Cine mexicano: poética y resistencia

Un recorrido por el cine mexicano, que en más de cien años, y de manera vanguardista, ha cuestionado la idea de que la "civilización" se encuentre lejos de la naturaleza.

El arte nos da la oportunidad de reconocernos, de apreciar nuestro propio rostro. Además de darnos coordenadas existenciales, las verdades que lanza también nos dan la posibilidad de profundizar en las ideas que forman a nuestra sociedad.

El cine mexicano es una de esas verdades poéticas a las que podemos acercarnos para establecer un diálogo con la realidad no sólo de nuestro país, sino también con la realidad de nuestra civilización.

Estamos acostumbrados a apreciar el cine nacional como un espejo de nuestra identidad, y está bien que sea así: el arte de nuestro país se hunde en nuestras raíces, habla de nuestro espíritu, revela nuestros misterios, abre la posibilidad del reconocimiento propio para el espectador. El cine mexicano puede entenderse como un ver adentro, un explorar esas cuevas profundas de nuestra identidad, ya sea para contemplarla, como en la filmografía de Emilio Fernández, o para criticarla, como en algunos pasajes de la obra de Felipe Cazals. La noción del arte como un sitio de encuentro con uno mismo (de la que hablan pensadores contemporáneos como Gadamer) se cumple cabalmente en una sala de cine cuando el espectador mexicano se experimenta a sí mismo en un film. Así, obras como Salón México (E. Fernández, 1945), Nosotros los pobres (I. Rodríguez 1948), El reboso de Soledad (R. Gavaldón, 1952), Mecánica nacional (L. Alcoriza, 1971), y más recientemente, La ley de Herodes (L. Estrada, 1999), El infierno (L. Estrada, 2010), y Heli (A. Escalante, 2013) abren una grieta en el delicado hermetismo de nuestra gente (como bien plantea Octavio Paz en sus ensayos), para que tengamos la posibilidad de asistir al encuentro con eso que somos.

Dicho lo anterior, estamos conscientes de lo que el cine mexicano hace por nuestra cultura; sin embargo, es necesario preguntarnos qué es lo que nuestro cine puede ofrecerle a la humanidad. Es decir, ¿qué es aquello que nuestra tradición cinematográfica, de manera consciente o inconsciente, logra entrever de los problemas que aquejan a nuestra civilización? ¿qué tiene la escuela mexicana de cinematografía que contarle a nuestro mundo, este mundo contradictorio y angustiado, sobre los dilemas que nos amenazan? ¿cuál es esa verdad registrada por el cineasta que surge de nuestra industria en tanta obra de arte contemporánea?

Nuestro cine recoge las mismas intuiciones que movimientos como el romanticismo o el expresionismo alemán también experimentaron. Con el correr del tiempo, esas intuiciones se volverían certezas; tanto las escuelas artísticas de los finales del siglo XIX como las de los principios del XX lanzaron una idea sumamente inquietante y precisa: la sociedad puede ser tóxica. Esta sociedad de principios del siglo XX, creyente del progreso y la técnica como las salvaguardas de la civilización, pronto vería ante sus ojos una devastación sin precedentes; pensadores como Nietzsche, Freud y Primo Levi lo describen en sus ensayos más famosos. El cine de nuestro país tiene el acierto de lanzar su propia versión de la toxicidad de la civilización, y lo hace de una manera original, con un color auténtico matizado por el ojo de directores como Fernando de Fuentes, Arcady Boytler, Roberto Gavaldón, Emilio Fernández, y más recientemente, Arturo Ripstein y Carlos Reygadas. La poética de la angustia civilizatoria queda registrada magistralmente en algunas de las cintas más representativas de nuestra historia.

