Caminata sonora en el Centro de Xochimilco (Agenda)

El músico Jeshe Delgado dará una demostración sonora con instrumentos prehispánicos en un recorrido gratuito por el centro de Xochimilco este 31 de julio de 11 a 13 hrs.

En los últimos años, casi al borde de la extinción, la música prehispánica ha vivido un afortunado auge. Aunque son pocos los fabricantes de estos instrumentos que quedan, el interés en la música prehispánica va creciendo. Este sábado, en un evento gratuito, el músico Jeshe Delgado del grupo Mez-me dará un íntimo concierto de música prehispánica a la par de un recorrido por el centro del histórico Xochimilco. La caminata paseará por sus jardines, el mercado y la Parroquia de San Bernardino de Siena, con una pregunta guía: ¿Cómo suena Xochimilco?

El punto de salida será en Las escaleras del Kiosco del Jardín Juárez, ubicadas en la calle Guadalupe l. Rodríguez, entre Hidalgo y Pino, barrio Santa Crucita, c.p. 16070, del. Xochimilco, Ciudad de México.

Si estás interesado en más información sobre el evento puedes pedirla a:

Los teléfonos 41 55 10 10 y 41 55 10 09, así como en el correo electrónico informesfonoteca@conaculta.gob.mx.

Preferentemente aparta tu lugar, el cupo es limitado.

 

*Imagen: Héctor Montaño/ INAH

A los músicos zoques, el don sonoro les es transmitido en sueños

Aunque la música zoque es ahora una simbiosis, su raíz es preshispánica y ritual.

Los zoques pertenecen a la gran familia lingüística mixe, zoque, popoluca, de los estados de Oaxaca, Veracruz, Tabasco y Chiapas, en este último se encuentran asentados en la región I Centro y V Norte. En las danzas y bailes zoques contemporáneos se dan las nuevas interpretaciones sociales y culturales, que son manifiestas a través de la danza, música y teatro.

La tradición de la música zoque

 

Mikeas Sánchez  es poeta, narradora y directora de XECOPA La Voz de los Vientos, localizada en Chiapas.

Ella nació en 1980, en el  pueblo de Tujsübajk, conocido también como Colonia Guadalupe Victoria, municipio de Chapultenango, Chiapas.

Menciona en entrevista que el abuelo de su abuelo fue músico, de él aprendió Simón Sánchez, su abuelo paterno, a elaborar el carrizo y el tambor.

 “Cuando pienso en la música zoque, irremediablemente me remito a él. Mi abuelo tenía por costumbre levantarse muy de madrugada para tocar el carrizo; era, por así decirlo, su pequeño capricho o su forma de burlar el insomnio”.

mikeas sanchez
Mikeas Sánchez

En ocasiones al escuchar la dulzura de sus notas, llegaban otros músicos del pueblo, y lo que en un inicio era una leve serenata, en breve se convertía en un concierto de flautas y tambores, recuerda.

Porque ser músico zoque no es asunto del azar, son demasiadas las historias que narran la experiencia de los músicos al ser honrados con este don, la transmisión de este conocimiento musical ocurre en los sueños, donde el afortunado recibe esta distinción por parte del patrono o virgen de la comunidad, o bien cuando un maestro músico decide, en su lecho de muerte encomendar su don a un “elegido”, a quien soplará su vaho, es decir la esencia de su ser.

La música tradicional zoque ha sido música de ritual, música que ha acompañado desde siempre las danzas tradicionales, música que supo mantenerse a lo largo del tiempo y que sobrevive dentro del sincretismo religioso. Ha sido colmada por santos y vírgenes, pero siempre manteniendo la esencia, el fervor y la dulzura de la música zoque que siguen siendo la base de esa cosmovisión.

La música y danza son regularmente espontáneas en su ejecución, realizándolos principalmente en fiestas religiosas, cívicas y sociales; el sonido del carrizo, el tambor, el violín, la chirimía o la guitarra amenizan perfectamente cualquier festividad. La intención es la misma: cumplir con “el trabajo”, la encomienda fincada por una orden divina o superior.

Menciona que es importante mostrar la polifonía de voces del México multicultural en las radios públicas y privadas, porque no es posible apreciar lo que se desconoce.

La música y danzas zoques con el tiempo, han ido perdiendo la esencia indígena, los elementos culturales propios, de la misma manera se va perdiendo el respeto y vínculo con la madre naturaleza de ahí que se deba promover la divulgación continua de la cultura prehispánica chiapaneca, para fortalecer lo original y que evolucione sin perder la mística  de la cultura zoque.

Acá puedes encontrar parte del archivo de la Fonoteca Nacional de música zoque de Tuxtla Gutiérrez en Chiapas.

 

 

 

Carlos Cid
Autor: Carlos Cid
Trotamundos en busca de neutrinos, siempre en modo Random.

Henrietta Yurchenco y las primeras grabaciones de música indígena en México

Henrietta Yurchenco ha sido por mucho, la responsable de que hoy en día, la música indígena de linajes como el purepecha, huichol, cora, seri, rarámuri, tzotzil, tzeltal, y yaqui se conozcan en otros sitios del mundo.

