La Llorona, el más triste de nuestros fantasmas

Un poco sobre el nacimiento y evolución de uno de los espectros más famosos de nuestro país; una de las leyendas más extendidas y con más variaciones; símbolo y arquetipo del dolor femenino.

La mujer que, por locura o traición, mata a sus hijos, es parte del universo mítico de muchas culturas. Quizá, una de las primeras fue Medea quien, enloquecida por el abandono de su amado Jasón, mató a sus hijos. Pero cada pueblo tiene su expresión muy propia del arquetipo, y en México existe el lamentoso fantasma conocido como La Llorona.

El mito de esta trágica mujer tiene su origen en el México precolombino

Sus primeras apariciones están asociadas con los presagios de la llegada de los invasores españoles y la caída de Tenochtitlán. 

El espectro que sería conocido como La Llorona más tarde aparece en los textos de fray Diego Durán, que escribió que, poco antes de que su imperio cayera en manos de los conquistadores europeos, Moctezuma II soñó que iba a ser derrocado, tras lo cual encomendó a brujos y adivinos que le explicaran el significado de sus sueños; también pidió a todos los que andaban de noche por las calles de la ciudad que preguntaran a la mujer que gime y llora por las noches el motivo de su pesar. Esto deja ver que la presencia de la mujer fantasma que se lamenta por las noches y que ronda desesperada las calles de la ciudad existió antes que el país que hoy llamamos México.

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Esta leyenda también se encuentra registrada en la Historia de Tlaxcala, escrita entre 1576 y 1591, por Diego Muñoz Camargo. En su texto, los presagios de la invasión incluían: una llama que aparecía en la noche y que asustaba a la gente, desde diez años antes de la Conquista; un incendio inexplicable e inextinguible en el Templo de Huitzilopochtli; un rayo que cayó al Templo Xiuhtecutli sin hacer ruido alguno; la inundación de una gran cantidad de casas a causa del desbordamiento del lago; un fuego que apareció en el poniente y se dividió en tres partes; la supuesta captura de una gruya que tenía un espejo en la cabeza en el que podían verse sucesos del porvenir; el nacimiento de personas deformes con un cuerpo y dos cabezas.

Finalmente, una mujer que recorría las calles gritando lastimosamente —una figura parecida a Raquel que, en la Biblia, lanza fuerte lamentos por sus hijos (el pueblo de Israel).

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Imagen: Carmen Ligeia

La leyenda de La Llorona también fue documentada por fray Bernardino de Sahagún

A través de sus informantes indígenas, supo de una mujer que llamaba a su hijos por las noches, les advertía que tenían que irse lejos y se preguntaba a dónde habrían de ir; el fraile asocia a este espíritu femenino con la mujer serpiente, Cihuacóatl, y con Tonantzin, la diosa madre. Sahagún también apunta que esa mujer solía llevar una cuna vacía al mercado por las noches y dejarla ahí; dentro de ella sólo había un cuchillo hecho de pedernal, el mismo que usaba para hacer sacrificios humanos.

El espectro sobrevivió la Conquista, y se mezcló con la cultura que nació de ella. Aparece, también, en las crónicas de Luis González Obregón (1865-1938), específicamente en Las calles de México, donde el historiador narra que, a mediados del siglo XVI, en el centro de la Ciudad de México, se escuchaban tristes gemidos por las noches. 

Provenían de una mujer vestida de blanco, que llevaba un velo sobre la cara, y que recorría las calles de la capital hasta llegar a la Plaza Mayor, donde se hincaba viendo hacia el Oriente y se lamentaba; luego se dirigía hasta la orilla del lago, donde se esfumaba como bruma. El espectro asustaba a los vecinos, y muchos valientes conquistadores, aunque llenos de miedo, la seguían con cuidado para verla desvanecerse en el agua.

Hoy existen muchas versiones de la leyenda de La Llorona dependiendo del estado de la república donde se narra

A pesar de las muchas variaciones, casi todas ellas coinciden en contar la historia de una mujer muy bella, de origen indígena, que se enamoró un acaudalado criollo. La pareja tuvo dos hijos (en algunas versiones tres), pero nunca contrajo matrimonio.

