Artistas crean música con el magnetismo del meteorito de Chihuahua

Traduciendo el campo electromagnético de este meteorito, en la capilla del Museo Ex Teresa Arte Actual, se produce música encandilante.

De entre los meteoritos famosos de México, están el de Bacubirito, de Sinaloa, y otro descubierto en el siglo XVII cerca de Jiménez en Chihuahua. Este último fue llevado a la Ciudad de México a finales del siglo XIX.

Por sus minerales, un meteoro tiene una dinámica especial con el campo magnético de la Tierra, lo anterior hace que generen ellos mismos un campo magnético fuerte. Este último suele medirse, aunque en esta ocasión de manera distinta: el proyecto Sideral, con motivo del año dual México-Alemania, ha desarrollado una manera de medir el campo electromagnético pero además convertirlo en notas musicales.

Meteorito guanajuato musica

Para ello fue construido un instrumento que interpreta la variaciones del campo magnético del meteoro y envía a un programa los datos a los que les es asignados sonidos.

Este meteorito pesa 3.3 toneladas. Según la artista mexicana Marcela Armas:

El objetivo era hacer una lectura del campo magnético de un meteorito, entendido desde nuestra perspectiva como la lectura de una memoria, de la historia de una roca que viajó por el universo y que llegó a nuestro planeta.

La música que llena la capilla del Museo Ex Teresa Arte Actual lleva sonidos inspirados en la música rarámuri, por el lugar donde fue hallado, tierra que pertenece a este grupo indígena.

Curiosamente este proyecto artístico podría ser un aliciente para la ciencia ya que la interpretación del campo electromagnético pordría ser una nueva manera de estudio de los cuerpos celestes, según declaraciones de Daniel Flores, científico del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM):

Hay técnicas en las que se cortan y se estudian sus propiedades magnéticas; ahora se vislumbra un modo de estudio de la totalidad del meteorito a través de la medición de la interacción del campo magnético de la tierra con la de sus minerales.

 

*Imágenes: 1)EFE/ Mario Guzmán; 2)enlacedigitalbajio.com

Mariachi Flor de Toloache: 4 mujeres reinventando la música ranchera

De Nueva York (y muchos sitios más) para todo el mundo, esta música demuestra que las fronteras se pueden remixear…

El mariachi es mexicanísimo, no cabe duda. Sin embargo, un pequeño acercamiento a su historia revela que sus orígenes —como los de prácticamente cualquier cosa “muy mexicana”— son resultado de una remezcla. Y tal vez, para hacerle honor a su genética, hay que llevar al mariachi mucho más lejos. Las chicas de Mariachi Flor de Toloache están haciendo eso y mucho más.

Su proyecto es único. Habitantes de Nueva York, contrastan con otras agrupaciones del género por diversas cosas. Lo más notable es que son puras chicas las que conforman su mariachi. Por otro lado, no se dedican solo a tocar los clásicos de la manera tradicional; todo lo contrario, remezclan las rancheras con un inmenso abanico de ritmos latinos: cumbia, mambo, salsa y, también, encajan fragmentos de canciones de rock clásico y pop en sus composiciones de manera sutil e ingeniosa. Por último, sus raíces son mixtas, entre México, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico y Estados Unidos, Mariachi Flor de Toloache es auténtico símbolo de diversidad.

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Pero como se mencionó, el mariachi no podría no serlo. Originario de Cocula, Jalisco, el género musical mexicano está inspirado en las armonías típicas de los indios cocas; pero se toca en instrumentos españoles como violín, guitarra, guitarrón, vihuela y trompeta.

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Además, se piensa que el origen de la palabra “mariachi” es la francesa “mariage”, que significa matrimonio. Se especula que se le llamaba así a esta música porque solía tocarse en las celebraciones de las bodas. Por sus orígenes rurales, el género solía estar ligado a las clases populares; pero a principios de 1900, después de que un mariachi se presentara en la fiesta de cumpleaños de Porfirio Díaz, la opinión pública sobre esta expresión cambió. El atuendo podría ser testigo de esta transición: una versión elegante de la vestimenta rural: pañuelo, sombrero, pantalones y zapatos para montar.

Con este mismo atuendo se presenta el Mariachi Flor de Toloache, proyecto que presentó su disco más reciente en 2017 y que ha estado dando mucho de qué hablar, especialmente en el contexto de la violencia, discriminación y problemáticas ligadas a los migrantes (y también de género) en Estados Unidos.

Fundado por Mireya Ramos, mexicana-dominicana y Shae Fiol, mitad cubana y mitad estadounidense, comenzó como un pequeño conjunto que tocaba en las calles de Nueva York, en bares y antros. Ahora las conocen por todos lados y fueron nominadas para el Grammy Latino por “mejor álbum de música ranchera” en 2015.

