El piñatero mexicano más famoso del mundo: Dalton Ávalos Ramírez (VIDEO)

Cuando Dalton Ávalos Ramírez creó la primera piñata de Donald Trump, su fama se disparó, su trabajo, sin embargo, es mucho más diverso.

El nacimiento de las piñatas en México está vinculado con la historia cristiana y su expansión evangelizadora. Los religiosos adoptaron esta usanza para que los pueblos originarios de México se familiarizaran con el concepto del pecado, y así nació la estrella que cada navidad se rompe, simbolizando los 7 pecados capitales a los que debemos renunciar.

Y aunque la piñata, propiamente, no es mexicana, este es el país que la adoptó, y transformó en una tradición cultural como ningún otro país en el mundo. La piñata mutó en un signo de fiesta, asociado a romper con lo malo, y desde el siglo pasado, con mayor fuerza en parte imprescindible de los recuerdos de la infancia mexicana como símbolo de fiestas cumpleañeras.

Con la llegada de la globalización, lejos de desaparecer, esta tradición se reforzó, solo que esta vez con influencias que diversificaron los diseños de las piñatas. Y en esta tendencia, en los últimos años, el piñatero Dalton Ávalos Ramírez ha sobresalido enormemente.

Sobre todo por ser el inventor de la famosísima piñata de Donald Trump, hoy replicada en múltiples países, pero antes ya se había vuelto muy popular gracias a las piñatas que desde hace años ha creado, personificando a figuras famosas, pero no cualquiera. Por ejemplo, tenemos piñatas del Chapo, y del Chapo personificado justo cuando fue atrapado, y así, su ajuar lleva la camisa sucia con que fue encontrado (y parte de estos graciosos y acertados detalles son los que han determinado su éxito).

La tradición piñatera le viene desde la generación de su padre, un hombre dedicado tanto a la magia como a la creación de piñatas de una manera extraordinaria; por ejemplo, hacía diseños gigantes de piñata como modelos de King Kong para el circo.

Ávalos vive en Reynosa, Tamaulipas, y su piñatería se ha vuelto la más conocida del mundo: Piñatería Ramírez. Te compartimos algunos de sus diseños, seguido de un mini documental de Nancy Cantu Harris sobre el meticuloso oficio piñatero en su cotidianidad.

Si quieres saber más de su trabajo, y piñatería, visita aquí su Facebook.

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*Imágenes: 1)elpionero.com.mx; 2)Piñatería Ramírez/ Facebook

 

 

Guardianes culturales: el hombre que preserva uno de los últimos talleres de juguetes hechos a mano en CDMX

En un local que sorprende por su originalidad pervive uno de los oficios más bellos de México.

De la pared sobresale un diablo rojo de cartón que carga con un letrero que dice: –Te estaba esperando-. Estamos en el 129 de la calle Chihuahua de CDMX. El muro es colorido y una frase sobre un espejo pregunta, irreverentemente: –¿Te peinaste?-

En mitad de una de las colonias más gentrificadas de CDMX: la Roma, vive este pequeño taller de juguetería hecha a mano, el último de la ciudad, según su dueño Álvaro Santillán. ¿Su nombre? gina: Taller Tlamaxcalli; abrió sus puertas hace 15 años.

Álvaro es una especie de rebelde, de algún modo, él reta al tiempo desde dos sentidos: preservando el oficio de la juguetería artesanal y enseñando que el tiempo también tiene distintos ritmos:

La prisa es un problema muy serio con la generación millennial, siempre tienen prisa. Aquí llegan a mi taller y preguntan –¿y en cuánto tiempo aprendo?- Pues en el tiempo necesario, les digo. O quieren hacer un alebrije sin aprender a preparar el engrudo: hay cosas que tienen un tiempo, quieren saltarse los procesos. Se desesperan porque ven que yo no tengo prisa”.

Aquí hay alebrijes, juguetes de madera; diseño de hace más de 100 años. Las curiosísimas Lupitas o mini piñatas de colores eléctricos. 

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Santillán hace cartonería aunque también trabaja madera y es un conocedor del arquetípico juguete. En CDMX, según su experiencia, solo quedan unos 16 cartoneros. Dice que a él no le gusta “intelectualizar”, cuando le pregunto sobre el valor de su oficio: “yo lo hago porque me gusta, así, simplemente. Porque cuando uno hace lo que le gusta nunca tienes trabajo, se vuelve una manera de jugar. Nunca debemos dejar de jugar, ni de adultos”.

Sus juguetes son una metáfora de su manera de pensar y de su oficio que reta a la época, ahí, en un local inesperado de la calle Chihuahua en la Delegación Cuahutémoc.

