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Toloache: la planta mágica para volar

En México varios grupos indígenas, e incluso prácticas mestizas, usan toloache en conjunto con otras plantas para embrujar y/o para obtener poderes de vuelo y vigilar sus cultivos, conocer partes del mundo lejanas, visitar a otros brujos o ir a curar algún enfermo.
* Nota: El uso de plantas como el toloache o, en su caso, el florpiondio, ambas de la familia de la Datura, es muy delicado y requiere de conocimientos avanzados. Sugerimos a nuestros lectores abstenerse de experimentar con ellas. 

De villa en villa sin dios y sin santa María

La escoba, artefacto por antonomasia de la brujas para volar, era un utensilio al que se le untaba un preparado de varias plantas, donde la raíz de mandrágora (Mandragora autumnalis) y las hojas del beleño (Hyoscyamus niger) eran los principales ingredientes vegetales aplicados en forma de ungüento sobre un palo de escoba, que las brujas colocaban entre sus piernas y frotaban entre sus labios vaginales con la intención de hacer entrar al cuerpo dichas sustancias enteógenas. Ante semejante estimulación, las brujas emprendían un vuelo alucinante a rumbos desconocidos.

Ahora bien, el  beleño y la mandragora (en el caso de Europa) así como el famoso toloache (Datura sp. en el caso de América) tienen la misma sustancia activa alucinógena llamada atropina, que es la encargada de hacer sentir al cuerpo la sensación de elevación por los suelos a grandes distancias, así como de vuelo a voluntad a lugares de interés por los practicantes. Las brujas de la edad media así como actuales brujos de otras culturas que emplean plantas con la misma sustancia activa, describen tanto la sensación de elevación como la capacidad de vuelo. Michael Harner (1972) y Marvin Harris (1974) hablan y confirman que el uso de dichas plantas provocaba las sensaciones antes mencionadas de vuelo y elevación por los aires. Cabe señalar que el polémico Castaneda describe la misma sensación de elevación al untarse una pasta elaborada por muchas especies vegetales, donde la semilla del toloache era el principal ingrediente.

El registro de plantas con dicha sustancia activa -la atropina– usadas en rituales o prácticas de índole mágica se registran en muchas culturas del mundo. México no es la excepción, varios grupos indígenas, e incluso prácticas mestizas, usan toloache en conjunto con otras plantas para embrujar y/o para obtener poderes de vuelo y vigilar sus cultivos, conocer partes del mundo lejanas, visitar a otros brujos o ir a curar algún enfermo. En el estado de Veracruz, en la Sierra Nahua de Zongolica, usan el toloache mezclado con manteca en forma de ungüento que aplican en emplastos con hojas de floripondio (Brugmansia Sp.) e higuerilla (Ricinus communis) en la parte media del vientre, con la finalidad de curar enfermedades estomacales: al aplicar dicho ungüento, los pacientes sienten una fuerte y repentina sensación de elevación por los suelos, el viaje por los aires provocado por el curandero hacia su pacientes tiene la intención de traer de vuelta al espíritu que se había perdido en el monte y que provocó la enfermedad.

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A pesar de la brutal persecución histórica de la iglesia y los gobiernos hacia los sabios de las plantas, los rituales asociados a plantas sagradas siguen vivos, estando vigente en los ancestrales conocimientos indígenas del medio ambiente, donde el uso correcto y ético de las plantas ha jugado un papel de lo más importante. Dichos conocimientos botánicos, antiquísimos, son el registro de la más antigua relación del ser humano con los ríos, el sol, los bosques, la luna, las lluvias y los vientos con ese mundo que occidente llama naturaleza …y que lejos de entender, lo ha devastado.

La magia con plantas es un conocimiento milenario, y un poder que esta muy lejos de la comprensión metodológica de la ciencia occidental; con su mojigata epistemología científico/industrial que no puede comprender esas otras formas de habitar la naturaleza sin destruirla, de formas de interacción no dominadora sino colaborativa con todos los seres vivos que coexisten en lo profundo de nuestros bosques, que son habitados por más de una inteligencia no antropocéntrica ¡Vivan las brujas!

 
Jim Giles
Autor: Jim Giles
Originario de Orizaba Veracruz, vivo actualmente en Ciudad de México. Soy Antropólogo social por la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia). Mis temas de investigación son la ética ambiental, la etnobotánica, la etnoecología y el animismo americano.

