Este precioso documental celebra la diversidad de las cocinas mexicanas

Lejos del glamuroso contenido que se está produciendo sobre chefs y restaurantes, este refrescante documental cuenta las historias de la auténtica sal de la tierra de las cocinas.

Lejos del glamuroso contenido que se está produciendo sobre chefs y restaurantes, Netflix acaba de estrenar un refrescante documental que se concentra en contar la historia de la sal de la tierra de las cocinas: el personal.

Pocas voces se han dedicado a reconocer la enorme labor de la auténtica infraestructura de los restaurantes. Pero lo que sucede en el interior de las cocinas, especialmente en grandes ciudades, es en muchos sentidos un acto de resistencia y en “Historia de dos cocinas” (2019) queda evidenciado por qué.

 

El corto documental nos cuenta sobre Cala y Contramar, dos restaurantes (uno en San Francisco y otro en la CDMX) dirigidos por la reconocida chef mexicana Gabriela Cámara. A través de un formato dinámico y una serie de detalladas y sugestivas tomas, “Historia de dos cocinas” propone un paralelismo entre las narraciones de migración de México a Estados Unidos y de la provincia del país a la CDMX.

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Las cocinas de todo el mundo están llenas de migrantes. Algunos vienen lejos, desde otros países y otros vienen de un poco más cerca, de los pueblos a los ciudades; pero siempre con una motivación en común: sobrevivir. Sus vivencias están marcadas por este cambio radical de terreno y lo que ofrecen en los restaurantes es una manifestación de esta experiencia.

Como relata el personal de ambos restaurantes: lo que deben regalar a los comensales es una experiencia de familia. “En México” dice orgulloso un mesero de Contramar “hacemos a la gente de nuestro trabajo nuestra familia”. Esa sensación se traslada a la experiencia culinaria.

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Por su lado, en Cala, el “staff” estadounidense está feliz de recibir este tipo de aproximación al trabajo. En Estados Unidos, la individualidad y la competencia, son los pilares del trabajo. Pero la cultura restaurantera está abriendo muchos espacios para una segunda oportunidad.

Tal vez sea porque la esencia de la comida, particularmente la mexicana, es ser abierta. Recibir constantemente influencias del exterior y estar dispuesta para la reinvención es importante para que se mantenga vibrante y vigente entre nosotros; en nuestra cultura. Además, la comida es el pretexto perfecto para reunirnos. Y eso es lo que necesita el mundo ¿no? Una buena sobremesa.

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Dice la chef Gabriela Cámara que abrir un restaurante mexicano en Estados Unidos es una paradoja, por donde lo veas. Pero tal vez no. Tal vez es exactamente el tipo de acciones que debemos ejecutar. Y no solo desde la gastronomía.

Consejos para rifarte en la vida de Daniela Soto-Innes, la mejor chef del mundo

Daniela Soto-Innes ha conquistado al mundo con su ingeniosa cocina mexicana, pero detrás de sus sabores hay una forma de vida que deberíamos aprenderle.

El orgullo mexicano se desbordó inmensamente cuando Daniela Soto-Innes fue nombrada la mejor chef del mundo (femenil) por World’s 50 Best, prestigiosa lista que se construye con base en la opinión de grandes expertos gastronómicos, chefs y críticos de comida alrededor del mundo.

Y no es para menos: en muchos sentidos es un triunfo para todos que esta chica mexico-americana esté conquistando al mundo con su ingeniosa cocina y complejas reinvenciones de nuestra gastronomía nacional. Pero, detrás de sus sabores, hay una forma de vida que deberíamos aprenderle. Te compartimos algunas preciosas lecciones que, incidentalmente, nos dejó esta increíble chef.

1: Ser joven no es un obstáculo; todo lo contrario

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Fotografía: Karen Rosetzky

Daniela Soto-Innes tiene 28 años y ya es reconocida como la mejor chef mujer del mundo, probando que, aunque ser joven sí puede ser sinónimo de inexperiencia, no tiene por qué ser un obstáculo. Daniela, de hecho, abrió junto a Enrique Olvera el restaurante Cosme cuando solo tenía 24 años. Su energía es de absoluta determinación y eso es lo que ser joven debería significar.