La etnomusicóloga americana, Henrietta Weiss (más tarde Henrietta Yurchenco) tenía dos grandes aficiones en la vida: los sonidos del folclore internacional y la preservación de una tradición simbólica de culto: la música. Estudió en la Escuela de Música de Yale, en New Haven, EEUU, donde también conoció a su futuro acompañante de vida, el pintor argentino Basil Yurchenco. Por medio de Basil, Henrietta, la máxima promotora de la música indígena en México, habría de tener contacto con intelectuales y diletantes músicos que más tarde le ayudarían con su papel protagónico en la radio. 

Se dice que su afición por la música siempre fue notoria. Desde muy pequeña se le veía tocando el piano y luego, en Nueva York, produciría programas musicales en la estación de radio WNYC. En aquella época organizó festivales de  música clásica y jazz de novatos egresados de universidades que consideraba con gran potencial –entre sus filas, el famoso compositor Leonard Bernstein.

A través de sus programas de radio de música en vivo –especialmente “Aventuras en la música”, donde acogió por primera vez en la historia de la radio cientos de sonidos procedentes de todas las áreas del mundo–, se dio cuenta que tanta música, especialmente la de carácter tradicional, difícilmente podía ser transmitida con la información obtenida de un solo sitio. Había que salir a buscarla.

Henrietta YurchencoHasta donde pudo, dio a conocer las propuestas de músicos y compositores que en los años 30’s se hacían resonar en las calles de Nueva York. Pero muy pronto aquella ciudad sería lo suficiente pequeña para un espíritu musical como el de Henrietta. A través del también diletante del folclor mexicano Rufino Tamayo, que entonces se encontraba viviendo en Nueva York junto a su esposa, Henrietta y su esposo Basil conocieron las bondades musicales de un país como México, donde gracias a la profusión de culturas, todo sonido era posible.  

De esta manera, Rufino invita a los Yurchenco, a pasearse por Oaxaca; era 1942. En ese mismo año el célebre ingeniero de sonido John H. Green contacta a Yurchenco y le propone realizar grabaciones de campo en México. La primera de estas muestras fue hecha en Michoacán, y se trata nada menos que de los cantos purépechas ubicados en Pátzcuaro y el área lacustre. Esta es probablemente el primer registro de música indígena que se tiene sobre México y probablemente el primer experimento de grabación de cantos étnicos en el mundo. Hasta entonces nadie se había preocupado en algo que Henrietta, con una visión futurista,  había de trabajar toda su vida: trascender la historia musical de las etnias que, así como quizá lo predijo inconscientemente, algún día estas culturas estarían en peligro de desaparecer.

Con un magnetófono en la mano (y cargando material algunas veces de hasta 100 kilos), Henrietta y John Green recorrieron México y grabaron un total de 262 discos “de corte directo”. Producidos a través de la Biblioteca del Congreso Estadunidense, se entregaron al Instituto Indigenista Interamericano y al Departamento de Música de Bellas Artes de México, quien más tarde habría de resguardar parte del material en la Fonoteca Nacional en la Ciudad de México.

Más tarde su afición por inmortalizar el sonido de una cultura habría de agrandarse. Visitó Guatemala, Estados Unidos y Marruecos en busca de más sonidos para mostrar al mundo. Y no precisamente sonidos de culto como podría pensarse, sino toda una selección sonora que proyectaba más bien la cotidianidad de las etnias –que, vale decirlo, también gozan de una mística envidiable . 

Henrietta Yurchenco

Henrietta Yurchenco ha sido por mucho, la responsable de que hoy en día, la música indígena de linajes como el purepecha, huichol, cora, seri, rarámuri, tzotzil, tzeltal, y yaqui se conozcan en otros sitios del mundo. Y no sólo de eso. Gracias a ella, hoy en día recintos como la Fonoteca Nacional ponen a disposición de cualquier escucha interesado este valioso material musical que indudablemente a transgredido las fronteras del tiempo. 

Aquí dos de sus grabaciones:

Canción del Fiesta

La visita de Henrietta Yurchenco a la región tarahumara se llevó a cabo en 1946, en Guachochi, Chihuahua. De su trabajo en esta comunidad, Yurchenco refiere en sus memorias: “De nuestra estancia pudimos averiguar, hablando con los chamanes, muy inteligentes y perceptivos, su vida y prácticas religiosas prehispánicas: vivían en chozas de madera o en cuevas, eran seminómadas, cazaban con arco y flecha, y pescaban con las manos, adoraban antiguos dioses, usaban peyote como curación, sacrificaban animales, y cantaban canciones puramente prehispánicas, acompañados por sonajas o raspadores”.

 

Fiesta de la chicharra

Corapan, que celebra fiestas paganas como la fiesta de la Chicharra, que anuncia la estación lluviosa, la fiesta del Esquite (tiempo de la recolección, en diciembre) y la fiesta del Elote (maíz tierno) en septiembre, las cuales, como dicen los indios, son “aparte”, pues difieren de las fiestas del calendario cristiano.

