Campesinos mexicanos: los guardianes de nuestro vínculo con la tierra

Hemos desplazado a la tierra de nuestro imaginario, pero ¿sabías que con lo que producen los campesinos mexicanos podríamos alimentar a la mitad del país?

La diversidad natural en México es enorme. Y también la cultural. ¿Has pensado en la posibilidad de que exista una relación entre ellas?

No podemos evitar cargar de significado lo que nos rodea y, en ese sentido, si tanta vida nos envuelve, estamos deliciosamente rodeados de simbolismo. Así, está claro: a la tierra mexicana no le debemos solo nuestra seguridad alimentaria, también nuestro abanico infinito de tradiciones y manifestaciones culturales.

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¿Y quién resguarda este vínculo increíble entre los mexicanos y la tierra que habitan? Son los campesinos, los sujetos que se encargan de cultivar nuestra biodiversidad (y tal vez sin sospecharlo, también nuestra diversidad cultural).

Tenemos un vínculo indeleble con la tierra

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Nuestro vínculo indeleble con la tierra es innegable sobre todo si pensamos, por ejemplo, que nuestra gastronomía es fundamental para la identidad. Y en México, evidentemente lo es. Si hay algo que compartimos (sin importar particularidades como la clase social, sexualidad, etnia, lengua y más) es el maíz. Y si le rascamos tantito, la otra cosa que compartimos es el chile y si le insistimos, tenemos al frijol.

Claro que en gustos se rompen géneros. Pero es claro que todos los mexicanos tenemos una conexión estrecha con los alimentos de nuestro campo. Y esa conexión, que para algunos es sagrada, para otros pasa desapercibida; pero está ahí, reuniéndonos discretamente.

Así, aunque hemos desplazado al campo del gran imaginario cotidiano y colectivo (especialmente desde los medios), los campesinos se resisten a desaparecer, porque, aunque no lo sepamos, seguimos invocando a estos guardianes.

También en Más de México: ¿Qué es el maíz nativo y por qué todos deberíamos estarlo consumiendo?

No solo protegen la conexión, también la diversidad biocultural

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La milpa, el sistema ancestral de cultivo (y sin duda ecosistema ideal) también es una estrategia de resistencia que defiende la diversidad de lo que se siembra, frente a los esquemas de agricultura extensiva, de monocultivo y que utilizan semillas transgénicas.

En ese sentido, los campesinos mexicanos mantienen la diversidad genética de las plantas, especialmente del maíz. Además de sembrar comida, están secretamente encargados de evitar la desaparición de nuestras especies endémicas; un servicio por el que no les estamos agradeciendo suficiente.

¿Sabías que en México hay casi 60 variedades de maíz y que todas se la debemos a una tradición campesina milenaria que se ha encargado de cultivar, proteger y asegurar la variabilidad de la planta? Los campesinos conocen los procesos de la tierra, de las plantas, de los animales y los insectos y los traducen en ciclos de vida ligados a su propia existencia; desde la forma en la que organizan su día a día, hasta sus fiestas religiosas, comúnmente definidas por el calendario de siembra.

Olvidarse de la tierra es olvidarse del cuerpo

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Por otro lado, nos estamos olvidando de la tierra. Se puede decir así, porque, en general, ya no aspiramos a ella; es decir, ya no añoramos trabajarla y son pocos los estímulos que nos invitan a volver a ella. Pero ¿has pensado que cuando te olvidas del campo, también te estás olvidando de tu cuerpo?

Podría parecer una asociación forzada, pero si dejas de pensar en cómo se está administrando y cuidando la tierra, dejas de enterarte sobre qué es realmente lo que estás comiendo, qué tipo de procesos (sociales, políticos, económicos y también agrícolas) dan lugar a tus alimentos. Al mismo tiempo, delegas el cuidado de tu vínculo con la tierra a otros que no reconoces. ¿Te imaginas, por ejemplo, un México sin tortillas? Por otro lado, ¿qué estás haciendo tú para cuidar el maíz?

Los campesinos son figuras que asociamos a clases sociales o a momentos de la historia determinados, que aislamos de la realidad colectiva, pero, la verdad es que, aunque pasen desapercibidos, ellos están haciendo por nosotros mucho más de lo que imaginas.