Eventualmente, él decidió casarse con otra mujer de su misma clase social y casta, y decidió llevarse a sus hijos a su nuevo hogar. En un ataque de ira y desesperación, una noche, la mujer ahogó a sus hijos en el lago, aunque otras versiones dicen que los acuchilló. Una vez que los había matado, al darse cuenta de lo que había hecho, comenzó a vociferar ese lamento que hasta hoy es capaz de estremecernos: “Ay, mis hijos”. Se dice, hasta el día de hoy, que el espectro se ha visto en muchas partes de la ciudad, casi siempre cerca de donde hubo un río o un cuerpo de agua.

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Muchos expertos asocian la leyenda y la figura de esta mujer con Malitzin, esposa indígena de Hernán Cortés, también conocida como “la malinche”. Según algunas versiones de la historia, el hijo que nació de su enlace fue llevado por él a España, y ella nunca lo volvió a ver. Lloró por él cada noche. Existen numerosos mitos parecidos a este en lugares más lejanos como Venezuela, Chile, Ecuador, El Salvador y hasta España, en la que el espectro que se lamenta es el de una gitana traicionada.  

La Llorona, nuestro fantasma más desgarrador, encarna el antiquísimo arquetipo de la mujer que llora por dolores que la trascienden y que son universales, que existieron antes de ella y que la sobrevivirán: el engaño, la muerte de un hijo, la traición del amado e, incluso, la caída de un gran imperio.

*Fuentes:

Durán, fray Diego, ”Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme”

González Obregón, Luis, ”Las calles de México”

Muñoz Camargo, Diego, ”Historia de Tlaxcala”

Sahagún, fray Bernardino, ”Historia general de las cosas de Nueva España”

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

Sobre las tlahuelpuchi: mujeres vampiro de Tlaxcala

Arquetipo insistente de las culturas humanas, el vampiro también es parte del imaginario mexicano y es encarnado por las tlahuelpuchi.

Desde las épicas babilónicas hasta las milenarias tradiciones de la India; de las antiguas leyendas del este de Europa hasta los pueblos indígenas de América, el arquetipo del vampiro se repite una y otra vez en las culturas humanas. Su insistencia mítica mapea la relación de los humanos con su cuerpo y también con la muerte. 

Seres inmortales que viven de la sangre de otros y pueden cambiar de forma a voluntad, los vampiros habitan el mundo entero, y México tiene los suyos. Pero en el caso de nuestro país, estos seres son encarnados por mujeres. Se llaman “tlahuelpuchi”, que significa “sahumador luminoso”, y son temidas en muchos pueblos del altiplano mexicano, específicamente el estado de Tlaxcala, hasta el día de hoy.

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Con origen en creencias y mitos prehispánicos, tocadas por el cristianismo europeo y su concepción de la bruja, las leyendas de las tlahuelpuchi sostienen que se trata de mujeres que, en una primera mirada, podrían parecer normales, pueden ser hermosas o muy feas, jóvenes o viejas, y se mimetizan en sus sociedades sin que nadie conozca su verdadera naturaleza.

Usualmente, estos seres descubren su gusto por la sangre muy jóvenes, y esto coincide con su primer ciclo menstrual, que despierta en ellas una insaciable hambre del líquido vital; específicamente la de bebés, a los que matan mordiéndolos —y quizá esto recuerda a todos esos dichos populares, tan típicos en nuestro país, que hacen referencia a que una bruja es capaz de “chupar” a sus víctimas.

Así, estas vampiras mexicanas son también consideradas brujas, pero muchas de las fuentes de esta leyenda coinciden con que estos seres son un tipo de nahual, una persona que puede tomar la forma de un animal y que desprende luz cuando lo hace —de ahí, probablemente, el significado de su nombre.

A las tlahuelpuchi, se dice, les gustan los días nublados y fríos, y generalmente salen de cacería entre la media noche y las cuatro de la mañana. Esto implica un rito de transformación para el cual utilizan una preparación con madera de capulín, raíces de agave, copal y hojas secas de zoapatle —planta usada por la herbolaria indígena para inducir el parto o como abortivo. 

