Hipnóticos time-lapse de algunos de los sitios más hermosos de México

Déjate llevar por la visión surreal de estos paisajes palpitantes…

Detrás de los time-lapse hay un ejercicio de paciencia y, tal vez, una invitación a reflexionar sobre el tiempo.

Estos experimentos visuales consisten en construir un video utilizando una serie de fotografías tomadas en intervalos constantes, desde el mismo enfoque y, después, conjugarlas como si fuera una película de animación “stop motion”, pero acelerada. Así, un time-lapse puede mostrar horas en tan solo unos minutos. Con un poco de ingenio se pueden transformar en un formato bellísimo que pone en amplia perspectiva la durabilidad de cada uno de los objetos que transitan el espacio representado.

En el time-lapse se hace evidente que, aunque todo está en movimiento (porque el universo está vivo) hay cosas que mantienen más consistencia, como las montañas, los edificios, los grandes árboles; y, otras, que son, más bien, contingentes, como las personas y las nubes. La paciencia está claro en el ejercicio de la cámara, que aguarda el tiempo que nosotros no nos permitimos para observar, con la mirada fija. Esa paciencia recompensa al lente con la visión de curiosos detalles.

Ojalá nos diéramos el tiempo para dejarnos llevar por la visión surreal de los paisajes mexicanos; sin embargo, en la rapidez se anuncia otra cosa, que tampoco deberíamos perder de vista. Mirar el mundo detenidamente es como mirarlo de cerca; mientras que observar el tiempo pasar aceleradamente, nos permite cierta distancia que revela hermosos patrones: el palpitar de la tierra; las formas repetitivas de las olas sobre la playa; el tránsito de las nubes; el humo de los volcanes; el ir, detenerse, venir de las personas.

El time-lapse demuestra que nuestra tierra respira, con un ritmo relativamente constante, como si soñara apaciblemente. Te dejamos una selección de hipnóticos time-lapse de algunos de los sitios más hermosos de México, para que tú también lo descubras.

*Imagen destacada: Carlos Adampol 

El poco conocido padre de Frida Kahlo (y sus increíbles fotografías)

Un hombre de personalidad fría, pero cuya mirada fotográfica capturó a México, su más grande musa. Conoce su legado y difúndelo.

Caracterizado por una personalidad racional, Guillermo Kahlo vivió su historia como los edificios que retrataba: a partir de la fuerza y la construcción de un legado. Aunque, y a pesar de su frío temple, la belleza y seducción de México lo volvió un romántico empedernido.

Todos los caminos llevan a México

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Autorretrato

Hablar de la historia de Guillermo Kahlo antes de su llegada a México es una misión casi imposible. Respecto a ésta, los datos biográficos como su nacimiento en Pforzheim, Alemania; su nombre original: Carl Wilhelm Kahlo o su estancia en la Universidad de Erlangen-Núremberg son los más conocidos.

No obstante, la existencia en torno a una anécdota familiar u otro detalle de su vida se desconoce. Y es que este misterio nos revela algo más: el apellido Kahlo estaba destinado a sólo escribirse en México. Tanto así, que cuando Wilhelm llegó a tierras mexicanas en 1890, la sincronía con este país lo llevó casi de inmediato a hispanizar su nombre como Guillermo.

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Matilde y Guillermo

Este acto, el cual también podría interpretarse como un deseo de abandonar su antigua vida, lo colocó en los rieles de un nuevo camino. Uno que, al poco rato, lo hizo casarse en 1893 con María Cardeña, esposa con la que compartiría un pequeño lapso de su vida, hasta que en 1898 quedó viudo. Sin embargo, la historia no le deparaba la soledad a Guillermo, por lo que se casó con Matilde Calderón, mujer con la que años después tendría a su famosa hija Frida.

Una profesión familiar

Autorretrato en su taller

El gusto por el arte llegó a Kahlo cuando su suegro (del segundo matrimonio) lo hizo incursionar en la fotografía y, poco después, abrir un taller.

Dicha inclinación se volvió un oficio cuando aceptó su primera comisión, fotografiar la Casa Boker, un caso de éxito, debido a que fue el producto impreso más difundido de sus tiempos en el continente americano.

