Ramón Cano Manilla, el jornalero mexicano que se convirtió en legendario muralista

Los personajes principales de sus obras fueron las personas de campo, que llevan en su ser siempre algo inefable y sabio.

Ramón Cano Manilla fue un pintor y muralista formado dentro de la escuela mexicana que propuso un arte nacional; entre personajes, escenas llenas de color, texturas y solidez en su composición, retrató vivamente las  tradiciones del país.

El paisaje en su arte representa escenas de la naturaleza, plasmaba en sus obras paisajes rurales, paisajes cósmicos y soñados. Fue algo muy común entre el siglo XIX y XX en México, el retrato de valles extensos y la presencia de los volcanes, que posteriormente se convertirían en símbolos de identidad nacional.

Ramón Cano Manilla nació en Veracruz en 1888. Desde pequeño trabajó como jornalero, arriero y herrador, fue así como surgió su interés por temas como los  campiranos. Llegó a la ciudad de México en 1920 con el deseo de estudiar pintura e ingresar en la Academia de San Carlos.

 Alfredo Ramos Martínez, director de la Academia de San Carlos, al ver su talento nato, lo inscribió en la escuela de Pintura al Aire Libre en Chimalistac, donde realizó sus estudios.

Sus maestros fueron Leopoldo Méndez y Fermín Revueltas, algunos de sus compañeros más destacados fueron Ramón Alva de la Canal y Fernando Leal.

 En 1926, su trabajó fue mostrado en una exhibición del Museo de Arte de Madrid, y en 1928 en la Feria Internacional de Sevilla, donde ganó por su trabajo titulado India oaxaqueña.

 

ramon cano manilla india oaxaqueña

 

Contemporáneo  de los grandes maestros de la pintura y del muralismo mexicano como; David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, Gerardo Murillo, Dr. Atl y Rufino Tamayo, gran amigo de Diego Rivera y maestro de Frida Kahlo.

Diego Rivera alguna vez dijo: “la pintura mural mexicana hizo héroe del arte monumental a la masa, es decir al hombre de campo, de las fábricas, de las ciudades, al pueblo”, haciendo alusión a su trabajo y al de Ramón.

ramón cano manilla el globo

Cano Manilla fundó escuelas al aire libre como la de San Andrés Tuxtla, Veracruz. En 1948 se trasladó a Ciudad Mante, Tamaulipas donde realizó diversas obras, principalmente murales, donde hay aproximadamente 500 metros cuadrados, repartidos en las escuelas Héctor Pérez Martínez, la Casa de la Cultura y la Secundaria Técnica no.2, donde además  impartió clases y escribió.

Trabajó como director regional en el Instituto Regional de Bellas Artes de esta ciudad de 1956 a 1960.

Parte de su obra se encuentra en el Palacio de las Bellas Artes, en el Museo Nacional de Arte en la Ciudad de México y el Museo Andrés Blaisten, una de sus pinturas más famosas, la de “El Globo” fue publicada en las portadas de ediciones anteriores de varios Libros de Texto Gratuitos de la SEP, en el año de 1993.

Falleció el 1°  de diciembre de 1974, en medio de la urbe cañera de Ciudad Mante, dejando así lo mejor de sí a Tamaulipas, su entidad adoptiva.

 

Otras de sus obras importantes son:

La Siesta.
La Siesta.
Vacas y Paisaje.
Vacas y Paisaje.

Baile en el Palenque cano manilla

Imágenes tomadas de: Colección Andres Blaisten

Carlos Cid
Autor: Carlos Cid
Trotamundos en busca de neutrinos, siempre en modo Random.

Este increíble colectivo está reviviendo el espíritu del muralismo mexicano a través del graffiti (FOTOS)

El graffiti es un acto que hermana la calle con las ideas, que conecta, de forma espontánea a sus espectadores con nuevas formas de pensar...

Los mejores trazos que hemos realizado son en conjunto.

xFamilia

Cuando el graffiti se piensa como práctica colectiva, revive los principios de uno de los movimientos más importantes en el arte mexicano: el muralismo.

Y es que, a veces, frente a sus manifestaciones contemporáneas, se nos olvida que el arte también posee una dimensión conciliadora y no sólo se trata de ser autorreferente o crítico (aunque ambos ejercicios son muy valiosos). En esta dimensión, el arte llama a lo colectivo, tratando de plantearse como un punto de encuentro para diversos agentes sociales y haciendo lo posible por reivindicar las identidades vivas del espacio que le sirve como lienzo. mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

El muralismo mexicano se estableció en este sentido. Esta corriente de principios del siglo XX fue consolidada por un grupo de artistas e intelectuales en la búsqueda de generar una nueva identidad nacional. En ella tenía que ser posible hacer caber desde ideales revolucionarios, hasta una concepción muy profunda de los grupos indígenas. Estos últimos habían quedado fuera de los planteamientos de nación, como resultado del fuertísimo racismo que guió los procesos coloniales. 

