¿Sabías que los códices prehispánicos son los libros más antiguos de toda América?

Los códices son documentos que “nos llevan, nos guían, dicen el camino”, como alude un poema náhuatl citado por Miguel León-Portilla.

¿Qué son?

Los manuscritos mesoamericanos son aquellos libros o documentos pictográficos (pinturas y caracteres) que dan testimonio de la antigua  visión indígena que hoy nos permite conocer y valorar nuestras raíces más profundas. Fray Bernardino de Sahagún decía que de ellos se obtenía toda la información sobre “las cosas divinas, humanas y naturales”

Hasta la fecha se conservan unos 17 códices que se reconocen auténticamente prehispánicos o elaborados en el momento de la transición, es decir antes y poco después de la conquista española. Lamentablemente muchos de ellos, no sabemos cuántos, fueron destruidos como parte de la conquista espiritual y material para borrar las fuentes de la sabiduría mesoamericano e instituir la nueva religión cristiana y los hábitos y costumbres para la Nueva España.

Otros tantos fueron producidos ya durante el periodo colonial (siglos XVI al XVIII) pero ya con nuevas influencias.

Materiales y autores

Estos manuscritos, de imágenes y caracteres, estaban hechos de papel de amate, piel de venado, tela de algodón o papel de maguey y se pintaban por hombres o mujeres bien preparados para ello, llamados pintores escribanos, ah dz ‘ib  en maya y tlacuilos en náhuatl.

Don Miguel León-Portilla resalta del Códice Florentino de Sahagún la advertencia a los jóvenes estudiantes escribanos:

 

Cuida de la tinta negra y roja,

los libros, las pinturas,

colócate, junto y al lado

del que es prudente, del que es sabio.

 

Los temas

Los temas que abordaban estos libros son variados: de los días y los destinos,  rituales y adivinatorios, astronómicos, de las historias de sus dioses o hazañas de sus antepasados, de economía y de tributos, de  geografía, entre otros contenidos

¿Cuáles son?

De acuerdo con sus orígenes se les agrupa con el nombre de la cultura a la que pertenecen, a la temática, al lugar en donde se conservan o al nombre de quién fue su poseedor o investigador. Así tenemos cuatro clasificaciones de grupos:

Códices Mayas: Son tres de contenido calendárico ritual: Códice Dresde, Códice Madrid y Códice París.

codices mexicas

Códices del Grupo Borgia: Son cinco de contenido calendárico ritual: Códice Borgia, el Laud, el Vaticano B, Códice Cospi y Códice Fejérváry-Mayer o Tonalámatl de los Pochtecas.

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Códices Mixtecos: Son seis de contenido histórico como es el origen mítico de sus gobernantes: Códice Nuttall, el Vindobonensis, el Becker I, el Códice Bodley y el Códice Selden.

codices mixtecos

Códices Mexicas: Los últimos estudios demuestran que tres códices mexicas, pensados con autenticidad prehispánica, en realidad son coloniales tempranos pero con todas las características de los antiguos. Estos son: el Códice Borbónico (calendárico-ritual), el Códice Boturini o Tira de la Peregrinación (contenido histórico) y la Matrícula de Tributos (la contabilidad de los tributos al Imperio Mexica).

Codice Borbonico lamina 34 detalle de ceremonia del Fuego Nuevo

 

*Imágenes:

Imágenes: 1)Portadilla  Códice Fejejérváry Mayer o Tonalámatl de los Pochtecas, lámina 1. 2) Lámina 50 del Códice de Dresde que muestra cálculos del ciclo de Venus. 3) Códice Borgia, lámina 32 detalle de Tezcatlipocas y Quetzalcóatl. 4) Códice Nuttall, lámina 70, muestra al señor 8 Venado. 5) Códice Borbónico, lámina 34, detalle de ceremonia del Fuego Nuevo 

Mónica del Villar K.
Autor: Mónica del Villar K.
Amante del México Antiguo, cuidadora del Bosque de Chapultepec y entregada a los oficios editoriales desde hace muchos años.

El códice Quetzalecatzin, la prueba de la perduración en el tiempo

Los nahuas, y su primer contacto con Europa, está retratado en este bello códice, conocido por su atemporalidad.

Actualmente se vive en un mundo de instante. El perdurar de la imagen se vuelve un mito y, sin importar su contenido, el olvido es la única guía. No obstante, en esta era, aún existen las representaciones atemporales, aquellas cuya belleza e importancia perduran en el tiempo. El ejemplo más representativo de esta pictoralidad atemporal reside en los códices, cápsulas de tiempo, tanto de memoria y trazo. 