Si te interesa escuchar más de Yurchenco, te recomendamos visitar la Fonoteca Nacional o, explora los audios de manera virtual en su sitio oficial.

*Imágenes: Fonoteca Nacional vía la familia Yurchenco.

Muestrario de instrumentos musicales prehispánicos

En el México antiguo, la música fue un importante lenguaje para reconectar con la naturaleza –sus divinidades– por medio del canto la danza y sorprendentes instrumentos musicales.

Si hay algo que pueda admirarse profundamente de las culturas prehispánicas, es esa firme decisión de concebir todo como sagrado. Desde una celebración, una danza, una flor o una canción, hasta cada día del calendario de su existencia, el presente y ciertamente el por venir. Porque consagrando cada pequeña parte del mundo es como se aprende a valorar las verdades universales (y sus enseñanzas).

La música, como es de esperarse, poseía su sacralidad. Era a partir de la armonía musical que en el antiguo México se cantaba a la naturaleza y se celebraba a la vida. Y a pesar de que no se tiene la certeza de qué clase de sonidos lideraban a cada cultura, se han podido deducir algunos, tanto por los códices y los vestigios de instrumentos musicales encontrados, como por la musicalización de algunas celebraciones que con más de 500 años de práctica hoy en día se siguen realizando.

Xochipilli
Xochipilli, dios de la música, el canto y la danza

La música fue un regalo de los dioses. En náhuatl se hacía llamar tlatzotzonaliztli (del verbo tzotzona: hacer resonar) mientras que en maya se expresaba k’aay (música o canto). Los sonidos ciertamente eran el lenguaje para comunicarse con la naturaleza y sus divinidades, por ello es que tanto el canto como sus instrumentos musicales eran tan importantes. Un hombre de origen maya que tocaba el tambor, por ejemplo, mimetizaba las vibraciones de su instrumento con el cantar de un grillo; éste mantenía un ritmo, mientras el hombre lo seguía con su tambor. Eso era comunicarse con la naturaleza.

De igual forma, la música era un medio para reconectar con el cosmos; se le atribuía esta capacidad a través de cantos y letanías (pedir en oración por medio de la música). Además estaba estrechamente ligada a la literatura, especialmente a la poesía, con la que compartía en obras pictóricas el símbolo de la voluta o la “palabra florida”.

Pero la música no sólo fue baile y canto. Instrumentos de percusión, de aire y de cuerda dominaron gran parte de sus composiciones, creadas en su mayoría para celebraciones populares como las fechas de nacimientos o de las muertes, pero también en ceremonias de guerra, o cuando se interpretaba poesía en sentido amoroso.

Músicos en el Códice Dresde
Músicos en el Códice Dresde

El historiador Miguel León-Portilla nos da una breve introducción al universo de los instrumentos musicales prehispánicos, que básicamente eran de mayor uso los siguientes:

Teponaztli

-Teponaztli: con ellos se acompañaban los cantos y danzas. Es éste un xilófono hecho del tronco de un árbol ahuecado y cerrado en sus extremos con madera, cuero u otro material. Tiene dos lengüetas situadas en una hendidura en forma de H en la parte superior del instrumento. En la inferior tiene una apertura rectangular que incrementa el volumen de la música.

 

Huehuetl

-Huéhuetl: también era otro instrumento de percusión. Estaba hecho asimismo de un tronco de madera ahuecada y se colocaba en posición vertical. Su extremo superior se cubría con piel de venado que se ajustaba según se quería que se produjera el sonido. Sobre esa cubierta se tocaba con las manos hacia el centro y en los extremos. Los huéhuetl también acompañaban el canto y la danza.

 

Había también otros percusores, como:

Timbales

-Timbales: a veces en forma de vasijas.

 

caparazon tortuga instrumento musical

-Caparazones de tortuga, Áyotl y Chicahuaztli: (idiófonos de percusión) sonajas ceremoniales a modo de bastón; las hechas de hueso, omichica- huaztli; las ayacachtli, asimismo sonajas de diversos diseños y capacidades sonoras; los cascabeles oyohualli, generalmente de cobre.

 

Algunos instrumentos de viento eran:

Tlapitzalli

-Tlapitzalli: flautas hecha de barro, carrizo, hueso o madera. Sus diseños eran múltiples e incluían algunos con rasgos zoomorfos o antropomorfos. En tanto que unas eran de forma tubular otras eran globulares o sea ocarinas. Su embocadura era alargada y las había de tubos dobles o triples y aun múltiples.

-Caracoles: a modo de trompetas; hechas de madera, barro o hueso.

Silbatos chichtli

Silbatos chichtli: elaborados de barro con diseños muy variados. Éstos eran los principales instrumentos elaborados en Mesoamérica prehispánica y, por la abundancia con que se encuentran en excavaciones arqueológicas, dan testimonio de la importancia que tenía la música.

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.