6 razones por las que, a pesar de todo, Roma es ya una película esencial

Tal vez no se llevó el Oscar a “Mejor Película”, pero definitivamente incidió, de muchas maneras, en las vidas de sus espectadores.

Sin duda ROMA se ha transformado ya en un concepto polisémico. Es el lugar al que todos los caminos llevan; es la entrañable colonia en el centro de la Ciudad de México; es el reconocido detergente biodegradable y, ahora, también es sinónimo de buen cine, de inclusión, de diversidad, de empoderamiento femenino, de cariño maternal.

El responsable es, en gran medida, un cineasta que decidió arriesgarse a contar una historia personal, desde la más diáfana intimidad. A Alfonso Cuarón le debemos muchas cosas, pero, sobre todo un agradecimiento enorme, por haber puesto frente a nuestros ojos ROMA: una carta de amor a una tierra herida.  

Es cierto, un gusto a decepción se siente (aunque ligero) porque no se llevó el Oscar a “Mejor Película” durante la premiación que emociona mucho a los mexicanos y en donde ya ha triunfado múltiples veces el talento nacional. Sin embargo, ROMA incidió de muchas maneras en las vidas de sus espectadores y así no faltan motivos para celebrarla.

Te presentamos 6 razones por las que, a pesar de todo, Roma es ya una película esencial.

Acercó a muchos a un estilo muy particular de cine

Definitivamente ROMA no se parece nada a los productos típicos del cine comercial; sin embargo su éxito podría hacernos pensar que estaba hecha para ser extremadamente popular. En gran medida la enorme publicidad que se le hizo y la inmensa expectativa que generó durante la temporada de premios tuvieron que ver con esto, pero la cosa es que, ROMA terminó por ser vista y nos expuso a un cine de cadencia lenta; con una narrativa que no está ahí para sorprender, sino para emocionar; que está en blanco y negro y que se narra desde un punto de vista que normalmente no es reconocido. 

Nos introdujo a Yalitza Aparicio

ROMA nos dejó muchas cosas buenas, pero una que nos da mucho gusto es la interacción a gran escala con la maestra y actriz Yalitza Aparicio. No solo es la primera mujer indígena nominada al Oscar de Mejor Actriz, sino que como lo declaró Cuarón después de los premios, ha sabido aprovechar bien su papel para hacer declaraciones en favor de la diversidad, la equidad de género y el respeto a los pueblos indígenas.

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Trajo a la mesa la conversación sobre las empleadas domésticas

A muchos la postura de ROMA les parece en última instancia clasista o hipócrita, pero a otros les parece realista. Para nosotros ROMA documenta más de lo que critica, pero, al exhibir ciertas situaciones, nos está invitando a discutirlas y a formarnos una opinión sobre ellas.

Esto sucedió y a gran escala con el asunto de las empleadas domésticas en México, de la forma en que son tratadas por sus empleadores y de su falta de derechos laborales. Afortunadamente, esto último podría cambiar muy pronto y la conversación sigue abierta. ¿Cómo hacemos de la labor doméstica un asunto digno, no solo en la práctica, también en su conceptualización?

Nos recordó que México es un país enorme

Y lleno de diversidad, donde se hablan muchísimas lenguas y donde habitamos toda clase de personas. Y que esto no es malo; al contrario: es por mucho nuestra mejor cualidad.

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Nos enseñó que la violencia está en las pequeñas cosas

En las discusiones familiares, las peleas de hermanos, la forma en la que tratamos a la gente que realiza un trabajo para nosotros, los pequeños actos de racismo. Todas estas son las pequeñas formas en que se manifiesta la violencia y Cuarón nos recordó que a la larga, se suman y ese río de furia, de odio, de confusión y dolor desemboca en un mar terrible de represión, guerra y crímenes que difícilmente podrían ser solucionados.

Pero que el cariño y el reconocimiento pueden apaciguar ese mar

Igualmente, son los pequeños (pero potentes) actos de cariño los que pueden disminuir el dolor y la confusión. Sobre todo, el reconocimiento de lo que otros hacen por nosotros y del valor de su estar-ahí. Como nos enseña ROMA, la clave es respetar la forma en que cada uno se identifica a sí mismo y tratar a quienes nos rodean con ganas de cuidarlo, de hacerlo sentir bien y no lo contrario. Tratémonos con bondad, aunque pensemos que nuestras diferencias nos hacen muy lejanos.