Esta intuición se fundamenta en una idea sencilla pero vigorosa: la oposición entre lo rural y lo urbano. Esta oposición calaría hondo en el imaginario histórico y filmográfico de nuestro país, y entregaría obras con un poder poético hipnotizante y vivo. En principio, esto puede ser entendido como la nostalgia hacia una edad de oro originaria. El contacto con la tierra, con la cuna cálida de donde nunca debimos salir y que se asimila a la madre primigenia lista a envolvernos en un regazo milenario en la que encontramos unidad, fue filmado de una u otra manera por todos los grandes directores, quienes presintieron el avance de lo urbano como una perversión, como una gran fuente de maldad que amenaza con tragarnos vivos para satisfacer sus pasiones y apetitos.

maría candelaria película

Desde mi punto de vista, el detonante ideológico fue el film ¡Que viva México! (1932) del legendario Sergei Eisenstein. En la primera parte del film, Eisenstein retrata su visión del mundo haciendo uso de los paisajes naturales del México de la época para crear una estética revolucionaria. El primer tramo de ¡Que viva México! alude a esa parte de la humanidad que permanece intocable, instalada en la inocencia milenaria de la tierra mítica. El montaje nos dirige de manera lenta pero decisiva a la erupción de la maldad encarnada en la conquista europea que trae consigo la contaminación de una conciencia, además de la enfermedad y la muerte. La ruptura es inevitable y profunda: el universo mítico, al entrar en contacto con la civilización invasora, cae en un cataclismo fatal del que jamás se llegaría a recuperar. El director parece apuntar a la idea de que el pasado debe tomarse en cuenta para solidificar el presente, cosa que la nueva civilización pasa por alto, arrasando por completo el único vinculo entre el nativo y su memoria, dejándolo desamparando en un mundo nuevo y hostil que no entiende ni le entiende. A partir de aquí, la risa, que había sido una constante a lo largo del film, es desterrada en nombre de los nuevos dueños del mundo. Ante esta soledad existencial sólo nos queda el refugio elemental del origen para defendernos de la catástrofe que sobreviene.

Esta misma idea es retomada por Emilio Fernández en María Candelaria (1944). La obra fue ganadora en Cannes, y es además uno de los filmes más emblemáticos de nuestro imaginario cinematográfico. María Candelaria es una mujer que pertenece a los pueblos que poblaron el antiguo Xochimilco, y esta marcada por un pasado que la persigue. En este contexto, es repudiada por los habitantes del lugar, quienes la acosan; además, gracias a su belleza, es sujeto de los deseos lascivos de don Damián, el cacique local, interpretado por el legendario Miguel Inclán. María sólo tiene dos cosas: el amor de Lorenzo Rafael y su parcela para cultivar flores enclavada en el fondo del laberinto de canales. La historia es narrada por un pintor, quien quiso reflejar la belleza y la tragedia de María Candelaria sin conseguirlo del todo.

 

En una escena en particular, María Candelaria lanza lo que podría considerarse un manifiesto de las intenciones poéticas de Fernández y que resume la idea que rastreamos en este texto. En la escena en cuestión, Lorenzo Rafael insta a María Candelaria a mudarse a la ciudad ya que los acosos del pueblo y el odio de don Damián han llegado a niveles críticos; es una diosa de belleza maldita e inocente, insoportable para sus rivales. María Candelaria le responde a su amado, su respuesta la enraíza a la tierra, la fija en un punto de la existencia, un punto casi mítico en el que debe germinar y persistir en ella misma a pesar de las vicisitudes que la rodean. Además, la posibilidad de la huida a la cuidad es considerada una imposibilidad ya que entiende lo urbano como un sitio donde la felicidad y la vida misma se vuelven insostenibles:

María Candelaria: “Aquí nacimos los dos, aquí hemos vivido siempre, esta es nuestra tierra, mira que negra, y que suave, cómo queres [sic] que nos vayamos.”

Lorenzo Rafael: “Los del pueblo no te queren [sic], ni a mí don Damián.”

María Candelaria: “No, no me queren, pero con los fuereños es pior [sic].”

En estas líneas presentimos el rumor del aliento de Eisenstein, mientras la mirada siempre virtuosa de Gabriel Figueroa (el fotógrafo del film) lanza la idea a niveles de maestría. Al mismo tiempo, subyace en estas palabras la imagen de lo urbano como la tierra baldía en donde nada florece, como el sitio impensable en donde el espíritu se seca; si bien el origen está instalado en lo problemático, lo urbano es una especie de Hades donde la existencia es irrealizable.