Seres de la frontera: 40 tipos de brujos o magos del México antiguo

La tradición bruja es tan exquisita como antigua; este catálogo es sólo una probada de ese orgiástico linaje de magia y metafísica mexicanas.

La magia es algo latente en la realidad humana. Esto pareciera acentuarse cuando hablamos de la realidad mexicana. ¿Por qué? Tal vez se deba a las coyunturas históricas, multiculturales, de ecos que siguen imprimiéndose en la vida cotidiana; algo tendrá que ver con las particularidades meteorológicas o geográficas, o probablemente sea, sencillamente, un aspecto esencial de nuestra genética cultural –algo ubicuo, algo que “no podría ser de otra manera”–.

La riqueza ritual y metafísica de los “antiguos mexicanos” es bien sabida. Su vigencia, o literal trascendencia, se prueba al inspirar múltiples manifestaciones neo-místicas pero, también, al mantenerse en sus formas originales ahí, en rincones improbables, la mayoría discretos, y que por fortuna no son necesariamente accesibles para el resto de nosotros.

Los magos, brujos, hechiceros y otros, son figuras que navegan las fronteras entre esta y otras realidades –seres que se autocultivan al filo–. Y esa arena fantástica, pero plausible y con injerencia en esta, ofrece numerosas herramientas que pueden llegar a dominarse. Al menos, entre los antiguos mexicanos existía una compleja diversidad de funciones o habilidades sobrenaturales, las cuales eran practicadas por sus respectivos “especialistas”. 

Quizá la magia no sea territorio estéril ni uniforme; ese plano, al igual que este y probablemente otros, también exhibe una topografía intrincada, con ríos ramificados y caos geológico, con metáforas, tribus y jerarquías.   

Un catálogo de brujos nahuas

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El historiador Alfredo López Austin inventarió una buena cantidad de magos y brujos prehispánicos, específicamente del mundo nahua. “Cuarenta clases de magos del mundo nahua” (1967) no enlista, como advierte su autor, la totalidad de los linajes, pero sí los tipos “más importantes” entre los que ejercían estas artes. 

La distinción primaria en el ejercicio de la magia reside, como es de popular dominio, en el propósito original de su práctica: blanca o negra, para beneficio o perjuicio. Pero tras este plano vienen facultades particulares y ramificaciones minuciosas; por ejemplo, están los que hacen perecer algo con solo mirarlo, o quienes, por el contrario, devuelven la fuerza vital a una persona por medio del aliento. 

Tlatlacatecolos

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Amplia variedad de brujos, los hombres-tecolote, que “practicaban la magia en perjuicio de los hombres”; López Austin incluye trece variaciones en este grupo.

1. Tepan mizani “El que se sangra sobre la gente”.

Causaba la muerte por medio de su sangre (de verterla sobre la víctima).

2. Tlatztini “El que ve fijamente las cosas”

Mataba, literalmente, con la mirada. 

3. Flamatocani “El que toca las cosas”

Colocaba su mano sobre un bien para extraviarlo. 

4. Caltechtlatlacuiloani “El que pinta las paredes de las casas”

Por esta vía provocaba la muerte del dueño de la casa. 

5. Tetlepanqltetzqui “El que prepara el fuego para la gente”

Eliminaba a sus víctimas ya fuese codificando mediante un ritual alimento que posteriormente les convidaba, y morían; o recolectando su cabello y luego administrándoles, mediante este objeto, un hechizo de muerte.

6. Teyollocuani, tecotzcuani “El que come los corazones de la gente” o “el que come las pantorrillas de la gente”.

Inducía una perturbación de las facultades mentales de la víctima o un mal posiblemente muscular.

7. Momelzcopinqui “A la que se arrancaron las piernas” o “que se da golpes en las piernas”

Al parecer los practicantes eran mujeres “perjudiciales”; no se sabe más. 

8. Tlahuifruchtli  “El sahumador luminoso”

“Brujo que andaba de noche por las montañas echando fuego por la boca, o convertidos en fuego mismo, para asustar a sus enemigos y así infundirles locura o muerte.  

9. Nonotzale, pixe, teyolpachoani “El poseedor de conjuros”, “el dueño del depósito” o “el opresor del corazón de la gente”,

Según Sahagún, se trataba de asesinos a sueldo, que se ataviaban con la piel del ocelote.