La realidad: los campesinos podrían alimentar a la mitad del país

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Un estudio reciente de la CONABIO se dedicó a probar la importancia real del trabajo de los campesinos como productores de alimentos y también como guardianes de la biodiversidad, especialmente del maíz. Demostrando que la agricultura campesina podría alimentar a más o menos 54.7 millones de personas en México, el estudio define el trabajo de los campesinos como un componente vital para obtener seguridad alimentaria en el país.

Este reconocimiento simbólico, pero también económico y político, es urgente. Los consumidores tenemos que empezar a cuidar a nuestros campesinos, así como ellos nos cuidan a nosotros y a nuestra diversidad biológica y cultural.

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Para ayudarles, podemos empezar apoyando a los pequeños productores, comprando productos hechos con plantas nativas (como buenas tortillas hechas con maíces no transgénicos); podemos pensar nuestras dietas con base a lo que se produce de forma local, y, sobre todo, apoyar el comercio justo. Tenemos que remunerar a estos guardianes.

Por otro lado, el estudio de la CONABIO señala que otro riesgo es que “la población campesina está envejeciendo”, esto quiere decir que los campesinos son sujetos de generaciones anteriores y ya no hay jóvenes en el campo. Pero ¿sabías que tienes derecho a ser campesino? ¿Que podrías sembrar tus alimentos? ¿Que puedes hacerlo en pequeña escala, incluso en el más pequeño departamento? ¿Sabías que puedes tomar esa responsabilidad y convertirte también en guardian de lo diverso?

La tierra nos está llamando y ya no tan discretamente nos susurra: haz milpa.

También en Más de México: ¿Y tú comes la tortilla que crees que te mereces?

*Imágenes: 1) Tzitziki Talue; 2) Karla Zepeda; 3) No especificado; 4, 6 y 7) Redd+ México; 5) Juan Carlos Ibarra.

¿Quieres ayudar a México en serio? Necesitas empezar a comer estas 4 cosas ya

Comer es delicioso, pero también se puede transformar en un acto para ayudar al país.

En muchos sentidos, los humanos hemos subestimado la importancia vital de la naturaleza. Igual que en el resto del mundo, en México eso se manifiesta en una enorme falta de conciencia ambiental, pero también en la depreciación (simbólica y económica) del campo y de la agricultura. El campo mexicano debería ser un asunto respetado y protegido por todos nosotros.

¿Y por qué? cuidar de nuestra tradición campesina es apostar por la seguridad alimentaria, definida como la capacidad de que todos los mexicanos tengamos acceso fácil a una alimentación nutritiva. Además, luchar por el campo (siempre y cuando se trate de agricultura sostenible) es luchar en contra del cambio climático y a favor de la flora nativa.

Esquemas tradicionales de siembra, como la milpa, están ligados a una gestión sostenible del territorio, pues los campesinos que los practican entienden que, así como es necesaria la tierra para sembrar, es necesario el equilibrio, la vida en los bosques, la fauna, la gestión adecuada del agua, los procesos que no dañan a otros y que no terminan por cobrársela a la misma tierra.

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Si esos argumentos no son suficientes, hay que recordar que las plantas endémicas son pieza clave del enorme rompecabezas de nuestra diversidad, que, además, se manifiesta no solo en la naturaleza, también en nuestra cultura. ¿Te imaginas un México sin maíz? ¿Sin aguacate?

En muchos sentidos, entonces, no se trata solo de revalorar al campo y a los campesinos, sino de encontrar estrategias para tener alimentos muy nutritivos y que no dañen el medio ambiente (aquí una lectura interesante sobre ese asunto). Piensa que si no comemos bien todos, es prácticamente imposible estar sanos y satisfechos. ¿Cómo resolver entonces nuestros problemas sociales? Primero, lo primero. Bien se dice que panza llena, corazón contento.

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No podemos saber aún en qué medida y dirección avanzarán las políticas públicas para incentivar una producción agrícola consciente. Las propuestas de las nuevas administraciones a penas se están presentando. Aún no podríamos calificarlas de auténticamente realistas y sustentables.

Así, empecemos nosotros haciendo algunos cambios. Comer es delicioso, claro, pero también se puede transformar en un acto para ayudar al país, pues, lo que decidimos o no consumir afecta la oferta y, eventualmente, las formas de producir. Exijamos con nuestro consumo una producción más sustentable.  

Incluyendo estos cuatro alimentos en tu dieta podrías hacer una auténtica diferencia:

Café sustentable

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El café es profundamente querido. Así, pedirte que lo incluyas en tu dieta tal vez sea repetitivo. Pero no estamos hablando de cualquier café. Si quieres echar una mano a los campesinos mexicanos, urge que cambies tu clásico soluble por un buen café orgánico, tal vez de Veracruz o Oaxaca y comercializado directamente por los productores o sus cooperativas. Es muy grave hacer lo contrario.

