Cherán está por convertirse en el primer municipio sin basura de México

En solo un mes, su responsabilidad comunitaria ha generado que la implementación de un programa de Cero Basura sea de lo más efectivo.

En 2011 el municipio mexicano de Cherán, de manera organizada, renunció inéditamente a elegir sus autoridades por medio del sistema de partidos políticos (ya que sentían que estos no los representaban). Consiguieron, entonces, la creación del Consejo Municipal elegido en asambleas comunitarias y conforme a la figura de usos y costumbres (su población es mayormente purépecha).

En Michoacán, hoy Cherán es uno de los municipios más seguros; recientemente consiguieron la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre que el gobierno michoacano deba consultarlos de cualquier asunto concerniente a decisiones sobre temas indígenas en el estado, y ha llamado la atención en estos días por ser el primer municipio de México en producir cero basura.

Su organización y eficiencia comunitaria ha sido también mostrada desde que en el municipio se ha implementado el programa Cero Basura. Hoy el 90% de los hogares entrega por separado sus desechos, por lo que los residuos inorgánicos se van todos al reciclaje.

Lo más increíble es que la aplicación del programa lleva en ejecución tan solo un mes. El municipio tiene una población de más de 50 mil personas y con 3 camiones se hace la recolección de los residus: uno colecta los residuos orgánicos, otro se encarga de recopilar el papel, cartón, vidrio y metales, y un tercero recibe sólo desechos sanitarios, éste último tiene asimismo un contenedor para recibir materiales de manejo especial, como baterías alcalinas.

Cada día en el municipio se recolectan hasta 20 toneladas de subproductos, mayormente de plástico y cartón, lo que los convierte en material prima.

Desde la SEMARNACC vamos a continuar ofreciendo todo el respaldo para que este programa tenga éxito en las etapas siguientes etapas, las familias de Cherán ya dieron muestra de compromiso, y nosotros vamos a buscar alternativas para dar los apoyos que demandan, declaró el titular de la SEMARNACC, Ricardo Luna García

 

*Imagen: desinformémonos.org.mx

 

Alguien está transformando los desperdicios en comida en México (y todos tendríamos que sumarnos)

Esta iniciativa recolecta la comida desperdiciada en eventos masivos y los vincula a personas en vulnerabilidad alimentaria.

Mucho se ha dicho sobre el hecho de que el hambre en el mundo no es un problema de producción, es uno de distribución. Cada día se desperdicia 1/3 de lo que se produce, y solo un 25% del total bastaría para alimentar a las más de mil millones de personas que pasan hambre en el mundo, según cifras de la FAO.

Ahora, México no es la excepción, en este país se desperdicia el 30% de los alimentos, según la misma Institución, y más de 23 millones de personas padecen hambre. Y no se trata de un asunto menor, es un indicador de que el sistema necesita ajustes, como siempre, de redistribución.

Hace tiempo, mientras se encontraba en una boda, Fátima Purón del Río, originaria de la Ciudad de México, observó cómo la mayoría de los platillos eran apenas tocados por los comensales.

Entonces decidió hacer algo para aprovechar la comida que se desperdicia diariamente y fundó el proyecto Robin Food, desde el cual un grupo de personas recaba alimentos desperdiciados y los vincula con instituciones para dárselos a personas que puedan aprovecharlos, o bien, a albergues de animales.

Sobre el proyecto, comentó para el sitio Somos Gama:

Nuestro objetivo más importante es contribuir a disminuir el hambre en México; sin embargo, también queremos concientizar a la sociedad acerca de nuestra responsabilidad en el desperdicio de comida y el impacto que esto tiene en el medio ambiente. Sentimos un gran compromiso por dejar de ignorar la situación actual de nuestro país, en la que miles de personas sufren de hambre todos los días mientras que nosotros nos damos el lujo de tirar comida a la basura.

¿Cómo funciona?

La comida se separa por platillos dependiendo su estado, y una vez elegidos, se deparan para consumo humano o animal. Una vez que la comida está separada en los recipientes se llena un formato con información como los ingredientes, fecha de elaboración, caducidad; los métodos de conservación que deberán aplicarse (si es que pueden congelarse, refrigerarse, etc).

¿Quieres ayudar?

Por ahora el proyecto solo trabaja en la Ciudad de México, y la mejor forma de ayudarlos es contactarlos con información eventos donde puedan recoger los sobrantes. También puedes apuntarte como voluntario enviándoles un correo a robinfoodmx@gmail.com.

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Conoce más de Robin Food en su cuenta de Facebook o en su página.

*Imagen: blog.kiwilimon.com

En esta escuela de Morelos imparten náhuatl y los resultados son sorpresivos

En la escuela primaria Plan de San Luis de la comunidad de Tetelcingo se enseña con juegos náhuatl, la respuesta por parte de los alumnos es increíble.

Durante siglos el hablar alguna de las lenguas nativas de México fue sinónimo de marginación, y hasta hoy en algunos casos de discriminación. En esta época, sin embargo, se percibe una revaloración contundente de las culturas prístinas, quizá como un reconocimiento de que hay otras maneras de ver la vida que, incluso, podrían ayudarnos a llevarnos mejor con la naturaleza, y depositar en otros valores la importancia de la experiencia humana, más allá del dinero o el consumismo.