“He aprendido a no hacer del trabajo mi vida y a disfrutar realmente el hecho de ser tan joven y a abrazar eso” dijo Daniela a Laura Price.

2: Honra las narraciones detrás de tu identidad

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Fotografía: Karen Rosetzky

La identidad es flexible y también es fragmentaria. Eso quiere decir que siempre se está reformulando y, de alguna manera también expandiendo. Por otro lado, hay narraciones más o menos claras que permiten construirla. Sin duda la gastronomía es una que, por cierto, en México es especialmente representativa.

Es urgente que aprendamos a aprovechar esa fuerza que viene de las narraciones que nos forman, así como Daniela Soto-Innes, que todos los días le escribe un poema a la cultura mexicana con su trabajo, aunque desde los 12 años vive en Estados Unidos y, por supuesto, ha hecho de nuestro vecino del norte su casa.

3: Rompe los estereotipos, especialmente los malos

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Fotografía: Karen Rosetzky

No solo de género, no solo los de nacionalidad: rompe todos los estereotipos posibles, especialmente si están cerrando posibilidades creativas. Daniela, por ejemplo, es conocida por no ser la clásica “chef” que mantiene la cocina en un ambiente silencioso o tenso y tampoco trabaja con “los mejores”, sino con los que más se rifan.

En su cocina se baila, se canta, se escucha música todo el día; la gente ríe, la pasan bien, disfrutan su trabajo, se tratan bien unos a otros, rompiendo el cliché de que ir a trabajar es horrible y que los jefes son malvados. Además, las personas que emplea no necesariamente están formadas en la clásica escuela, pero aman la cocina y aprenden todo lo que pueden de los demás.

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Fotografía: Karen Rosetzky

“Tienes que tratar a cada persona como un individuo, no como una máquina,” dijo para el blog de World’s 50 Best, “Es importante que las personas con diferentes personalidades sigan el mismo camino para que funcione un restaurante, pero eso no significa que tenga que cambiar la forma en que piensan en general… Abrazamos a cada persona como suya, pero también abrazamos a Cosme como una cosa que reúne mucha gente diferente”

4: Busca ser feliz, haciendo felices a los otros

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Imagen: Eater

“Tienes que estar feliz mientras haces mole o tamales, si no, no saldrán bien.”

Es una creencia popular que no hay que cocinar enojado y, en realidad significa algo muy profundo. Cocinar es un acto de cariño y para Daniela eso se extiende a cada detalle. Desde tratar increíble a su equipo y procurar su bienestar, hasta disfrutar enormemente el acto de cocinar.

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Imagen: Food and Wine en español

Como explica a Laura Price para el blog de World’s 50 Best, todas las mañanas en Cosme comienzan con una sesión ligera de estiramientos y hasta ejercicios como sentadillas para “entrar en calor”. Sin duda eso cambia la perspectiva completa del día de trabajo. Ser feliz, como ella lo está siendo, implica cuidar también de los otros y hacerlo en serio.

“Cuando estás cocinando en un restaurante que tiene un gran volumen pero que también te pide mucho, a veces es muy estresante. Pero lo que lo hace funcionar es a las personas que vienen con una sonrisa después de trabajar de 10 a 12 horas al día, sin parar. Verlos bailar y cantar desde lo más alto de sus pulmones, estoy más orgullosa de haber hecho que la vida de alguien sea tan feliz mientras hacen su trabajo…”

También en Más de México: Conoce a Cristina Martínez, la increíble chef migrante que ha conquistando E.U. con su barbacoa

*Fuente: todas las citas fueron tomadas de “Cosme’s Daniela Soto-Innes on corn husk meringues, immigrant culture and dancing in the kitchen” por Laura Price para el blog de World’s 50 best.

