Templos prehispánicos ocultos bajo Iglesias en el centro de la Ciudad de México

Las iglesias construidas en gran parte del centro histórico de la Ciudad de México fueron erigidas sobre los antiguos teocallis, los templos de los dioses mexicas.

El Centro Histórico de la Ciudad de México es una metáfora viva y palpable. Es la imagen del capítulo que cambió el mundo cuando los españoles tuvieron contacto con la civilización más grande del antiguo continente.

Recorrer su corazón, la parte medular donde se levanta tanto la Catedral Metropolitana como el Templo Mayor, mirándose, paralelos, es una experiencia que en muy pocas partes del mundo se tiene.

Y allí, además de Templo Mayor, lugar por excelencia de la ritualidad indígena, también se repartían decenas de teocallis, los templos que honraban a las deidades mexicas, y se expandían por toda la ciudad.

Si bien la Catedral Metropolitana es la epítome de la imposición, construida con piedras del Templo Mayor y erigida sobre la Pirámide del Sol, dedicada a Tonatiuh, la edificación de templos católicos sobre los teocallis fue quizá aún mucho más poderosa, ya que por medio de estos se inició el adoctrinamiento de los indígenas.

Estudios recientes, encabezados por el arquitecto Saúl Pérez del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, revelaron las iglesias que aún hoy se erigen sobre teocallis. De las 68 alguna vez repartidas por el Centro Histórico de la Ciudad de México, hoy quedan 20.

Lo anterior lo infirió luego de estudiar meticulosamente planos como los de José de Alzate (1789), Joubert (1772), antigua Ciudad de México (1861), y los del arquitecto Luis González Aparicio (1968), contenidos en su obra Plano Reconstructivo de la región de Tenochtitlan al comienzo de la Conquista. 

Los siguientes son los templos que aún conservan en sus entrañas los vestigios de los antiguos teocallis, entre el centro de la Ciudad de México y Tlatelolco. Cabe apuntar que naturalmente esta historia se repitió en otros lugares de México (como es el caso de Cholula). 

 

1.San Francisco Mecamalinco

 

2.Santa Ana Atenantitch

iglesias sobre templos prehispanicos ciudad de mexico

 

3.Santa Clara Acozac (Nuestra Señora de los Angeles)

 

4.San Miguel Nonoalco

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5. La Concepción Atenantitlán

 

6.Santa Cruz Soledad Guaucontzinco

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7.San Jerónimo Atlixco

 

8.Candelaria de los patos

 

9.Magdalena Mixiuca

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10.Santa Cruz Acatlán

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11.San Lucas Quescontitlán

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12.San Pablo Teopan

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13.Santa María Tlaquechiuhca

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14.San Sebastián Atzacalco

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15.San Antonio Tomatlán

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16.San Cristóbal Aztacalco

 

17.Soledad Campo Florido Amanalco

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18.Niño Jesús Tepetitlán

 

19.Concepción Xoloco

 

*Imágenes: 1)defin.mx; 2) Tacho Juárez Herrera /Flickr; 3) Maspormas; 4)Wikipedia; 5)  Catedrales e Iglesias /Flickr; 6) Itzel Carrillo / eikon.com.mx; 7) martiniMX/panoramio.com; 8) guiadelcentrohistorico.mx; 9) mexicocityperambulations.blogspot.mx; 10) 1.bp.blogspot.com; 11)  Catedrales e Iglesias/ Flickr; 12) pueblosmexico.com.mx

 

Encuentran las joyas más finas de la cultura mexica hasta ahora (FOTOS)

Las piezas de oro encontradas en el Centro Histórico de la Ciudad de México enmarcan los restos de un lobo que simboliza al dios de la guerra.

En los últimos meses el Centro Histórico de la Ciudad de México ha arrojado numerosos vestigios de la cultura mexica gracias a diversas excavaciones. Se encontró, por ejemplo, el altar de cráneos (tzompantli) más grande hasta ahora; también un templo dedicado a Ehécatl, dios del viento, y un enorme juego de pelota. También una antiguo zócalo de 1843.

Ahora, como parte de excavaciones que llevan más de 40 años, se ubicó otra de las 205 ofrendas que se han hallado hasta ahora, solo que esta es muy espectacular. Esta ofrenda fue dirigida a Huitzilopochtli, dios del Sol y la guerra, y que se representaba con un lobo. La ofrenda, precisamente, consta de los restos de un lobo de unos 8 meses que fue ataviado con hermosísimas piezas de oro y conchas del Atlántico, las joyas más finas encontradas hasta ahora, según investigadores.

Para el arqueólogo Leonardo López Luján:

Estas son, sin lugar a dudas, las piezas más grandes y más refinadas descubiertas hasta ahora. (…)La calidad y cantidad de los ornamentos es muy poco común e incluye 22 piezas completas, entre ellas pendientes, una argolla nasal y un pectoral en forma de disco, todos fabricados con delgadas láminas del metal dorado.