Prueba de este interés es el éxito que diversos artículos sobre lenguas originarias en este sitio han generado, de hecho, nos hemos sorprendido gratamente. Y un ejemplo de que en la práctica está retomándose el valor de las lenguas originarias, es el de la escuela primaria Plan de San Luis, en su grupo de 5º B, en la comunidad de Tetelcingo, en el municipio de Cuautla, Morelos.

En ella el profesor Verónico Xixitla enseña náhuatl, una labor que hace desde hace más de 30 años. A los niños les enseña con juegos  palabras que pueden usar en la vida cotidiana, y así las aplican en otras clases, desde biología hasta matemáticas.

Uno de los efectos más significativos de esta enseñanza es que los niños de Tetelcingo, por primera vez, han podido hablar con sus abuelos en náhuatl, lo que marca una integración generacional que estuvo a punto de perderse.

Según Xilitla, cuando el idioma nativo deja de enseñarse:

Se va perdiendo la identidad y hasta la fe de vivir. El problema es que la gente ya no habla náhuatl porque sienten que es sinónimo de marginación.

Las clases de náhuatl forman parte de un proyecto inspirado por las comunidades zapatistas para formar comunidades con gobiernos autónomos basados en sus propios usos y costumbres. En 2014 el gobierno estatal hizo un decreto que permite que las comunidades indígenas del estado se rijan por su propio sistema de usos y costumbres, cuando no confronte el marco legal existente.

Tetelcingo sería el primer territorio autónomo de Morelos, uno de los requisitos está en comprobar que su fundación se hizo antes de la conformación oficial de Morelos, en el año de 1869. El rescate de identidad colectiva, por lo pronto, ya se está haciendo.

*Fuente:

La Jornada

*Imagen: Marco Paláez/ La Jornada San Luis

La comunidad de Oaxaca que transformó su destino tras rescatar su bosque

En Capulálpam de Méndez, hace 25 años su comunidades decidieron aprovechar su bosque con un manejo forestal sustentable, y los resultados son bellísimos.

Los bosques son sitios fascinantes. Ya sea por que ofrecen experiencias sensoriales que se imprimen en la memoria de sus visitantes, por que son epítomes de vida y equilibrio, o incluso por que estimulan la imaginación, se trata de lugares que presumen una cierta devoción en el imaginario. Sin embargo, pocos consideramos que además de sus bondades poéticas o estéticas, los bosques tienen un papel fundamental en el desarrollo de una comunidad y que pueden ser aliados cruciales de la misma.

Enclavado en la Sierra Juárez (Norte) de Oaxaca, existe un poblado que hace 25 años decidió tomar el control de su bosque. Hoy Capulálpam de Méndez es un caso ejemplar en el manejo y conservación forestal. A continuación te compartimos su historia.

La recuperación de su bosque

Durante casi tres décadas el bosque, que por derecho ancestral y legal pertenecía a la comunidad, fue explotado por la empresa Fapatux. A cambio recibían un “derecho de monte”, que correspondía a una mínima porción del valor comercial de la madera extraída, y eran básicamente marginados de la operación y los grandes beneficios que se generaban.

A finales de los setentas, cuando la concesión fue renovada, Capulálpam, junto con otras 25 comunidades de la región, obligaron al gobierno a retirar la concesión. Fue entonces cuando comenzó una nueva era para esta comunidad, su desarrollo económico y su relación con el bosque.

El bosque, su mejor aliado

Una vez recuperado su bosque, la comunidad entabló con él una relación simbiótica basada en un simple binomio: cuidado y aprovechamiento. Hoy, Calpulálpam de Méndez es una comunidad que encontró en el bosque un motor económico, un eje de identidad colectiva y, en pocas palabras, a su mejor aliado.

¿Cómo lo logró?

– Se convirtieron en la primera comunidad mexicana en obtener la certificación internacional (FSC) por prácticas forestales sustentables.

– Los miembros de la comunidad se capacitaron para aprovechar comercialmente su bosque: adquirieron un aserradero, crearon un taller para fabricar muebles y se abocaron a generarle un mayor valor a la madera que extraen.

– Se establecieron lineamientos de cuidado para evitar la sobreexplotación del bosque y se dedicó una quinta parte del mismo exclusivamente a conservación.

– Los beneficios económicos del bosque, que incluyen la generación de empleos en la propia industria comunitaria, se han utilizado para beneficio de la comunidad: mejora de infraestructura y servicios públicos (hoy el 100% de los hogares cuenta con servicios básicos y se encuentran entre los municipios más desarrollados de Oaxaca).

– Aprovecharon el bosque como motor económico para generar otras actividades productivas, entre ellas una empresa de ecoturismo, una purificadora y embotelladora de agua y una pequeña fábrica de artesanías.

– Se incorporaron conceptos clave al universo de la comunidad, tales como capital social, desarrollo sustentable, desarrollo local, acción colectiva y gobernanza.

Actualmente en México existen alrededor de 2,400 comunidades manejando sus bosques, entre las cuales operan ya casi mil empresas comunitarias. Apoyados por diversas organizaciones, entre ellas el Consejo Civil mexicano de Sivicultura Sostenible, estas comunidades han implementado modelos muy exitosos, y gozan del reconocimiento internacional. Hoy son ellos los verdaderos guardianes de los bosques mexicanos, a quienes corresponde protegerlos y aprovecharlos de forma responsable y sostenible.

*Imagen: 1)visitmexico.com