10. Temacpalitotí, momacpalitoti, tcpopotza cuahuiquc “el que hace danzar a la gente en la palma de la mano”

Empleaban como instrumento una imagen de quetzalcóatl y el brazo de una mujer muerta de parto; iban a casa de sus víctimas, las dormían, robaban, violaban a las mujeres y luego cenaban tranquilamente.

11. Moyohualitoani “El que se acomide en la noche”

Atacaban sexualmente a sus víctimas, tanto mujeres como hombres.

12. Cihuanotzqui, xochihua, cihuatlatole “el que llama a la mujer”, “el que posee embrujos para seducir” o “el dueño de palabras para la mujer”.

Es, posiblemente, una variedad del moyohualitoani.

13. “El que trueca sentimientos” (No se encuentra su nombre en náhuatl)

Preparaban una bebida de maíz que, unida a los conjuros, cambiaba los sentimientos en una persona, de odio a amor y de amor a odio.

Los hombres con poder sobrenatural

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Aquí se incluye a los nahualli, que tiene el poder para transformarse en otro ser, y otra especie de magos que tienen la habilidad de hacerse de los poderes de alguna divinidad.

14. Nahualli (su significado es ampliamente debatido, elusivo en esencia)

Los nahuales, seres esencialmente misteriosos y elusivos, tienen el poder para transformarse en otros seres, comúnmente animales; su papel en la comunidad puede ser tanto benéfica como maléfica.

15. Teutlipan moquetzani “El que re­presenta a un dios”

Ataviado con las ropas del dios que representaba, se trataba de una figura particularmente querida y respetada. Infundía salud y confianza en sus seguidores a cambio de alimentos y vestido.

Los dominadores de los meteoros

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Su misión era dialogar con o encausar favorablemente las fuerzas meteorológicas, papel fundamental en una cultura francamente agrícola y cuya vida cotidiana resonaba plenamente con la naturaleza.  

16. Teciuhtlazqui o teciuhpetthqui “El que arroja el granizo o el que vence al granizo”

Fuertes soplos y violentos movimientos de cabeza formaban parte de los conjuros habituales de este linaje de magos del clima, cuya función era ahuyentar el granizo para proteger la siembra.  

17. Ocolizehecatlazqui y cocolizmixtlazqui “El que arroja los vientos y las nubes”

Se dedicaban a espantar los vientos y las nubes que se impregnaban negativamente en el cuerpo de los niños.

Los tlaciuhque

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 Se trata de “estrelleros” o “los que miran las cosas”, una suerte de adivinos que ven lo distante y lo oculto; sortilegios, dotes intuitivos, lecturas sagradas y trances visionarios eran algunas de sus herramientas. 

18. Tlachixqui y tlaciuhqui “El que busca o mira las cosas”

Su labor era prever la llegada de fuerzas contrarias y sus manifestaciones (enfermedades, sequías, tormentas o escasez), para alertar a la comunidad y determinar “qué potencias divinas estaban disgustadas y era necesario propiciar.”

19. Paini “El mensajero”

A través de la ingesta de plantas de poder emprendían aventuras visionarias en busca de respuestas que yacían en otros mundos. 

20. Matlaptnlhqui “El que cuenta (a través de] los ante­ brazos”

Invocando fuerzas celestes y mundanas, además de frotar alguna planta sagrada entre sus manos, se preparaba para examinar a un paciente su cuerpo utilizando para medirlo el antebrazo y analizando la correspondencia de medidas entre este y el cuerpo del paciente.

21. Tlaolxiniani “El que desbarata los granos de maíz”

“Huitzilopochtli y Quetzalcóatl dieron a la primera mujer, Cipactónal, los granos que debía arrojar para conocer la suerte de las personas.” A raíz de eso surge este linaje de magos que veían el futuro o la suerte en la disposición de los granos previamente arrojados. 

22. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que usa granos de maíz) “El que ve en el agua a la gente”

Según el comportamiento de los granos de maíz en un recipiente de agua podía diagnosticar al paciente. 

23. Atlan teittaqui, atlan tlacbixqui (que no usa granos de maíz) 

Utilizaban el agua como medio para determinar si un niño había perdido su tonalli o la gravedad y procedencia de una enfermedad en el paciente. 