 

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2 deliciosos platillos mexicanos entre los 10 favoritos del mundo (según Taste Atlas)

Según esta detallada lista de las más grandes delicias del planeta, estas son las dos comidas mexicanas más increíbles.

La comida mexicana es un auténtico tesoro, y no solo para los mexicanos. Además de que cualquier persona (sin importar su origen) podría encontrar en ella la calidez y los sabores reconfortantes que la caracterizan; nuestra gastronomía nos enseña constantemente una lección vital: remezclar tradiciones no sólo está permitido, sino que es urgente (y delicioso).

Y es que eso que llamamos cocina tradicional mexicana es un ingeniosa fusión de temporalidades y culturas muy diversas: desde la herencia prehispánica; pasando por las técnicas e ingredientes europeos, y hasta la fusión más contemporánea, que celebra nuestro vínculo con toda clase de naciones. En ese sentido siempre está cambiando, se reinventa y vuelve a escribir sus reglas.

Por otro lado, según el TasteAtlas —una “enciclopedia de los sabores” que detalla más de 10,000 platillos e ingredientes de todo el mundo y celebra las gastronomías locales y las recetas típicas— hay dos platillos mexicanos entre los 7 mejor calificados del mundo. Ambos son preparaciones populares, que conjugan perfectamente sabores de casa y, aunque los pruebes lejos de aquí, te harán sentir abrazado por esta tierra.

Te los presentamos:

Enchiladas, en el número 6

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Como prácticamente todas nuestras recetas, de esta delicia casi hay una versión por cabeza. Con que tengan tortillas, salsa y relleno, ya se podrían llamar enchiladas. Las clásicas son las de salsa roja o verde con pollo o queso, pero también nos encantan las potosinas (más pequeñas y con una salsa muy particular), las suizas (bañadas en una salsa cremosa aromática) y los papadzules (rellenas de huevo cocido y bañadas en una especie de pipián verde).

Chile relleno, en el número 7

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Un plato que grita remezcla y con todo. El chile relleno es la evidencia de que México es la suma de múltiples culturas. El chile (que puede ser poblano o pasilla) va relleno de carne, queso, frijoles o hasta mariscos. En algunos casos se come capedo y siempre bañado en una salsa que puede ser el típico caldillo de jitomate o la exuberante nogada. Se piensa que esta joya se inventó en Puebla, durante la conquista.

Revisa la lista completa aquí y considera que se está actualizando constantemente.

También en Más de México: ¿Qué sí es la comida mexicana? la enorme confusión que nos está volviendo locos…

 

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Conoce a Cristina Martínez, la increíble chef migrante que ha conquistando E.U. con su barbacoa

La historia de la chef mexicana nos recuerda que este país, como su cocina, es complejo y agridulce, nostálgico, doloroso y picante.

Como pocas cosas, la comida reúne. Aunque se practique en solitario, el acto de alimentarse siempre implica comulgar. Si no es con los compañeros de mesa, es con la tradición que da lugar a un plato o con el campo donde florecen sus ingredientes. Tal vez esta cualidad intrínseca a los productos de la gastronomía es lo que los vuelve un poco mágicos, capaces de convocar el amor y lo comunitario, hasta en las más terribles circunstancias.

A esta cualidad Cristina Martínez, la increíble chef migrante que ha conquistado Estados Unidos con su deliciosa barbacoa, le llama propósito. La comida con propósito se hace con y por amor, se hace para alimentar y, en esa bondadosa expresión, convidar genuina energía; calorías, claro, pero también energía humana.

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¿Quién es Cristina Martínez?

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Cristina Martínez es ya una celebridad en el mundo de los restaurantes y además, una vocera de los trabajadores migrantes “ilegales” que, como ella, están luchando por sus derechos en un país que aprovecha su fuerza laboral, pero que a penas la compensa, con la excusa de su falta de papeles.

