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Dioses prehispánicos y pinturas rupestres escondidos en la Ciudad de México (VIDEO)

La riqueza arqueología de México es algo más que las monumentales zonas abiertas a los visitantes. En la Ciudad de México tenemos pinturas rupestres y piezas prehispánicas escondidas.

Como podrán ver en el vídeo que acompaña estas líneas, y en otros tantos más que he compartido con ustedes a través de este medio, ¡es casi increíble la gran cantidad de restos arqueológicos que aún podemos encontrar en medio del campo!; vestigios de nuestro pasado que no se encuentran resguardados tras ninguna valla o vigilados por algún custodio.

Estos “modestos” sitios arqueológicos merecen también la atención de las personas y de los medios. No sólo para enriquecernos, culturalmente hablando, al conocer más de nuestra historia e identidad, sino también para adoptar el compromiso de valorarlos y protegerlos.

Quienes siguen mis publicaciones saben que unos de mis temas recurrentes es el difundir (a veces con cierto tono de denuncia hacia las autoridades responsables) la existencia de vestigios arqueológicos “poco conocidos” y generalmente ubicados en “zonas agrestes”; es decir, restos arqueológicos que no se encuentran habilitados para recibir a los turistas y que muchas veces se ubican en campo abierto, en cañadas, abrigos rocosos o inclusive en lo alto de cerros y montañas.

Como resultado de lo anterior, en contadas ocasiones he recibido comentarios negativos por parte del público. La mayoría de dichas críticas versan sobre un mismo punto: al darlos a conocer, mas personas los visitan y como consecuencia, esos mismos vestigios son destruidos.

De primera instancia pudiera parecer que sus reclamos tienen cierta lógica: si nadie conoce de su existencia, por ende, ¡nadie se acercará a ellos! Con esta fórmula pudiéramos pensar que dichos vestigios permanecerán intactos; ¡impolutos y lejanos de las “destructivas manos” del hombre!…

Pero estas afirmaciones “no cuadran” del todo cuando me señalan como el causante de su destrucción a causa de la difusión que hago de los mismos; y es que sucede que, cuando yo llego con mis cámaras y equipos a documentarlos, estos ya se encuentran, vandalizados o saqueados en mayor o menor medida. ¡Los “malos” llegaron mucho antes que yo!

DETALLES DE ADJUNTOS   secretos-arquologicos-ciudad-de-mexico.jpg 12 enero, 2017 135 KB 1000 × 563 Editar imagen Borrar permanentemente URL https://masdemx.com/wp-content/uploads/2017/01/secretos-arquologicos-ciudad-de-mexico.jpg Título secretos arquologicos ciudad de mexico

En otras palabras, antes de que ustedes supieran de su existencia (a través de mis publicaciones), y mucho antes de que yo me enterase de ellos a través de mis investigaciones, exploraciones ¡e incluso por el llamado de los mismos pobladores que “me invitan” a conocerlos y documentarlos!, estos sitios ya habían sido dañados seriamente.

De esta manera, si NO se hace pública la existencia de dichos vestigios, es decir, si no existe labor de divulgación, el conocimiento de los mismos quedará restringido a un muy acotado sector de la población: Los investigadores y académicos (que en ocasiones son círculos “muy cerrados” que divulgan para sí mismos), los habitantes locales (que ante los cambios sociales tan vertiginoso que vivimos muchas veces “reniegan” de los restos materiales de sus antepasados) y los saqueadores (que pueden ir desde el inocente campesino que vende la “figurita” que encontró al turista que va de paso, hasta el saqueador profesional que trabaja por encargo del coleccionista privado del mercado negro de antigüedades).

Mi postura es la siguiente: “¿Cómo es posible valorar y, por ende, proteger aquello que desconocemos?”.

Desde esta frase me atrinchero ante las críticas y contraataco sosteniendo que mi objetivo es la divulgación de ese patrimonio que nos pertenece a todos: dar a conocer aquellos vestigios que son parte de nuestra identidad como nación y de nuestras raíces como seres humanos y ¡también, ¿por qué no?!: ¡Darlos a conocer para su puro y absoluto disfrute estético!. 

Así, al saber de la existencia de tales vestigios y “el reconocer parte de nosotros en ellos” nos llevará a valorarlos y a tomar conciencia de su fragilidad… Y si la “ajetreada vida moderna” nos lo permite, quizá podamos tomar partido, movilizarnos de alguna manera desde nuestra “trinchera ciudadana” para darlas a conocer, en espera de que las autoridades mexicanas, a quienes les compete la educación y el resguardo de nuestro patrimonio, tomen alguna clase de medida que nos de la esperanza de que podremos conservar estas “mudas rocas” que se encuentran labradas y decoradas con nuestra historia y que justo ahora, cuando leen estas líneas, yacen en algún paraje del campo, resguardadas tan solo por la maleza que las rodea y custodiadas por los reptiles e insectos que se posan sobre ellas.