24. Tlapachtlapouhqui “La que adivina con conchas”

Empleaba conchas para leer los designios y futuros. 

25. Mecatla ponhqui “El que cuenta [el significado de] los corde­les”

“Ataba sus cuerdas en presencia del enfermo y luego tiraba fuertemente de ellas”; si estas se desataban, sanaría, si en cambio se hacían nudos, quizá moriría.

26. Polocatlapouhqtti o zacatlaponhqui “El que mide con pajas”

El adivino me­día con una paja al enfermo y así descifraba su verdadero estado.

27. Cóatlquiyolítiani  “El que hace vivir a la serpiente”

Se encargaba de, por medio de su serpiente, descubrir a aquel que hubiese cometido un delito, por ejemplo el rapto de una persona. 

28. Tlaponhqui, tonalpouhqui “El que cuenta las co­sas o el que cuenta el destino”.

Una figura compleja y muy rica, “sin duda alguna, el adivino de mayor importancia, puesto que su labor está relacionada con todos los actos im­ portantes de la vida del hombre”. Este linaje de sacerdotes poseían e interpretaban los libros sagrados del destino, los tonalámatl.

29. Temiquiximati, temicmzmictiani “El cono­ cedor de los sueños o el intérprete de los sueños”

Con frecuencia se les cita interpretando los sueños de los señores y, a diferencia de los anteriores, ellos se basaban no en los tonalámatl, sino en los libros de los sueños, los temicámatl.

Los titici

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Una suerte de médicos que combatían las enfermedades vía recursos mágicos, sin que las enfermedades enfermedades apelaran necesariamente a un carácter sobrenatural. 

30. Tetonalmacani, tetonaltiqui, tetonallaiqui “El que da el tonalli a la gente o el que asienta el tonalli en la gente”

Regresaban el tonalli (algo así como el aliento vital) al cuerpo del enfermo, por medio de conjuros y, en ocasiones, luego de atraerlo a un recipiente con agua, lo esparcía sobre el paciente con la boca. 

31. Tcapahtiani “El que anula la curación a la gente o el que contrarresta a la gente un veneno que se le ha dado”.

Extraía el tonalli nocivo inducido por error en un niño y, tal vez, también se encargaba de ahuyentar algún hechizo perjudicial. 

32. Desconocido “El que pinta figuras en el cuerpo”

Producía sangrías en el cuerpo del paciente o, en otros casos, simplemente hacía trazos sobre su cuerpo o su cabeza (a veces en forma de serpiente enroscada).

33. Tetlacuicuiliqui “El que saca algo a la gente”

Rociaba y frotaba al enfermo con estafiate y luego “extraía” objetos del cuerpo del enfermo, que presuntamente eran la materialización de sus enfermedades.  

34. Techichinani “El que chupa a la gente”

También empleando el estafiate o iztáuhyatl, succionaba la parte adolorida y extraía los males materializados en objetos. 

35. Tepoztecpahtiani “El que reduce fracturas de huesos”

Usaban simultáneamente procedimientos médicos y mági­co. Entablillaban el miembro fracturado y luego complementaban esto con el pronunciamiento de fórmulas mágicas 

36. Desconocido “El que cura piquetes de alacrán”

Con un torniquete o liga frenaban la propagación del veneno, aplicaban tabaco sobre el piquete, y luego hacían representaciones actuadas de la diosa Xochiquétzal (aludiendo a un mito pertinente). 

37. Teiczaliztli “El que cura por teiczaliztli (acción de pisar a la gente)”

Calentaba las plantas de sus pies hasta experimentar dolor y luego caminaba sobre la espalda del enfermo, mientras pronunciaba las fórmulas mágicas.

38. Pacholiztli “El que cura por pllcholiztli (acción de presio­nar)”

Apretaba con sus manos el pecho del enfermo, generalmente niños. 

39. Desconocido “El que cura con su aliento”

Transmitía, mediante su aliento, energía vital al paciente; para lograrlo invocaba al señor del viento, Ehecatéotl.   

