Breve introducción a los explosivos y legendarios sonideros de México

Los sonideros de México se han convertido en figuras que mantienen las costumbres del pueblo para el pueblo; el gusto de la vida a través de un movimiento sensualmente liberador.

Danzar es, indiscutiblemente, una hermosa manera de inundar al cuerpo de alegría. Y pese a que la danza se ha asociado con una serie de reglas estrictas y una población genuinamente esbelta, la realidad es que se trata de una actividad que todo ser humano puede realizarla sin importar condiciones físicas, sociales ni económicas.

Por ello, quizá, los sonideros de México han logrado trascender las fronteras temporales hasta nuestros días. Son personajes dedicados a animar reuniones con equipos de audio y temas musicales principalmente tropicales y ritmos latinos. Incluso algunos los consideran los antecesores del DJ, con la única diferencia de que se dedican a resaltar el alma de lo popular.

Pese a que se desconocen sus orígenes precisos, los sonideros llegaron a los barrios de Tepito y Peñón de los baños de la ciudad de México durante la década de los 50.

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Con el avance de la tecnología en la década de los 50, tanto el cine como la radio se encargaron de esparcir la música tropical cubana en los kioscos, las plazas y vecindades más tradicionales. La música que principalmente gustaba era la música tropical, principalmente la que provenía de la isla de Cuba. Los principales ritmos que sonaban eran las rumberas, como el Son montuno, guaguancó, danzón, mambo, boleros tropicales, etcétera.

Fue ahí que en las vecindades comenzó un arraigo por la música tropical. No sólo alegraba el ambiente acústico, también lograba reunir a los vecinos en fiestas de cualquier motivo, como cumpleaños, fiesta patronal, XV años, bodas. Precisamente estas vecindades se fueron las encargadas de amenizar las fiestas con alguna radio, tocadiscos o LP para hacer sonar ritmos rumberos; y en ocasiones, hasta se disponía únicamente de mariachi.

Con la llegada del Cucu de la Sonora Dinamita, Tepito no sólo se convirtió en la meca de la música rumbera, también en la puerta dimensional de los ritmos latinos en las vecindades de la periferia del Aeropuerto Internacional de la ciudad de México. Fue así que en las fiestas de las vecindades de Tepito o Peñón de los baños comenzaron una discoteca móvil, a hacer fiestas en las calles sin razón aparente más que disfrutar del son. Estas fiestas estaban a cargo de los sonideros, quienes desarrollaron los sonidos de Fascinación, Sonido Estrella y el Sonido Tirzo.

Al ampliarse los ritmos y las memorias portables, los sonideros se dedicaron a reunir grandes cantidades de aficionados y bailarines profesionales. El objetivo era realzar la cultura en que se le brinda placer al cuerpo a través de la compañía unísona del baile. Y al menos, hasta la fecha, los sonideros se han convertido en figuras que mantienen las costumbres del pueblo para el pueblo; el gusto de la vida a través de un movimiento sensualmente liberador

 

*Imágenes: 1) El Universal,; 2) Vice

La milagrosa escuela de música frente a un basurero municipal en Oaxaca

En la comunidad de Vicente Guerrero, a las afueras de Oaxaca, una escuela de música ha cambiado la vida de muchos habitantes.

Todos lo hemos escuchado alguna vez, “el arte sana”. Pero, ¿qué tan cierta es esta premisa?. Un notable caso en una comunidad marginada de Oaxaca, a 16 kilómetros de esta ciudad, ha sido retomado por medios internacionales, conmovido a cientos, y de paso a corroborado la premisa con la que iniciamos este párrafo.

escuela de musica basurero oaxaca

En 1980 el gobierno municipal abrió un basurero. El sitio fue habitándose por personas con escasos recursos y hoy ahí viven hasta 13 mil personas. La zona es famosa por los altos niveles de marginación y criminalidad, pero una escuela de música ha esparcido sus milagrosos efectos desde 2011.

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Una iglesia católica local abrió, como parte de un programa de prevención de la violencia, una escuela de música. El primer año 25 estudiantes aprendieron a leer música, aunque no tenían instrumentos y hacían solo juegos de “tambor” con las sillas y muebles. El líder del proyecto es Camerino López, un clarinetista de la región zapoteca de Oaxaca.