Una vez hecha la mezcla, la bruja camina sobre ella tres veces, de norte a sur y de este a oeste, para luego sentarse viendo hacia la dirección del hogar de su próxima víctima. Las conocidas también como “mujeres vampiro de Tlaxcala” tienen poderes hipnóticos, algo que les ayuda a confundir a sus enemigos, y así poder alimentarse de la sangre de los bebés hasta matarlos. 

En los pueblos del altiplano existen métodos para ahuyentarlas, uno de ellos incluye la colocación de artículos de metal (material que detestan las tlahuelpuchi), como tijeras y agujas, o ajo y trozos de cebolla debajo de los metates; también se colocan espejos cerca de la puerta.

Las leyendas señalan que, a diferencia de las brujas, las tlahuelpuchi trabajan solas. Se trata de seres solitarios que habitan los fríos bosques de la región. Se dice que ellas se reconocen entre sí y normalmente respetan sus territorios.  A veces, pueden comunicarse entre ellas, sólo para advertir peligros externos. También se dice que estas vampiras nunca matan a sus familiares, a menos que éstos las acusen ante las autoridades u otras personas de su sociedad. Esto, muchas veces ha derivado en juicios públicos y ejecuciones. 

De hecho existen, hasta el día de hoy, documentos en registros de niños que murieron prematuramente, y cuya causa de muerte fue documentada, literalmente, a causa de la mordedura de una bruja. Se sabe, finalmente, que el último juicio y ejecución de una tlahuelpuchi data de año 1973.

Muchos estudiosos y expertos en leyendas tradicionales mexicanas han adjudicado la leyenda de las vampiras tlaxcaltecas a enfermedades propias de recién nacidos, como la llamada muerte de cuna. El mito se transforma, entonces, en una manera de explicar y lo inexplicable. 

El hecho es que en los pueblos de México aún se cree en la existencia de estas mujeres vampiro, y su presencia en el imaginario popular las convierte en representaciones fascinantes y temibles de la más profunda oscuridad humana.

También en Más de México: Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo 

*Fuente:

“¿Mordida de bruja o enfermedad? Las muertes de niños en un pueblo tlaxcalteca (México), 1917-1922”, Marciano Netzahualcoyotzi Méndez en Historelo: revista de historia regional y local.

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

Escucha la leyenda nahua sobre el origen del mundo que inspira un ritual sagrado

El fotógrafo Yael Martínez generó esta hermosa representación visual de una leyenda mexicana sobre el origen del mundo.

“Nosotros comemos la tierra y la tierra nos come a nosotros, porque la tierra es el principio y el fin de todas las cosas.” Así describe nuestra relación más sagrada la hermosa pieza audiovisual del fotógrafo guerrerense Yael Martínez

“La sangre y la lluvia” narra e ilustra la leyenda sobre el origen del mundo que inspira un ritual sagrado típico de Guerrero. De acuerdo a las creencias de las comunidades de la zona, antes de que la Tierra fuera ella misma, antes de que cualquiera pudiera nombrarla, Quetzalcóatl y Tezcatlipoca atraparon el cuerpo de Tlaltecuhtli (“nuestra señora de la tierra que sembramos”) y lo partieron por la mitad, creando el cielo y la tierra.

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De este cuerpo nacieron absolutamente todas las cosas: ríos, cavernas, flores y vegetales. Pero Tlaltecuhtli pedía corazones para alimentarse a cambio de toda esta abundancia. En el ritual contemporáneo, las comunidades hacen sacrificios menos aniquilantes.

Cuando es tiempo de pedir por la lluvia, se hacen distintas ofrendas para alimentar a las cruces pintadas de azul, que están en representación de la Señora de la tierra y de Tláloc. También se hacen rituales en las cavernas y oquedades de los cerros, comúnmente asociadas con el Señor de la lluvia. 

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También en Más de México: Rituales mexicanos para poner el clima a tu favor

Pero la sed de sangre de estos seres divinos no ha cesado, por eso se sacrifican guajolotes y los jóvenes de los pueblos se visten como tigres, preparándose para una batalla muy particular. En Zitlala y otras comunidades, se golpean efusivamente, en un apasionado ritual que busca el derramamiento de sangre. Por cada gota del líquido vital caerá una de lluvia: la tierra nos come a nosotros.