Esta visión se vuelve más clara en otros filmes del mismo director como La perla (1945) o Paloma herida (1964). En estos la corrupción de lo urbano o civilizado y su penetración en lo rural u originario produce un mundo sórdido, triste, enfermo, fragmentado y sometido que se acerca aún más al espíritu de ¡Que viva México! y que, a mi juicio, incluso logra superar artísticamente a su predecesor, mientras pronuncia con una voz muy particular los avatares del siglo de una manera sutil y verdadera.

En contraposición, al arrancar la segunda mitad del siglo XX, el cine americano, por ejemplo, fundamentaba su industria en dos tipos de filmes emblemáticos: los western y el cine negro. En estos géneros se detectan ideas que funcionan con otro espíritu. En los westerns, el afán civilizador y la llegada de sus representantes significa la aparición de la ley y el orden; la ausencia de esto desemboca en un estado de guerra de todos contra todos donde prevalece la ley de la selva. Mientras que la civilización es fuente de orden y progreso, lo originario es visto como lo salvaje, lo atrasado, lo indigno de ser tomado en cuenta, lo que debe ser borrado sin remedio y que simboliza un peligro para la humanidad; filmes como Centauros del desierto (J. Ford, 1956) y La venganza del muerto (C. Eastwood 1973) son una muestra de estas ideas. Por el otro lado, el cine negro, que irrumpe con fuerza en la segunda mitad del sigo XX, también plantea en general un mundo oscuro en donde las pasiones y la maldad sólo pueden ser controladas y desenmascaradas por el concurso de la técnica y de la razón, atributos que a menudo sirven como arma del personaje honesto y valiente que está dispuesto a enfrentarse a la aparición del horror; Gangsters en fuga (J. H. Lewis, 1955) y El extraño (O. Welles, 1946) describen este concepto perfectamente.

profundo carmesí película

El progreso a toda costa no era sólo una idea, la potencia económica y militar de Estados Unidos había logrado elevar el nivel de vida de sus habitantes significativamente, y su idea de sociedad se sustentaba en estos dos grandes pilares; por lo tanto, los genios cinematográficos de la época no podían sustraerse del ambiente cultural en el que creaban. Sin embargo, estas ideas tienen su raíz en la modernidad y no en lo que los expertos llaman lo contemporáneo. Es posible que nuestro cine tenga un toque más actual que el cine clásico americano, ya que al entender la civilización como algo tóxico se tratan ideas decididamente vigentes que la historia se encargaría de validar.

El cine mexicano continuaría su camino por los terrenos de la crítica a lo urbano; por ejemplo, en los setentas aparece la cinta Rapiña (1975) de Carlos Enrique Taboada, en los ochentas, El mil usos (1981) de Roberto Rivera, y en los noventa, Profundo carmesí (1996) de Arturo Ripstein. Estos filmes lograrían demostrar qué tan profundamente habitaba esta noción en nuestra consciencia nacional. En esta época, el país experimentó una migración de proporciones gigantescas: las comunidades buscaban una integración a los grandes núcleos citadinos a como diera lugar. Los directores vieron esto con recelo, de tal manera que en Rapiña asistimos a una gran meditación que actualiza las relaciones de lo rural con lo urbano, y en donde los protagonistas son afectados hasta la enfermedad cuando el progreso los alcanza, convirtiéndolos en seres viles y deformes espiritualmente, sin un sustento moral que los pueda proteger de la aparición de aquella perversidad que viene de fuera. En este caso, el progreso se impacta literalmente en lo profundo del bosque, depravando a quienes son tocados por la gran maldad que aparece de pronto y acabando irremediablemente con las reservas de inocencia y bondad que solían poseer los habitantes del lugar. El espectro del progreso provoca una convulsión que borra para siempre los rastros de lo original; esto convierte a los directores en herederos de la visión del mundo que se venía trabajando desde los años treintas y se presiente así una continuidad temática. 

rapiña película

el mil usos película

El recorrido es al revés en El mil usos: un habitante de un pequeño pueblo es tragado inmisericordemente por el gran pez de la ciudad, y no es capaz de establecer ninguna defensa ante la andanada de mezquindad a la que es sometido. En Profundo carmesí aparecen dos estafadores citadinos con un encanto muy particular que deciden abordar las agrestes regiones del norte de México con el fin de engañar a sus víctimas. 

