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5 de las más exóticas danzas de México

Entre el misticismo y la festividad algunas expresiones de la danza en México parecen incomprensibles y hermosas.

La danza ha desempeñado siempre un papel primordial en las culturas del mundo. De algún modo a partir de ella volvemos a la naturaleza lúdica de los humanos, y por medio de ella, siempre, rendimos tributo, ya sea a la música misma o a la vida. En el mundo del misticismo ha estado siempre presente, con ella se implora a los dioses, y de algún modo también se convive con ellos.

En México, por su gran legado de misticismo, la danza prehispánica fue traduciéndose a nuevas expresiones que no han desaparecido. Algunas francamente surrealistas, incorporan elementos paganos con católicos, prehispánicos con modernos y globalizados. Ciertas danzas en México son interesantísimas antropológicamente: su significado y energía son un deleite de misterio y extravagancia.

 

Danza de la cabeza del cochino

baile de la cabeza del cochino yucatán

danza de la cabeza del cochino

Es una danza yucateca. Como el nombre lo dice, se realiza con un cochino en la cabeza. Según el investigador Camal Itzá sobre temas mayas, antiguos relatos apuntan a que en la época prehispánica se hacía el mismo baile aunque con la cabeza de un venado.

Luego de la conquista esta danza comenzó a hacerse después de las vaquerías (cuando los hacendados organizaban los herraderos de los animales) entonces sacaban una cabeza del cerdo en procesión para llevarla como regalo a los amos que habían organizado la fiesta de las vaquerías. Hoy continua haciéndose aunque la cabeza del cerdo es generalmente de papel maché. En el hocico del animal es colocado un rollo grande de papel en el que se escribe el nombre de la persona a la que se le hace el regalo. De la cabeza del cerdo también son colgados listones que son tomados por las mujeres durante la procesión. En este surrealista desfile los danzantes hacen gesticulaciones que simbolizan la sabrosura del animal.

 

La danza de la pesca de la sardina

 pesca de la sardina ciega

pesca de la sardina ciega

Tiene antecedentes prehispánicos y es realizada en la llamada “Cueva del Viejo” en la comunidad de Villa Luz en Tapjiluapa, Tacotalpa, Tabasco, en la cuaresma. Los danzantes llegan a la cueva, el mayordomo llama al abuelo de la cueva para invocar una buena pesca. Son preparadas maletas de barbasco envueltas en hohas de Tanay y llevadas colgadas de su hombro a las cuevas. Mientras tanto jóvenes llevan canastas cargadas con flores y una vela amarrada en medio. Quizá lo más curioso ocurre cuando el mayordomo ha hecho las plegarias. La flauta toca una música y entran los danzantes formando un círculo, hacen la danza en la entrada de la cueva, tiran las flores de ofrenda del canasto y bajan hasta los vertientes de azufre formados dentro de la cueva; luego suben a la cuenca y tiran cueza; y esta última “duerme” a los peces que quedan sedados y así son presa fácil para atraparlos en los canastos.

 

La danza de baila viejo

danza de baila viejo

Entre dos y cuatro jóvenes no iniciados en la vida sexual bailan descalzos con máscaras que asemejan ancianos y ancianas. Llevan en una mano un chin chin (sonaja) y en la otra un abanico de guano; este último implora a las deidades por buenos augurios. Se quema el achón y se emiten gritos como parte del ritual, que no se hace en una fecha exclusiva, sino que se trata de una ceremonia para pedir favores y ofrecer ofrendas en cualquier momento. En los municipios de Nacajuca Tucta y Guaytalpa (Tabasco) sobre todo se lleva a cabo.

