Descubren en México entierro prehispánico en forma de espiral

La disposición espiral de un entierro múltiple es algo inédito entre las culturas prehispánicas; el descubrimiento ocurrió en Tlalpan.

La historia de México es tan rica que por más investigaciones y excavaciones que se hagan, las sorpresas siempre continuarán apareciendo. Por ejemplo, recién se descubrió un entierro múltiple con osamentas acomodadas en forma espiral –algo hasta ahora inédito–. El hallazgo se registró en la llamada “Aldea Preclásica de Tlalpan”, un sitio ocupado por los primeros habitantes de la Cuenca de México, y hasta ahora tiene bastante intrigados a los arqueólogos. 

El entierro podría haberse originado en una especie de ritual para evocar el ciclo de la vida: los esqueletos, entrelazados de manera concéntrica, corresponden a personas de distintas edades, y formando una figura geométrica, el espiral, que probablemente evoca nuestro transitar cíclico por la existencia.

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Jimena Rivera, especialista de la Dirección de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), detalló en entrevista para una cadena televisiva:

Hay un bebé, un niño, un infante, unos adultos jóvenes, adultos y un adulto mayor. […] Estaba un individuo sobre el otro, por ejemplo: La cabeza del individuo sobre el pecho del otro, las manos de un individuo bajo la espalda del otro, el bebé sobre el cuerpo de otro. De manera que estaban relacionados”, detalló la arqueóloga.

De acuerdo con el INAH, el descubrimiento ocurrió al interior de la Universidad Pontificia de México, cerca del centro de Tlalpan. Y mientras los especialistas se disponen a tratar de explicar esta peculiar configuración de un entierro, nosotros nos deleitamos con los misterios estéticos que nuestros antepasados dejaron para el resto de los mexicanos –incluida la belleza ritual de la muerte–. 

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Zapata en la UNAM: un extenso archivo en línea para que te empapes del espíritu revolucionario

Explora este espectacular archivo de la UNAM con más de 400 fotografías y documentos sobre Emiliano Zapata y la Revolución Mexicana.

Emiliano Zapata murió hace 100 años. Sin embargo sus palabras, sus acciones y —particularmente— su lucha, continúan resonando (y fuerte) entre muchos mexicanos. Y, aunque sobre él se han construido cientos de mitos y su figura es constantemente utilizada para sostener movimientos ideológicos ultra diversos, hay algo verdaderamente valioso en la romantización del “Caudillo del Sur”.

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Tal vez lo más destacado del personaje sea la enorme sensibilidad con la que se refirió al “pueblo”; un concepto cada vez más engañoso y, al mismo tiempo, más relevante que nunca. “Pueblo” no era una entidad abstracta, un estandarte o un grupo marginado. “Pueblo” fue para Zapata sinónimo de casa, familia, pertenencia y fuente de energía vital.

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Y, estrechamente ligada, estaba la idea de “tierra”, como sustento del pueblo, como principio absoluto, origen de la vida, destino y causa. Ambas nociones y, sobre todo, la forma de tratarlas, hacen mucha falta en nuestro tiempo. ¿Pero cómo conectarnos con Zapata más allá de las mitologías y las especulaciones de líderes políticos o de maestros de historia que pronuncian el nombre sin evocar lo que verdaderamente implica el hombre?

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Un buen lugar para empezar es, sin duda, el precioso e inmenso repositorio en línea de la UNAM dedicado al General. Se trata de una sección del Archivo Histórico de la Universidad que comprende más de 400 fotografías y documentos históricos relacionados con la vida de Zapata, el zapatismo y la época revolucionaria.

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Entre los documentos hay, sobre todo, decretos y manifiestos redactados o promulgados por este personaje histórico. Y entre las imágenes hay algunas muy particulares, que probablemente no habías visto.

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Destacan retratos poco conocidos del General; escenas de la vida cotidiana; los rostros de otros revolucionarios y revolucionarias que no necesariamente se mencionan en la historia oficial, y las peculiares fotografías de Cruz Sánchez, presidente municipal de Yautepec, Morelos y que también peleó con los zapatistas.