Siguiendo esta línea de pensamiento, estamos ante un cine que habita en lo profundo de la conciencia, que no teme imbricarse con una poesía visual que denuncia los males de nuestro tiempo desde una perspectiva particular. Si el cine de otras latitudes nos invita a refugiarnos en el orden y el progreso para poder continuar con la existencia y hacerle frente a la aparición del horror, el cine mexicano sugiere una intuición mucho más fina que busca enfrentar y lanzar el reto de la resistencia ante la tormenta negra que representa la aparición de elementos falsamente civilizatorios.

Nuestro cine le da voz a todo aquel que resiste y duda de los supuestos avances de una sociedad que ha fracasado terriblemente tratando de imponer valores que parecían infalibles. La aparición de los fascismos, de las dictaduras militares latinoamericanas, de las guerras mundiales, del tremendo daño ecológico que hemos perpetrado a nosotros mismos, y de la ruindad e inseguridad de las ciudades en las que vivimos parecen darle la razón a la escuela mexicana de cine, que se erige como una conciencia universal activa y combativa, a la que podemos acudir para cuestionar a quienes pretendan convertirse en dueños del mundo. Al final de cuentas, tenemos al arte para sobrevivir a la noche de los tiempos.

Samuel Rodríguez Medina
Autor: Samuel Rodríguez Medina
Samuel Rodríguez Medina es graduado del master en Filosofía contemporánea con acentuación en artes por la Universidad de Granada. De 2014 a la fecha es profesor de Estética y Arte contemporáneo en el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. Es autor de blog "Neuma" www.rodriguezsamuel.wordpress.com que es seguido en mas de 10 países.

7 películas nacionales están incluidas en la colección más exquisita de cine

Ejemplos arriesgados, honestos y conmovedores que, según esta fina lista, no te puedes perder.

Al cine nacional sin duda le hace falta reconocimiento, especialmente de parte de los mexicanos. No solo preferimos el cine taquillero estadounidense sobre la producción local; también alimentamos constantemente el equivocado perjuicio de que en México no se hace buen cine.

Por suerte, nuestro cine se está ganando un lugar muy relevante en los festivales, listas y colecciones más exquisitos del planeta. Entre ellos The Criterion Collection en donde la creación mexicana es representada por 7 ejemplos arriesgados, honestos y conmovedores que tienes que conocer.

The Criterion Collection es una distribuidora de películas en formato “doméstico” (que las puedes consumir en tu casa) con una curaduría bien cuidada e inteligente. Los títulos que distribuyen son notables en sus respectivos géneros, sin importar que sean clásicos, contemporáneos, comerciales o “de arte”, de alto o bajo presupuesto. La cosa es que son una representación de lo mejor del cine en cada una de sus formas. En ese sentido, es un privilegio ser seleccionado para formar parte de la selección.

Además, sus versiones son muy especiales, pues mantienen la mejor calidad audiovisual, además de incluir  múltiples contenidos adicionales especiales para hacer de la película una experiencia pedagógica.

Así, hay que celebrar que nuestro cine figura en esta colección y, utilizar el pretexto para aprender un poco de lo mejor del cine nacional. Te presentamos a las 7 seleccionadas:

También en Más de México: 7 cosas (muy buenas) que pasan cuando consumes cine nacional

Redes (Zinnemann y Gómez Muriel, 1936)



Entre el documental y la ficción, esta película basada en hechos reales describe la dura vida de los habitantes de la región pesquera de Veracruz en la época en la que fue producida: las terribles injusticias, la pobreza, el trabajo tremendo al que estaban sometidos algunos y la dura vida que llevaban. Vigente en todas las épocas, pues sin duda aún relata involuntariamente la realidad de esas y muchas otras comunidades, pero en el presente. La música original es de Silvestre Revueltas.

