La comunidad de Oaxaca que transformó su destino tras rescatar su bosque

En Capulálpam de Méndez, hace 25 años su comunidades decidieron aprovechar su bosque con un manejo forestal sustentable, y los resultados son bellísimos.

Los bosques son sitios fascinantes. Ya sea por que ofrecen experiencias sensoriales que se imprimen en la memoria de sus visitantes, por que son epítomes de vida y equilibrio, o incluso por que estimulan la imaginación, se trata de lugares que presumen una cierta devoción en el imaginario. Sin embargo, pocos consideramos que además de sus bondades poéticas o estéticas, los bosques tienen un papel fundamental en el desarrollo de una comunidad y que pueden ser aliados cruciales de la misma.

Enclavado en la Sierra Juárez (Norte) de Oaxaca, existe un poblado que hace 25 años decidió tomar el control de su bosque. Hoy Capulálpam de Méndez es un caso ejemplar en el manejo y conservación forestal. A continuación te compartimos su historia.

La recuperación de su bosque

Durante casi tres décadas el bosque, que por derecho ancestral y legal pertenecía a la comunidad, fue explotado por la empresa Fapatux. A cambio recibían un “derecho de monte”, que correspondía a una mínima porción del valor comercial de la madera extraída, y eran básicamente marginados de la operación y los grandes beneficios que se generaban.

A finales de los setentas, cuando la concesión fue renovada, Capulálpam, junto con otras 25 comunidades de la región, obligaron al gobierno a retirar la concesión. Fue entonces cuando comenzó una nueva era para esta comunidad, su desarrollo económico y su relación con el bosque.

El bosque, su mejor aliado

Una vez recuperado su bosque, la comunidad entabló con él una relación simbiótica basada en un simple binomio: cuidado y aprovechamiento. Hoy, Calpulálpam de Méndez es una comunidad que encontró en el bosque un motor económico, un eje de identidad colectiva y, en pocas palabras, a su mejor aliado.

¿Cómo lo logró?

– Se convirtieron en la primera comunidad mexicana en obtener la certificación internacional (FSC) por prácticas forestales sustentables.

– Los miembros de la comunidad se capacitaron para aprovechar comercialmente su bosque: adquirieron un aserradero, crearon un taller para fabricar muebles y se abocaron a generarle un mayor valor a la madera que extraen.

– Se establecieron lineamientos de cuidado para evitar la sobreexplotación del bosque y se dedicó una quinta parte del mismo exclusivamente a conservación.

– Los beneficios económicos del bosque, que incluyen la generación de empleos en la propia industria comunitaria, se han utilizado para beneficio de la comunidad: mejora de infraestructura y servicios públicos (hoy el 100% de los hogares cuenta con servicios básicos y se encuentran entre los municipios más desarrollados de Oaxaca).

– Aprovecharon el bosque como motor económico para generar otras actividades productivas, entre ellas una empresa de ecoturismo, una purificadora y embotelladora de agua y una pequeña fábrica de artesanías.

– Se incorporaron conceptos clave al universo de la comunidad, tales como capital social, desarrollo sustentable, desarrollo local, acción colectiva y gobernanza.

Actualmente en México existen alrededor de 2,400 comunidades manejando sus bosques, entre las cuales operan ya casi mil empresas comunitarias. Apoyados por diversas organizaciones, entre ellas el Consejo Civil mexicano de Sivicultura Sostenible, estas comunidades han implementado modelos muy exitosos, y gozan del reconocimiento internacional. Hoy son ellos los verdaderos guardianes de los bosques mexicanos, a quienes corresponde protegerlos y aprovecharlos de forma responsable y sostenible.

*Imagen: 1)visitmexico.com

Cultivando paz en un huerto urbano de Iztapalapa

Este colectivo mexicano está cultivando paz para su barrio con un increíble huerto urbano.

Es posible que sean acciones sencillas las que nos ayuden verdaderamente a reducir la intensa violencia que está experimentando México.

Definitivamente, ir de las grandes estructuras (los gobiernos, las empresas, los mercados y otras organizaciones en esos niveles) hacia las localidades más ínfimas no ha probado ser muy efectivo. Frente a ese panorama, el camino está tomando un curso insospechado y fantástico. Se trata de los proyectos comunitarios, frecuentemente gestionados por colectivos locales, barriales y vecinales.

