarna el antiquísimo arquetipo de la mujer que llora por dolores que la trascienden y que son universales, que existieron antes de ella y que la sobrevivirán: el engaño, la muerte de un hijo, la traición del amado e, incluso, la caída de un gran imperio.

*Fuentes:

Durán, fray Diego, ”Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme”

González Obregón, Luis, ”Las calles de México”

Muñoz Camargo, Diego, ”Historia de Tlaxcala”

Sahagún, fray Bernardino, ”Historia general de las cosas de Nueva España”

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

3 fuentes que confirman el origen prehispánico de la leyenda de La Llorona

La mujer que deambulaba con horror a altas horas de la noche es más antigua de lo que suele creerse.

Los gritos de una mujer que sufre, sufre muchísimo, deambulando entre las noches, vestida enteramente de blanco, quizá sea probablemente una de las escenas más horrorosas a la que podamos acceder. En México, en materia de leyendas, esta imagen es un lugar común y emula a la leyenda más conocida del país: La Llorona.

Este país, de una tradición tan arraigada de la muerte, ha conferido a La Llorona un lugar muy especial, y uno de los grandes misterios es precisamente el por qué esta leyenda se ha consolidado tanto en el imaginario colectivo. Existen diversas versiones sobre su origen. Una de ellas trata la historia de una mujer indígena que se enamoa de un español, juntos tuvieron 3 hijos, pero luego este le abandonó por una italiana para formar un “legítimo” matrimonio. En su desesperación la mujer ahogó a los 3 hijos que había tenido con el susodicho, aunque luego de consumar su asesinato quedó horrorizada por lo que hizo y se mató a sí misma.

la llorona codice florentino

Otra de las versiones, apunta más bien a un origen aún más antiguo, ligado a Cihuacóatl, la diosa de la tierra –Coatlicue–, la fertilidad y de los partos –Quilaztli– y la mujer guerrera –Yaocíhuatl– y madre –Tonantzin–. Se dice que esta mitad mujer y mitad serpiente emergía de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos –los aztecas– en el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores españoles. 

Sobre esta historia, de la misteriosa fémina que deambulaba en dolor y horror, diversos cronistas españoles recién llegados a Tenochtitlán dan cuenta, como apunta el gran arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma en un artículo para Arqueología Mexicana llamado ¿La leyenda de la Llorona es de origen preshispánico?.

Según el testimonio de Fray Diego Durán, Moctezuma II en los últimos días de su mandado se encontraba afligido por una serie de presagios que apuntaban a que el final de su reinado esta próximo:

Lo mismo encomendó a todos los que tienen por costumbre andar de noche, y que si topasen a aquella mujer que dicen que anda de noche llorando y gimiendo, que le pregunten qué es lo que llora y gime… 

También los informantes nahuas de Fray Bernardino de Sahagún le refirieron sobre esta leyenda, y este último alude a ella como Cihuacóatl (mujer serpiente) o Tonantzin (nuestra madre):

(…) muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos: –Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: – Hijitos míos ¿a dónde os llevaré? (…) Decían que de noche boceaba y bramaba en el aire.

En su Historia de Tlaxcala, de Diego Muñoz Camargo, el capítulo de esta misteriosa mujer es narrado cuando habla de los presagios de la caída de Tenochtitlán, específicamente en el número 6:

Una mujer recorría las calles dando gritos lastimeros.

El término de La Llorona se le asignó en el México Colonial, cuando era reciente la llegada de los españoles y el agua era aún parte imprescindible de la ciudad. Hoy, más de 500 años después, en el mundo imaginario de los mexicanos proliferan las versiones de esta historia desde la música, el cine, y en general el arte y las tradiciones que parecen tener una identificación profunda e imperecedera con esta enigmática mujer dolida.

*Imágenes:

1)anterasu.com; 2) La Llorona en el Códice Florentino