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El material en físico perteneció a los hermanos Gildardo y Octavio Magaña Cerda, zapatistas que militaron en tiempos de Emiliano. Cuando quedó como dirigente del Ejército Liberador del Sur tras la muerte de Zapata, Gildardo heredó el archivo.

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Y entre las décadas de los 60 y 70, Octavio entregó todos los documentos que mantenía su hermano de la Revolución al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM. Finalmente, han sido digitalizados y abiertos al público.

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Sin duda la curiosidad sobre el pasado y las preguntas sobre nuestra propia historia nos seducen y convencen de contemplar y explorar el archivo. Pero este ejercicio podría genuinamente ayudarte a invocar el espíritu de la época y posiblemente empatizar con las causas que entonces movilizaron a miles de mexicanos y que hoy siguen reclamando nuestra lucha.

Consulta el repositorio aquí.

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Extraños descubrimientos arqueológicos que cambiaron nuestra visión sobre el pasado

Hemos dado con auténticas rarezas que la historia mexicana se tenía bien guardaditas…

En un país como este, donde la diversidad es inmensa, la historia cobra un sentido muy particular. Sin quererlo, tal vez, la hemos transformado en una especie de “pasado común”, un origen que todos compartimos y que por su aparente majestuosidad y profunda relación con lo divino, a cualquiera provoca orgullo.

Pero la verdad es que no tenemos idea de lo que significaba habitar los lugares que nuestra historia imagina; y menos las formas de pensar (y ser) de las personas que ahí estuvieron. Incluso las culturas “herederas” de algunas de estas antiguas tradiciones, los “pueblos indígenas”, tienen solo sospechas sobre ese pasado; lo que sí resguardan y es digno de explorarse y conocerse son leyendas, mitos y otras narraciones orales que los conectan con las de sus más antiguos abuelos.   

En ese sentido, los descubrimientos arqueológicos, las evidencias que constantemente brotan de la tierra y que nos dejan algunas pistas sobre el pasado, no dejan de sorprendernos y siempre ponen a prueba lo que ya teníamos por seguro. Además, muchas veces, en lugar de conectarnos con las vidas de antes, nos distancian, porque muchos vestigios son resultado de prácticas que están lejísimos de nuestra comprensión y hasta nos asustan (como los sacrificios).

Estas rupturas, estos “desengaños”, pero también las curiosidades que nos fascinan y los momentos de auténtica identificación, dicen mucho más de nosotros, del presente, que del pasado. Y tal vez por eso son tan emocionantes, porque nos están haciendo preguntas con las que no nos hubiéramos encontrado si, de manera incidental, nuestros ancestros no hubieran dejado por ahí, en lo profundo, piezas de un rompecabezas que nunca terminaremos de construir.

Te presentamos 10 extravagantes descubrimientos arqueológicos que cambiaron para siempre nuestra visión sobre el pasado.

Túnel al inframundo en Teotihuacán

En 2003 el investigador Sergio Gómez Chávez se encontró casi por accidente con un inmenso túnel debajo de la pirámide de Quetzalcóatl en Teotihuacán. Lo que hallaron ahí Gómez y su equipo es absolutamente fantástico y la investigación sobre el contenido hasta 2018 ha podido ser presentada en la forma del fantástico video de 360° que está arriba. El túnel estaba compuesto por tres cámaras mortuorias llenas de maravillas: ojos de cristal, esculturas de jade, figurillas de diorita y una especie de maqueta del inframundo, representando a escala montañas y lagos (que antaño estaban rellenos de mercurio, en representación de las aguas oscuras) y en las paredes de las cavernas, manchas de pirita, simulando estrellas.

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Ofrenda de finas joyas para Huitzilopochtli

En 2016 se encontró una ofrenda más (entre 205) a Hutzilopochtli en el Templo Mayor, en la CDMX. Pero esta tenía algo muy especial: los restos de un lobo de 8 meses ataviado con finísimas joyas de oro y conchas; según los investigadores que las descubrieron las piezas más magníficas hasta el momento. De acuerdo a los arqueólogos, se pensaba entre los mexicas al lobo como un guía para los muertos y, evidentemente, los antiguos indígenas estaban seguros del valor de las joyas y el oro, fetiche que extrañamente ligamos solo con “los españoles”.