En las fincas cafetaleras utilizadas para la siembra extensiva de café, con vistas a su venta masiva, es común cultivar el grano “robusta” que según este artículo de El País, es más barato, de menor calidad y mucho menos amigable con el medio ambiente, porque necesita sembrarse a cielo abierto y no junto a otros árboles frutales o maderables, lo que lo vuelve un problema cuando se trata de gestionar de manera equilibrada la siembra.  

Miel maya

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Si te encanta la miel, asegúrate de comprar la que producen las abejas mayas. En general, las abejas están en peligro de extinción debido a la deforestación, los pesticidas, el crecimiento de las ciudades, entre otras cosas. Esto puede convertirse en un problema enorme.

En este interesante artículo de Reporte Índigo sobre el asunto se cita un dato crucial de la FAO: hay 100 tipos de cultivos agrícolas que proporcionan el 90% de los alimentos de todo el mundo y 71 de ellos son polinizados por las abejas. Es muy sencillo: sin abejas habría una enorme crisis agrícola.

Si queremos mantener la diversidad de cultivos, debemos mantener a las abejas. Quienes hacen miel de manera correcta, informada y sustentable (como las mujeres del proyecto Soy Abeja Maya), son responsables de mantener vivas a múltiples colonias de abejas y, con ellas, la tradición de comer miel y usarla como sustancia medicinal.

Maíz nativo

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En la forma de elote, gordita, esquite, tamal, tortilla o itacate. Como sea. Como quieras. Salado o dulce. Tienes que empezar a comer maíz y no cualquier maíz. Tienes que empezar a comer maíz nativo. Por un lado, porque el maíz nativo y los mexicanos estamos completamente conectados: sin un cuidadoso proceso de cultivo y selección que empezó hace miles de años esta planta no existiría. Y hay que decirlo: sin maíz ¿habría país?

Pero nuestra planta está desapareciendo, en gran medida porque los consumidores no la estamos exigiendo. Y deberíamos, porque es nutritiva deliciosa y sus diversas cualidades le permiten sobrevivir a los cambios en el clima y a las plagas sin necesidad de pesticidas o fertilizantes. Por último, consumir maíz nativo es apoyar la milpa y hacerlo es apostarle a las economías locales y comunitarias. ¿Necesitas más buenas razones?

Aguacate criollo

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Se afirma en este artículo de Animal Político:  “durante las tres semanas previas al Super Bowl 2019, la Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México (APEAM) estimó que se enviaron unas 120 mil toneladas de aguacate a Estados Unidos. O sea, el equivalente a la mitad del peso de la Estatua de la Libertad de Nueva York.”

¿Deberíamos celebrar la noticia? Sí y no. Desde el sentido estrictamente económico esta fiebre por el “oro verde” mexicano es algo muy bueno. Pero en el sentido ecológico y social, no tanto. La siembra extensiva del aguacate nos ha costado, como se explica en este brillante artículo de Raúl Benet, la pérdida de medio millón de hectáreas de bosque (y eso solo en Michoacán).

Además, cita Benet, según el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria y Forestal (INIFAP), cultivar aguacates implica “altas concentraciones de pesticidas y fertilizantes, que contaminan los mantos freáticos, los arroyos y todos los cuerpos de agua”, sin mencionar los efectos en personas y animales.  

Por otro lado, este no es un llamado a no comer aguacate. Al contrario: es una invitación a comer variedades de esta fruta, que podrían no ser tan populares. El “aguacate Hass” es el más común, pero el aguacate criollo, aunque sabe un poco distinto es igualmente delicioso y es mucho más fácil comprarlo directo de quien lo cosecha, en los mercados, sobre todo.

Así puedes asegurarte de que su siembra es sustentable, libre de pesticidas y que al comprarlo apoyas la economía local y no un sistema extensivo y explosivo, de orígenes dudosos.

La mejor defensa contra el cambio climático podría ser el maíz nativo

Nuestra identidad está plenamente vinculada al maíz y en muchos sentidos, también nuestro futuro.

El cambio climático ya es uno de los problemas más urgentes que tenemos no solo los mexicanos, sino la humanidad entera. Lo único positivo sobre el asunto es que se ha transformado en un enemigo que nos une a todos. ¿Nuestra meta común? mitigarlo, dentro de lo posible y, aunque no lo creas hay acciones que cualquiera puede tomar para actuar en su contra.

