Esculturas de goma de mascar, la dulce visión futurista-maya de Sam Kaplan (FOTOS)

El artista fusiona el futurismo con arquitectura maya; esta última siempre ha despertado su fascinación.

El fotógrafo neoyorquino Sam Kaplan utiliza cientos de paquetes de goma de mascar para construir cuidadosamente esculturas arquitectónicas de colores sólidos que, según sus propias palabras, están inspiradas en el futurismo y la arquitectura maya.

Es difícil imaginar que estas imágenes de naturaleza muerta, pero a la vez con mucho color y sofisticación, fueron capturadas sin ninguna tipo de ayuda adicional, edición o software especial. En vez de eso, Sam Kaplam ha construido laboriosamente cada escultura de “chicle” utilizando tan solo goma de mascar de diversos colores. El resultado son estas formas geométricas verdaderamente impresionantes, patrones que imitan bloques de torres, pirámides, elementos arquitectónicos, arcos e incluso una ciudad entera.

En un principio, Kaplan, quería encontrar una manera de manipular un material en un patrón 3D, en vez de fotografiar la goma de mascar. Él explica: “

Yo quería encontrar un material que pudiera ser tanto repetible y permanecer uniforme. También quería un alto nivel de maleabilidad y después de mucho ensayo y error aterricé la idea. Siempre he estado interesado en el futurismo y la arquitectura maya… y este proyecto es una manera de combinar ambas cosas para crear nuevas formas.

Sam Kaplan esculturas chicle arquitectura maya

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Sam Kaplan arquitectura maya

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 *Imágenes: © Sam Kaplan

13 notables tatuajes con motivos prehispánicos

La incorporación de alusiones prehispánicas a los tatuajes actuales es cada vez más común.

El arte neo prehispánico se había incorporado como alusión a diversos motivos plásticos desde la independencia y después de la revolución. Actualmente, una nueva ola está incorporando la gráfica prehispánica, y su mitología, a una práctica originalmente tribal y también artística: los tatuajes.

Estos han dejado de ser una moda de contracultura, paulatinamente van incorporándose en la sociedad como un ornamento significativo. Los motivos prehispánicos son cada vez mayores en la práctica del tatuaje, mucho porque es evidente que cada vez más está revalorándose la cultura prístina.

A continuación te compartimos algunos de los trabajos más loables que encontramos de este tipo de gráfica. Meticulosos trabajos que bien llegan a tener un importante valor artístico.

Cuando la ciudad de México fue el antídoto terapéutico de Leonora Carrington

Ella dominó el constante coqueteo de la locura y las incidentales calles de México.

Existen ciertas zonas en la ciudad de México en las que habita un aire surrealista, místico y fantástico, como si se intentara mantener vivo el recuerdo de las personas que han pasado por ahí. A lo largo de sus calles y arquitectura se encuentran plasmadas de las anécdotas, esculturas y pinturas de aquellos personajes que sublimaron sus miedos y emociones.

Entre las personas que inmortalizaron esta esencia en la ciudad de México se encuentra Leonora Carrignton, la surrealista mexicana-inglesa que liberó la magia desde la colonia San Rafael hasta la avenida Reforma. Su creatividad la llevó a destrozar las paredes de su castillo en la nebulosa Inglaterra, y aprender a deconstruir a su manera lo que quedaba de ella.

La deconstrucción de Carrington comenzó con Max Ernst. Él, un surrealista alemán de 46 años con reputación de mujeriego, casado por segunda vez y sin dinero; ella, una estudiante de arte de tan sólo 20 años, con un padre adinerado y dominante. Fue un coup de foudre. Y a pesar del pronóstico catastrófico que albergaba en la relación, ambos se fueron a vivir a Francia, en donde se encontraron inmersos entre artistas, surrealistas y aislamientos.

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Esta relación, excesiva para los límites tradicionales del arte y el amor, encontró su fin con la invasión nazi en 1939. Tomaron preso a Ernst; y ella, encontró cobijo en un manicomio en Santander, España. Ahí encuentra a Renato Leduc, periodista y diplomático mexicano, quien se encontraba trabajando en la embajada de México en Madrid sin poder regresar a su país de origen. Fue así que realizaron un acuerdo que beneficiaría a ambos: la única solución para huir juntos del caos europeo era casarse y así llegar a la pacífica ciudad de México.

Leonora llegó a la ciudad de México sin ningún sueño que dejar, muy lejos, el recuerdo de Ernst, Francia y el arte. Sin embargo las calles mexicanas parecieron convertirse en elemento terapéutico para estructurar su propia desestructuración mental; por lo que usó los únicos recursos que ya conocía: el surrealismo.

De cierto modo, el surrealismo se convirtió en la única vía funcional para regresarla a una vida –a la que fuera–. Aprehendió la locura como único método de supervivencia, usando sus recursos de irrealidad, alteración en el estado de consciencia, pensamiento y emociones, asociaciones sueltas y delirios. Hasta que, de pronto, ella dominó el constante coqueteo de la locura y las incidentales calles de México. Se volvió parte de una realidad alterna, en donde descubrió la manera de sobrellevar el equilibrio con elegancia y estilo.

