3 fuentes que confirman el origen prehispánico de la leyenda de La Llorona

La mujer que deambulaba con horror a altas horas de la noche es más antigua de lo que suele creerse.

Los gritos de una mujer que sufre, sufre muchísimo, deambulando entre las noches, vestida enteramente de blanco, quizá sea probablemente una de las escenas más horrorosas a la que podamos acceder. En México, en materia de leyendas, esta imagen es un lugar común y emula a la leyenda más conocida del país: La Llorona.

Este país, de una tradición tan arraigada de la muerte, ha conferido a La Llorona un lugar muy especial, y uno de los grandes misterios es precisamente el por qué esta leyenda se ha consolidado tanto en el imaginario colectivo. Existen diversas versiones sobre su origen. Una de ellas trata la historia de una mujer indígena que se enamoa de un español, juntos tuvieron 3 hijos, pero luego este le abandonó por una italiana para formar un “legítimo” matrimonio. En su desesperación la mujer ahogó a los 3 hijos que había tenido con el susodicho, aunque luego de consumar su asesinato quedó horrorizada por lo que hizo y se mató a sí misma.

la llorona codice florentino

Otra de las versiones, apunta más bien a un origen aún más antiguo, ligado a Cihuacóatl, la diosa de la tierra –Coatlicue–, la fertilidad y de los partos –Quilaztli– y la mujer guerrera –Yaocíhuatl– y madre –Tonantzin–. Se dice que esta mitad mujer y mitad serpiente emergía de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos –los aztecas– en el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores españoles. 

Sobre esta historia, de la misteriosa fémina que deambulaba en dolor y horror, diversos cronistas españoles recién llegados a Tenochtitlán dan cuenta, como apunta el gran arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma en un artículo para Arqueología Mexicana llamado ¿La leyenda de la Llorona es de origen preshispánico?.

Según el testimonio de Fray Diego Durán, Moctezuma II en los últimos días de su mandado se encontraba afligido por una serie de presagios que apuntaban a que el final de su reinado esta próximo:

Lo mismo encomendó a todos los que tienen por costumbre andar de noche, y que si topasen a aquella mujer que dicen que anda de noche llorando y gimiendo, que le pregunten qué es lo que llora y gime… 

También los informantes nahuas de Fray Bernardino de Sahagún le refirieron sobre esta leyenda, y este último alude a ella como Cihuacóatl (mujer serpiente) o Tonantzin (nuestra madre):

(…) muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos: –Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: – Hijitos míos ¿a dónde os llevaré? (…) Decían que de noche boceaba y bramaba en el aire.

En su Historia de Tlaxcala, de Diego Muñoz Camargo, el capítulo de esta misteriosa mujer es narrado cuando habla de los presagios de la caída de Tenochtitlán, específicamente en el número 6:

Una mujer recorría las calles dando gritos lastimeros.

El término de La Llorona se le asignó en el México Colonial, cuando era reciente la llegada de los españoles y el agua era aún parte imprescindible de la ciudad. Hoy, más de 500 años después, en el mundo imaginario de los mexicanos proliferan las versiones de esta historia desde la música, el cine, y en general el arte y las tradiciones que parecen tener una identificación profunda e imperecedera con esta enigmática mujer dolida.

*Imágenes:

1)anterasu.com; 2) La Llorona en el Códice Florentino

Hermosa poesía prehispánica para millennials sensibles

Si es auténtica poesía, no tiene fecha de caducidad. Cultiva tu sensibilidad contemporánea con estas joyas eternas.

A los millennials nos hace falta poesía. Entre tantos memes y contenido express, poco nos detenemos a poetizar el entorno: mirar más allá de sus posibilidades inmediatas y reconocer que la forma en que las cosas están ensambladas es arbitraria, relativa a nuestra cultura y, por eso mismo, susceptible de ser transformada.

Esta falta de poesía y exceso de contenidos virales —y por lo tanto, desechables— tal vez sea precisamente lo que nos vuelve a los millennials tan melancólicos. La falta de perdurabilidad y trascendencia de los productos culturales que consumimos nos deja con un extraño vacío que no podemos más que llenar con más contenido fácil.

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Un poco de poesía para reinventar y re valorar tu cotidianidad…

Así, si te sientes sensible y tienes este problema generacional, vale la pena explorar un poco de poesía antigua. Y nada como la poesía prehispánica, textos que encarnaban la auténtica riqueza de la vida cotidiana: desde la belleza explosiva de las joyas de oro y jade, el sabor espumoso y sedoso del cacao y el maíz, o la simple delicia de ser poeta y hacer de tus palabras, auténticas flores.   