 

La Danza de David y Goliat

la danza de david y goliat

Esta hace un sincretismo por demás surrealista, y para algunos lleva un sinsentido al no apegarse a la historia bíblica tal cual. En esta danza se desdobla la lucha entre David y Goliat, ambos con máscaras de madera tallada y cabellera de jolocin. Luego aparece el Señor Santiago dentro de un caballo pequeño blanco hecho de jahuacte y manta. A la escena se suma un inesperado lagarto que se enfrenta al también aparecido en escena San Miguel Arcángel. La fiesta inicia desde el nacimiento hasta la puesta del sol del 25 de agosto en Tecolua para la festividad de su santo patrono.

 

La Danza de los Tecuanes

Es muy extraña pues, además de las sorpresivas mascaras de tigre que se llevan, existe una mezcla curiosa en sus alusiones. Por una lado escenifica el trabajo de los campesinos al desmontar y preparar la siembra y por otro su inesperada lucha contra el tigre. Oriunda de los  estados de guerrero y puebla. En las raíces náhuatl se pronuncia “Tecuanis”, que quiere decir el que come gente. Los danzantes llevan mascaras de madera en chillantes colores que emulan al tigre. La danza representa a las tribus Chichimeca y Zapoteca, quienes se unirán para atrapar al tigre o jaguar, que, aunque en esta historia es el enemigo de los humanos y la cosecha, en realidad es incorporado también como un elemento mítico prehispánico.

la danza de los tecuanis

 

 

 

 

*Imágenes: 2) Norma Domínguez; 4)radiomil.com.mx; 5)comemexico.files.wordpress.com; 6)raicestabasco.blogspot.mx; 7) tabloidedetabasco.blogspot.mx; 8) axochiapancultural.blogspot.mx

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Hermosos rituales rondan la milpa en Veracruz (IMÁGENES)

Explora las vibrantes creencias antiguas que resisten entre estos campesinos veracruzanos y conecta con la cara más mística de la naturaleza.

“La tierra es vida para nosotros. Nos da el sustento”, le dijo Arcadio Baxin a Felipe Oliveros. Arcadio es músico y campesino y Felipe es fotógrafo autodidacta. Ambos son originarios de la región de Los Tuxtlas, en Veracruz y comparten la noble misión de mantener activas las tradiciones de su comunidad; especialmente, los rituales en torno a la siembra del maíz. 

“Mi trabajo fotográfico explora el género documental, la noción de identidad y el imaginario simbólico presente en la región de Los Tuxtlas, situada en la zona sur del estado de Veracruz. Este interés me ha llevado a narrar visualmente historias relacionadas a las tradiciones y el misticismo propios de mi comunidad.”

Rituales en torno a la siembra

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Cuando comienza un nuevo ciclo de la milpa, las calles de Veracruz se llenan de color: son los liceres o “tecuanes” (como los conocen en algunas regiones del Sur de México, como Guerrero y Morelos), jóvenes vestidos de jaguares que a través de danzas rituales invocarán al señor de la lluvia. Es una práctica sincrética que se ha popularizado mucho y que, como explica Felipe Oliveros, ha adquirido tintes carnavalescos desde la conquista.

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El 13 de junio, día de San Antonio, se celebra la fiesta. Pero la danza se repite el 24 del mismo mes, en el día de San Juan y de nuevo el 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo. Los bailes van acompañados de gritos y bramidos, que “emulan a un jaguar” y también a la tormenta.

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También en Más de México: Rituales mexicanos para poner el clima a tu favor 

La práctica puede parecer un espectáculo para algunos, pero para campesinos como Arcadio y sujetos como Felipe, el ritual es vital: “Muchos viven nada más por vivir, no creen en nada. Pero como decía mi papá ¿en qué te vas a agarrar?” le dice Arcadio a Felipe y el fotógrafo concuerda: “La lluvia es necesaria para la vida en el campo”, escribe, “[…] el ser humano necesita creer en la representación de fuerzas que están más allá de su control. A pesar de la modernidad, seguimos danzando.”

