La escuela que huicholes de Jalisco crearon con su propio esquema educativo

En 1993, en la comunidad de San Miguel Huaixtita, en Mezquitic, Jalisco, una iniciativa wixárika (huichola) inició con un cambio de paradigma sobre la visión en los sistemas educativos.

Se trata de una premisa prácticamente aceptada: “la educación es clave para mejorar la calidad de vida de una sociedad”. Sin embargo, en educación, suele aludirse casi inconscientemente al sistema escolar de occidente; en el cual se separa a los estudiantes por edad, desde una enseñanza dividida de las ciencias (especialización), y una visión que incita a un modelo de competición, bajo la visión del crecimiento económico.

Quizá no reparamos en que la enseñanza de las ciencias, bien podría hacerse bajo otra visión, donde el objeto de la existencia del hombre sea vivir bajo los preceptos de la naturaleza (u otros más). La filosofía que subyace bajo un modelo educativo, dicta en buena medida nuestro tipo de pensamiento. A continuación enunciamos un “capítulo educativo” donde la filosofía que se promueve es distinta a la imperante.

En San Miguel Huaixtita, hace más de veinte años cinco profesores wixárikas (huicholes) construyeron una escuela, con sus propias manos, luego de que el gobierno les negara los recursos para hacer su centro educativo. Este esfuerzo fue convirtiéndose en uno de los ejemplos de estudio donde la enseñanza se hace a partir de otra “manera de pensar”: la cosmogonía huichola subyace a la enseñanza en este sitio.

En 1993, cuando comenzaron con el trabajo de construcción, académicos del ITESO ayudaron a la comunidad a crear un plan de estudios con el eje de la cosmovisión wixárika. Como era difícil que un wixárika cursara alguna licenciatura, la comunidad consiguió el reconocimiento oficial de la Secretaría de Educación Pública de Jalisco, con el fin de seguir con la preparatoria.

centro educativo tatutsi maxakwaxi-escuelas huicholas creadores

El proceso

En abril de 1995 la Unión de Comunidades Indígenas Huicholas de Jalisco (UCIHJal) aprobó en asamblea la propuesta y dio su apoyo. Las autoridades seleccionaron a los maestros huicholes y comenzó un proceso de formación y capacitación sobre los contenidos de las materias a impartir y la creación conjunta entre maestros huicholes y asesores del plan de estudios de la secundaria. El 29 de septiembre de 1995 se inauguró el Centro Educativo Tatutsi Maxakwaxi. En el 2000 también consiguieron abrir su preparatoria. 

¿Cómo es su modelo educativo?

En palabras de los creadores del proyecto:

Una educación que sitúa el centro en la cultura wixárika y promueve el arraigo de los jóvenes a sus comunidades afirmando la lengua, las costumbres, las formas de organización y las prácticas comunales, y favoreciendo a su vez espacios para recibir aportes de otras culturas. También favorece que el egresado valore su identidad, dignidad y autonomía, que genere situaciones de aprendizaje significativo a partir de las necesidades, relacionándose con el medio de forma armónica y promoviendo que la capacitación, organización y participación sean para la comunidad.

Cabe apuntar que por el empeño de la Secretaría de Educación Pública de Jalisco este centro se convirtió en uno oficial. Sin embargo, en este lugar sigue impartiéndose el valor wixárika de contar con otra mirada para ver el mundo. La educación en su acepción etimológica (ēdūcō ), como guía, desde el aprecio a su propia voz.

 

Conoce más del proyecto, acá. 

 

*Imágenes: 1)Blanca Juárez; 2) Alejandra Leyva

 

 

Observa la lluvia de estrellas Perseidas y honra la práctica ancestral de ver el cielo

Los antiguos pueblos mexicanos podían leer en los cielos la estructura divina que hacía posible la vida mundana. ¿Tú qué ves cuando miras hacia arriba?