 

*Ve más videos como este en el canal Somos Nómadas en YouTube.

Eduardo Bonilla
Autor: Eduardo Bonilla
Diseñador gráfico de profesión. Apasionado de la historia del arte y la arqueología. Se desempeñó en la publicidad por casi 10 años y actualmente es productor independiente de video. Se considera a sí mismo como un “viajero poco tradicional”. Ha sido conductor de series del canal History y colaborador en Discovery Channel.

El estanque de Nahualac: un adoratorio dedicado al origen del universo

Sumergido en el agua cristalina, este adoratorio tiene un cometido: representar el origen de los tiempos.

El origen del universo no vino del espacio, sino del agua, o al menos esto era lo que pensaban algunas culturas mesoamericanas. La existencia de un tetzacualco (adoratorio) en las faldas del volcán es, probablemente, una prueba de esto. Sobre todo si se observan los restos de este sitio, el cual está en medio de un estanque natural y, cuya ubicación subacuática, sugiere que es una representación de los tiempos primigenios, cuando la tierra  y el cielo nacían de Cipactli (el monstruo de la tierra).

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El adoratorio, el cual se considera que tiene más de mil años, ha sido investigado desde el siglo XVI. Entre algunos de los arqueólogos que sucumbieron al misterio de este estanque estuvieron: el explorador Desiré Charnay, quien en el siglo XIX  recorrió el Iztaccíhuatl y el arqueólogo José Luis Lorenzo, hombre que en 1975 lo describió a detalle, situó su temporalidad en el período Tolteca y realizó un registro de diversos fragmentos que recolectó en su superficie. Por último, otro de los viajeros en conocer este lugar fue Stanislaw Iwanizewski, quien en 1986 recuperó una colección importante de objetos cerámicos.

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No obstante, es hasta ahora, que con las nuevas excavaciones, lideradas por la arqueóloga Iris del Rocío Hernández Bautista, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se han hecho los análisis más exhaustivos.

Entre los hallazgos del equipo de Bautista se encontraron cerámica y artefactos de piedra que datan de hace mil años. También se descubrieron navajillas prismáticas de obsidiana, fragmentos de artefactos de pizarra y algunos objetos de esquisto gris y rosa, en los que se examinarán las huellas de uso y procedencia de materias primas.

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Respecto a la naturaleza del sitio y los rituales que se llevaban a cabo en éste, Iris del Rocío explicó que probablemente había un control ritual del agua que provenía de manantiales cercanos para rociar el estanque y crear el efecto visual de una atmósfera del inicio de los tiempos, un microcosmos único en el que el tiempo pareciera haberse detenido.

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Pero no sólo el recinto conserva un aura de misticismo y magia. Los alrededores de la zona, igualmente guardan un vínculo con los denominados rituales del espejo —el efecto provocado del estanque —lo cual lleva a pensar que toda esta zona podría ser una representación de los cuatro rumbos del universo y su centro, el encuentro de los planos cósmicos.

*Referencia de imágenes: INAH

Las más hermosas zonas arqueológicas de México vistas desde Google Earth (FOTOS)

Vestigios de templos, pirámides, juegos de pelota, calles y bastos parajes son lo que forman estas vibrantes zonas.

Para los antiguos mexicanos cada zona de su ciudad era un lugar sagrado, y cada acto de su vida en ella un ritual. Así lo demuestran los sitios arqueológicos, mismos de los cuales existen 187 resguardados por el INAH y abiertos al público.

Vestigios de templos, pirámides, juegos de pelota, calles y bastos parajes son lo que forman estas magnéticas y vibrantes zonas. En ellas cada detalle remite a la historia de las muchas etnias que poblaron territorio mexicano, y los restos que se han hallado cuentan un poco de su forma de organización social y su cultura.

Algo que es por ello asombroso —y diríamos que todo un privilegio— es poder admirar estos hermosos vestigios desde las alturas. De esta forma puede apreciarse su hipnótica magnitud.

En breve te mostramos las imágenes aéreas más fascinantes de diez zonas arqueológicas vistas con Google Earth.

Paquimé, Chihuahua

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Pocos saben que en el norte se encuentra, a 300 kilómetros de la ciudad de Chihuahua, una zona arqueológica de tan monumental belleza. Las impresionantes estructuras que hay en este territorio desértico cuentan la historia de la cultura Mogollón, que ahí luchó contra las duras  condiciones climáticas propias de la zona. Se dice que los españoles comparaban sorprendidos las estructuras de esta ciudad con las de la Roma antigua.