La magnífica ofrenda fue descubierta en abril cerca de la escalinata del Templo Mayor (el cual medía lo que un edificio de 15 pisos actual). Según las investigaciones fue dispuesta durante el reinado de Ahuitzotl (1486-1502), el rey más brutal y temido, su reinado llegó hasta el sur de Guatemala.

Una demolición de 2 edificios hizo posible este descubrimiento, y según los estudios, en 1900 la instalación de una tubería dañó la bóveda, pero los trabajadores nunca repararon en lo que podría hallarse ahí dentro.

Para los mexicas, este tipo de ofrendas tenían la encomienda de hacer tributo a Huitzilopochtli, y eran fundamentales, ya que era él quien ayudaba a los guerreros caídos a cruzar el peligroso río en el camino al inframundo.

encuentran tesosros joyas lobo centro historico df

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*Imágenes: Reuters

 

 

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Hace apenas 100 años había canales en la Ciudad de México ¿y si los recuperamos?

Así es, el actual Centro Histórico de la Ciudad de México tenía canales y acequias que incluso conectaban hasta el Sur con Xochimilco y Chalco.

“Guadalajara en un llano, México en una laguna”, dicta un fragmento entre las canciones populares más reconocidas de la música charra de nuestro país. Definitivamente, es ampliamente sabido por los mexicanos que la Ciudad de México está fundada sobre un lago: el lago de Texcoco, el cual era parte de la cuenca lacustre del Valle de México. Cuesta trabajo imaginar que los lagos de esta cuenca llegaban casi hasta el actual estado de Hidalgo. Y lo que es menos sabido por los mexicanos, es que la Ciudad de México aún funcionaba con sistemas prehispánicos de movilidad y comercio a través del agua hasta hace menos de cien años.

Así es, el actual Centro Histórico de la Ciudad de México tenía canales y acequias que incluso conectaban hasta el Sur con Xochimilco y Chalco, donde existía una importante producción agrícola. El canal que hacía esta conexión por agua se llamaba Canal de la Viga (actual Calzada de la Viga) el cual no solamente era una vía acuática de traslado de productos agrícolas sino también, en las últimas décadas de su existencia, fue un espacio recreativo. El Canal de la Viga servía también como paseo donde la gente podía subir a canoas, trajineras e incluso a barcos a vapor para pasearse por el canal, el cual pasaba al lado de grandes casonas, edificios públicos como la garita del canal y espacios sombreados por los árboles de sus orillas. 

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Celebración del Viernes de Dolores en el Canal de la Viga en 1920.

Los canales de la CDMX fueron vestigio de lo que alguna vez fue la gran Tenochtitlán y sus chinampas. En el centro histórico, los canales llegaban incluso hasta un costado del Zócalo, y donde estaba la Plaza del Volador, lugar que ahora ocupa la Suprema Corte de Justicia; ese canal se llamaba la Acequia Real y hoy es la calle Corregidora.

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Acequia Real, S. XIX 

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Fotografía de Charles B. White, captada en 1920. Pueblo de Iztacalco, pocos años antes de la desaparición del canal.

Durante un poco más de la primera mitad del siglo pasado las acciones a nombre del “desarrollo” irrumpieron con el entubamiento y desecación de los canales, algunos poco a poco y otros de un sablazo,

Así pues, las ciudades (tal como las personas) van marcando sus destinos con decisiones atinadas o desafortunadas, buenas o malas, eso depende de criterios y percepciones… Pero, ¿por qué no pensar, bajo un poco de espíritu idealista, que en un futuro esos canales puedan recuperarse y volver formar parte de un sistema ecológico ahora desaparecido? A pesar de que en los años ochenta hubo un intento pobre de recuperar la memoria de los canales con intervenciones urbanas, definitivamente sería interesante retomar -esta vez más en serio, a fondo y de manera sustentable- el tema. Seúl lo hizo hace más de diez años recuperando su río Cheonggyecheon, el cual estuvo entubado durante varias décadas y le pasaba una carretera encima, ¿por qué no en la CDMX?

 

*Conoce más del trabajo del autor en mexicopatrimonial.com

 
*Imágenes: 1)Hugo Brehme; 2) INAH-SINAFO; 3) Southern Methodist University
José María Macías
Autor: José María Macías
Arquitecto, posgraduado en Gestión Cultural y maestro en Patrimonio Mundial. Fue director de Patrimonio Cultural de Chiapas y ha trabajado como consultor en temas de patrimonio y turismo en diferentes ciudades del mundo. Actualmente está comenzando un proyecto profesional de turismo comunitario y creativo en la CDMX y también dirige el blog mexicopatrimonial.com.
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Dioses prehispánicos y pinturas rupestres escondidos en la Ciudad de México (VIDEO)

La riqueza arqueología de México es algo más que las monumentales zonas abiertas a los visitantes. En la Ciudad de México tenemos pinturas rupestres y piezas prehispánicas escondidas.