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El códice Quetzalecatzin (también conocido como Mapa de Ecatepec-Huitziltepec) es la prueba. La belleza y sinuosidad con que está trazado es única y la historia que encierra es igual o más de maravillosa. El códice muestra el paraje del sur de Puebla, desde la iglesia de Texcoco, sus inmediaciones, el lago de Texcoco, hasta la iglesia de Santa Cruz Huitziltepec. Otra de las características de este mapa es el retrato de la línea genealógica y propiedad de la tierra de la familia “León”, parentela que al ser inscrita en este códice, sin saberlo, se ha vuelto parte de la historia de estos antepasados. 

La inmortalización que ha hecho de este árbol genealógico no es única. La particularidad de este códice reside en ser parte de las primeras piezas durante la  época en la que los europeos y los nahuatls estuvieron en contacto. De esta manera, no sólo estos dibujos y figuras  cobran la relevancia de un testimonio de los ancestros de México, sino en observadores de lo que vendría a ser esa zona en un futuro, el México que hoy en día se conoce. La fauna y fotografía pintadas lo comprueban, México desde sus inicios siempre fue una tierra de montañas y plantas sinuosas. El relieve de su geografía y naturaleza de los códices remite a la importancia de volver muchas cosas de dicho país como un patrimonio de la cultura y, sobre todo, su gente. 

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Actualmente, el códice se encuentra en la colección de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Aunque la vivencia de su tiempo en el presente, así como la prueba de su perduración, puede verse ya en línea. Recientemente, el códex ha sido digitalizado y puede ser consultado por cualquier persona en internet. 

Durante mucho tiempo, el códice había pertenecido a colecciones privados, por lo que la oportunidad de verlo en línea significa una gran oportunidad para conocer la historia de México y la atemporalidad de sus ancestro, quienes, al fin y al cabo, también vivieron en su tierra. 

 

Lo que los mexicas pueden enseñarnos sobre la felicidad y el buen vivir

Era muy importante adquirir un rostro y corazón que diera sentido a la vida; también entender lo transitorio y lo efímero de la estancia en este mundo.

La felicidad y el buen vivir podrían ser sinónimos. Por un lado quizá debamos aceptar que la felicidad absoluta existe solo por momentos, sin embargo, podemos practicar cierta sabiduría ancestral para fincar las bases de una buena vida.

Hacer lo anterior te acercará más a la felicidad, siempre considerando que este mundo es imperfecto (al menos en el plano humano y en el de los deseos) y por ello, se trata de una meta, a la cual puedes construirle cimientos.

Lo anterior los aztecas pareciera que lo tenían muy claro. Su gran sentido ritual reconocía que la perfección estaba solo en manos de los dioses. Aunque más allá del plano divino, también aplicaron conocimientos, resultado de sabiduría de generaciones, para procucar el buen vivir, quizá lo más cercano a la felicidad que podemos acceder.

Un interesante artículo del sitio psypost muestra que en la filosofía mexica subyace la noción imprescindible de que todo es transitorio, de que nuestra estancia en la Ttierra es momentánea, como se apunta en diversos populares poemas de Nezahualcóyotl:

 

Yo lo Pregunto (Fragmento)

 

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.

Percibo lo Secreto… (fragmento)

Como una pintura
Nos iremos borrando.
Como una flor,
Nos iremos secando
Aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
De la preciosa ave de cuello de hule,
Nos iremos acabando
Nos vamos a su casa.

Por su parte el gran estudioso de la cultura nahua, Miguel León Portilla, nos dice sobre algunos sabios prehispánicos en su libro Aztecas-mexicas: Desarrollo de una Civilización Orginaria:

Partiendo de que la Tierra no es lugar de felicidad cumplida, y reconociendo a la vez el anhelo que impulsa a buscarla, a modo de conclusion afirman que “hay que ir a otra parte”, al lugar de rectitud y el bien, ya que de otra suerte había que aceptar que “solo en vano se ha venido a existir en la Tierra”.

Ahora, si bien podría parecer algo pesimista el creer que de la “felicidad cumplida” su lugar no es la Tierra, ello no excluye que existan ciertas prácticas para vivir mejor, como una manera de ser más feliz.

Ciertos valores en la sociedad mexica eran imprescindibles para estar mejor en este mundo, como los siguientes:

Carácter y sentido a la vida

Para los mexicas la educación era fundamental, y esta se impartía bajo la premisa de adquirir un rostro y un corazón (in ixtli, in yolotl), que diera sentido a la vida. En los primeros años los niños eran educados por sus padres (y sabemos que el náhuatl abunda en diminutivos cariñosos empleados al interior de la familia), pero entre los 10 y 15 años la sociedad entera tenía acceso a educación, para aprender la técnicas, oficios y ciencia, aunque también filosofía para dar sentido a la vida a través de las metáforas y los cantos (in xochitlin cuicatl).