Tzintzuntzan, Michoacán

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Una cultura de suma importancia residía en esta zona. Los purépechas eran una etnia combativa pero no tan belicosa como la mexica, aunque sabían defenderse, según consta por sus victorias en varias batallas contra estos últimos. Su territorio abarcaba los sorprendentes 75 mil kilómetros cuadrados, y sus estructuras destacan por su sencillez y belleza.

 

Chichén Itza, Yucatán

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Una de las siete maravillas del mundo moderno, y sitio de fundamental importancia para la cultura maya en Yucatán. Sus estructuras más bellas son El Castillo, El Caracol (u observatorio), el Juego de Pelota y el Templo de las mil columnas. Pero además, Chichén Itzá esconde múltiples secretos y hasta el canto de un quetzal.

Cantona, Puebla

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Esta ciudad fue, según los investigadoras, una rival de Teotihuacán, hasta que un cambio climático desecó las tierras, obligando a migrar a sus habitantes. Era eminentemente un pueblo comerciante, pero también se producían ahí diversos objetos hechos con la obsidiana del cercano volcán Citlaltépetl

Uxmal, Yucatán

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La ciudad maya invisible, Uxmal, es una exquisita combinación de diversos estilos. Esta es una de las cualidades que permanece hasta hoy como un misterio para los antropólogos que han estudiado esta zona. Entre sus sitios más destacados está la Pirámide del Adivino, el Cuadrángulo de las Monjas y la Casa de las Palomas. Visitar Uxmal por la noche ofrece una experiencia única, por lo cual el INAH ha diseñado diversos espectáculos que acompañan este místico recorrido.

Monte Albán, Oaxaca

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Monte Albán es un destino obligado de Oaxaca, pues está a sólo 10 kilómetros de la ciudad. Esta zona corresponde a la cultura zapoteca y mixteca, y su rasgo más característico es su enorme y verde explanada, denominada Gran Plaza, en la cual se ubicaban los comerciantes para montar el mercado.

Tula, Hidalgo

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En esta zona se adoraba a Quetzalcóatl, como demuestran las plumas de piedra que adornan las fachadas. Pero lo más apabullante del lugar son los gigantes de Tula, que representan a la casta guerrera de los toltecas que habitaban esta metrópoli. Otras estructuras y zonas importantes son el Palacio Quemado y los dos Juegos de Pelota, con sus bellos aros decorados con serpientes ondulantes.

Comalcalco, Tabasco

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Esta “ciudad de los comales” era eminentemente comercial. Pertenecía a la cultura maya, pero tenía mucho contacto con otras etnias tanto del norte como del sur. En ella se encontraron los vestigios de su intercambio cultural con otros pueblos. Destacan entre sus construcciones la Plaza Norte, la Acrópolis y la Tumba de los Nueve Señores.

Toniná, Chiapas

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Lo que más resalta de esta zona arqueológica maya son sus singulares edificaciones, así como sus múltiples templos y escalinatas construidas sobre las colinas. Y lo más sobresaliente es su pirámide, que se encuentra entre las más altas de México. Este fascinante lugar está localizado a unos diez kilómetros al este de la actual ciudad de Ocosingo.

Guachimontones, Jalisco

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Con un nombre peculiar —que se atribuye moderno y cuyo significado sería “montón de guajes”—, este sitio ostenta un tipo único de pirámides cónicas hechas con base a círculos. Este zona arqueológica, que aún sigue siendo explorada e investigada, se encuentra a una hora al oeste de la ciudad de Guadalajara en el estado de Jalisco.

*Imágenes: Google Earth

Entre reflejo y reflejo: la elusiva historia de Teotihuacán como un espejo

Teotihuacán, uno de los complejos arqueológicos más increíbles de México y el mundo, comparte sus joyas ocultas, sin develar mucho de sí mismo, pero sin dejar de hablarnos y atraernos hacia él.

Teotihuacán, la imponente ciudad que, según los cuentan los historiadores, albergó a una amplia diversidad de culturas, antes de ser ocupada por los aztecas, continúa siendo un misterio. Se sabe poco de su origen y menos sobre las personas que la fundaron, por esto arqueólogos e historiadores, obsesionados con entender más sobre su funcionamiento como urbe, han indagado en sus profundidades. Pero lo que se encuentran —siempre sorprendente— es apenas vestigio de una verdad concreta sobre ese pasado. No queda mucho más que imaginar y utilizar las ruinas, paisajes, misterios, pinturas y objetos, como recursos de un cuento. El cuento de la historia. 