Es claro que las antiguas culturas de México tenían una relación estrecha con los cielos y sus misterios. No solamente le rendían culto a deidades inspiradas en los fenómenos celestes; muchas de sus construcciones estaban orientadas para reaccionar a los ciclos de algunos astros y también edificaron espacios específicamente para observar los cuerpos del cielo. 

A su manera y en un lenguaje muy especial, las culturas prehispánicas podían leer en los cielos la estructura divina y fundamental que hacía posible la vida mundana. Así, los antiguos mexicanos nos heredaron los increíbles edificios motivados por este culto; además de calendarios y complejos panteones de dioses del cielo (cuyos ciclos aún nos afectan). Sin embargo, ver el cielo es una práctica que, a los contemporáneos, se nos escapa.

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Las respuestas sobre el origen de nuestro mundo, sobre los fenómenos que nos afectan, solemos delegarlas a un grupo de sacerdotes contemporáneos —los científicos— y hemos olvidado el arte de hacer constelaciones con las verdades que el cielo nos susurra. 

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Los fenómenos extraordinarios del cielo son un buen punto de partida, si quieres encontrar esa conexión con los misterios que están sobre tu cabeza. Y, durante agosto, puedes apreciar la increíble lluvia de estrellas Perseidas (o lágrimas de San Lorenzo). Este increíble fenómeno sucede anualmente y es visible en México entre el 17 de julio y el 24 de agosto. 

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En 2019, las noches donde la lluvia de estrellas será más intensa son las del 12 y 13 de agosto, donde se podrán observar hasta 200 meteoros por hora en algunos momentos. Como se explica en este artículo de National Geographic las Perseidas provienen del cometa 109P/Swift-Tuttle, que tarda 133 años en completar un viaje alrededor del sistema solar. 

A su paso, el cometa deja “pequeñas partículas” y nosotros podemos apreciarlas, antes de que, al ponerse en contacto con la atmósfera terrestre, por la ficción, se vaporicen. No son peligrosas, pero sí pueden hacer vibrar tu panorama.

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Enseñar y no educar, el secreto de esta etnia indígena para sobrevivir los nuevos tiempos

Para los totonacas el aprendizaje no se trata de educar; se trata de enseñar, dialogar, comunicar, intercambiar y construirse a uno mismo...

Dice un pedagogo totonaca que el camino de la enseñanza se recorre poco a poco. Se transita despacio, sin buscar finalizarlo; se camina a través del diálogo constante y uno ha de detenerse para admirar la belleza de la trayectoria. Esta concepción hace un contraste evidente con la forma tradicional de entender ese proceso social que hemos llamado “educación”.

Pero es que la pedagogía de los totonacas (indígenas que habitan diversas regiones de Veracruz, Puebla e Hidalgo) no tiene como principio educar; pues esta acción coloniza la mente, traza parámetros y no panoramas, y, posiblemente lo más desolador, articula distancias, en lugar de generar relaciones.

Los totonacas y muchas otras sociedades indígenas buscan que los procesos de aprendizaje generen conexiones orgánicas: que se puedan modificar, discutir, reensamblar y que liguen, profundamente, al sujeto y a la naturaleza. Así, la pedagogía de muchos pueblos indígenas se constituye también por prácticas ceremoniales y cada palabras es densamente simbólica.

La pedagogía totonaca no es ecologista, en un sentido ideológico

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La conexión profunda con la naturaleza que sugiere la pedagogía totonaca, podría saber a ecologista; sin embargo no se trata de eso. Para esta cultura (como para muchas tradiciones indígenas) la naturaleza y el sujeto están unidos por el constante resonar de uno en el otro. Todos los objetos son naturales, pues emanan de la misma fuente y, entre sí, hacen emanar los mismos significados divinos.

Hablamos, entonces, de una cosmovisión y no de una ideología. Hablamos de una forma de asumirse a uno mismo en el mundo, en la vida y no de un discurso político. Hacer del bosque o la orilla del río un “salón de clases” no es una simple metáfora; es la respuesta a la necesidad de aprender de la Tierra misma; de dejarla hablar y escucharla con comprometida atención.