Por su lado, el graffiti en México, también tiene una carga densa de identidad. Esta expresión fue primero adoptada en Tijuana, como resultado de los constantes intercambios culturales con el otro lado de la frontera. Fueron los cholos los que empezaron a practicarlo, influenciados por muralistas chicanos. De ahí comenzó a transitar hacia el sur, hacia las grandes ciudades como Guadalajara y, por supuesto la Ciudad de México.

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Con el tiempo se desarrolló muchísimo, no sólo como técnica, también como forma de vida y de construcción de grupos sociales. En el graffiti, las hermandades, las comunidades, las agrupaciones, las organizaciones y los llamados “crews” (tripulaciones) son muy importantes. Entre ellos hay competencias; hay definiciones territoriales; hay distinciones de estilos y tópicos; luchas y lealtad.  Esta fuerza, esta necesidad de comunicar en conjunto puede ser aprovechada para incidir en la vida cotidiana de cada entorno.

En este sentido se mueve la acción de colectivos como xFamilia. Ellos se definen como “un esfuerzo por construir autonomía, desde la colectividad.” Al centro de su hacer está el graffiti, manifestado en tremendos murales.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Los temas que plasman en las paredes son variados y, a veces sí pintan sólo por el gusto de hacerlo; sin embargo, están convencidos de que estas piezas de gran formato, que se construyen entre varios, pueden modificar formas de pensar. Su trabajo es autogestivo, esto quiere decir que no tienen patrocinadores privados, ni financiamiento público. 

Les interesa lo político, la protesta, justicia social, identidad indígena y mexicana, cultura ambiental y educación. Es muy importante para ellos que su trabajo se desenvuelva con el permiso de la comunidad donde pintan, en lugares asignados para eso. Cada mural dice algo sobre el lugar donde se posiciona, habla de formas de vida y preocupaciones que la gente y, ahora también, las calles, le gritan a la exterioridad.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Ellos pintan en muchos sitios de México, no se limitan; pero su pieza más reciente ubicada en Tlatelolco, Ciudad de México, es uno de los más fantásticos ejemplos de lo que hacen. Decidieron pintar una de las fachadas de un edificio multifamiliar. Aunque el formato es vertical, nos quieren recordar con su pieza que en México la estructura social es diversa, es polisémica, no es líneal. Así dibujan una historia que, como los edificios mexicanos, está agrietada; haciendo de las identidades una remezcla y punto de reconexión.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Esta “plástica monumental”, que busca con su hacer reintegrar experiencias, formas de vida y perspectivas culturales, está reviviendo abriertamente las intenciones del muralismo mexicano del siglo pasado. Por un lado, porque está clarísimo que, otra vez, nos hace mucha falta reinventar la identidad mexicana y, por otro (tal vez insospechado incluso por estos artistas) porque este ser mexicano nunca nos va a quedar claro, pero sí nos exige hacer grandes cuestionamientos, tremendos y elocuentes como un magnífico graffiti.

 

Las cartas entre Diego Rivera y Einstein: un mito contemporáneo

Los dos grandes, uno de la ciencia y el otro, muralista mexicano, se profesaban una gran admiración y eso nos encanta...

Diego Rivera y Albert Einstein intercambiaron correspondencia una vez. Ambos dedicaron esas breves letras a elogiarse y profesarse profunda admiración. Las dos cartas que conforman esta pequeña colección fueron descubiertas en 2007 y desde entonces, la pequeña anécdota nos encanta cada vez que vuelve a ser contada. 

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La historia comienza un poco antes, en 1933, cuando Rivera inició el afamado mural que hizo para los Rockefeller y que, después, por haber retratado en él a Lenin, tuvo que destruir. Con el dinero que consiguió del trabajo, realizó una serie de paneles portátiles en donde se dejó llevar sin cuestionamientos por sus impulsos políticos. Volvió a pintar un rostro de Lenin, esta vez en gran formato. En otro panel, plasmó su representación crítica titulada “La barbarie Nazi”. Decidió aquí pintar a Einstein, pues el científico judío compartía vocación política con Rivera y habló duramente en contra del racismo; no sólo del que lo desterró a Estados Unidos: también se pronunció en contra de la discriminación del complejo país americano. Parece que haber sido referido, llevó al prominente científico a buscar al pintor. Escribió Einstein:

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No sería capaz de nombrar a otro artista contemporáneo cuyo trabajo haya sido capaz de ejercer un poderoso efecto similar en mí.