Cuando estás melancólico, perdido en esta vida, estresado por el hecho ineludible de tu muerte, millennial deprimido, nada como leer a Nezahualcóyotl o a Cuacuahtzin, quienes, aunque no lo creas, sufrían de sensaciones similares, pero las sublimaban, soltando sus preguntas al aire de la forma más exquisita posible.

Así, te dejamos un poco de hermosa poesía prehispánica, para consolarte e inspirarte.

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Canto de huida de Nezahualcóyotl

Fragmento

En vano he nacido,
en vano he venido a salir
de la casa del dios a la tierra,
¡yo soy menesteroso!

Ojalá en verdad no hubiera salido,
que de verdad no hubiera venido a la tierra.
No lo digo, pero…
¿Qué es lo que haré?,

¡Oh, príncipes que aquí habéis venido!,
¿Vivo frente al rostro de la gente?,
¿Qué podrá ser?,
¡Reflexiona!

¿Habré de erguirme sobre la tierra?
¿Cuál es mi destino?,
yo soy menesteroso,
mi corazón padece,
tú eres apenas mi amigo
en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?
¿Obra desconsideradamente,
vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
¡Vive en paz,
pasa la vida en calma!

Canto triste de Cuacuahtzin

Fragmento

Flores con ansia mi corazón desea.
Que estén en mis manos.
Con cantos me aflijo,
sólo ensayo cantos en la tierra.

Yo, Cuacuauhtzin,
con ansia deseo las flores,
que estén en mis manos,
yo soy desdichado.

¿Adónde en verdad iremos
que nunca tengamos que morir?
Aunque fuera yo piedra preciosa,
aunque fuera oro,
seré yo fundido,
allá en el crisol seré perforado.

Sólo tengo mi vida,
yo, Cuacuauhtzin, soy desdichado.
Tu atabal de jades,
tu caracol rojo y azul así los haces ya resonar,
tú, Yoyontzin.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Por poco tiempo alegraos,
vengan a presentarse aquí
los que tienen triste el corazón.

Ya ha llegado,
ya se yergue el cantor.

Deja abrir la corola a tu corazón,
deja que ande por las alturas.

Tú me aborreces,
tú me destinas a la muerte.
Ya me voy a su casa,
pereceré.

Canto de Cuauhchinanco de Tlaltecatzin

Fragmento

En la soledad yo canto
a aquel que es mi Dios
En el lugar de la luz y el calor,
en el lugar del mando,
el florido cacao está espumoso,
la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo,
lo saborea mi corazón,
se embriaga mi corazón,
en verdad mi corazón lo sabe:
¡Ave roja de cuello de hule!,
fresca y ardorosa,
luces tu guirnalda de flores.

¡Oh madre!
Dulce, sabrosa mujer,
preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

Aquí tú has venido,
frente a los príncipes,
tú, maravillosa criatura,
invitas al placer.

Sobre la estera de plumas amarillas y azules
aquí estás erguida.
Preciosa flor de maíz tostado,
sólo te prestas,
serás abandonada,
tendrás que irte,
quedarás descarnada.

El floreciente cacao
ya tiene espuma,
se repartió la flor del tabaco.
Si mi corazón lo gustara,
mi vida se embriagaría.

El sueño de una palabra de Cuacuauhtzin de Tepechpan

Y ahora, oh amigos,
oíd el sueño de una palabra:
Cada primavera nos hace vivir,
la dorada mazorca nos refrigera,
la mazorca rojiza se nos torna un collar.
¡Sabemos que son verdaderos
los corazones de nuestros amigos!

Poema de Cuacuauhtzin

Ante ti, a tus pies,
te abrazo afectuosamente,
agradecido contigo,
gracias por rezumar perfume para mí.

Ya estás viejo,
yo más que tú,
ya lo sé,
pero vives y vivo.

Yo te veo vivir frondoso,
tú eres mucho más fuerte que yo,
y con tus lágrimas que yo pongo en el fuego,
el frescor de tu perfume como nube,
todas las noches sueño.

Extraños descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

También en Más de México: Entre reflejo y reflejo: la elusiva historia de Teotihuacán como un espejo

Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

10 hermosas versiones musicales que inmortalizan la leyenda de la Llorona

La realidad es que la Llorona es una figura mítica en la cultura mexicana; ya sea porque nos ha enseñado a amar con todas las fuerzas sobrehumanas o nos recuerda la mística esencia resiliente, sobreviviente, de la mexicanidad.

