Cultivando paz en un huerto urbano de Iztapalapa

Este colectivo mexicano está cultivando paz para su barrio con un increíble huerto urbano.

Es posible que sean acciones sencillas las que nos ayuden verdaderamente a reducir la intensa violencia que está experimentando México.

Definitivamente, ir de las grandes estructuras (los gobiernos, las empresas, los mercados y otras organizaciones en esos niveles) hacia las localidades más ínfimas no ha probado ser muy efectivo. Frente a ese panorama, el camino está tomando un curso insospechado y fantástico. Se trata de los proyectos comunitarios, frecuentemente gestionados por colectivos locales, barriales y vecinales.

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Fotografía: Mattza Tobón

Uno que destaca y nos inspira es el Colectivo Raíces del Oriente, de la delegación de Iztapalapa en la CDMX. Ellos se dieron cuenta de lo importantes que son los actos más “básicos” para mitigar los problemas de inseguridad en su entorno y por eso decidieron ensamblar un huerto urbano.

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Cultivando la paz

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Imagen: mexico.com

Dos acciones muy sencillas podrían ser clave: el acto de reunirse y por otro lado “poner las manos en la tierra”. La función de la primera es vital: se trata de generar bienestar, pero de forma colectiva. Y no solo va de tomar decisiones junto a nuestros vecinos y familiares sobre nuestro espacio; también de pasar el rato, platicar, chismear, compartir las penas y las celebraciones, hacer comunidad.

Sembrar algo juntos es una gran forma de generar una conexión simbólica y material. Pero, además, un huerto urbano provee seguridad alimentaria y eso es un paso enorme si queremos reducir la violencia. Sin duda, esta tiene múltiples y muy complejas causas (que sí, son estructurales), pero las carencias juegan un papel clave.

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Fotografía: Mattza Tobón.

Muchos estamos acostumbrados a entender los actos violentos como algo ajeno; algo que nos sucede de forma injusta; pero francamente, el desequilibrio de nuestro sistema social ha dejado a muchos sin suficientes alternativas (aunque nada justifique lastimar a otros).

El huerto urbano en Iztapalapa nos inspira

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Imagen: mexico.com

En la región más poblada de la capital, el huerto era igualmente improbable y urgente. Los integrantes del Colectivo Raíces del Oriente lo describen como un “espacio autosustentable donde se realizarán actividades para concientizar a la comunidad de técnicas agrícolas, urbanas y orgánicas”.

Pero ha probado ser mucho más que eso. El espacio de 200 metros cuadrados podría servir para ensamblar un comedor comunitario con comida orgánica y local; además, ya es un área verde que destaca en una zona dominada por el concreto y que refresca el paisaje y, sobre todo, el panorama.

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Fotografía: Mattza Tobón.

En el huerto, además de preciosas plantas como maíz, jitomate y zarzamoras, hay unos murales increíbles, cortesía de un grupo de artistas urbanos de la zona. Es un pequeño oasis que propone un descanso a las duras dinámicas que dominan en la zona.

Aunque está claro que esta propuesta no debería seguir siendo excepcional. El Huerto Urbano de Acatitlán debería ser una inspiración para que —cada vez más— las plantas, las posibilidades, la tranquilidad, el color, el aire limpio y la cosecha colectiva inunden a la ciudad y al país. El medio ambiente, nuestros estómagos y nuestras mentes estarán muy agradecidos.

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Danzas de la calle: resolviendo la violencia “a cumbiazos” (VIDEO)

Algunas “pandillas” de Saltillo se organizaron para cambiar los golpes por las cumbias y, así, sublimar la violencia con mucho estilo.

Está clarísimo: la situación de violencia en México nunca había sido tan complicada. Eso todos lo sabemos. Lo que pocos saben son las cosas que muchísimos mexicanos están haciendo para darle la vuelta a este terrible panorama. Y lo mejor de todo es que, estas acciones retoman lo más simple, cosas que nunca imaginamos que servirían para resolver un problema tan grave. Cosas como bailar.

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Un ejemplo increíble es el colectivo “Danzas de la calle”, que ha sabido interpretar bien las dinámicas urbanas de Saltillo, Coahuila, y usarlas para construir una cultura de paz, en lugar de un entorno violento. Su intención es “representar las guerras de bandas o pandillas a través del baile”; así en lugar de “agarrarse a madrazos”, pandillas rivales hacen una reta de cumbia colombiana (cumbia tradicional mezclada con techno) y en ese movimiento subliman su enojo. 