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Fotografía: Mattza Tobón

Uno que destaca y nos inspira es el Colectivo Raíces del Oriente, de la delegación de Iztapalapa en la CDMX. Ellos se dieron cuenta de lo importantes que son los actos más “básicos” para mitigar los problemas de inseguridad en su entorno y por eso decidieron ensamblar un huerto urbano.

También en Más de México: Cómo crear tu propia chinampa casera en 5 pasos

Cultivando la paz

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Imagen: mexico.com

Dos acciones muy sencillas podrían ser clave: el acto de reunirse y por otro lado “poner las manos en la tierra”. La función de la primera es vital: se trata de generar bienestar, pero de forma colectiva. Y no solo va de tomar decisiones junto a nuestros vecinos y familiares sobre nuestro espacio; también de pasar el rato, platicar, chismear, compartir las penas y las celebraciones, hacer comunidad.

Sembrar algo juntos es una gran forma de generar una conexión simbólica y material. Pero, además, un huerto urbano provee seguridad alimentaria y eso es un paso enorme si queremos reducir la violencia. Sin duda, esta tiene múltiples y muy complejas causas (que sí, son estructurales), pero las carencias juegan un papel clave.

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Fotografía: Mattza Tobón.

Muchos estamos acostumbrados a entender los actos violentos como algo ajeno; algo que nos sucede de forma injusta; pero francamente, el desequilibrio de nuestro sistema social ha dejado a muchos sin suficientes alternativas (aunque nada justifique lastimar a otros).

El huerto urbano en Iztapalapa nos inspira

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Imagen: mexico.com

En la región más poblada de la capital, el huerto era igualmente improbable y urgente. Los integrantes del Colectivo Raíces del Oriente lo describen como un “espacio autosustentable donde se realizarán actividades para concientizar a la comunidad de técnicas agrícolas, urbanas y orgánicas”.

Pero ha probado ser mucho más que eso. El espacio de 200 metros cuadrados podría servir para ensamblar un comedor comunitario con comida orgánica y local; además, ya es un área verde que destaca en una zona dominada por el concreto y que refresca el paisaje y, sobre todo, el panorama.

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Fotografía: Mattza Tobón.

En el huerto, además de preciosas plantas como maíz, jitomate y zarzamoras, hay unos murales increíbles, cortesía de un grupo de artistas urbanos de la zona. Es un pequeño oasis que propone un descanso a las duras dinámicas que dominan en la zona.

Aunque está claro que esta propuesta no debería seguir siendo excepcional. El Huerto Urbano de Acatitlán debería ser una inspiración para que —cada vez más— las plantas, las posibilidades, la tranquilidad, el color, el aire limpio y la cosecha colectiva inunden a la ciudad y al país. El medio ambiente, nuestros estómagos y nuestras mentes estarán muy agradecidos.

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Recicla hasta el agua con la que lavas platos con el increíble invento de estos jóvenes mexicanos

Aunque no lo creas: podrás cocinar con el agua con la que lavas ropa y te bañas gracias al ingenio de este equipo de emprendedores mexicanos.

Lo sabemos: el agua es un recurso que está escaseando. En la Ciudad de México, los habitantes de algunas de las delegaciones más pobladas experimentan con frecuencia el desabasto. Por otro lado, la conciencia sobre el uso eficiente del agua también escasea: según el Fondo Económico Mundial, una familia mexicana gasta en promedio 1,750 litros al día. Somos uno de los 10 países que más agua consume en el mundo.

Esto nos está causando muchos problemas. En algunas regiones se manifiestan sutilmente (con intermitencias en el flujo), en otras ya es un asunto muy grave (de sequías y falta de acceso al agua potable). El asunto es que no podemos seguir así. ¿Pero cómo lo solucionamos?

Esta es la pregunta que se hicieron hace 4 años un equipo de jóvenes emprendedores de la UNAM. Su respuesta fue ensamblar CICLO, una empresa mexicana dedicada a la investigación y difusión de temas ligadas a la conciencia sobre el consumo de agua y más importante a la venta de un filtro increíble, de uso doméstico e industrial que es capaz de transformar las aguas grises (las que desechas cuando lavas trastes, ropa y te bañas) en agua perfecta para el consumo humano.

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Su filtro puede ayudarnos a reciclar hasta el 80% del agua de consumo doméstico. El dispositivo funciona en tres fases: primero, retiene las partículas y desechos que están en el agua; después separa los contaminantes del líquido y finalmente retira los olores y sabores, transformando lo que normalmente dejas correr, en agua que puedes beber. Esto es: agua potable que cumple con los requerimientos de la norma no. 127, que la certifica como potable.