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Fotografía de la Casa Boker, actualmente Sanborns Boker.

Pero este no sería el único logro en la vida de Guillermo Kahlo. Su estilo era único y su visión de vanguardia concordaba con la que el gobierno de Porfirio Díaz quería dar al mundo

Su legado fotográfico

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Imagen del Palacio Legislativo, actualmente Monumento de la Revolución

Entre sus trabajos más reconocidos estuvieron la producción de album México 1904 y el registro visual de la Casa de los Azulejos; la Cámara de Diputados en Donceles, el Palacio de Bellas Artes, el Hospicio de Niños y la captura del retablo de iglesias, imágenes que él tomó por iniciativa propia

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Algunas de las fotografías que hizo de retablos

No obstante, y más allá de que su estilo sería nacionalmente conocido por el avance tecnológico que la época del Porfiriato quería dar, Kahlo demostró tener un lado suave cuando se trataba de fotografía a su hija predilecta, Frieda.

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Fotografía de la niña Frieda (Frida)

Y es que, en las fotografías  que Guillermo tomó de Frida, aparece otro tipo de estética, más cálida y humana. Esto nos muestra la  versatilidad del artista y, más que nada, la valía e importancia de rescatar este personaje en la historia del arte. 

Nebula Humilis: el desierto mexicano en explosiones de color

El increíble trabajo artístico de Lola Guerrera en los desiertos de México reflexiona en la marca humana en entornos naturales.

El desierto puede ser visto como estéril, pero es una mentira. Más allá de las grietas que su tierra abre, la vida salvaje y su tiempo circula. Pronto, la soledad con la que se creía ver los desiertos se desvanece y su visión como un espacio donde el polvo es sinónimo de muerte, ahora se vuelve la reencarnación del color. Así es el trabajo de la artista española Lola Guerrera, quien con la ayuda  de las Residencias Artísticas para artistas iberoamericanos en México, realizó su proyecto Nebula Humilis.

La premisa de Nebula Humilis puede parecer sencilla. Se trata de liberar bombas de color en medio del desierto –teniendo como escenario diversos desiertos del norte de México–. Prácticamente, estas son señales de humo que se liberan en la intemperie y llenan de brillo el ambiente. Aunque, en realidad, revelan los colores misteriosos del desierto. Sólo de esta manera, el espectador es capaz de ver la belleza del desierto mexicano, el arte del minimalismo de su tierra.

El concepto de liberar bombas de humo también sirve para mostrar las fuerzas de la naturaleza. El uso de vívida pintura realza el carácter peligroso e impredecible, tanto de la fauna como los espacios donde habitan. Paradójicamente, el uso de este recurso también resalta la vulnerabilidad de la naturaleza y como esta puede ser alterada tan fácilmente por el ser humano. Aún así, la serie de fotografías de Lola Guerrera muestran algo irrefutable, la belleza del desierto y sus explosivos colores.

Puedes consultar su trabajo aquí.

“Tierra de Brujas” fotografías que capturan el misticismo mexicano por Maya Goded (FOTOS)

Las brujas y su misterio son la magia que las ha mantenido vivas durante años, un fuego que se admira, pero al que uno no puede acercarse, sin el riesgo de una quemadura.

“El fin de la historia se adivina: las brujas, que hasta entonces no habían visto a Juanito, lo bajan del árbol y se lo comen”

-Alfonso Reyes 

Todavía existen las brujas, mujeres que no viajan en escobas, pero sí le susurran al viento y aprenden el nombre de las hierbas. El trabajo de Maya Goded las retrata en su proyecto: Tierra de brujas, donde no sólo logra captar el misticismo y surrealismo que aún hay en el norte de México, sino enfocarlo en las mujeres que hacen temer al hombre, hechiceras que para algunos, aún surcan los cielos y chupan la sangre de los niños.

Y, a pesar del temor y desprecio que hay hacia ellas, también logran milagros: la creación de un mundo, donde la nigromancia y  el misterio sobrevive.