Hoy Cristina es considerada una de las mejores chefs en E.U. y el restaurante que emprendió con su esposo Benjamin Miller, South Philly Barbacoa, en Filadelfia, ha sido llamado un imperdible por críticos y publicaciones gastronómicas prestigiadas. No en vano le dedicaron un capítulo completo en la nueva temporada de Chef’s Table, el programa de Netflix que se adentra en la vida de los mejores chefs del mundo (el otro paisano que se llevó ese honor es Enrique Olvera).

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Sin duda el nombramiento es increíble, sobre todo considerando que la especialidad es la barbacoa: un platillo regional, muy específico, amado por los mexicanos, sin duda (porque combina deliciosamente los sabores que encantan a nuestro paladar) pero que encontró la forma de ampliar el horizonte gustativo de los estadounidenses.

Aunque se dice que la barbacoa de esta mujer es espectacular. Y no es sorprendente. Ella es originaria de Capulhuac, en el Estado de México, la “capital de la barbacoa”. Y aunque no ha podido volver a su pueblo, por su condición de migrante, su sazón y este amor tan mexicano por la comida y la familia, se impregnan en todo lo que hace.  

Su intensa vida está llena de lecciones

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Migrar de forma ilegal es extremadamente riesgoso, en muchos sentidos posibles; además es una decisión definitiva, porque hacerlo siempre tiene un impacto enorme en la vida, en la identidad y, por supuesto, porque lo que se deja atrás es el lugar de origen y, en muchos casos, a la familia.

Así fue para Cristina, quien tuvo que huir de terribles condiciones, de una intensa violencia familiar y de la falta de oportunidades económicas a un país donde ha encontrado una vida completamente distinta. Atrás dejó su pueblo, a su familia y a sus queridos hijos.

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Aunque fueron sus hijos, especialmente su hija Karla, el motivo central para buscar mejores condiciones. Toda su chamba se traduce en bienestar y educación para ella, quien, tristemente no ha podido visitarla, pues la visa le ha sido negada.

Por otro lado, sería un desperdicio no aprender de su vida, de sus increíbles experiencias y sobre todo de su inmensa fuerza, su carácter resiliente, y su delicada manera de narrar la propia vida. Cristina es una mexicana fantástica y lo único triste que nos queda de ella es no poder tenerla por acá cocinando su espectacular barbacoa.

Te compartimos lo que aprendimos nosotros, leyendo sus pronunciamientos y escuchando su historia de vida en producciones preciosas como el capítulo que le dedicó Netflix y este increíble podcast de Inger Díaz Barriga.

La barbacoa es un cruce de tradiciones

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Derivada de recetas indígenas, pero inevitablemente adoptada por los mestizos, como cualquier otro plato tradicional mexicano, la barbacoa es signo de remezcla. Al comerla estamos apelando a un mundo donde caben toda clase de posibilidades. Al preparla a eso invita Cristina.

Dijo para Chef’s Table:

A los ojos de los hombres, tenemos que tener un papel para decir quiénes somos, pero a los ojos de Dios todos somos iguales.

Así su lectura de nuestras sociedades. Ella, de su lado, inició junto a su esposo el movimiento #Right2Work que busca proteger a los trabajadores indocumentados, para que tengan derechos y protección social.

Por haber sido fichada en uno de sus intentos de cruzar la frontera, Cristina no podría obtener la residencia, a pesar de estar casada; así no le queda más que luchar. Y su primer acto de rebeldía: servirle comida deliciosa a la gente que la está buscando, comida casera, comida nutritiva, hecha con amor y tradicionalmente sofisticada.

Los sabores son complejos, el acabado es un entramado de sabor

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La barbacoa es extremadamente compleja. Su preparación es de un alto nivel técnico y hay que conocerla bien, para que quede perfecta. Por otro lado, su sabor delata una identidad gastronómica muy sofisticada. En la barbacoa hay dulzor, por la naranja, la complejidad del borrego y los humos del maguey, además. El acabado hace a este taco un entramado de sabores, con la salsa, la cebolla, el cilantro, todo envuelto en una perfecta tortilla nixtamalizada.