 

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Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Escucha los encantadores sonidos ligados a 10 oficios mexicanos en peligro de extinción

Algunos de los sonidos que inundan nuestra cotidianidad, podrían comenzar a desaparecer. Tal vez por eso su presencia nos produce nostalgia.

Ningún acto de nostalgia —ni el más puro, el más honesto y tampoco el más radical— podría frenar el paso del tiempo. Todo lo que nos rodea está en un constante ciclo de composición y recomposición y hay cosas que, inevitablemente desaparecerán.

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El afilador de cuchillos.

Este hecho —doloroso, pero nunca carente de una veta poética— está alcanzando a algunos de los más preciosos y tradicionales oficios mexicanos. Y si estas prácticas de vida se van, perderemos junto a ellas buena parte de la composición visual y sonora que nos rodea.

Sí: hay flotando en el ambiente una serie de encantadores sonidos que están irremediablemente ligados a los oficios mexicanos en peligro de extinción. Y no se trata de que nos falte el gusto por prácticas como la del zapatero o el afilador de cuchillos. En realidad, lo que está cambiando son nuestras formas de consumir y organizarnos, por eso cada vez necesitamos menos de los personajes que practican estos nobles trabajos.

Además, somos —por distintas razones, algunas legítimas y otras no tanto— cada vez menos usuarios de la calle como espacio público. La calle es un terreno de tránsito, que se despliega sin que le prestemos demasiada atención y cuando lo hacemos es solo porque nos sentimos  —o nos encontramos — en peligro.

Y de la calle son muchos de los oficios que se están esfumando, como los camoteros, los merengueros y los organilleros. Algunos, como el oficio del globero, terminarán por disolverse porque cambian nuestra conciencia y prioridades.

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El camotero.

Pero, así como hay sonidos ligados a los oficios; estos se ligan a nuestras memorias más íntimas y sagradas, probablemente las de la infancia y, sin duda las de habitar México. En ese sentido es muy valioso contar con el registro que ofrece en línea la Fonoteca Nacional, narrando las cualidades y las historias detrás de 10 preciosos sonidos que inundan nuestra cotidianidad, pero que pronto podrían empezar a desaparecer.

Escúchalos todos aquí.

*Imagen destacada: New York Times.

Poesía callejera y colorida: los mensajes rotulados en México

El entorno está repleto de esta gráfica que hace inconfundible a las urbes mexicanas.

Antes de que estallara en nuestra cara la era digital, con sus infinitas posibilidades para emitir mensajes en formatos insospechados, la única forma para anunciarse o para adornar la fachada de un negocio eran los rótulos.

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La palabra rótulo, del latín rotŭlus, define al título que antecede a un texto y que anuncia su contenido. Pero los rótulos que pueblan las fachadas, lo que anuncian, en cambio, es el contenido de las urbes: sus panaderías, peluquerías, mofles, estéticas, carnicerías, tortillerías y otros locales que se entretejen en el paisaje urbano y que lo constituyen.

Así se va escribiendo una especie de poesía callejera la cual ostenta toda una técnica detrás, misma que es aprendida sólo de generación en generación. Por esta herencia es que la mayoría de los talleres de rótulos llevan por nombre el apellido de la familia, como los Rótulos Huerta que sobreviven en la calle Perú del Centro Histórico.

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Y es que para ser rotulista no hay escuelas. Este noble oficio requiere disciplina y buen pulso. Por eso, Paola Sanabria define al rótulo, en la revista Artes de México, como otra forma de muralismo. Y es que no todo se limita a las características tipografías romanas o góticas, sino que el rotulista (especializado como figurista) se debe valer de otros elementos gráficos para complementar su obra. Personajes famosos, logotipos, rubias mujeres, calaveras, platillos y múltiples efectos, como el degradado y el relieve, pertenecen todos al mundo del otro muralismo

Se pueden encontrar por ello infinidad de estilos, que van desde lo elemental a lo sofisticado. No falta alguna expresión un tanto más pavorosa, grotesca o, incluso, sumamente cómica. Este conjunto es así una expresión que forma un lenguaje (una poesía pictórica)  multiforme y que narra la historia de las ciudades, pero que, además, fija una estética en el imaginario colectivo, donde distintos colores y formas se asocian a diversas ideas.

Por eso, remitirnos al rótulo es remitirnos a las fotografías de Manuel Álvarez Bravo, Edward Weston y, en una medida más casuística, a la de Nacho López, quienes capturaron estos murales en la cotidianidad de la Ciudad de México en los años 30

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Actualmente, los pocos rotulistas que quedan están más bien aferrados a su amor por el trazo, y quizás a la intuición de que en sus manos está una tradición que trasciende lo comercial y se convierte en identidad. A través de su pasión sobrevive esta práctica, la cual  esperamos no se diluya en la vorágine moderna ni se convierta en mera nostalgia.

*Referencias: Desaparecen los artistas de los rotulos