El Ángel Exterminador (Luis Buñuel, 1962)

En el clásico surreal de Luis Buñuel, un grupo de burgueses de la Ciudad de México asiste a una elegante cena, después de la ópera. Cuando termina el evento social, se dan cuenta de que no pueden abandonar la habitación donde estaban cenando. El episodio lentamente los transforma en algo muy alejado a lo que pretenden ser cotidianamente.

Simón del desierto (Luis Buñuel, 1965)

Doble aparición para el fantástico Luis Buñuel que sin duda puso en alto el cine de uno de los países más “surrealistas” del mundo (por su composición cultural, no solo por su curiosa cinematografía). La historia narrada en esta película pierde sentido escrita en pocas palabras, así que vas a tener que verla. Pero podemos asegurarte que no forma parte de esta colección por nada.

Canoa (Felipe Cazals, 1975)

El drama de Felipe Cazals es muy relevante en la historia de nuestro cine, primero, porque contrasta con las dramáticas y románticas ficciones típicas de la época (y también de las décadas anteriores) y presenta una narración basada en una historia real ocurrida en el pueblo de San Miguel Canoa, Puebla, cuando injustamente y por una extraña confusión fueron linchados unos jóvenes empleados de la Universidad Autónoma del estado. Esta película fue parte de una trilogía dedicada a contar historias similares. Además de su calidad cinematográfica, hay que verla por sus intenciones políticas.

Sólo con tu pareja (Alfonso Cuarón, 1991)

Aunque no lo creas, la ópera prima del fantástico Alfonso Cuarón fue una comedia romántica, más parecida a las de Almodóvar que a las actuales comedias mexicanas. En su tiempo también fue peculiar, pues ese cine aún no se ponía de moda. Ahora continúa siendo una auténtica rareza y vas a disfrutarla mucho, teniendo en cuenta la obra contemporánea de Cuarón

Cronos (Guillermo del Toro, 1993)



La ópera prima de Guillermo del Toro es una extraña versión de los mitos del “vampiro” como figura fantástica, aunque no lo sea de forma explícita. Es una película de terror hecha y derecha y te encantará ver los orígenes del hombre responsable de obras muy queridas como “El laberinto del fauno” y “La forma del agua”.  

Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001)

Por si te hacía falta: doble Cuarón. La película protagonizada por los bien queridos Gael García y Diego Luna ganó mejor guión en el Festival Internacional de Cine de Venecia. A su manera, aún con tintes de comedia de enredos, nos plantea el panorama político y social del México contemporáneo, pero de forma muy sutil y combinándola con una reflexión sobre la sexualidad y los tabúes, ligados a la clase.

También en Más de México: Un catálogo de películas mexicanas en línea gratis (cortesía del Imcine)

10 películas mexicanas para celebrar el orgullo LGBT

Te dejamos una lista de cine mexicano que también se une a la celebración por la diversidad…

Hay un montón de prejuicios curiosos sobre el cine mexicano. Uno tal vez el más arraigado y equivocado  es que en este país no se hace buen cine. Y vale la pena desmentirlo: en México se hacen fantásticas películas que, además, se abren a la posibilidad de trabajar cualquier clase de tema. Al fin y al cabo, el cine es una preciosa herramienta, que permite a quien está narrando presentar al espectador la perspectiva de un otro con quien tal vez no había podido relacionarse. El cine invita a la comprensión.

Así, queremos recordar películas mexicanas que abren la discusión sobre la sexualidad. Algunas son verdaderas curiosidades, que valen más por sus riesgos en la trama que por su cinematografía. Otras, son joyas en la historia de nuestro cine. Sea por celebrar la diversidad; por curiosidad, o porque no le has entrado a estos temas y buscas una buena excusa, aquí te dejamos 16 películas mexicanas sobre la comunidad LGBT que tienes que ver.