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“Danzas de la calle” ya es un grupo consolidado de danza, que se presenta en distintas colonias de Saltillo, incentivando formas completamente nuevas de comunicarse con los demás y también de encontrarse con uno mismo. Inspirados por el estilo, un ambiente familiar y muy agradable, el movimiento y, claro, una buena cumbia, muchos jóvenes de la ciudad buscan unirse a este grupo; y otros tantos han aprendido que bailar es la mejor manera de “enfrentarse”, expresándose con honestidad, pero sin salir lastimados. 

Pero ser parte de “Danzas” —como le dicen de cariño sus integrantes— es un compromiso fuerte, pues en el colectivo no se permite el uso de drogas, se evitan a toda costa las interacciones violentas y si uno quiere bailar, tiene que demostrar que le está yendo bien en la escuela. Así, esta actividad colectiva es una auténtica alternativa para los jóvenes que viven en las periferias de Saltillo y que, como referente, tienen un contexto bastante descompuesto, pero que sí se puede cambiar. 

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Lo mejor es que “Danzas de la calle” no descarta las ideas de “pandilla” y orgullo barrial, porque encuentran en ellas la encarnación de lo comunitario, la importancia de la familia y sin duda una herramienta para re-ensamblar el tejido social. 

Y claro que ser de barrio es motivo de orgullo. Los barrios suelen ser zonas rezagadas, donde las políticas públicas no aplican de las mismas formas y donde los servicios no llegan con la misma facilidad que en las colonias de mayores recursos. Ser de barrio implica resiliencia y mucha unión social. Y ese orgullo también es un escudo contra la discriminación. 

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La cumbia colombiana está ligada a un estilo que remite a la vida barrial, a la cultura chicana, a la urbanidad y para algunos esto se relaciona inmediatamente con criminalidad y, claro, violencia. Pero los jóvenes que bailan en “Danzas” están fragmentando estos juicios superficiales. Con sus intrincados movimientos y a través de este cadencioso ritual, los bailarines de cumbia en Saltillo están generando una auténtica resistencia. 

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Una estudiante oaxaqueña creó una biblioteca comunitaria en la Sierra Mixe

Buscando abrir un espacio para que su comunidad conecte con otras formas de ver el mundo, esta joven ensambló un proyecto increíble que deberíamos replicar.

Recientemente, el interés general por comprender y conectar de forma genuinalibre de prejuicios y clichés— con las comunidades indígenas de México está creciendo. Finalmente, los mexicanos estamos entendiendo que estos grupos culturales no son nuestro pasado y mucho menos son una versión paralela (más sensible, mejor y muy romántica) de nosotros; sino sujetos con los que compartimos historia y territorio.

Así, los medios y espacios para aprender de estos grupos e intercambiar con ellos saberes sobre toda clase de cosas (medicina, formas de gobierno, lingüística, agricultura, arquitectura) se están ampliando. Sin duda, aún no son suficientes; pero los puentes de intercambio se están tendiendo.

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Imagen: FES Acatlán

Por otro lado, estas comunidades, en muchos casos aisladas (ya sea por su forma de vida, por decisión propia, por rezago de parte de los centros urbanos o hasta por falta de caminos), también están abriendo espacios para conectar con otras formas de ver el mundo. Un ejemplo increíble es la biblioteca comunitaria que creó Adriana Kupijy Vargas, joven mexicana de la sierra mixe de Oaxaca.

Intercambiar saberes es vital

A través de una convocatoria en Facebook, la estudiante de cuarto semestre de la licenciatura en Pedagogía de la UNAM, logró reunir más de 4000 libros y montó un espacio de lectura en la ranchería Tejas, en el municipio de Santa María Tlahuitoltepec.

Su intención es que cualquier sujeto en su comunidad pueda acceder a textos que, normalmente, no se encuentran a su alcance (en parte por falta de infraestructura, pero también porque pertenecen a una tradición muy distinta). Y sin duda, el suyo es un proyecto que hay que apoyar y empezar a replicar.

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Sierra Mixe de Oaxaca

No debería tratarse ya de que los saberes occidentales lleguen a las comunidades indígenas, sino de que sea posible que todos consumamos cualquier clase de saber y aprendamos a capitalizarlo en proyectos que beneficien a todos, sin importar de dónde venimos o dónde estamos parados.

El intercambio es vital: con los textos vienen formas de pensar distintas, propuestas sobre la comprensión del mundo y, sobre todo, narraciones sobre vivencias insospechadas. Y nunca está demás aproximarse a ellas, sobre todo porque a todos nos vuelven un poco más empáticos.

¿Cómo ayudar a este tipo de iniciativas?

