Estas son las razones científicas por las que nos gusta tanto el chile

Un fenómeno conocido como reverso hedónico es el responsable de que los humanos, y sobre todo los mexicanos, disfruten la mezcla de placer y dolor del enchilamiento.

Los humanos somos seres extraños. Por un lado nos gusta sentirnos a salvo pero también nos gusta la adrenalina. Pareciera como si rehuyéramos a la perenne calma, por ello somos gustosos de actividades que parecieran irracionales como los deportes extremos o las películas de terror.

Lo que sucede es que como especie nos mueve de algún modo la recompensa, cada vez que nos ponemos ante una situación de peligro y luego encontramos que en realidad nos encontramos seguros obtenemos una sensación de recompensa. Por ello en nuestros cerebros el área de placer y dolor está prácticamente en la misma región.

Es precisamente este fenómeno el que hace que disfrutemos del picante. Ningún otro mamífero en la naturaleza es capaz de comer chile por gusto, el ser humano sí, y el mexicano ¡mucho más!

Los siguientes son estudios que muestran las razones científicas de por qué al humano le gusta enchilarse:

 

*Imagen: Cordon Press

 

Mejor que pique: los increíbles beneficios de sazonar con chile

El chile no sólo es suculento por la experiencia sensorial que transmite, también por sus amplios y comprobados beneficios para la salud.

 

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Este cultivo, del cual en México crecen hasta 64 tipos distintos, es un distintivo gastronómico de México. Fue domesticado por hombres mesoamericanos hace siglos, quienes encontraron en él una gama increíble de propiedades medicinales  —analgésicas y antioxidantes, y muchas más—. A ello, se suman recientes descubrimientos que demuestran que este alimento picoso es un potente agente anticancerigeno

Recientemente se ha comprobado otra de sus magnificas virtudes: el chile puede de ser un gran sustituto de la sal. Un estudio publicado por la American Heart Association’s Journal comprobó que el chile puede servir para mitigar las graves consecuencias asociadas al alto consumo de sodio, como la alta presión arterial, la diabetes y las enfermedades en los riñones.

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Los investigadores encontraron, en una prueba realizada con más de 500 adultos, que aquellos que consumen chile rebajan su consumo de sal de manera considerable, disminuyendo así su nivel arterial y sanguíneo. Y es que el químico principal de este cultivo, la capsaicina, estimula las mismas zonas cerebrales que la sal —estas son la ínsula y la corteza orbitofrontal—, haciendo creer al cerebro que está consumiendo sal.

Así, el chile no sólo es suculento por la experiencia sensorial que transmite —la cual es casi adictiva, al estimular también zonas del cerebro que se activan en momentos de peligro—, también por sus amplios y comprobados beneficios. Aunado a ello, la gama de sabores que puede transmitir y las formas que puede adoptar, ya sea en salsas o como ingrediente en infinidad de guisos y recetas, no conoce límites. 

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Si bien el estudio fue hecho pensando en el consumo de este cultivo en la cocina asiática, también es una muestra más de lo mucho que nuestra tradición culinaria tiene que ofrecer. Nuestra cocina presenta un menú saludable y repleto de beneficios, el cual  puede constituir, incluso, la dieta vegana ideal. Y afortunadamente, el chile es un ingrediente clave de ese menú, siendo indispensable en casi cualquier platillo mexicano que se pueda pensar: Mole, gucamole, enchiladas, tacos, tamales, sopas, una infinidad de salsas e incluso en bebidas de chocolate.

Así, no tenemos que irnos muy lejos ni estar a merced de salsas comerciales. Podemos comprar salsas hechas artesanalmente o prepararlas nosotros mismos, con recetas exquisitas como esta de la etnia indígena de los Pames, en San Luis Potosí. Un privilegio más de habitar territorio mexicano.

 

*Imágenes: 2) Flickr Steve Bridger

Retratos de mexicanos comiendo chile (FOTOS)

Gestos de sufrimiento y a la vez placer resaltan en esta fascinante serie fotográfica.