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La semilla es el núcleo de todo

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Los dos veracruzanos se encontraron gracias al son jarocho. Pero a Felipe le interesaba hablar con Arcadio sobre el campo, sobre las tradiciones que ahí se articulan: “Yo sé que él se dedica también al campo, así que decidí acercarme a platicar con él sobre toda esta tradición que envuelve conservar la semilla y sembrar para tener el sustento.

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Tal vez lo más relevante para Felipe, lo que realmente buscaba retratar, fueron los lazos comunitarios que estas tradiciones entretejen: “Pienso que es importante mostrar cómo es que una tradición puede lograr el bienestar de todos.” Explica Felipe que, en Los Tuxtlas, “la agricultura va más allá de sembrar y recoger el producto; es todo un estilo de vida que hace comunidad.”

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La semilla es el núcleo de todo. Las semillas se pasan entre abuelos y nietos, padres e hijos: “Desde que yo abrí los ojos, conocí esta semilla, y en mis manos lleva 50 años”, explicó Arcadio Baxin a Felipe. Esta práctica es fascinante y conmovedora: 

“Para lograr la conservación del maíz criollo, se presta o se vende la semilla para sembrar; puede ser entre camaradas o familia. Es una especie de trueque, que mantiene unida a la comunidad; a través de la siembra, y estos intercambios, se mantienen los lazos de comunicación entre los habitantes […] y otras comunidades cercanas.” Así lo explica Felipe

Si no cuidamos la tierra, nos vamos a quedar sin nada

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Y aunque estas formas de relacionarse con la tierra resisten, también se hacen cada vez más frágiles, igual que los rituales y las creencias. Lo preocupante es que hemos dejado de creer en la naturaleza, tal vez la más divina de las entidades presentes. Como escribe Felipe: “Si no cuidamos la tierra, nos vamos a quedar sin nada.” Por suerte, dice Felipe:

“A través de las tradiciones, de la herencia y creencias de nuestros pueblos, de alguna forma se va fomentando la preservación de la naturaleza, la organización comunitaria y la defensa del territorio.”

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Las tradiciones nos reúnen y tenemos que organizarnos

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La organización comunitaria es un antídoto esencial en estos tiempos. Es la única defensa que tenemos ante esta modernidad omnisciente y también ante la inmensa violencia. Explica Felipe Oliveros: 

“[…] en estos espacios se generan universos lejos de cualquier forma de violencia, o problema social actual; gracias a la preservación de diversas tradiciones y costumbres. 

Me parece importantísimo que las nuevas generaciones o los no tan nuevos recuerden un poco cómo es que se vivía antes, haciendo comunidad, preservando los recursos naturales, organizando todo para un bien común, lejos de la violencia, mirando al otro, dejando la individualidad a un lado. 

Hace falta en estos tiempos tener algo de dónde agarrarse para generar un cambio. Un pueblo con identidad es un pueblo sano y es la mejor herencia que podemos dejar a las nuevas generaciones.”

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Mira más del espectacular trabajo de Felipe Oliveros aquí.

*Imágenes e investigación: Felipe Oliveros, “Corazón del monte”

Las máscaras que revelan el interior místico de los mexicanos (GALERÍA)

Las máscaras rituales mexicanas canalizan poderes divinos, conectan pasado y presente, abren un umbral entre este y otros mundos.

Más que ocultar, las máscaras rituales revelan el interior místico de quien las porta. 

Algunos piensan que sirven para canalizar poderes divinos o abrir una suerte de umbral entre este y otros mundos. Combinadas con las danzas sagradas adquieren un poder muy particular. Por eso nunca faltan las máscaras en las fiestas tradicionales mexicanas. 

Y como tenemos tantas máscaras como rituales, nuestro territorio podría presumir miles de caras. Algunas inmensamente grotescas, evocan nuestro lado más oscuro y diabólico; otras tratan de parodiar (a veces con cariño, a veces con franqueza) a un enemigo o sujeto extraño. 