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Los marcados de Alberto Mariscal, 1971

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Auténtica tragedia que cuenta la historia de dos bandidos que son pareja y que atacan a un pueblo protegido por “El marcado”. Un clásico de héroes y villanos con un toque ciertamente setentero. De hecho fue en este año, cuando comenzó a levantarse en México el movimiento que defendía y quería visibilizar la homosexualidad.

El lugar sin límites de Arturo Ripstein, 1978

Un auténtico clásico, no solo entre estas temáticas, también del cine mexicano. El guión está basado en la novela homónima del escritor chileno José Donoso. La Manuela es travesti, ella y su hija “la japonesita” son prostitutas, pero se enamoran del mismo hombre. El drama no se hace esperar, pero a pesar del título y el extraño tono con el que el narrador del trailer insinúa la trama es, en efecto (como se dice ahí mismo) “una película que revela el aspecto más sórdido de la represión sexual” Checa la entrevista que le hizo el Canal 22 a Ripstein. La historia detrás del filme es muy interesante. Puedes ver la película completa aquí.

Las apariencias engañan de Jaime Humberto Hermosillo, 1983

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La trama de este drama ochentero es, sin duda, extremadamente complicada. Lo que te podemos decir es que abre la discusión sobre la diferencia entre género y orientación sexual y toca temas como la transexualidad y bisexualidad, sumergiendo al espectador en la misma confusión que toca a cada uno de los personajes involucrados mientras se encuentran consigo mismos.

El callejón de los milagros de Jorge Fons, 1994

Basada en la novela homónima del escritor egipcio Naguib Mahfuz. El filme que ganó muchísimos premios (incluyendo 11 Ariel) pinta una trama complicada. Está dividido en cuatro partes, cada una cuenta la visión de distintos personajes que viven en la misma calle. Don Rulito, un hombre machista, que resulta ser homosexual. Alma, (Salma Hayek) una chica preciosa con una historia trágica. Susanita, una “solterona” enamoradiza y otros tantos que sufren por asuntos de amor y sexualidad.

Y tu mamá también de Alfonso Cuarón, 2001

Ya un clásico del director, protagonizado por Gael García, Diego Luna y la española Maribel Verdú, relata el viaje de los tres por Oaxaca y sus costas. La trama se transforma en un delicado drama que aborda cuidadosamente la bisexualidad, la política del sexo y también el panorama político de nuestro país, especialmente los asuntos de corrupción y violencia. Muy vigente, sin duda.

Quemar las naves de Francisco Franco Alba, 2007

Un drama adolescente que cuenta la historia de dos hermanos que, frente a la trágica muerte de su madre, tienen que enfrentarse al hecho simple y brutal de crecer. Entre tanto, explorar una sexualidad incestuosa y confusa con otros chicos que comienzan a inmiscuirse en sus vidas. La expresión que titula el filme, “quemar la naves” es una deliciosa curiosidad: se le atribuye a Hernán Cortés, que, según se cuenta, durante la conquista inhabilitó sus navíos para advertirle a sus hombres que “pase lo que pase” no habría retirada.

Todo el mundo tiene a alguien menos yo de Raúl Fuentes, 2012

Con cuidado y de forma inteligente, esta película denuncia la forma opresiva en la que se suelen construir todas las relaciones amorosas, sin importar la sexualidad de los involucrados. Alejandra, harta de sus relaciones pasadas, se involucra con María, una adolescente con la que lleva una pasional y demandante relación…

Carmín tropical de Rigoberto Perezcano, 2014

Si afirmas que en México no se hace buen cine, tienes que ver esta película. Es sutil, es hermosa, cada cuadro es simbólico y digno de explorarse detenidamente. No es, en realidad, una historia que aborde la sexualidad de los personajes, pero sí es protagonizada por sujetos poco convencionales y les permite narrarse sin prejuicios. Se trata de la historia de Mabel una muxe de Juchitán que regresa a su pueblo para investigar la muerte de su mejor amiga. El final es aterrador, pero los momentos que lo anteceden son extremadamente conmovedores. No dejes de verla.