Más que una simple especia para sazonar, el chile es símbolo cultural de México, y con cierto sentido metafórico, también puede serlo genético, pues ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales. 

Para Jozef Ibarr, el fotógrafo detrás de la serie Los enchilados, hay una fascinación del mexicano en torno al chile. Comerlo es como una metáfora del riesgo: el mexicano busca satisfacer, comiendo chile, una necesidad por la emoción fuerte, mediante el reto de ver cuánto se aguanta la enchilada.

Pero ¿de dónde nos viene ese extraño placer por el sufrimiento que produce el acto de comer chile? Esa necesidad que nos conduce a querer experimentar el picor (e incluso se nos haga agua a la boca al pensarle) tiene que ver con lo que algunos investigadores llaman reverso hedonista. Además, el chile ha estado presente desde hace siglos en nuestra cultura, pues está comprobado que esta colorida hortaliza fue cultivada desde el año 7000 al 2555 a. C. en las regiones que hoy corresponden a Puebla y Tamaulipas.

Para este peculiar alimento, en el México antiguo se tenían los términos en náhuatl de cococ, cocopatic y cocopalatic, mismos que ayudaban a definir la gran variedad de chiles según su picor, habiendo los picantes, los muy picantes y los picantísimos. Los hay tan picantes que, según consta en los códices Florentino y Mendocino, había chiles que se usaban militarmente a manera de granadas, valiéndose los guerreros del humo de los chiles secos arrojados al fuego para ahuyentar al enemigo.

Precisamente, para la serie fotográfica que aquí te mostramos, Jozef Ibarr se valió de un tipo de chile que los antiguos mexicanos seguro etiquetarían como cocopalatic: el famoso chile habanero, o capsicum chinense, cuyo pequeño tamaño y bella gama de colores anaranjados esconden una intensidad de picor que pocos aguantan.

Sin duda Ibarr logró captar, en toda su riqueza, lo que permanece como un misterio rodeado de distintas hipótesis: el porqué al mexicano le encanta enchilarse. Indiscutiblemente, el acto de enchilarse constituye un gran y mágico rasgo de nuestra identidad (que es posible ejemplificar en cientos de hilarantes muecas).

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*Imágenes: Jozef Ibarr

Conoce cuáles son los chiles endémicos de México (Infográfico)

En México se han domesticado más de 100 morfotipos de chile; la variedad endémica de este país es francamente impresionante.

 

En México crecen hasta 64 tipos de chiles, aunque no todos son endémicos. Muchos de ellos son también de centro y sudamérica. Aún así, la diversidad endémica de esta especie en este país es impresionante.

Más allá de una folclórica experiencia, comer chile te proporciona vitaminas, tiene efectos anticancerosos, analgésicos, antiooxidantes, antiinflamatorios, y antimicrobianos y está comprobado  que existe un motivo neuronal sobre por qué nos gusta tanto.

Hoy te compartimos un infográfico de la Conabio que muestra los chiles endémicos de México (aquellos oriundos solo de este lugar). La gran mayoría son los nativos domesticados, es decir, los que el hombre mesoamericano fue obteniendo a partir de la experimentación con especies. Recordemos que los habitantes de esta zona tuvieron una larga tradición de experimentación biotecnológica, como muestra el maíz, que surgió a partir de la domesticación del teocintle.

Los nativos silvestres suelen ser los más pequeños (muchos de ellos secos), como chile pulga, shigundu, max iik, amashito, chocolate shuladi, chile de monte, piquín de Coahuila, canica, chiltepín de Sonora, bolita de Veracruz, chilpaya, quimiche, totochili, timpinchile.

Por su parte, de chiles introducidos solo hay dos; la variedad de los domesticados te sorprenderá.

Puedes vel el cartel con más detalle, aquí.

chiles endemicos de mexico