 

Aunque, como dice Guadalupe Rivera (la hija de Diego), se sabía de lo mucho que su padre estimaba a Einstein, hasta hace relativamente poco nos enteramos de que alguna vez tuvieron el fugaz contacto epistolar. Las cartas parecen probar que ambos compartían visiones similares del mundo y la extraña y preciosa conexión que esto implica. Esto nos entusiasma profundamente. 

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“Quiero decirle lo mucho que me conmovió su carta. El aliento recibido es muy grande y magnífico por lo poco que he hecho con mi pintura. Por lo que es usted, con su gran energía humana, junto con su ciencia que ha cambiado por la expansión hacia el espacio y la luz, ayudando a elevar el pensamiento humano a un nivel superior.”

Así respondió Rivera.

Nos atrae y sorprende profundamente que los dos icónicos hombres (con todo lo bueno o malo que se pueda decir de ambos) se aproximaran así el uno al otro. Estos llamados “genios”, miembros del panteón sagrado contemporáneo, generaron una mínima intimidad y la fetichizamos fervientemente. Hacemos lo mismo con otros objetos de Diego: su correspondencia con la querida y odiada Frida; los zapatos que aún parecen estarlo esperando en su casa de San Ángel; su colección de figuras prehispánicas; sus dos libritos de Einstein, y hasta sus cuadros.

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Como si se cumpliera una profecía que siempre habíamos esperado, adoramos ver las vidas de nuestros ídolos entrelazándose. ¿Será porque nos construimos a través de esos mitos? Así como Diego respondió emocionado la carta del fantástico científico, nos emocionamos cuando nuestros héroes se comunican, generan una conexión identitaria y refuerzan nuestra construcción de un pasado; refrescando el cuento sobre una época y los discursos que lo sostienen.

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En realidad estas cartas prueban muy poco; en realidad es, una intimidad de la que no somos parte, que no es nuestra, pero a la que nos fascina acceder. La importancia que le damos al suceso demuestra que aún nos creamos grandes mitos; que admiramos fervientemente figuras humanas, caprichosas, emotivas, que, francamente, no están en ningún lugar, pero que constituyen lo que reconocemos como historia, como verdad, incluso, como presente.

Entre la tenebrosidad y la belleza de la oscuridad: las hechizantes pinturas de José Luis López Galván

Las pinturas puede ser una puerta a nuestro miedos (y tal vez a la belleza de estos).

El terror y el caos va más allá de los sueños. Así son las pinturas del jaliciense José Luis López Galván, que hace de sus obras un acto de realidad. La naturaleza de su estilo es indescifrable. Muchas personas han dicho que su técnica rememora a los surrealistas, y si bien el artista tiene entre sus inspiraciones a algunos, expresa que el surrealismo no es una vanguardia a la que se adhiere. La razón reside en que no saca su inspiración del subconsciente.

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Tal vez, más allá de una realidad onírica trasladada al lienzo, sus obras son más una especie de fantasía tenebrosa. Sobre todo por su pasión en retratar en cada uno de sus cuadros a los seres humanos y otros animales. El plasmar seres que juntan características, tanto salvajes como de personas, es un retrato de la realidad desencarnada. Acorde al autor, su intención es representar la esencia de las cosas, no su apariencia en sí. Lo cual, puede ser tenebroso, pero mágico a la vez. 

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Dicho acercamiento, poco convencional, pero sumamente bello, puede atribuirse a su formación. El mismo López Galván lo reconoce y asegura que esto se debe a que en un principio, estudió diseño gráfico. Fue sólo después de que tomara un taller de dibujo, que supiera su verdadera vocación: el retratar monstruos al óleo.

El uso de sombras y luminiscencias en cada una de sus piezas es otra prueba de la seductora tenebrosidad de sus seres. Según el artista, esta técnica permite darle más profundidad a los personajes de sus cuadros, como a sus ambientes. Tal vez, este estilo puede atribuirse a que admira el arte Barroco y, sobre todo, a Goya, a quien considera un ejemplo a seguir, y a Dalí y su habilidad de distorsionar personajes y escenarios y transformarles en otros.

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Sin duda alguna, el arte de Galván también crea este efecto. Lo siniestro y tenebroso se expresa a partir de seres que parecen una realidad hechizada, acaso formada desde la locura. Aún así, el artista asegura que cada una de sus creaciones se hace para que interactúen con el espectador, pues deja al imaginario de éste, la creación de una posible narrativa.

Su libertad de interpretación se agradece mucho. No sólo porque sus pinturas enfatizan la belleza de la oscuridad, sino por el terror y caos que representan. López Galván nos invita a encararnos al arte, aunque este sea tenebroso. Porque las maravillas de lo oculto siempre vale la pena verlas.

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Su obra puede encontrarse y adquirirse en Macabre Gallery.