Como podrán ver en el vídeo que acompaña estas líneas, y en otros tantos más que he compartido con ustedes a través de este medio, ¡es casi increíble la gran cantidad de restos arqueológicos que aún podemos encontrar en medio del campo!; vestigios de nuestro pasado que no se encuentran resguardados tras ninguna valla o vigilados por algún custodio.

Estos “modestos” sitios arqueológicos merecen también la atención de las personas y de los medios. No sólo para enriquecernos, culturalmente hablando, al conocer más de nuestra historia e identidad, sino también para adoptar el compromiso de valorarlos y protegerlos.

Quienes siguen mis publicaciones saben que unos de mis temas recurrentes es el difundir (a veces con cierto tono de denuncia hacia las autoridades responsables) la existencia de vestigios arqueológicos “poco conocidos” y generalmente ubicados en “zonas agrestes”; es decir, restos arqueológicos que no se encuentran habilitados para recibir a los turistas y que muchas veces se ubican en campo abierto, en cañadas, abrigos rocosos o inclusive en lo alto de cerros y montañas.

Como resultado de lo anterior, en contadas ocasiones he recibido comentarios negativos por parte del público. La mayoría de dichas críticas versan sobre un mismo punto: al darlos a conocer, mas personas los visitan y como consecuencia, esos mismos vestigios son destruidos.

De primera instancia pudiera parecer que sus reclamos tienen cierta lógica: si nadie conoce de su existencia, por ende, ¡nadie se acercará a ellos! Con esta fórmula pudiéramos pensar que dichos vestigios permanecerán intactos; ¡impolutos y lejanos de las “destructivas manos” del hombre!…

Pero estas afirmaciones “no cuadran” del todo cuando me señalan como el causante de su destrucción a causa de la difusión que hago de los mismos; y es que sucede que, cuando yo llego con mis cámaras y equipos a documentarlos, estos ya se encuentran, vandalizados o saqueados en mayor o menor medida. ¡Los “malos” llegaron mucho antes que yo!

DETALLES DE ADJUNTOS   secretos-arquologicos-ciudad-de-mexico.jpg 12 enero, 2017 135 KB 1000 × 563 Editar imagen Borrar permanentemente URL https://masdemx.com/wp-content/uploads/2017/01/secretos-arquologicos-ciudad-de-mexico.jpg Título secretos arquologicos ciudad de mexico

En otras palabras, antes de que ustedes supieran de su existencia (a través de mis publicaciones), y mucho antes de que yo me enterase de ellos a través de mis investigaciones, exploraciones ¡e incluso por el llamado de los mismos pobladores que “me invitan” a conocerlos y documentarlos!, estos sitios ya habían sido dañados seriamente.

De esta manera, si NO se hace pública la existencia de dichos vestigios, es decir, si no existe labor de divulgación, el conocimiento de los mismos quedará restringido a un muy acotado sector de la población: Los investigadores y académicos (que en ocasiones son círculos “muy cerrados” que divulgan para sí mismos), los habitantes locales (que ante los cambios sociales tan vertiginoso que vivimos muchas veces “reniegan” de los restos materiales de sus antepasados) y los saqueadores (que pueden ir desde el inocente campesino que vende la “figurita” que encontró al turista que va de paso, hasta el saqueador profesional que trabaja por encargo del coleccionista privado del mercado negro de antigüedades).

Mi postura es la siguiente: “¿Cómo es posible valorar y, por ende, proteger aquello que desconocemos?”.

Desde esta frase me atrinchero ante las críticas y contraataco sosteniendo que mi objetivo es la divulgación de ese patrimonio que nos pertenece a todos: dar a conocer aquellos vestigios que son parte de nuestra identidad como nación y de nuestras raíces como seres humanos y ¡también, ¿por qué no?!: ¡Darlos a conocer para su puro y absoluto disfrute estético!. 

Así, al saber de la existencia de tales vestigios y “el reconocer parte de nosotros en ellos” nos llevará a valorarlos y a tomar conciencia de su fragilidad… Y si la “ajetreada vida moderna” nos lo permite, quizá podamos tomar partido, movilizarnos de alguna manera desde nuestra “trinchera ciudadana” para darlas a conocer, en espera de que las autoridades mexicanas, a quienes les compete la educación y el resguardo de nuestro patrimonio, tomen alguna clase de medida que nos de la esperanza de que podremos conservar estas “mudas rocas” que se encuentran labradas y decoradas con nuestra historia y que justo ahora, cuando leen estas líneas, yacen en algún paraje del campo, resguardadas tan solo por la maleza que las rodea y custodiadas por los reptiles e insectos que se posan sobre ellas.

 

*Ve más videos como este en el canal Somos Nómadas en YouTube.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.