Yo soy como el chile verde, Llorona, picante pero sabroso

Ne quemin chili celictzin chocani, cogoctzin pero huelictzin.

‘Todos me dicen el negro, Llorona, negro pero cariñoso

Nochti nechlilbia tlilictzin chocani, tlilictzin pero te tlazohtla.

¡Ay de mí! Llorona, Llorona, Llorona de ayer y hoy.

¡Hay no chocani! Chocani chocani yen yalla iuan axcan.

Ayer maravilla fui, Llorona, y ahora ni sombra soy.

Yalla cualtzin onicatca chocani, axcan nion ni tlecauilotl.

Salías del templo un día, Llorona, cuando al pasar yo te vi.

Semi itech teopan tiguistibitz chocani, ihcuac onimitzitta otipanoa.

Hermoso huipil llevabas, Llorona, que la Virgen te creí.

Cualtzin mo tzotzoltzin tiquentiuitz chocani, oniguihto ti tonantzin.

¡Ay de mí, llorona! Llorona de azul celeste.

¡Ay no chocani! Chocani xihuitic quen ilhuicac.

Aunque me cueste la vida, Llorona, no dejaré de quererte.

Masqui no nemiliz nicpoloz chocani, saicsemi ni mitztlasohtlaz.

La Llorona, aquella mujer vestida de blanco que recorría las calles sollozando “¡Ay, mis hijos!”, se convirtió en una leyenda que trascendió límites espacio-temporales de un México colombino. Es la protagonista de numerosas expresiones artísticas, como si buscara permanecer en la sangre de cada persona que ha sufrido, con arrebato, las penas del amor.

Este espectral mito del folclor mexicano no sólo presenta al alma en pena de una mujer que asesinó a sus hijos, también de una mujer que amó como nunca se llegó a amar. Es la quintaesencia de una cultura, arraigada al misticismo y la muerte, que eleva al amor hasta la raíz.

Hay quienes dicen que la Llorona fue Doña Marina –también conocida como la Malinche– la mujer que le dio la espalda a su gente por amor al conquistador Hernán Cortés. Sin embargo, ante la traición y el desamparo que la indígena sintió al saber que su único amante se casaba con una italiana, ésta mató al producto de su idilio con el conquistador español. Muy al fondo de su alma, Doña Marina sufrió como nunca un desgarrador mal de amores, el cual la llevó a rogar por pequeñas muestras de afecto mientras recorría las calles de la ciudad sollozando por su trágico final.

Otros cuentan que la Llorona es el espectro de la deidad Cihuacóatl, la diosa de la tierra –Coatlicue–, la fertilidad y de los partos –Quilaztli– y la mujer guerrera –Yaocíhuatl– y madre –Tonantzin–. Se dice que esta mitad mujer y mitad serpiente emergía de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos –los aztecas– en el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores españoles. Al ser patrona de las cihuateteo, los espectros de mujeres fallecidas por un parto que de noche voceaban y bramaban en el aire, éstas solían seducir y castigar a los hombres mientras se desvanecían entre las sombras…

La realidad es que la Llorona es una figura mítica en la cultura mexicana; ya sea porque nos ha enseñado a amar con todas las fuerzas sobrehumanas o nos recuerda la mística esencia resiliente, sobreviviente, de la mexicanidad. Se trata de un pivote que une a todos los mexicanos a través de la sensación carnal del desamparo y desamor, que nos hace beber para olvidar que somos almas en pena con un pasado opresivo, doloroso. Porque el que no sabe de amor, no sabe de penas.

Numerosos artistas e intérpretes han homenajeado a esta sensación tan única del mexicano. Si bien las versiones más conocidas son la de Chavela Vargas y Lila Downs, existen otros músicos que se han apropiado de la Llorona, que se la han vivido con dolor y amor. Te compartimos estas bellas versiones de los famosos versos de la Llorona:

La Llorona de Chavela Vargas

 

de Lila Downs y Mariachi Juvenil

 

de Devotchka

 

 

de Beirut

  

de Charles Lloyd & The Marvels

 

de Chano Lobato

  

de Eugenia León (para Chavela Vargas)

  

de Georgina Meneses

  

de Ximena Sariñana

  

de Trío Montalbán

 

 *1)Delegación Xochimilco