¿Suena increíble? Claro que sí, porque lo es, pero está pasando, porque este equipo multidisciplinario se ha asegurado de que su producto sea muy seguro y tenga todos los certificados de seguridad y calidad necesarios. Aunque, como ellos mismos declaran, la gente no confía en lo que están haciendo, porque francamente no pueden creer que de forma tan barata y eficiente se pueda limpiar a ese grado el agua y en solo segundos.

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Nos urge entenderlos, apoyarlos y adquirir el dispositivo fantástico, que, además de ser una alternativa increíble para cuidar al medio ambiente, también te ayuda a ahorrar dinero. De hecho, su filtro incluye un recolector de agua de lluvia, que purifica el líquido y después lo envía a tu contenedor principal, volviendo tu consumo sustentable y autosuficiente.

El proyecto de estos jóvenes mexicanos ya está haciendo la diferencia en estados como Puebla, Estado de México y Tlaxcala, donde, para algunas comunidades el acceso a la red de agua potable es muy complejo y esta solución podría resolver en gran medida el problema, sin dejar de preocuparse por el medio ambiente.

Además, los chicos de CICLO ya han implementado su dispositivo en el lago de Xochimilco, donde pretenden limpiar el agua para que sea resusable en las chinampas y, además, balanceando el PH del lago, ayudan a mantener saludable el hábitat de nuestro querido ajolote.

Lo que están haciendo es un auténtico proyecto ecológico y sustentable, que nos ayuda a todos a mantener una mejor economía, cuidar este recurso vital y sagrado y por qué no, financiar a los increíbles jóvenes mexicanos que ingeniosamente están resolviendo los problemas que todos compartimos.

Conoce más sobre su proyecto aquí.

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Alguien está transformando los desperdicios en comida en México (y todos tendríamos que sumarnos)

Esta iniciativa recolecta la comida desperdiciada en eventos masivos y los vincula a personas en vulnerabilidad alimentaria.

Mucho se ha dicho sobre el hecho de que el hambre en el mundo no es un problema de producción, es uno de distribución. Cada día se desperdicia 1/3 de lo que se produce, y solo un 25% del total bastaría para alimentar a las más de mil millones de personas que pasan hambre en el mundo, según cifras de la FAO.

Ahora, México no es la excepción, en este país se desperdicia el 30% de los alimentos, según la misma Institución, y más de 23 millones de personas padecen hambre. Y no se trata de un asunto menor, es un indicador de que el sistema necesita ajustes, como siempre, de redistribución.

Hace tiempo, mientras se encontraba en una boda, Fátima Purón del Río, originaria de la Ciudad de México, observó cómo la mayoría de los platillos eran apenas tocados por los comensales.

Entonces decidió hacer algo para aprovechar la comida que se desperdicia diariamente y fundó el proyecto Robin Food, desde el cual un grupo de personas recaba alimentos desperdiciados y los vincula con instituciones para dárselos a personas que puedan aprovecharlos, o bien, a albergues de animales.

Sobre el proyecto, comentó para el sitio Somos Gama:

Nuestro objetivo más importante es contribuir a disminuir el hambre en México; sin embargo, también queremos concientizar a la sociedad acerca de nuestra responsabilidad en el desperdicio de comida y el impacto que esto tiene en el medio ambiente. Sentimos un gran compromiso por dejar de ignorar la situación actual de nuestro país, en la que miles de personas sufren de hambre todos los días mientras que nosotros nos damos el lujo de tirar comida a la basura.

¿Cómo funciona?

La comida se separa por platillos dependiendo su estado, y una vez elegidos, se deparan para consumo humano o animal. Una vez que la comida está separada en los recipientes se llena un formato con información como los ingredientes, fecha de elaboración, caducidad; los métodos de conservación que deberán aplicarse (si es que pueden congelarse, refrigerarse, etc).

¿Quieres ayudar?

Por ahora el proyecto solo trabaja en la Ciudad de México, y la mejor forma de ayudarlos es contactarlos con información eventos donde puedan recoger los sobrantes. También puedes apuntarte como voluntario enviándoles un correo a robinfoodmx@gmail.com.

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Conoce más de Robin Food en su cuenta de Facebook o en su página.

*Imagen: blog.kiwilimon.com