Sin duda están rompiendo esquemas para estadounidenses, europeos y hasta latinos: también existen, aunque sea difícil de creer, puristas del mariachi y mexicanos a los que les preocupa que se corrompa la tradición musical de nuestra tierra. Pero con su último disco lo que nos quieren recordar es que los ritmos se alimentan entre sí, que todas las caras son lindas y se ven mejor juntas. Al mismo tiempo, no necesitan ser explícitamente políticas, su práctica artística lo hace por ellas: mujeres que se paran sin miedo para crear con todos los recursos culturales que tienen disponibles; viviendo orgullosas de su colorido.

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Dice David Brooks, corresponsal de La Jornada: “La Flor de Toloache puede ser peligrosa, pero también es un antídoto en este país” y, para nosotros resuena: toloache, flor sagrada que enamora y transgrede (o envenena, si les duele) nuestras identidades. Que el mariachi se siga transformando.

*Imágenes: 1) Kate Spade Collection; 2 y 3) Crédito no especificado.

Resonar: una narración sonora de la identidad mexicana

El arte contemporáneo en México está proponiendo nuevas formas de narrar y entender la identidad mexicana

La identidad es un asunto que nos elude. Describirla o narrarla es prácticamente imposible; estamos hablando de un fenómeno vivo, que siempre está siendo impactado por su entorno; prácticamente un fluido, que, como el agua, va cambiando de forma mientras se desplaza a lo largo del tiempo y el espacio. ¿Cómo narrar entonces la identidad mexicana? Habría que encontrar un elemento inherente a la misma, una forma fija que sea compartida por todos los que sienten una filiación hacia ella.

El arte hace intentos por articular esa narración. Pero el arte mexicano no siempre habla de la mexicanidad, y el que sí lo hace, habla de una identidad que se presume concreta, pero que no acaba de poder comprender al vaporoso concepto que envuelve a todos los que nacimos en este país.

Lo mexicano narrado desde el arte contemporáneo

Por otro lado, las narrativas lineales — que se valen de lugares comunes y prejuicios para convocar a los sujetos que representan — han sido abandonadas por artistas que experimentan con técnicas contemporáneas. A través de ellas, imaginan y describen, simultáneamente, identidades fragmentarias: procesos inacabados o en construcción permanente, que se rompen y reconstruyen en cada momento. Las particularidades que enmarcan a estas identidades en “lo mexicano”, son formas históricas y culturales de ser que ejecutamos con el anhelo de reconocernos como parte de una comunidad. Son las formas que aprendimos de nuestras familias, de nuestro cine, televisión y también de nuestro arte. Pero no podemos evitar que estas formas, casi tradicionales, se desgasten y modifiquen al ser ejecutadas cotidianamente y al someterse a una realidad caótica.

Vale la pena narrar las vidas mexicanas desde las intenciones y los modos estéticos adoptados por los artistas contemporáneos, porque relatan con mucha fidelidad la experiencia de vivir, en este tiempo, dentro del marco de lo mexicano. Además, a partir del uso de nuevas técnicas y tecnologías, formatos y métodos de conceptualización, se puede seguir ensamblando patrimonio y construyendo memoria cultural.  

Resonar: lo mexicano narrado desde su propio surrealismo

La pieza de arte sonoro Resonar (2016) forma parte de un proyecto del Centro de Cultura Digital, que pretende investigar y experimentar con formas de generar escritura, de forma colectiva y a través de formatos múltiples. La pieza, conformada como un audiovisual — en donde el sonido es el protagonista —, fue diseñada por un equipo de once personas, coordinado por el artista tapatío Israel Martínez, con la intención de trazar una narración sobre la Ciudad de México. El trayecto en la ciudad, la muerte, el habla popular y la gentrificación son los cuatro ejes que se despliegan en esta pieza interactiva. Los espectadores se convierten en usuarios mientras exploran el complejísimo plano múltiple, de imágenes y audios que conforman Resonar.

La pieza es una experiencia solitaria. El sujeto que se adentre en ella tiene la posibilidad de explorarla a su propio ritmo, desde su propia computadora. Además, se recomienda utilizar audífonos, para concentrar la atención sólo en los sonidos que los artistas eligieron y configuraron. El conjunto de audio e imágenes, conforman un todo sublime que maravilla y abruma. La complejidad de la pieza también reside en que las intenciones e inquietudes de once personas distintas, se conjuntan en un solo objeto artístico que es al mismo tiempo, unidad y diversidad. Mientras que uno la puede leer y experimentar como si fuera un solo discurso, no deja de presentarse como visión múltiple.

Como si se tratara de una película de David Lynch, la pieza presenta una visión surreal de la vida cotidiana en la capital mexicana, en donde sucesos que parecen sueños o alucinaciones se mezclan con eventos que se dicen reales, pero tienen una cualidad artificiosa o absurda, que les resta consistencia. De la misma manera, los sonidos conocidos de la calle, las personas, los automóviles y algunos fragmentos de música popular, son interrumpidos, a veces por sonidos sutiles e irreconocibles y otras por ruidos ensordecedores y casi indescriptibles.