Inmenso tzompantli, altar de cráneos

En 2015, en un predio en pleno centro de la Ciudad de México, se descubrieron múltiples maravillas insospechadas; entre ellas el Huey Tzompantli, una estructura mexica formada con cabezas de sujetos sacrificados o enemigos matados. Además, fue encontrada una ofrenda ritual cerca de un juego de pelota con los huesos cervicales de 32 personas. Por supuesto esta visión podría resultar escandalosa; pero antes de defenderla y argumentar que los mexicas y otras culturas antiguas “veían la muerte y vida distinto”, hay que recordad que los sacrificios tenían que ver con un asunto de orden cósmico, universal; del ritual dependía la mismísima existencia. Tendría algo de honorable, además, prestar la vida a esa causa. Aún ahora es preferible a otras salidas.

Peculiar entierro de perros prehispánicos

En múltiples entierros prehispánicos se han encontrado restos caninos y no es extraño pues se piensa que los perros eran guías para los muertos. Pero este es muy peculiar pues contenía 12 esqueletos de techichi y xoloitzcuintli.

Sacrificio infantil para el dios de la guerra

En 2017, arqueólogos del INAH encontraron un entierro infantil dedicado Huitzilopochtli y no es el primero: en 2005 se había descubierto uno muy similar. Los niños estaban ataviados con adornos corporales y motivos del dios de la guerra. El niño de esta segunda ofrenda tenía aproximadamente 5 años. Sin duda este es el tipo de descubrimientos que nos “alejan”; pero tendríamos que ponernos en unos zapatos muy distintos a los nuestros para poder entender en qué medida las necesidades (interpretadas por sujetos mundanos) de las divinidades eran implacables.

Reina Roja

Fue en Palenque donde se encontró una mujer de la realeza digna de ser enterrada con uno de los más lujosos ajuares jamás encontrados. Hoy sabemos que Hun K’Anleum fue una mujer destacada en la política de la ahora zona arqueológica, cambiando el prejuicio de que no había mujeres en ese tipo de cargos. La llamamos Reina Roja porque fue enterrada pintada de rojo con un mineral (cinabrio).

Un físico describe así la muerte de su abuela (y no olvidarás sus palabras)

Rito y trascedencia, una manera única en la que un físico entiende a la vida, y a la muerte.

Así como en la ciencia, en la muerte, la materia no se destruye, sólo se transforma. Esta es la enseñanza que nos deja un físico mexicano, Ernesto Mata Plata, tras la muerte de su abuela materna. Aquí, lo sacro y etéreo se unen con la ciencia, algo inesperado para muchos, pero tal vez fortuito a la hora de la muerte.

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Acorde a las reflexiones de este hombre de ciencia, cuya voz sólo puede escucharse en el video, la progresión de la vida es un devenir que encuentra su punto álgido en la muerte, cuando todas las partículas del cuerpo implosionan y estallan como una luminiscencia en el cielo o como luces de bengala. Sólo es en este momento en el que la materia da un paso más allá y, en lugar de desaparecer, muta en transcendencia.  

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Pronto, cada visión del fallecido se vuelve una, el principio de la conservación se rige con la vitalidad de quien parece haberse ido, pero no es así. Todos los fotones de cada cuerpo, los cientos de trillones de partículas, se disparan en el cielo y pueden ser recogidos en el detector de partículas que todos tienen: los ojos.

Y ese calor, que tanto se extraña en la ausencia de vida, será un acontecimiento que la Física muestra que no se ha ido; sino que se transmite entre los que sufren la perdida de un ser querido, para después proseguir con el ciclo de la muerte, la vida y su ritual. De esta manera, y con esta reflexión, la Física vuelve a dar razones para la creencia de la trascendencia del alma, como una energía que no se eclipsa, sólo se transforma.

Referencias de imágenes: 1) Irene Neno Díaz  y 2)J@M€S