Este proceso místico es descrito en “La sangre y la lluvia”, ilustrado con las hermosas fotografías de Martínez, que definitivamente logran capturar la magia de los rituales. Combinadas ingeniosamente con los gráficos de Orlando Velázquez y el poema de Isaac Carrillo Can, evocan las múltiples capas que componen las creencias de las comunidades en Guerrero.

Escucha la leyenda completa:

Descubre más sobre la obra de Yael Martínez aquí.

3 fuentes que confirman el origen prehispánico de la leyenda de La Llorona

La mujer que deambulaba con horror a altas horas de la noche es más antigua de lo que suele creerse.

Los gritos de una mujer que sufre, sufre muchísimo, deambulando entre las noches, vestida enteramente de blanco, quizá sea probablemente una de las escenas más horrorosas a la que podamos acceder. En México, en materia de leyendas, esta imagen es un lugar común y emula a la leyenda más conocida del país: La Llorona.

Este país, de una tradición tan arraigada de la muerte, ha conferido a La Llorona un lugar muy especial, y uno de los grandes misterios es precisamente el por qué esta leyenda se ha consolidado tanto en el imaginario colectivo. Existen diversas versiones sobre su origen. Una de ellas trata la historia de una mujer indígena que se enamoa de un español, juntos tuvieron 3 hijos, pero luego este le abandonó por una italiana para formar un “legítimo” matrimonio. En su desesperación la mujer ahogó a los 3 hijos que había tenido con el susodicho, aunque luego de consumar su asesinato quedó horrorizada por lo que hizo y se mató a sí misma.

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Otra de las versiones, apunta más bien a un origen aún más antiguo, ligado a Cihuacóatl, la diosa de la tierra –Coatlicue–, la fertilidad y de los partos –Quilaztli– y la mujer guerrera –Yaocíhuatl– y madre –Tonantzin–. Se dice que esta mitad mujer y mitad serpiente emergía de las aguas del lago de Texcoco para llorar a sus hijos –los aztecas– en el sexto presagio de la devastación de la cultura mexica a manos de los conquistadores españoles. 

Sobre esta historia, de la misteriosa fémina que deambulaba en dolor y horror, diversos cronistas españoles recién llegados a Tenochtitlán dan cuenta, como apunta el gran arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma en un artículo para Arqueología Mexicana llamado ¿La leyenda de la Llorona es de origen preshispánico?.

Según el testimonio de Fray Diego Durán, Moctezuma II en los últimos días de su mandado se encontraba afligido por una serie de presagios que apuntaban a que el final de su reinado esta próximo:

Lo mismo encomendó a todos los que tienen por costumbre andar de noche, y que si topasen a aquella mujer que dicen que anda de noche llorando y gimiendo, que le pregunten qué es lo que llora y gime… 

También los informantes nahuas de Fray Bernardino de Sahagún le refirieron sobre esta leyenda, y este último alude a ella como Cihuacóatl (mujer serpiente) o Tonantzin (nuestra madre):

(…) muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos: –Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos! Y a veces decía: – Hijitos míos ¿a dónde os llevaré? (…) Decían que de noche boceaba y bramaba en el aire.

En su Historia de Tlaxcala, de Diego Muñoz Camargo, el capítulo de esta misteriosa mujer es narrado cuando habla de los presagios de la caída de Tenochtitlán, específicamente en el número 6:

Una mujer recorría las calles dando gritos lastimeros.

El término de La Llorona se le asignó en el México Colonial, cuando era reciente la llegada de los españoles y el agua era aún parte imprescindible de la ciudad. Hoy, más de 500 años después, en el mundo imaginario de los mexicanos proliferan las versiones de esta historia desde la música, el cine, y en general el arte y las tradiciones que parecen tener una identificación profunda e imperecedera con esta enigmática mujer dolida.

*Imágenes:

1)anterasu.com; 2) La Llorona en el Códice Florentino