Te proponemos tres cosas:

  1. Dona libros (y otros materiales) a este tipo de proyectos. Lo que a ti te sobra le puede servir muchísimo a otra persona.
  2. Ensambla tú una biblioteca comunitaria. Para tu barrio, para tus vecinos, para tu comunidad, para tus amigos.
  3. Elimina el prejuicio de que las comunidades indígenas deberían aprender saberes occidentales. Nadie debería aprender nada: el conocimiento es un flujo que nos conviene revitalizar e impulsar. Pero ese proceso debe ser una decisión personal. Aunque eso no implica dejar de apoyar proyectos como el de Adriana Kupijy Vargas.

Arma una biblioteca comunitaria de saberes indígenas. Si tienes ganas de acercarte a otras formas de mirar el mundo, ¿por qué no buscarlas aprendiendo de quienes te rodean?

Viene la segunda Huelga Mundial Contra la Crisis Climática 🌎 y México tiene que unirse

Aquí todo lo que tienes que saber sobre la huelga y un par de (muy) buenas razones para unirte.

Los mexicanos estamos frente a una serie de complejísimos retos que ya no podemos posponer. El medio ambiente es el más relevante.

Y, aunque las faltas a los derechos humanos, la discriminación de las comunidades indígenas, la violencia de género y la inseguridad parecen en apariencia mucho más grandes, urge empezar a entender al medio ambiente como el lienzo donde todos estos problemas se desarrollan. Y si ese primer plano está bien cuidado y organizado, es mucho más probable que logremos navegar con fluidez todo lo demás.

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Dependemos del medio ambiente, pero en estos momentos estamos viviendo una auténtica crisis a la que no podemos dar la espalda. Algunas personas, en México y en todo el mundo, ya se dieron cuenta de esto. La joven activista sueca Greta Thunberg, ha sido una de las voces más activas en ese sentido.

Y una de sus acciones más relevantes es el llamado a que todas y todos (especialmente los jóvenes) participemos en la #HuelgaMundialContraLaCrisisClimática que consiste en detener las actividades y salir a manifestarse para replicar y difundir la conciencia sobre estos problemas.

¿Por qué es importante ir?

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Sargazo en el caribe mexicano. Fotografía: Gladys Serrano

México es uno de los países más increíbles del planeta y eso se lo debemos a nuestra enorme diversidad. Si atraviesas esta tierra, te encontrarás con ecosistemas de todo tipo, compuestos por una variedad inmensa de especies de flora y fauna.

Esa biodiversidad se manifiesta en múltiples niveles: su presencia invoca cientos de formas de estar en el mundo y eso se refleja en nuestra riquísima diversidad cultural. Y todo esto está en peligro. El cambio climático está modificando todos los ciclos, amenazando la vida de cientos de especies y complejizando los procesos de siembra. Esto último pone en riesgo a múltiples sectores de la población.

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Mina de carbón en Coahuila. Fotografía: Gladys Serrano

Por otro lado, el manejo de los desechos, en general, carece de una estructura eficiente. Las aguas residuales se filtran a los ríos, lagos, cenotes y mares. Y la basura está por todos lados. La contaminación del aire está alcanzando niveles que son extremadamente preocupantes.

Y, por si fuera poco, el gobierno actual (en casi todos los niveles) está caminando en sentido contrario: su agenda no prioriza al medio ambiente; sino precisamente a una idea de desarrollo que no es sostenible y que, por atender lo inmediato, se olvida de lo urgente.

Queremos que te involucres

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Vayamos todas y todos a la marcha. Exijamos a nuestros gobiernos municipales, estatales y al federal que se hagan cargo de esta tierra que, en teoría, deben administrar de la mejor manera. Exijamos salud. Exijamos respirar. Exijamos mantener nuestra biodiversidad y exijamos el respeto por los territorios que tejen nuestro precioso país y la gente que los habita.

Pero, también, pidamos a nuestros amigos, vecinos, familiares, colaboradores, que cambien la forma en que administran su cotidianidad. Se puede vivir sin producir tanta basura. El agua se puede reciclar, tratar y recolectar. Los autos se pueden cambiar por bicis y piernas. La violencia se puede cambiar por respeto.

Y, sobre todas las cosas, hagamos un compromiso o, mejor aún, una promesa a nosotros mismos (a tu “yo” del futuro, tal vez) de que vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos porque el entorno mejore, por curarlo. Y por estar mejor.

¿Te unes?

¿Cuándo y dónde?

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Nos vemos el 24 de mayo a las 13:00 horas en el Ángel de la Independencia, CDMX. La marcha va hacia el zócalo.

En otras partes del país también habrá manifestaciones y actividades, ponte atento. Además puedes organizar a tus vecinos, amigos, compañeros del trabajo y familia para que este viernes todas y todos nos pongamos en huelga. Esta crisis climática puede pasar de ser crítica a ser tratable, si nos unimos.