Los magos no profesionales

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40. Desconocido “El que usa ocasionalmente de la magia”

Personajes que no realizan actos mágicos como oficio, pero que usan su conocimiento de fórmulas y procedimientos para su propio beneficio. “Como ejemplos pueden citarse el de los caminantes, que invocan a las fuerzas sobrenaturales propicias y deprecan a las nocivas antes de iniciar el viaje; el de los cazadores, el de los recolectores de miel, el de los leñadores, el de los pescadores, que usan fórmulas mágicas para realizar en forma más productiva sus labores coti­dianas”

 

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Mujeres mágicas de México y Mesoamérica: brujas, hechiceras y otras místicas criaturas

Desde embrujos, la habilidad de respirar bajo el agua o hasta la castración: así eran el poder y la magia de la mujeres en antiguos imaginarios.

Desde embrujos, la habilidad de respirar bajo el agua o hasta la castración; así era el  poder y la magia en la mujeres. Y es que, en un mundo en el que la mujer y el hombre son vistos de manera diferente; resulta realista plantearnos una pregunta: ¿por qué siempre se ha observado el poder y el conocimiento en la mujer como algo peligroso?

La respuesta ante esta incógnita siempre será un debate, pero suponer que el género no tiene una relación respecto a esto sería inocente. En la antigüedad, cuando una mujer tenía conocimientos sobre la naturaleza y el ser humano, se decía que tenía magia baja; mientas que, cuando un hombre poseía el mismo tipo de habilidades, se le asociaba con la magia alta.

Dichos deméritos llegaron a su punto más alto cuando se le asoció con seres sobrenaturales con connotaciones negativas, tanto en Europa como en Mesoamérica. Este es el caso de las brujas, las sirenas y la mujer volcán de vagina dentada.

La bruja medieval

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Al hablar de ellas, el estereotipo de una anciana, con sombrero puntiagudo y escoba, podría resultar inevitable y no es casualidad. Durante mucho tiempo ha existido un imaginario colectivo en el que la bruja —ya sea anciana o joven— tiene poderes sobrenaturales y atormenta a la sociedad y, sobre todo, a los hombres.

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La sirena o de cómo la mujer de escama también asusta

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Mitad torso de mujer y mitad cola de pescado, las sirenas eran una representación tanto del hombre y la mujer. Ya que, su cola de pez tenía una gran similitud con las serpientes —figura fálica en muchas culturas—, pero también femenina porque su interior era húmedo y, por ende, aludía a los órganos sexuales femeninos. 

Su asociación al sexo, el amor y la concupiscencia provocó que fueran muy mal vistas en la Edad Media. Por lo se les retrataba de una manera muy negativa en la literatura medieval: 

La sirena vive en el mar, canta contra la tormenta y llora si hace buen tiempo, pues tal es su naturaleza […] Cuando quiere divertirse, canta en voz alta y clara; si la oye el marinero que navega por la mar, olvida su nave y se duerme al instante (Philippe de Thaün, Bestiario, 1121-1152, 1361-1414).

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No obstante, las sirenas y brujas no fueron las únicas mujeres imaginadas de manera negativa por no cumplir los roles tradicionales. En el caso de América, también existió una persecución de la figura femenina en el imaginario colectivo, sólo que con diferentes personajes.

La  Cihuacóatl o la temida mujer serpiente

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En la sociedad prehispánica, todos temían a la Cihuacóatl o la temida mujer serpiente. En palabras de Sahagún, ella salía en las noches en busca de su progenie. En cuanto al aspecto de esta alma en pena, el fraile dijo lo siguiente:

Los atavíos con que esta mujer aparecía eran blancos, y los cabellos los tocaba de manera que tenía como unos cornezuelos cruzados sobre la frente.Dicen también que traía una cuna a cuestas, como quien trae a su hijo en ella y poníase en el tianguis entre las otras mujeres, y desapareciendo dejaba allí la cuna […]

La mujer  de vagina dentada 

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De acuerdo a la historia, en las inmediaciones del Chichonal, en Chiapas, vivía Piowacwe, una mujer que se quería casar con un hombre llamado Tunsawi.

Pero Piowacwe tenía un oscuro secreto y es que, durante la noche, la joven se convertía en una anciana de fealdad descomunal y con dientes en sus genitales. Es por esto que Tunsawi decidió no tener relaciones sexuales con ella y Piowacwe enfureció. A tal grado que después seducía hombres para  castrarlos.