 

El glitch o distorsiones en la imagen y audio, recuerdan también a un elemento de la mexicanidad contemporánea: momentos de absurdo y desorden que se mezclan con la normalidad del día a día. Los loops o repeticiones, parecen representar los componentes de la vida en México que se repiten una y otra vez, algunos que guardamos por nostalgia y cariño y otros que seguimos forzado, por costumbre, aunque ya no nos sirvan. Los huecos, los silencios, la alusión a lo oscuro, lo inhabitado e inhóspito, lo abandonado y peligroso y lo fantasmal, nos habla de las fugas, de los múltiples lugares de caos que parchamos y luego dejamos de lado. Por último, los exabruptos, las manifestaciones inesperadas de violencia, en representación de la muerte súbita.

La pieza mantiene un tono sórdido, pero es maravillosa en tanto que dialoga directamente con su entorno, involucrando a los sujetos que lo habitan, haciéndonos reflexionar sobre las cosas que significamos y las que decidimos olvidar, cuando narramos y nos narramos nuestra propia identidad, como parte de la Ciudad de México, o como miembros del país que esta capital representa.

¿Por qué narrar la identidad mexicana?

La forma en que narramos la identidad mexicana es también la representación que decidimos encarnar de lo que es y no es lo mexicano. Atreverse a reflexionar sobre lo sórdido, lo surreal y lo molesto de nuestras formas de vida a través del ejercicio del arte, es una manera de dialogar con ello y empezar a modificarlo. Hacerlo en conjunto, pero sin llegar al consenso, asegura que la pregunta por la identidad mexicana no deje de ser un asunto comunitario, pero siempre diverso, siempre cambiante, en choque y en construcción.

Experimenta resonar aquí.

*Imágenes: capturas de la pieza audiovisual “Resonar” – centroculturadigital.mx

Ulises I, el nanosatélite que emite canciones mexicanas en el espacio

Este nanosatélite emite canciones inéditas de compositores mexicanos en el espacio, un creativo proyecto de artistas miembros del Colectivo Espacial Mexicano.

Como sabemos, la imaginación ha sido uno de los grandes propulsores tanto de la ciencia como de las artes. La curiosidad como la visualización de posibles realidades siempre se han conjuntado en el desarrollo del conocimiento y la creatividad.

En la ciencia del espacio,  y aunque muchos lo ignoren, México tiene una carrera memorable en su haber. De hecho, esta comenzó muy a la par del primer lanzamiento de un cohete por parte de Rusia. Solo dos meses después, en el año de 1957, México ya había entrado a la carrera espacial cuando investigadores de la Escuela Física de la Universidad de San Luis Potosí lanzaron el primer cohete sonda mexicano para conocer las propiedades de la atmósfera.

Sin embargo, apenas en el 2010 se inauguró la Agencia Espacial Mexicana. Ese mismo año nació el Colectivo Espacial Mexicano. Este último se trata de un proyecto conformado por artistas que quieren llevar trabajos estéticos y creativos mexicanos al espacio.

ulises I colectivo espacial mexicano

Su primer experimento fue el Ulises I, un nanosatélite que llamó la atención del mundo y que, por su singularidad, fue retomado por medios internacionales. Ulises I se trata de una misión espacial, aunque una musical.

Once compositores mexicanos crearon las canciones específicamente para el Ulises I, que gracias a un enlace de radiofrecuencia emite simultáneamente las canciones en México y el espacio. Entre los músicos que participaron están: Fernando Castro, Teresa Bordona, J.J Díaz Infante, Hugo Solís, Omar Gasca, Ramsés Luna, Arturo Márquez y Miguel Maldonado.

El 4 de diciembre de 2015, en la celebración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, se lanzó este primer nanosatélite musical, como parte también de la celebración de los 150 años de la publicación de la novela de Julio Verne De la Tierra a la Luna

ulises I colectivo espacial mexicano

En su lanzamiento en la FIl

Ese día, según declaraciones del propio colectivo:

La misión llegó a la estratósfera 30 minutos después de su lanzamiento y a partir de ese punto se desplazó durante una hora de manera suborbital. Los equipos de las bases terrestres de la UNAM y del INAOE recibieron señales de radio que permitieron monitorear el vuelo, recibir información y validar el funcionamiento del ATON y de ULISES en condiciones similares a las orbitales. 90 minutos después Ulises y Atón bajaron en paracaídas al Este de Guadalajara.

 

 

Ahora el Ulises 2.0 está en desarrollo y puedes conocer más sobre ambos proyectos acá.

 

*Imágenes: ulises1.mx