Te prometo anarquía de Julio Hernández Cordón, 2015

Con radical frescura y honestidad, la ficción presenta de manera verosímil a jóvenes personajes que no suelen ser retratados en el cine mexicano. Miguel y Johnny son amigos, amantes, skaters y traficantes de sangre. Por supuesto, las cosas no salen bien y eso da lugar a una magnífica trama. El lado técnico de esta película es también imperdible.

Casa Roshell de Camila José Donoso, 2017

El documental nos cuenta sobre la Casa Roshell y sus personajes. El espacio es un club de travestismo y feminización desde lo masculino; pero funciona como un refugio, un espacio abierto para la práctica que estos hombres delegan a lo nocturno. De día se disfrazan de su género biológico. De noche se descubren.

Las lecciones filosóficas de Cantinflas para vivir mejor

Conocido mundialmente por el cantinfleo, este ídolo, si se escucha con atención, entre sus frases se encuentran verdades filosóficas.

¿Quién no ha escuchado del cantinfleo? Esa palabrita que sirve para nombrar al que habla mucho, pero no dice nada. Cantinflas inventó el término al hablar de esta manera. Aunque, si le dedicamos algo de atención reflexiva, curiosamente aparecen pequeñas gemas filosóficas.

De su boca no sólo salen palabras sin sentido, también verdades con las que filósofos o escuelas filosóficas concordarían. Aquí te presentamos algunas de sus expresiones más sabias y, que sin duda, pueden servir para orientarnos en el complejo arte de existir:

“Ya vio para que sirvió el dinero”

Es con esta frase sarcástica con la que Cantinflas finaliza una reflexión que, tal vez hasta podría maravillar al más exigente orador. A partir de una disertación en la que alude al desapego material, Cantinflas rememora a una de las más antiguas escuelas filosóficas: los Cínicos. Estos filósofos apoyaban el desapego a lo material en orden de alcanzar la felicidad.

El fundador de este modo de pensar fue Antistenes, discípulo de Sócrates, y cuentan las historias que él disfrutaba pasearse en público con ropa desgastada y desaliñada. Algo que Cantinflas disfrutaba de hacer.

“Ya se me puso hablador, con esa voz de borracho, presumiendo de tenor”

El señalar la imprudencia o la falta de humildad en otros es un rasgo también de los cínicos. Durante la época griega, los filósofos de esta escuela daban sus conocimientos en la vía pública. Poco les importaba a estos maestros si fueran aceptados por los escuchas. Para ellos, el hecho de decirlo era lo único importante. De ahí que muchos hayan visto sus enseñanzas como molestia.

“que si cobran más que trabajan, que cobren menos; pero que si trabajan más que cobran, pues que cobren más”

La frase no podría decir más. A partir de esta expresión, Cantinflas alude a la importancia de la remuneración laboral de manera justa. Esto significa una visión de la persona que trabaja como un ser con derechos. Algo, con lo que, muchos filósofos de la Escuela de Frankfurt estarían de acuerdo.

Un ejemplo vendría a ser Herbert Marcuse, quien en su obra Razón y revolución, habla sobre el derecho intrínseco de todo individuo por el mero hecho de ser una persona. Algo que Hegel ya había mencionado en su teoría jurídica y que Marcuse rescata.

“cálmese comadrita, al fin de esto ya pasó, como dicen”

Este pésame que da Cantinflas es otra de las breves enseñanzas, entre su humor y risa. La visión de la muerte como algo innegableble es evidente y, más que nada, innevitable. Vivir con la certidumbre de que la experiencia vital puede acabarse en cualquier momento, hace que uno valore la vida misma más allá de cualquier doctrina metafísica o creencia religiosa. Esto es, sin duda alguna, existencialista.

El haber revisado estas frases, así como las ocultas enseñanzas es revelador. Muestra que Cantinflas, más allá de su aparente aspecto despreocupado, ocultaba grandes pensamientos. Algo muy inspirador y que prueba, que todas las personas tienen algo que decir y que la filosofía está más presente de lo que la gente cree en la vida diaria.