 

La comunidad

Lejos de la concepción occidental del individuo, en la sociedad azteca (y en muchas etnias indígenas hoy día), la persona tiene significación, aunque dentro de la comunidad. Uno tiene un rol, y la personalidad propia es importante pero más aún el sentido de pertenencia. Hoy, cuando miles en las ciudades se sienten solos (y las cifras de depresión son cada vez más altas) quizá haga falta encontrar sentido en actividades comunitarias, donde se fortalecen los lazos y los objetivos de la comunidad, más allá del individuo o la propia familia.

La multiplicidad de las fiestas de los mexicas, de un gran sentido ritual, permiten también comprender la necesidad de comunidad y de gozo vinculado al gran misterio que es la vida. La  invitación, quizá sea, que dejemos de depositar en nuestros deseos el peso de la felicidad, que una vida de gozo y dificultades puede sortearse con ambas tonalidades si se tiene un sentido por vivir más allá del yo.

*Imagen: niños en el Códice Mendoza

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Las fantásticas ilustraciones de un misterioso viajero que visitó México en el siglo XVII

Estas preciosas laminas ilustran la probable visita de un trotamundos italiano, Giovanni Francesco Gemelli Careri, a la Nueva España.

Giovanni Francesco Gemelli Careri (1651-1725) presumió haber dado la vuelta al mundo luego de desencantarse de su vida como abogado. Sí hoy abandonar tu vida ordinaria para viajar por tierras lejanas es un acto en esencia épico, hace 500 años era aún bastante más radical. De hecho, muchos han puesto en duda que Gemelli haya realmente concretado su viaje, o en todo caso que haya visitado tantos lugares como luego reportó. Sí en realidad lo hizo estamos ante una fascinante documentación; si no, entonces tenemos una obra de arte de inapelable genialidad –sus crónicas ficticias.

En todo caso el volumen VI de su crónica viajera Giro del Mondo (1699) lo dedicó Gemelli a la Nueva España. La obra, además de sus comentarios, que vale la pena leer, incluye unas preciosas ilustraciones. Entre estas destaca una lamina, obra del geógrafo español Don Carlos de Singuenza. Se trata de una especie de guía ilustrada o infografía que ilustra personajes, plantas y escenas, y ubica múltiples lugares. También notables son aquellas láminas que ilustran a los gobernantes locales con sus atuendos, una hermosa representación calendárica o el mapa hidrográfico de la región central. 

mapa antiguo de mexico incluido en diario de Giovanni Francesco Gemelli Careri

Como podrás notar con un poco de paciencia, esta pieza, que también recuerda a un tablero de juego e invita a sumergirte en ella, incluye personajes peregrinando de manera excéntrica; un racimo de símbolos inquietantes, representaciones de lugares específicos –entre ellos Chapultepec, Zumpango, Ápan, Tlatelolco, Azcapotzalco y Huixquilucan– o de cuerpos desmembrados. En resumen, un pictórico carnaval que probadamente estimula la contemplación (click aquí para navegar una versión mucho mayor).

 

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Este mapa, protagonizado por el gran lago de México Tenochtitlán, muestra los ríos y montañas que lo rodean, por ejemplo el Río Tula (en lo que hoy es Hidalgo), al oeste, o las montañas de Tepoztlán (Morelos), al sur. De acuerdo con Gemelli este mapa, llamado “Un borrador hidrográfico de México, posado sobre sus lagos” fue trazado por el ingeniero francés Adrian Boot.  

 

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En cuanto al par de láminas con representaciones de distintos personajes, ya sean comunes, monarcas o incluso deidades, aquí aparecen los tlatoanis Axayácatl, Tizoc, Moctezuma segundo y Ahuízotl, además de un guerrero (“un soldado mexicano” que por cierto presume la cabeza de un enemigo atada a su cinto), unos mineros españoles y Tláloc, dios de la lluvia.   

 

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Vainilla, cacao, zapote negro, aguacate y maguey, cinco de las más preciadas joyas que México presume entre sus numerosos ingredientes naturales originarios. Un merecido tributo por parte de Gemelli, quien seguramente quedó maravillado en caso de haberlas probado. 

Más allá del valor histórico que las crónicas viajeras de Gemelli puedan tener, este material, y en particular sus ilustraciones, son un hermoso pretexto para concretar una inmersión, tan lúdica o analítica como tú decidas, en el pasado de México. Y si quieres sumergirte a fondo, ya sea en las imágenes o el texto, puedes visitar aquí la edición digitalizada de este tomo del Giro del Mondo, cortesía de la biblioteca de la Universidad de Harvard 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.