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Afortunadamente tenemos a la mano una defensa increíble. Se trata del maíz nativo, una de las plantas más increíbles y definitivamente una a la que ya le debemos muchísimo. Es innegable que nuestra identidad está plenamente vinculada al maíz y, en muchos sentidos, también nuestro futuro.

Mientras que el cambio climático es uno de los grandes motivos por los cuales estamos perdiendo nuestra inmensa biodiversidad, paradójicamente, es la biodiversidad la que puede salvarnos. Y, por otro lado, si hay algo que no queremos perder es precisamente el maíz, no solo porque da lugar a nuestras deliciosas y queridas tortillas, también porque es tanto metáfora, como sustento material de nuestra diversidad cultural.

El maíz es un tesoro y hay que apoyarlo

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La planta que evolucionó de la mano de los mexicanos que la han sembrado por milenios, es capaz de superar plagas, sequías y hasta regular los nutrientes del suelo para sobrevivir. Además, el hecho de que sea mejorada progresivamente a través de la selección constante de las semillas más adecuadas (que realizan las comunidades que la siembran) la vuelve increíblemente resiliente.

Así, las casi 60 razas de maíz que tenemos hoy son un tesoro que, literalmente, hemos cultivado a lo largo de nuestra historia y al cual tenemos que volver a apoyar ya, pues a pesar de que esta planta es vital para los mexicanos, el maíz nativo está en peligro de extinción (y no solo por el cambio climático). Simultáneamente el movimiento para salvarlo es cada vez más grande, sonado y relevante.

A todo esto, te preguntarás: si, es evidente que cuidar la biodiversidad es vital para el medio ambiente, pero, ¿por qué el maíz es nuestra mejor defensa contra el cambio climático?

5 puntos para entender por qué la siembra de maíz nativo podría ayudar a mitigar los efectos del cambio climático:

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  1. Los ecosistemas terrestres saludables (como la milpa) son “sumideros” de carbono y su existencia contribuye a mitigar el efecto de las emisiones.
  2. La milpa, el sistema de siembra increíble del que depende el maíz nativo, apuesta por gestionar los territorios de siembra de manera sustentable, privilegiando que la agricultura no sea extensiva y no sea un negocio que necesita talar masivamente los bosques para sobrevivir.
  3. Los ecosistemas sanos y respetuosos de otros ecosistemas (es decir, no invasivos o extensivos), contribuyen a la mejora general del medio ambiente e incentivan la recuperación de animales y plantas en peligro.
  4. La siembra al estilo milpa simplemente es más sustentable, pues tiene un enfoque completamente ecológico que privilegia la siembra orgánica, que no utiliza ni fertilizantes, ni insecticidas. Estos últimos dañan el medio ambiente porque aumentan la emisión de gases, resecan la tierra, volviéndola infértil y dañan a especies de plantas y animales que viven en las zonas de siembra.  
  5. Comer maíz nativo, nacido en la milpa es apostarle a las economías colectivas y locales, a la autosuficiencia alimentaria y, simultáneamente a la reducción del impacto ambiental por alimentación: comer de la milpa local, significa importar menos alimentos y, por lo tanto contaminar menos con emisiones de carbono por transporte, fabricación y empaques innecesarios.

Te urge saber: ¿Y tú comes la tortilla que crees que te mereces?

Se están pirateando este espectacular maíz oaxaqueño (descubre quién, por qué y qué hacer al respecto)

La justa combinación entre manos, tierra y semillas mexicanas dio lugar a un maíz fantástico que dos universidades estadounidenses y una empresa transnacional están llamando propio…

El maíz es la planta mexicana por excelencia. Su cultivo, es mucho más que una práctica milenaria, se ha transformado en un acto de resistencia muy contemporáneo, porque el maíz y sus más de 60 variedades son el símbolo máximo de la biodiversidad de nuestra tierra y, por lo tanto, también de la diversidad cultural que nos hace tan complejos y también particulares en el mundo.

Además, el maíz representa nuestro vínculo intenso e indeleble con la tierra, con el campo, el lugar de donde brota la vida; pues la existencia de esta planta depende de nosotros y nosotros dependemos profundamente de ella. El maíz y los mexicanos estamos eternamente unidos. Y en este ejercicio de perfeccionarnos el uno al otro (mexicano al maíz y viceversa), algunas comunidades campesinas han cultivado plantas espectaculares, como el maíz de la Sierra Mixe de Oaxaca.