A través de estatuas, como Ya no hay lugar ubicada a espaldas de la Catedral –en la calle de Guatemala– y Cocodrilo reubicada en avenida Paseo de la Reforma, o el muro de En el mundo mágico de los mayas en Reforma y Gandhi, Carrington se apropió de la cultura mexicana. Plasmó en las leyendas, mitos y tradiciones su autoconcepción, desde un ojo ajeno a la realidad.

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La magia y el ocultismo detrás de las obras de Leonora Carrington en México

Pintora y escritora surrealista; inglesa pero bautizada tras su exilio como mexicana, Leonora Carrington es una figura imprescindible para entender el surrealismo que se desdobla en México.

En el surrealismo, especialmente el que se desdobla en obras de carácter pictórico, existe una ligera incitación alquímica ligada a las Ciencias del espíritu y a las doctrinas filosóficas que rezan en lo oculto. Leonora Carrington, pintora y escritora surrealista, dejó entrever en sus obras un ciento de símbolos ocultistas ligados por una parte, a su fascinación por la mitología celta y las culturas indigenas mexicanas, y por otro, a sus visiones oníricas y a las revelaciones extrasensoriales que le ocurrían, quizás, tras su brote psicótico que la llevó al internamiento. Pero “la locura puede llevarte a la iluminación”, advertía Carrington, una prodigiosa artista y alquimista mexicana de origen inglés, que pasó los últimos 43 años de su vida en México. 

No hace mucho que Carrington nos dejó por “razones humanas” luego de una neumonía en 2011. Nació en Lancashire, Inglaterra, pero su carrera no brotaría de entre su imaginario inconsciente sino hasta su viaje a París, donde se reencontró con un viejo amigo y romance, Max Ernst, quién posteriormente le revelaría el mundo surrealista en el que habría de fluir. Mediante Ernst, Carrington conoció a toda la parafernalia del movimiento surrealista: André Bretón, Wolfgang Paalen, Benjamin Péret, Joan Miró e incluso a Pablo Picasso y a Salvador Dalí. Tras su exilio a México –luego de la aprehensión de su esposo Max Ernst declarado enemigo del régimen de Vichy–, contrajo matrimonio con el poeta mexicano Renato Leduc para poder ingresar al País. Nuevamente –y como si se tratara de un viaje al inconsciente–, las tierras mexicanas fueron, entre los años 30 y 40,  el origen fértil de surrealistas unidos por la gran guerra en tierra de indios. 

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En México, Leonora Carrington es la protagonista de una serie de obras que intentan explicar la simbología de los sueños fabricados en su nueva nación, un sitio surrealista por excelencia, cuya cultura aún yace impregnada de su origen; la mística prehispánica en la vida cotidiana. Surrealistas como Remedios Varo, Luis Buñuel y Sir Edward James, contuvieron una entrañable amistad con Carrington, este último, con una conexión aún más profusa. La pintora visitó frecuentemente a Sir. James en Xilitla, lugar que aguardaba su fantástico jardín surrealista, una estructura laberíntica creada en el fervor del silencio selvático de la huasteca potosina.

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El mundo mágico de los mayas, México, 1963.

La peculiaridad que Carrington tenía al pintar en su cocina, en medio de una casa que invitaba a saborear el caos, era exclusiva. Le parecía saludable la influencia que ejercía la comida sobre el arte, misma que habría de detallar en su fascinante obra La invención del mole (1960). Además de sus cuentos, y otras obras pictóricas como Litany of the Philosophers, donde parece mimetizar a la Mujer Escarlata de la magia thelémica de Crowley, dejó un legado muy especial para México: El mundo mágico de los mayas, realizado en 1963 para el Museo de Antropología de la Ciudad de México, El diablo rojo, pintado en la entrada de la casa de Sir Edward James en Xilitla (la casa Gastelum, hoy conocida como El Castillo), y una colección extraordinaria de esculturas realizadas entre 2009 y 2011, elaboradas a partir de algunos bocetos y pinturas y transferidas a bronce, bajo el nombre de Las posibilidades de los sueños. En la Ciudad de México y en Jalisco, de hecho, encuentras esparcidas algunas otras de sus obras tridimensionales.

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Leonora Carrington siempre se mostró como un espíritu introvertido y poco legible, una bruja de nuestro tiempo que “ha cruzado más fronteras y atravesado cadenas montañosas más que cualquier otro, y ha surcado los abismos más profundos…” advertía Sir Edward James. Pero, quizás lo más importante que nos ha legado es su capacidad para transmitir los sueños, estados de consciencia que  según creía, siempre transmiten un mensaje, sólo hay que saber cómo decodificarlos.  

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Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Licenciada en Derecho por la UNAM. Editora por profesión. Música por convicción.