Sin duda, las máscaras son uno de los objetos artesanales más vibrantes e interesantes. Cada una tiene una historia particular y ha sido construida con materiales típicos de la tierra que le da origen. Tal vez por eso las máscaras ceremoniales han fascinado tanto a la fotógrafa Phyllis Galembo, quien por más de 30 años se ha encargado de coleccionar, fotografiar e investigar máscaras de todo el mundo.

En su libro “Mexico Masks/Rituals” presenta algunas imágenes muy especiales de las máscaras que exhiben lo más profundo de nuestro intrincado tejido cultural. Además, trata de explicar los mensajes políticos, culturales, religiosos y sociales impresos en ellas.

Su propósito es, ante todo, “mirar al mundo con buenos ojos”, hacer que sus lectores y espectadores entiendan el enorme “sentido de comunidad, creatividad, generosidad y apertura de espíritu” que envuelve a la fiesta mexicana. 

Para muchos es claro que nuestras fiestas tradicionales se tratan, en primer lugar, de reforzar lo comunitario; por eso no es raro que nos encante compartirlas con todo el mundo y que la comida y bebida fluyan incesantes en las casas y las calles de los barrios. 

La manera tan abierta y grandilocuente con la que los mexicanos abordamos lo divino es, definitivamente, uno de nuestros rasgos más nobles.

También en Más de México: Estas hermosas máscaras michoacanas conjuran el lado oscuro de quien las porta (VIDEO)

Estas hermosas máscaras michoacanas conjuran el lado oscuro de quien las porta (VIDEO)

Un fino corto documental retrata lo poético, místico y divino de nuestra tradición artesanal.

Si uno pretende infiltrarse hacia lo más profundo de cualquier tradición mexicana buscando comprenderla, debe estar preparado para encontrarse con el más complejo y rico de los tejidos simbólicos.

Y es que no hay —simplemente sería inimaginable— una expresión cultural que se diga mexicana y no esté definida por su polisemia. No podría ser de otra forma, pues México se ha construido en un “estira y afloja” entre múltiples culturas que luchan por territorializar la vida cotidiana y la fe de los sujetos que las encarnamos.

Así, para los españoles la vía más efectiva de conquista fue la apropiación de las tradiciones; y, para las culturas nativas, el acto más espectacular de resistencia es corromper las creencias extranjeras con sus particulares formas de simbolizar el mundo. Y esta deliciosa cualidad —nuestra inevitable interculturalidad—  queda impresa y se hace evidente en las artesanías; piezas que, aunque a veces lo olvidamos, cumplen una función ritual o, por lo menos, en esa clase de acto sagrado encuentran su origen.

Un ejemplo excepcional son las hermosas máscaras michoacanas que se portan durante la “danza con el diablo”. Ejecutada como parte de la pastorela, este baile explosivo conjura el lado oscuro de quien interpreta al personaje. Las máscaras son fabricadas a mano por dedicados hombres y mujeres como Felipe Horta.

La labor de Felipe fue preciosamente retratada en este corto documental del director mexicano Mariano Rentería, como parte de una serie de audiovisuales que celebran a los artesanos del estado de Michoacán y nos invitan a revalorar este tipo de trabajo y entenderlo como parte de una manifestación profunda.

Felipe mantiene su taller en el pueblo de Tócuaro y desde hace décadas se dedica a fabricar las coloridas y aterradoras piezas. Su trabajo es una forma de honrar una herencia cultural y una idea de identidad; pero, además, implica un acto absolutamente místico.

En sus propias palabras, la pieza representa la lucha entre el bien y el mal, por eso los colores utilizados son agresivos. Al usar la máscara, dice Felipe, uno se transforma en el personaje, pues hay una “energía” en ella que invoca a este sujeto que el artesano no conoce —el diablo—, pero que puede traer a la vida con las manos. Así, la artesanía materializa lo poético, místico y divino de la danza.

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