¿Su gran peculiaridad? Este maíz oaxaqueño se caracteriza por ser resistente a las plagas y no necesitar fertilizantes. Esto lo vuelve una auténtica joya para los productores agrícolas, especialmente para los que siembran alimentos de forma masiva.

Esta increíble cualidad llevó a dos universidad estadounidenses y a una empresa transnacional a piratearse la planta (de una forma particularmente ilegal), pasando por alto regulaciones nacionales, internacionales y, por supuesto a la comunidad ligada a la existencia de este maíz.

¡Se están pirateando el maíz!

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Fue la investigación de Paris Martínez para Animal Político la que reveló los detalles de este nefasto hecho: la transnacional Mars Inc. (Snickers, M&M, Milky Way, Orbit, Wiscas y más) y las universidades Davis de California y Wisconsin-Madison de Estados Unidos publicaron una investigación en una revista científica asegurando haber descubierto el maíz de la Sierra Mixe, una planta que existe gracias a los cientos de años de selección tradicional de la semilla.  

Y no solo no lo descubrieron, sino que para el plagio genético que ejecutaron se saltaron al gobierno de México. Claro que las confusiones son excesivamente intrincadas, hay muchas instituciones tomando papeles controversiales y mucha desinformación. El artículo de Animal Político desentraña cuidadosamente el asunto, pero, sobre todo, nos deja saber por qué es tan relevante este molesto y muy oscuro evento.  

¿Por qué este problema es tan relevante?

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Hay muchas razones para prestarle atención a lo que está pasando con el maíz de la Sierra Mixe, pero la principal es elocuentemente explicada por la doctora Yolanda Massieu Trigo que declara para Animal Político: “las variedades de maíz criollo son bienes comunes, pertenecen a toda la comunidad.”

El maíz criollo es justamente ese que se desarrolla por los procesos milenarios de selección e intercambio de semillas, hechos en conjunto y durante toda su historia por una comunidad particular. Así, este maíz nos narra la forma en que esa comunidad (y los miembros que la conforman) se comunica, comparte entre vecinos y, también las cualidades que priorizan o buscan asegurar, al sembrar maíz. Algunos preferirán ciertos sabores o texturas o colores o cualidades como aguantar mejor climas extremos o, como es el caso, poder sobrevivir a las plagas.

Así, estos maíces son en múltiples sentidos propiedades colectivas y nunca deberían ser señalados como el descubrimiento o la labor de uno, menos en las circunstancias tan descaradamente ilegales en las que está ocurriendo esto ahora.

Por otro lado sí es súper relevante ese asunto de la ilegalidad: la forma en la que estas organizaciones se pasaron por alto a las autoridades locales, a las personas de la comunidad y hasta el Protocolo de Nagoya, convenio internacional que protege la diversidad biológica y su uso sostenible.

Y, por si fuera poco, las declaraciones de las universidades y la empresa son tan ominosas que ni siquiera se ha podido confirmar de qué municipio o pueblo de la Sierra Mixe de Oaxaca es la comunidad que podría haber compartido (o a quienes se le arrebató) el secreto de su fantástica semilla.

¿Qué puedes hacer al respecto?

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El asunto es muy complejo, pero hay algunas cosas que puedes hacer para apoyar la causa:

  • Firma peticiones y dona a iniciativas que defiendan los maíces nativos y criollos.
  • Cométe la tortilla (y los demás productos de maíz) que realmente te mereces: hechos con la planta local, cultivados de forma tradicional, por comunidades locales. Verás que son mejores y más ricos.
  • No compres productos de maíz chatarra (hechos con harina refinada) o hechos con variantes transgénicas.
  • No apoyes la economía de las grandes transnacionales, que ni siquiera tienen la decencia de hacerse de material biogenético de manera legal. Recuerda que cuando le compras algo a alguien, tú estás financiando sus prácticas. ¿A quién quieres patrocinar?
  • Infórmate sobre lo que está ocurriendo y comparte lo que sabes con los demás.
  • Alza la voz. Recuérdale a estas instituciones que estamos enojados. Contacta aquí a UC Davis, a  Wisconsin-Madison o a Mars Inc. Que sepan que los estamos vigilando.
  • Únete a la defensa de los campesinos por nuestra diversidad, en todos los sentidos posibles. Come mexicano y haz milpa, recuerda que es un acto de resistencia.