Es dulce y salada y amarga y ahumada y picante y suave y crujiente. Como la vida misma, sí. Y nos llena de nostalgia. En Cristina se manifiesta esta complejidad y sensibilidad enormes. La mujer que escapó de acoso sexual, violencia familiar y explotación laboral y que ahora vive lejos de sus hijos y tuvo que sufrir la muerte de uno, no deja de tener una sonrisa preciosa en la cara; tampoco deja de ver para adelante; moverse; luchar por sí misma y por los demás, y sobre todo, no deja de amar profundamente.

Esto nos deja otra pequeña lección, inmiscuida también en la receta de la barbacoa. Como el delicioso platillo, la vida solicita una inmensa paciencia. Hay que esperar 8 horas para sacar la maravillosa carne del horno. Y a veces hay que esperar mucho más para disfrutar las cosas por las que hemos luchado. La cosa es seguirle dando.

Es un asunto de alquimia y magia

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En la barbacoa hay algo místico. Calor y tiempo se combinan para transformar la carne marinada en algo absolutamente distinto, que casi se deshace en la boca y cuyos vapores inundan el mundo. Sin duda, un acto de alquimia.

Pero además es mágica: a Cristina le queda clarísimo que en la comida hay “una esencia bien fuerte”, que tiene la capacidad de transferir al otro la emocionalidad con la que está hecha. Lo piensa mucho cuando habla del maíz, una planta que, en sus palabras: “nutre el corazón, el espíritu y nos hace más fuertes.” Y como el taco está hecho de maíz “hay que tenerle mucho respeto.”

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Es así, como Cristina Martínez nos enseña a tenerle un amor inmenso a las cosas más simples de la vida, a eso que normalmente damos por sentado. Y también nos deja una lección interesante, sobre tener fe. Sobre encomendarse a un destino que no está en nuestras manos. Tal vez el de los dioses, tal vez el del camino que estamos cruzando. Al respecto, un fragmento del podcast “Mejor vete, Cristina”, donde cuenta el ritual que hizo para cruzar con bien el desierto, en su andar de migrante:

Mi hermana me dijo que cuando yo llegara al desierto tirara 1 galón de agua y dejara mis dulces, porque había muchos muertos entonces que pidiera yo permiso para entrar y que no me picara ni una serpiente, ni corriera yo frío, ni nada, nada, nada… Entonces, pues yo dije: “con permiso, por los difuntos que hay y los que faltan, yo pongo esta agua, y denme permiso. Yo solo quiero caminar, cuídenme y por la gente con la que venimos”.

La barbacoa alegra el corazón

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De esto no hay duda. Nada como los domingos en la mañana, sentarse con la familia y los amigos a comer barbacoa, a dejarse reconfortar por su calidez y a repetir el conocido sabor que nos ha acompañado tantas otras veces. ¿Será la tortilla o la salsa o las manos mágicas que con el cuchillo pican la carne, lo que nos deja flotando, en esa rica nostalgia?

Cristina dice que en cada uno de los clientes a los que les sirve tacos y consomé, entre otras delicias, ve a su familia, especialmente a sus hijos:

Inger: ¿Ves a tus hijos en esas mesas?
Cristina: Sí. Claro que sí. Está Karla, está Isaías, está José… Los veo como José con su familia, veo a Karla como los estudiantes que llegan y a Jesús lo veo como un niño. Veo a Isaías como hombres trabajando en construcción, en trabajos muy rudos como lavando cocinas. O sea, en cada gente que llega ahí… veo a mis hijos.

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Dice Cristina Martínez que cada persona tiene una historia que pesa y es su labor como cocinera, como mamá, como migrante, dar un cachito en la mesa para que cada uno pueda compartirla: “Todos somos una familia. La comida nos reúne.”

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*Imágenes: Univisión; excepto destacada correspondiente a Netflix.