La presentación de estas mujeres terroríficas es una muestra de los antiguos horrores, pero más que nada, significan la visión fragmentada que aún se tiene de las mujeres hoy en día. Debemos verlas más allá de la incomprensión, de los estereotipos y verlas como lo que son, personas y no monstruos

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Un lugar donde aún se desprende el chamanismo mexicano: Los Reyes

En el México Profundo el chamanismo sigue manifestándose como una increíble práctica de fe que pareciera aún intacta.

Autores serios hablan de que el chamanismo, como se le dice popularmente a la tradición mágica en general en México, viene del chamanismo prehistórico euroasiático. Ello no es disparatado cuando encontramos que existen estudios genéticos que vinculan a los mexicas con antiguos habitantes de Atálai, en Siberia, Rusia

El férreo catolicismo, a más de 500 años de su llegada, no pudo extirpar la tradición mágica de un México que la exuda, aún hoy. Como sabemos, el chamanismo en México estuvo siempre ligado a la divinidad, en invocaciones a dioses de distintas índoles; los chamanes son una especie de intermediario entre los planos divinos o metafísicos y el nuestro, y en la mayoría de los casos su trabajo hoy día, y luego de la conquista, estuvo vinculado a la sanación tanto espiritual como física de una persona.

Hoy quizá la forma de chamanismo mexicano más conocida en el mundo es la de los marakames huicholes, el intermediario que dirige los rituales de esta cultura. También se hizo famosa en los 70´s la tradición mágica enteógena de Oaxaca con María Sabina.

Otro de los sitios donde hoy se vive una gran tradición mágica es en un barrio en el Estado de México, llamado Los Reyes. La periodista Ana Arana describe en un largo y magnético reportaje su experiencia en este sitio, donde las personas acostumbran a tratar sus enfermedades, además de con la ciencia convencional, con tradiciones curanderas milenarias.

El caso que Arana describe es el de un famosa mujer que vive en este barrio conocida simplemente como Nancy. Arana ya contaba con mucha experiencia antes de escribir sobre Nancy; había conocido e investigado el chamanismo y otras tradiciones mágicas en lugares como Centroamérica, Colombia y en Guinea-Bisáu al oeste de África.

Su experiencia en Los Reyes, sin embargo, fue mucho más reveladora. Arana entrevistó a numerososo pacientes de Nancy, desde personas con problemas emocionales hasta enfermos de cáncer. Luego de algunas semanas de visitar a Nancy, consiguió su permiso para escribir un libro sobre ella y sus curaciones.

Nancy no es ninguna primeriza, y aunque solo estudió hasta la preparatoria, conoce sobre medicina tradicional básica, pero también es una creyente sobre el manejo de energía. Como en la tradición indígena, ella cree que las enfermedades provenienen de un desajuste energético, tal como lo creían los mexicas, como lo confirma el gran estudioso de la cultura náhuatl Miguel León Portilla.

Nancy también cree que estos desajustes energéticos pueden surgir de psicomatizaciones, pero también por el efecto de malas energías como la creencia indígena del Mal de Ojo o el Mal del Aire.

La tradición curandera en Los Reyes es arraigada, como en muchas partes del país, donde las personas en situación de pobreza en ocasiones acceden solo a este tipo de atención médica; lo increíble es que este tipo de práctica es también empleada por personas de otros estratos sociales más pudientes, algunos de los pacientes de Nancy, por ejemplo, son políticos.

En un interesante sincretismo, la magia de Nancy confluye con la religión católica, la herbolaria e incluso tradiciones que vienen desde África por la influencia de los esclavos africanos que llegaron a México durante la colonia y que ella conoció por un curandero oaxaqueño.

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Nancy realiza “operaciones”, curaciones profundas en las cuales emplea unas tijeras y herbolaria para realizar incisiones imaginarias. Lo más increíble es que los pacientes afirman que después de una “operación” el área tratada suele hincharse como si hubiese sido verdaderamente intervenida.

Más allá de la creencia o no de la autenticidad de estas prácticas, lo cierto es que Arana ha documentado numerosos casos de éxito. Por supuesto, lo más importante es este tipo de tradición es la fe del paciente; si este cree será mucho más fácil sanar. Si se trata de un placebo energético, en el México Profundo, millones aún acuden a él actualmente en el país.

 

*Fuente:

La Magia Profunda de México de Ana Arana