Revolución policromática: los espectaculares murales de Vlady en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada

Descubre los revolucionarios murales de Vlady: épicas piezas multicolor que decoran una biblioteca en el centro de la CDMX.

Del muralismo mexicano conocemos bien las propuestas de Siqueiros y Rivera. Una revolución eminente, ilustrada para la eternidad; pues aún es símbolo vital para las luchas del presente. Pero no hablamos suficiente sobre Vladimir Viktorovich, Vlady, la cara psicodélica del muralismo mexicano.

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Imagen: Wikimedia Commons.

Para aproximarse a él más nos vale visitar la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, ubicada en pleno centro de la CDMX. Este espacio que resguarda miles de documentos relacionados con temas de economía, finanzas e historia de México (86,350 títulos y 114,852 volúmenes), suele ser ocupado por investigadores y otros transeúntes-eruditos; pero vale la pena entrar para mirar —silenciosamente— a sus más de 2,000 metros cuadrados policromáticos, pintados durante la década de los 70s por el gran Vlady.

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Imagen: Santiago Savi

La pieza se llama “La Revolución y los Elementos” y comenzó narrando visualmente la “revolución sexual” ligada al pensamiento de Freud; pero, a continuación, el muralista ruso-mexicano decidió explorar otras revoluciones: la de la Bastilla, la de Lenin, la independencia de Estados Unidos, las ocurridas en América Latina, la de Jesús, la de John Lennon. Una capilla Sixtina dedicada a la Revolución; así lo describe la Casa Vlady. Incidentalmente —o tal vez no—, la obra se realizó en lo que fuera la iglesia de San Felipe Neri.

Este mural de Vlady es una revolución en sí mismo

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Crédito no especificado.

Sin duda el muralista llevó lejos el ejercicio. Colores explosivos, una propuesta visual desmesurada, casi indigerible, pero necesaria. En un género pictórico de referencias ultra-establecidas, “La Revolución y los Elementos” es una refrescada necesaria. En el trabajo Vlady se virtió completamente; se dejó revolucionar. Sobre su proceso declaró:

“Tenía muchas dudas. Me preguntaba: ¿tengo libertad? ¿La estoy usando? ¿No será que hago concesiones? Y además, ¿para quién pinta uno? Para los demás. ¿Cuáles demás? Al final, siempre es para una sola persona. ¿Acaso Leonardo pintó la Gioconda para los miles de turistas que la están viendo ahora? Entonces, ¿para quién voy a pintar yo? Sentía que mi verdadero cometido como pintor era intentar hacer algo que no se había hecho, que no se podía hacer.”

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Imagen: Javier García Moreno.

Para los intelectuales de la época, la pieza se volvió clave. Se dice que, al visitarla, en medio de la guerra fría, el escritor estadounidense Allen Ginsberg y el poeta Andrei Voznesensky convergieron en la profunda admiración: “¡Y pensar que cuando regrese a la URSS no podré escribir jamás una sola línea sobre lo que he visto aquí!”, dijo Voznesensky.

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Allen Ginsberg, Andrei Voznesensky y Vlady, mirando los murales/Imagen: Vlady.org

También en Más de México: Los murales del Mercado Abelardo Rodríguez son una joya oculta de la CDMX

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Imagen: Agencia F.

¿Quieres visitar el mural de Vlady?

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Crédito no especificado.

La biblioteca Miguel Lerdo de Tejada está en República de El Salvador 49, Centro Histórico de la CDMX. Abre de lunes a viernes de 9:00 AM a 5.30 PM

*Fuentes:

Centro Vlady: Sobre los murales, sobre la opinión pública acerca de los murales.

Museo virtual de la Biblioteca Lerdo de Tejada, a cargo de la Secretaría de Hacienda

Atlas Obscura: Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada

Los murales del Mercado Abelardo Rodríguez son una joya oculta de la CDMX

Este mercado capitalino se guarda un enorme acervo de murales hechos por alumnos de Diego Rivera.

La Ciudad de México es enorme, en todos los sentidos posibles. Atravesar una calle es, frecuentemente, equivalente a pasar de un mundo a otro. Todo está siempre en movimiento y las fachadas de una colonia son absolutamente distintas a las de sus vecinas. Se podría decir que nuestra capital contiene dentro de sí cientos de pequeños y magníficos mundos. 

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No es tan sorprendente, en ese sentido, que la Ciudad se guarde hermosas joyas culturales en los rincones más inesperados. Un ejemplo muy representativo son los murales del Mercado Abelardo Rodríguez. 

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Las magníficas piezas que decoran las paredes y techos de este sitio datan de los años 30 y todas fueron realizadas por grandes artistas mexicanos, muchos de ellos discípulos de Diego Rivera en la Academia de San Carlos. Ramón Alva, Pablo O’Higgins, Antonio Pujol, Ángel Bracho, Pedro Rendón, Raúl Gamboa, Miguel Tzab, Isamu Noguchi y las hermanas Marion y Grace Greenwood son algunos de los nombres más destacados.