Lo que Teotihuacán estaba ocultando

Lo que Gómez Chávez estaba buscando, era entender cómo se estructuraba la sociedad en Teotihuacán. La pista principal es que la pirámide de Quetzalcóatl no aparenta haber cumplido con las mismas funciones rituales que las del Sol y la Luna. Esto podría indicar que, como las pirámides en Egipto, la de Quetzalcóatl es una tumba. Lo que Gómez Chávez esperaba encontrar, era a un rey. Casi por accidente, en 2003 se le apareció el túnel. Un pequeño socavón, peligroso para los turistas, llamó su atención. Cuando se decidieron a explorar un poco, descubrieron un gigantesco túnel subterráneo. Él y su equipo se han adentrado en él, develando que está compuesto de tres cámaras, con objetos que, definitivamente, lo hacen pensar que son mortuorias.

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El túnel no había sido tocado desde hace 1,800 años y lo que había adentro se encuentra aún en muy buenas condiciones. Ofrendas de joyas: ojos de cristal, esculturas de jaguares al acecho, preciosos dientes verdes de cocodrilo hechos de diorita; pero lo más impresionante de todo: un paisaje montañoso en miniatura, como si se tratara una maqueta o un modelo, representando montañas rodeadas de lagos llenos de mercurio y, en las paredes del túnel, pequeñas manchas de pirita (llamada también oro falso), como si fueran las estrellas del cielo, de este pequeño mundo subterráneo.

Otro impresionante descubrimiento, son cuatro esculturas hechas de diorita, dos de ellas intactas. Están vestidas con preciosas prendas, adornadas con cuentas, cargando objetos sagrados, como unos espejos de pirita y otros objetos brillantes colgantes. Se ha interpretado que son los cuatro chamanes fundadores de la ciudad, hombres portadores de magia, conectados con lo divino y situados en el límite entre el reino mortal y el de los muertos. Los investigadores piensan que las superficies reflejantes, como la pirita y la de las pequeños lagos de mercurio, tenían la función de emular entradas al inframundo. Lo titilante también se ha asociado con lo mágico.

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Por otro lado, se han hallado en Teotihuacán, múltiples indicios de sacrificios humanos y animales. La violencia ligada al acto religioso de sacrificar, ha sido leída como una herramienta para imponer miedo en los practicantes de una religión de la que sabemos poco. Se piensa que el acto aparatoso, por su cualidad ritual, tiene una función coercitiva espiritual y también de cohesión, en una sociedad muy grande y multicultural, que solicitaba un centro sólido. La muerte y lo divino rigen sobre Teotihuacán y, entre ambas hay una conexión orgánica, muy distinta a la que hoy nos acontece; sin embargo, somos los contemporáneos los que la estamos estableciendo, por lo menos discursivamente.

La historia como ejercicio poético

La historia no es sólo contada por los vencedores. La historia no es una ficción; es decir, no es una cosa fingida. La historia sí es artificiosa, en tanto que se construye técnicamente. Pero no por ello es falsa. Si es historia, su valor radica en que sostiene explicaciones sobre el mundo y lo que menos importa es si estas son verdaderas. Podríamos decir, sin embargo, que la historia es tan verdadera que ha sido utilizada para justificar actos injustos o para criticar y —con un poco de suerte— desmantelar formas de vida opresoras. La historia es verdadera si le hacemos caso, pero hay que saber: la historia es mucho menos ciencia, mucho más poesía.

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Sin embargo, indagamos científicamente en nuestro pasado, acto que no carece de validez. Juntamos las piezas a través del método duro, pero las ensamblamos en un ejercicio poético que nos habla poco de la verdad sobre el pasado y mucho sobre nosotros mismos en el presente. En este afán, el arqueólogo Sergio Gómez Chávez halló algunas de las más increíbles maravillas que Teotihuacán se estaba guardando. Lo que encontró ha sido compilado y será expuesto por primera vez en De Young Museum de San Francisco.

Teotihuacán nos reconecta con el ciclo de la vida

Poco sabemos, en realidad, sobre esta gente, que vivió hace unos 2,000 años. Nuestra necesidad de encontrarnos con ellos, a partir de la construcción de un pasado para la materialidad que nos heredaron y también al admirar la riqueza de esta misma materialidad, es una forma de encontrarnos con nosotros mismos, con nuestro orígen. En una sociedad donde los centros espirituales se han vuelto volátiles y las identidades son fragmentarias, los escombros de Teotihuacán, son los bellos y brillantes cimientos que reflejan la conexión estrecha y pura con la vida y la muerte que se nos escapa en el presente.

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Estas son algunas de las maravillas encontradas:

*Imágenes: 1) Eye Ubiquitous/UIG via Getty Images/Fine Arts Museums of San Francisco; 2) Jorge Pérez de Lara Elías,  INAH/Fine Arts Museums of San Francisco; 3) Sergio Gómez Chávez/Fine Arts Museums of San Francisco; 4) Jorge Pérez de Lara Elías, INAH/Fine Arts Museums of San Francisco; 5) INAH

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.