La historia cambió cuando Isabelle de Boves, una francesa que visitó a su tía monja que vivía en la comunidad, conoció la escuela. Al ver tan entusiasmados a los estudiantes, consiguió más de 20 instrumentos entre conocidos y parientes para mejorar la escuela.

Hoy esta escuela tiene más de 100 estudiantes, y se ha convertido en un motor que genera comunidad entre los habitantes.  Ha formado a músicos como Florida Velásquez, de 15 años, que consiguió una beca en la en la prestigiada escuela de música indígena Cecam.

Se trata de un ejemplo fehaciente del rol del arte en la generación de lazos y sentido en la vida de muchas personas, y de cómo un proyecto, pequeño y humilde, puede cambiar historias de vida. ¿A ti qué se te ocurre?

*Imágenes: 

Ginnette Riquelmeç/ The Guardian

La “Otra Chilena”, un gran playlist de la música de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca

Esta compilación hace un merecido homenaje a La Chilena, música que ha alegrado y sorprendido por más de un siglo las playas de Oaxaca y Guerrero.

Se cree que la música La Chilena viene de este país del sur y de migración sudamericana de otros lugares en el siglo XIX. Esta se fusionó con la intensa mezcla cultural de la costa de Oaxaca y Guerrero, donde habitaban desde mixtecos, amuzgos, hasta afroamericanos

Cada año en Oaxaca se realiza el Festival de la Chilena en Santiago Jamiltepec, un género del México profundo que da acordes a los bailes de chilena, característicos por el uso de pañuelos coloridos que se agitan en el aire los hombres para señalar a la mujer los pasos que han de venir, con alegres zapateados. Nos dice la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas:

Versos picarescos, alegres, que hacen referencia al mar, la costa, las montañas, las flores, el amor y las mujeres. Es una almagama de las culturas sudamericanas impregnadas de la migración europea, que se funde en Oaxaca y en Guerrero con los pueblos mixteco, amuzgo y afromexicano. 

Este tipo de festivales recuerdan al mundo que aún existen personas que continúan esta tradición. Una de sus cualidades es la ingeniosa improvisación de los músicos, quienes hacen construcciones, casi siempre en doble sentido, que hacen del espectáculo uno más teatral. La siguiente compilación la hizo la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas a través de la Radiodifusora XEJAM “La Voz de la Costa Chica”.

 

 

Los Dueños del Silencio: el documental que muestra el rap marginal de México

Por antonomasia el rap y el hip-hop son marginales, y este proyecto nos muestra que este género sigue viviendo en México y de qué manera.

Cuando hablamos de rap y hip hop, no necesariamente el mostrado en los medios de comunicación lleva el espíritu del mismo género que se mueve en la calles. Este se convirtió desde finales de los años 60 en una herramienta de expresión de los barrios más marginados, nació en Nueva York, aunque en millones de rincones del mundo los jóvenes se identificaron con esta forma de arte que sirve como válvula de escape de los problemas de la pobreza, sumando además una cohesión social a base de la identidad.

Con el tiempo el rap y el hip- hop fueron convirtiéndose también en una manera seria de denuncia, y más allá de una moda el género fue asentándose como parte de una cultura híbrida, globalizada, pero siendo vía de comunicación de los propios problemas locales, incluso sobre hogares y vidas en específico.

Un nuevo documental ha hurgado por este mundo, el mundo del rap y el hip hop mexicano, de ese que se genera en las calles; que funge como una manera de liberación psicológica, y que más allá de hacerse para los medios de comunicación, se hace para liberar.

Es un rap prácticamente anónimo que se hace desde el mercado de la merced en la Ciudad de México o en las ciudades de la frontera norte. Los Dueños del Silencio es el documental del que hablamos y ha conseguido documentar una realidad que pareciera perdida y que se mantiene.

No es necesario conocer de música para hacer rap o hip-hop, simplemente la necesidad de usar la voz para sacar, quizá para gritar, como dice en el documental una niña rapera de 12 años.

Su director es Kyzza Terrazas, con este trabajo se busca mostrar el modo de vida de millones de personas que se manifiesta en versos que se dicen rápido, sin motivo quizá, pero con muchísimas y profundas repercusiones sociales e individuales, cumpliendo, tal vez, con el rol más importante que el arte puede alcanzar.