El don del conocimiento totonaca

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Cuenta la periodista Jay Griffiths que según los mitos totonacas, las “abuelas del cielo”, lanzan estrellas a los niños pequeños y las que se prenden a ellos, son sus dones o virtudes. El saber técnico y conceptual por igual sobre un fenómeno del mundo es entonces un regalo y también una posibilidad subjetiva.

Pero cualquier saber, cualquier don nos solicita un compromiso. La palabra totonaca, como explica Griffiths, significa “tres corazones” y, según la tradición un corazón es para pedir que se te revelen tus dones; el segundo corazón es para recibirlo, y el tercer corazón es para poder compartir tu don con el mundo.

Saber, entonces, es tanto el ejercicio de recorrer el camino como la puesta en práctica de las virtudes adquiridas. Será por eso que los totonacas no evalúan a sus alumnos a través de los infames exámenes. La práctica está en lugar de la examinación, pues el conocimiento sirve al sujeto, no el sujeto al conocimiento. El sujeto no debe probarse a través del conocimiento frente a los demás, sino practicarlo a través de la construcción de un mundo colectivo; en donde lo que se sabe, se discute, se transforma, se enriquece. También por ello, adquiren mucho valor en esta pedagogía las disciplinas ligadas al arte y a la manifestación de la subjetividad.

En la pedagogía totonaca, uno se encuentra consigo mismo en el exterior

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Para los totonacas todo tiene un significado que se liga con su cosmogonía. La educación tradicional a diferencia de estas enseñanzas es terriblemente impositiva e imponer es, sin duda, colonizar. Así, no podemos imponer el significado: hay que construirlo en comunión. El “arte de ser humano”, debería ser un proceso abierto. El conocimiento totonaca es un camino de poesía. Se trata de escucharse a uno mismo en el misterio y metáfora del afuera; de hacer sagrado el vínculo indisoluble que hay entre el sujeto y su exterioridad: el mundo y naturaleza. Dice Jay Griffiths:

Si la belleza está en el ojo del espectador, el significado está en la mente del otorgante, llenando el mundo con misterio y metáfora.

Collages de Miranda Guerrero

El maestro que hizo de un vagón-escuela una de las mejores primarias del Estado de México (VIDEO)

El profesor Mayolo Contreras Parra ha hecho un trabajo loable durante 23 años atendiendo este, el último vagón-escuela del país.

En los años 20 del siglo pasado comenzaron a instalarse escuelas de nivel básico de educación por todo el país, acopladas en viejos vagones de tren descarrilados.

Esta usanza se dio para aprovechar este tipo de estructuras que podían servir de infraestructura y que además se hallaban desperdigadas por todo el país. Estas escuelas habían sido nombradas como escuelas Art. 123 (como alusión al artículo que defiende los derechos de los trabajadores). Las escuelas-vagones atendían principalmente a los empleados de empresas agrícolas e industriales y a sus familias que viajaban con ellos por todo el país.

El último ejemplar de este legado es la escuela Art. 123 Lic. Adolfo López Mateos, ubicada en la colonia del Conde, en el poblado de San Bartolo, en el Estado de México desde hace 38 años. Esta escuela, además de ser la última en su tipo, ha llamado la atención por los buenos resultados que su director ha conseguido con sus alumnos desde hace 23 años, su nombre es Mayolo Contreras Parra.

En 2013 esta escuela, pese a las precariedades, consiguió el segundo mayor nivel de calidad educativa en todo el estado en la prueba ENLACE. Contreras se ha convertido en la médula de la escuela, él sabe que si se va, entonces cerrarán este ultimo vestigio que ha demostrado que la educación de calidad deviene principalmente de profesores comprometidos, con vocación, y preparados, incluso en una zona que bien podría llamarse un cementerio de vagones.