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Los murales no sólo son impresionantes y coloridos, retratan escenas entrañables que celebran la existencia de la comunidad del mercado; así, hablan del campo y los campesinos, los obreros, la producción y venta de alimentos locales y, por supuesto, de las luchas sociales revolucionarias, la discriminación racial y del pueblo como energía vital.

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Por su lado, el mercado en sí mismo es un espacio muy interesante. Construido en 1934 y diseñado por el arquitecto Antonio Muñoz (quien también se encargó del Centro Escolar Revolución) encarna un tipo de política social muy particular donde es vital que el desarrollo cultural esté en manos de todos. Así, además de ser un recinto de intercambio comercial, este enorme espacio alberga un auditorio llamado “Teatro del Pueblo”. 

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Sería magnífico poder repensar el mercado como un espacio cultural y de todos. En muchos pueblos de México, los mercados siguen siendo el centro de la vida social (un ejemplo increíble es el mercado de trueque en Zacualpan de Amilpas). Podemos empezar por visitar el Mercado Abelardo Rodríguez, sitio que es en igual medida galería de arte y un lugar para vender y comprar toda clase de delicias, utensilios y tiliches. Esta visión horizontal de “lo cultural” hoy nos hace mucha falta.

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Visita el Mercado Abelardo Rodríguez y difunde su existencia para que, a pesar del tiempo y los daños que han sufrido las piezas y la arquitectura, se mantengan como parte del patrimonio local.

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¿Quieres visitar el Mercado Abelardo Rodríguez?

Se encuentra en Callejón Girón, Centro Histórico de la CDMX, Colonia Centro, 06000, CDMX. Te recomendamos ir entre las 8 AM y las 6 PM.

Este increíble colectivo está reviviendo el espíritu del muralismo mexicano a través del graffiti (FOTOS)

El graffiti es un acto que hermana la calle con las ideas, que conecta, de forma espontánea a sus espectadores con nuevas formas de pensar...

Los mejores trazos que hemos realizado son en conjunto.

xFamilia

Cuando el graffiti se piensa como práctica colectiva, revive los principios de uno de los movimientos más importantes en el arte mexicano: el muralismo.

Y es que, a veces, frente a sus manifestaciones contemporáneas, se nos olvida que el arte también posee una dimensión conciliadora y no sólo se trata de ser autorreferente o crítico (aunque ambos ejercicios son muy valiosos). En esta dimensión, el arte llama a lo colectivo, tratando de plantearse como un punto de encuentro para diversos agentes sociales y haciendo lo posible por reivindicar las identidades vivas del espacio que le sirve como lienzo. mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

El muralismo mexicano se estableció en este sentido. Esta corriente de principios del siglo XX fue consolidada por un grupo de artistas e intelectuales en la búsqueda de generar una nueva identidad nacional. En ella tenía que ser posible hacer caber desde ideales revolucionarios, hasta una concepción muy profunda de los grupos indígenas. Estos últimos habían quedado fuera de los planteamientos de nación, como resultado del fuertísimo racismo que guió los procesos coloniales. 

Por su lado, el graffiti en México, también tiene una carga densa de identidad. Esta expresión fue primero adoptada en Tijuana, como resultado de los constantes intercambios culturales con el otro lado de la frontera. Fueron los cholos los que empezaron a practicarlo, influenciados por muralistas chicanos. De ahí comenzó a transitar hacia el sur, hacia las grandes ciudades como Guadalajara y, por supuesto la Ciudad de México.

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Con el tiempo se desarrolló muchísimo, no sólo como técnica, también como forma de vida y de construcción de grupos sociales. En el graffiti, las hermandades, las comunidades, las agrupaciones, las organizaciones y los llamados “crews” (tripulaciones) son muy importantes. Entre ellos hay competencias; hay definiciones territoriales; hay distinciones de estilos y tópicos; luchas y lealtad.  Esta fuerza, esta necesidad de comunicar en conjunto puede ser aprovechada para incidir en la vida cotidiana de cada entorno.

En este sentido se mueve la acción de colectivos como xFamilia. Ellos se definen como “un esfuerzo por construir autonomía, desde la colectividad.” Al centro de su hacer está el graffiti, manifestado en tremendos murales.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Los temas que plasman en las paredes son variados y, a veces sí pintan sólo por el gusto de hacerlo; sin embargo, están convencidos de que estas piezas de gran formato, que se construyen entre varios, pueden modificar formas de pensar. Su trabajo es autogestivo, esto quiere decir que no tienen patrocinadores privados, ni financiamiento público. 