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A partir de un sincretismo de las creencias prehispánicas y cristianas, las brujas enarbolan sus conjuros, en una región localizada en el norte del país, en el pueblo de San Luis. Aquí, entre los espectros de los  árboles, sombras cuyas hojas son consumidas por el calor de las tierras áridas, la búsqueda de la magia es indispensable para la sobrevivencia. Tal vez, es por eso el nombre con el que se les denomina a las hechiceras de esta región: “Bolitas de fuego”, atributo de la esperanza que encienden en la oscuridad, en la desesperación del ser humano. Sin su atisbo de magia en este paraje,  el hombre y la mujer se marchitan, como una flor en el desierto, cuyo aroma es sepultado en la arena.  

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El secreto que rodea a estas hechiceras, se mantiene oculto frente al ojo público, por el temor y escarnio que, todavía ahora, muchas de ellas sufren. Goded lo afirma, cuando cuenta su experiencia al llegar al pueblo de San Luis, donde habían los rumores de la existencia de estas nigromantes y una escuela donde ensañaban sus hechizos. Según cuenta la fotógrafa a Animal Político: 

Llegué a un pueblo muy solitario en San Luis Potosí. Ahí cada vez que preguntaba por la escuela de brujas, los habitantes me miraban con desconfianza, negando la existencia de brujas en el lugar.

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Pero el negar la subsistencia de las brujas es en vano. No importa con cuantas palabras se les quiera sepultar, ellas hacen crecer alas de sus hombros para despegar los pies de la tierra. La presencia de las nigromantes es innegable y Maya Goded lo vivió mientras iba en su búsqueda. No encontraba ningún rastro de ellas, pero su presencia se respiraba en la zozobra del pueblo al que había ido, en el temor que cada aldeano transpiraba. Hasta que, sólo una persona, que le pidió anonimato, la llevó con una de las mujeres: 

Un señor que conocía a una bruja me enseñó el camino para llegar a su casa pero me pidió que no le contara a ella que él me lo había dicho.

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Cuando la bruja la recibió, Maya Goded percibió el olor a flores secas e inciensos. La mujer frente a ella ya era una anciana, de ropa blanca y pequeña estatura, pero su mirada era la de un pozo y Maya temió ahogarse en sus profundidades, en esa oscuridad, en la que la bruja le dijo: “Estoy contenta porque llegaste a curarme”.

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La hechicera no tardó en revelarle a Goded que ya sabía el porqué venía y, que de hecho, la esperaba. La fotógrafa no tuvo palabras con las cuales responder, sólo con el silencio miraba a su alrededor, maravillada de encontrarse en un mundo diferente. La bruja tenía el don de escuchar a los muertos y entre sus utensilios de adivinación, estaba un balde de agua, en donde tenía visiones. Aunque, debido a su avanzada edad, su don comenzaba a languidecer. 

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Aún así, la fuerza de la vida de esta mujer no escapaba. Al igual que muchas de las brujas de la región, la mujer que Maya conoció se caracterizaba por haber vívido su vida como había querido: siendo independiente, sin hijos y el gozo de su plena sexualidad. Lamentablemente, la libertad que ejercen no es muy bien vista en donde habitan, por lo que viven a la periferia del pueblo de San Luis y, la mayoría de los hombres con los que han entablado una relación amorosa, las han dejado. Algo, sin duda alguna paradójico, porque la especialidad de estas brujas son los hechizos de amor. Maya lo afirma:

“Las brujas tienen historias de amor súper tristes. Son mujeres rechazadas porque se salen de las estructuras y reglas sociales. Su especialidad era el amor”.

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El temor hacia las brujas y sus corazones rotos es ancestral. Los pobladores de las regiones donde ellas habitan lo saben y al encontrarse con una, el miedo crece en sus venas como el mito de su magia rejuvenece. Las anécdotas en torno a estos encuentros no se hacen de esperar, fábulas que Maya Goded interpreta en sus imágenes, pero cuya seducción, sólo revive en los que se atreven a mirarlas. 

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En cada una de las fotografías de Goded, puede apreciarse al hombre, la mujer o el niño que decide entregarse a la bruja y sus hechizos. Lo que prueba que, a pesar del temor y desprecio que las brujas de San Luis provocan, sus habitantes las necesitan, como la llamarada de un fuego, en la oscuridad. 

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*Imágenes de Maya Goded

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.