Made in Mexico: la tijera que nos corta

Nos dimos un par de capítulos de la polémica serie de Netflix. Ahí te van nuestras conclusiones.

Made in Mexico, así, sin tilde, le pusieron al flamante reality-show de Netflix filmado en estas tierras y protagonizado por auténticos paisanos. Por ocho glamourosos capítulos, llenos de drama, restaurantes, fiestas, elegancia, ranchos y una que otra toma furtiva de las "señoras de la limpieza", Pepe Díaz (empresario), Kitzia Mitre (diseñadora y descendiente directa de Moctezuma Ilhuicamina), Carlos Girón (actor), Columba Díaz (modelo); Chantal Trujillo (blogger de moda), Shanik Aspe (conductora de televisión), Hanna Jaff (filántropa) y Roby (hijo de la familia Checa, protagonista del drama central), nos regalan un destello de sus intensas vidas personales.

Desde que la serie fue anunciada ha generado fuertes y muy variadas críticas, especialmente porque pareciera pintarse desde una sola visión de un país evidentemente diverso: la de la clase alta (o privilegiada). Además, porque parece estar reforzando toda clase de estereotipos sobre este "estrato" socioeconómico, empezando por lo más superficial: el color de piel.

Por otro lado, hay muchos que defienden el planteamiento de Made in Mexico empezando por los sujetos que participan en el ejercicio del reality. Poco preocupados por la crítica de clase que está "rompiéndola" en Twitter, a los creadores y protagonistas les parecen que concentrarse en su blanco color de piel es innecesario y una pérdida de tiempo.

La serie tiene otras intenciones: presentando la vida de esos socialités se pretende una mirada a un México poco conocido, uno donde las cosas no están tan mal, donde la Ciudad es hermosa, la vida elegante y las personas creativas, despiertas, apasionadas, diferentes, exitosas. Contrario, por supuesto, a la versión folklórica o violenta nivel Quentin Tarantino que tienen los gringos.

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Claro que todo esto está para cuestionarse. Nuestra primera pregunta es ¿quiénes son esos mexicanos diferentes? Y la otra si Made in Mexico es la forma en que estos sujetos están hechos ¿a qué tantos otros están excluyendo de su discurso? Podemos adelantarte que lo más injusto de esta serie, aunque suene extraño, es el título.

¿Cómo te pruebo que soy mexa?

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El primer capítulo es una auténtica curiosidad, porque a los creadores al parecer les preocupa mucho poder probarnos a todos que los protagonistas, a pesar de ser "güeros", son mexicanos. En gran medida la serie sí muestra las dificultades (o "agonía" dicen en el NYT) de tener ojos azules en este país de ojos negros. Pero, para contrarrestar su "extranjera" apariencia, cada uno nos cuenta sobre su linaje. Para probarnos que sí son mexas regalan argumentos increíbles (algunos rayan en lo risible) como que "los latinos tenemos sangre caliente" o "me he hecho análisis, soy 97% mexicana"; soy dramático y pasional como los mexicanos; "ser mexicano está? pta chingón" y, sin duda el más aparatoso: "soy descendiente directa de Moctezuma Ilhuicamina".

De nuestro lado, no nos vamos a poner conservadores y decir que la descendencia de Moctezuma se vería más mexica (no azteca) hablando náhuatl y no inglés. La verdad es que tampoco nos queremos burlar de estos chicos y de sus vidas. Por otro lado, sí es relativamente preocupante la necesidad intensa de generar una identidad comprobable, de narrar de manera fija lo mexicano, de demostrar a partir de argumentos casi "científicos" que se es de aquí.

El problema con los reality-shows es el mismo que el problema de cualquier representación: asumen sus argumentos como una verdad en sí misma, determinada, no como una construcción constante, que no solo está abierta, sino que en cualquier momento se puede poner en cuestión y que en realidad, siempre se queda corta, porque lo que representa son cosas vivas.

El ser mexicano no debería definirse en esos términos, lo "made in Mexico" desborda toda representación. Nosotros no dudamos del "mestizaje" que conforma identitariamente a estos sujetos, pero nos preocupa la manera en la que acotan sus argumentos, como diciendo: somos incluso más mexicanos. ¿Se puede ser más o menos mexicano?

Asuntos de linaje

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La serie se describe a sí misma así: "Made In Mexico sigue las vidas de nueve personajes de la alta sociedad, revelando las vidas imperfectas de la élite mexicana. Son apasionados, reales, a la moda y sofisticados, y saben cómo establecer tendencias en una de las ciudades más vibrantes del mundo, donde el apellido es su vínculo y el legado lo es todo."

Una aclaración, para quien no vive en México (y también para los que les haga falta): en este país el asunto del patrimonio es muy importante; sin embargo el apellido y los vínculos, solo significan tanto en esa esfera social. Lo mismo para el "legado". Mientras que la serie nos quiere demostrar que estos jóvenes creativos no son solo sus apellidos, parece estar sugiriendo que es la falta de "legado" la que hace a ciertos sujetos "inferiores".  

Un insulto sutil, que abre más la brecha "de clases" en este país y que además se fundamenta en argumentos muy vagos, pues las clases sociales bajas no lo son porque "no le chinguen". En primer lugar, todos estamos construyendo legado, todos estamos dejando algo en quienes nos rodean. Y por otro lado, la desiguldad en este país tiene que ver con muchas, muchas variables: pero no hay que confundirse, los privilegios de algunas clases sí se fundan en las carencias de otras.

De influencers y otros males contemporáneos

Un asunto muy relevante en la serie es que estos chicos y chicas son "figuras públicas" y no solo eso, son de alguna manera, creadores de algunas de las tendencias de consumo en muchas áreas creativas y comerciales en México. Esto es interesante, porque habla más del grueso de la población que de los protagonistas de Made in Mexico.

Frente a este increíble contenido audiovisual, toca detenerse a preguntar ¿quiénes influencian la "esfera mexicana" (como la llaman en la serie)?, sobre todo ¿cómo lo hacen? Las redes sociales digitales están jugando un papel fuerte en ese sentido, son el espacio donde pareciera que de forma "democrática" elegimos a los sujetos que inventan nuestra forma de consumir. ¿Cómo? Dándoles like. Pero ¿hasta dónde vamos a permitir la influencia de estos generadores de tendencias?

Por otro lado, si se trata de definir lo que somos "como mexicanos", ¿por quién nos vamos a dejar "influenciar"?

Como que en México hay muchas grietas ¿no?

 
 
 
 
 
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Afortunadamente. Y son tan evidentes que hasta a los protagonistas de Made in Mexico las grietas los llevan inevitablemente a sacar conclusiones que los sobrepasan. Y esto nos pasa a todos. México es un auténtico caos. Pero tiene sus ventajas no definirlo, ni clavarse con representarlo o demostrarlo de una manera particular, precisamente para permitir que México mismo nos desborde, nos rompa, nos deje agrietados y nos muestre todos los días nuevas formas de ser y de estar en el mundo. Aquí no somos uno, no estamos "cortados con la misma tijera" y mucho menos somos esto, esto que llaman, muy injustamente "Hecho en México".

Qué rico vivir aquí y que nunca se terminen las posibilidades. Y claro, está "padrísimo" hablar en México de algo que no sean narcos, pero ¿la respuesta es esto? Está bien. Es un México pequeño, es uno de los Méxicos, que por cierto, tampoco son dos. Acá creemos que hay un México por cada mexicano y que si de nosotros produjeran un reality-show nos tocaría aprovecharlo, sobre todo, para ser críticos de nosotros mismos y del sistema y definiciones que estamos perpetuando.