Les interesa lo político, la protesta, justicia social, identidad indígena y mexicana, cultura ambiental y educación. Es muy importante para ellos que su trabajo se desenvuelva con el permiso de la comunidad donde pintan, en lugares asignados para eso. Cada mural dice algo sobre el lugar donde se posiciona, habla de formas de vida y preocupaciones que la gente y, ahora también, las calles, le gritan a la exterioridad.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Ellos pintan en muchos sitios de México, no se limitan; pero su pieza más reciente ubicada en Tlatelolco, Ciudad de México, es uno de los más fantásticos ejemplos de lo que hacen. Decidieron pintar una de las fachadas de un edificio multifamiliar. Aunque el formato es vertical, nos quieren recordar con su pieza que en México la estructura social es diversa, es polisémica, no es líneal. Así dibujan una historia que, como los edificios mexicanos, está agrietada; haciendo de las identidades una remezcla y punto de reconexión.mexico-mexicano-graffiti-colectivos-historia-muralismo-arte-urbano

Esta “plástica monumental”, que busca con su hacer reintegrar experiencias, formas de vida y perspectivas culturales, está reviviendo abriertamente las intenciones del muralismo mexicano del siglo pasado. Por un lado, porque está clarísimo que, otra vez, nos hace mucha falta reinventar la identidad mexicana y, por otro (tal vez insospechado incluso por estos artistas) porque este ser mexicano nunca nos va a quedar claro, pero sí nos exige hacer grandes cuestionamientos, tremendos y elocuentes como un magnífico graffiti.

 

Las cartas entre Diego Rivera y Einstein: un mito contemporáneo

Los dos grandes, uno de la ciencia y el otro, muralista mexicano, se profesaban una gran admiración y eso nos encanta...

Diego Rivera y Albert Einstein intercambiaron correspondencia una vez. Ambos dedicaron esas breves letras a elogiarse y profesarse profunda admiración. Las dos cartas que conforman esta pequeña colección fueron descubiertas en 2007 y desde entonces, la pequeña anécdota nos encanta cada vez que vuelve a ser contada. 

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La historia comienza un poco antes, en 1933, cuando Rivera inició el afamado mural que hizo para los Rockefeller y que, después, por haber retratado en él a Lenin, tuvo que destruir. Con el dinero que consiguió del trabajo, realizó una serie de paneles portátiles en donde se dejó llevar sin cuestionamientos por sus impulsos políticos. Volvió a pintar un rostro de Lenin, esta vez en gran formato. En otro panel, plasmó su representación crítica titulada “La barbarie Nazi”. Decidió aquí pintar a Einstein, pues el científico judío compartía vocación política con Rivera y habló duramente en contra del racismo; no sólo del que lo desterró a Estados Unidos: también se pronunció en contra de la discriminación del complejo país americano. Parece que haber sido referido, llevó al prominente científico a buscar al pintor. Escribió Einstein:

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No sería capaz de nombrar a otro artista contemporáneo cuyo trabajo haya sido capaz de ejercer un poderoso efecto similar en mí.

 

Aunque, como dice Guadalupe Rivera (la hija de Diego), se sabía de lo mucho que su padre estimaba a Einstein, hasta hace relativamente poco nos enteramos de que alguna vez tuvieron el fugaz contacto epistolar. Las cartas parecen probar que ambos compartían visiones similares del mundo y la extraña y preciosa conexión que esto implica. Esto nos entusiasma profundamente. 

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“Quiero decirle lo mucho que me conmovió su carta. El aliento recibido es muy grande y magnífico por lo poco que he hecho con mi pintura. Por lo que es usted, con su gran energía humana, junto con su ciencia que ha cambiado por la expansión hacia el espacio y la luz, ayudando a elevar el pensamiento humano a un nivel superior.”

Así respondió Rivera.

Nos atrae y sorprende profundamente que los dos icónicos hombres (con todo lo bueno o malo que se pueda decir de ambos) se aproximaran así el uno al otro. Estos llamados “genios”, miembros del panteón sagrado contemporáneo, generaron una mínima intimidad y la fetichizamos fervientemente. Hacemos lo mismo con otros objetos de Diego: su correspondencia con la querida y odiada Frida; los zapatos que aún parecen estarlo esperando en su casa de San Ángel; su colección de figuras prehispánicas; sus dos libritos de Einstein, y hasta sus cuadros.

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Como si se cumpliera una profecía que siempre habíamos esperado, adoramos ver las vidas de nuestros ídolos entrelazándose. ¿Será porque nos construimos a través de esos mitos? Así como Diego respondió emocionado la carta del fantástico científico, nos emocionamos cuando nuestros héroes se comunican, generan una conexión identitaria y refuerzan nuestra construcción de un pasado; refrescando el cuento sobre una época y los discursos que lo sostienen.

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En realidad estas cartas prueban muy poco; en realidad es, una intimidad de la que no somos parte, que no es nuestra, pero a la que nos fascina acceder. La importancia que le damos al suceso demuestra que aún nos creamos grandes mitos; que admiramos fervientemente figuras humanas, caprichosas, emotivas, que, francamente, no están en ningún lugar, pero que constituyen lo que reconocemos como historia, como verdad, incluso, como presente.