Sobre el polémico discurso de Rubén Albarrán en el Senado (VIDEO)

El músico y activista sorprendió a todos con un potente discurso que vale la pena escuchar y discutir.

La conciencia sobre la violencia de género está, cada día, ganando más terreno. En espacios donde era inimaginable escuchar sobre este tema, el asunto es cada vez más importante y está permitiendo la apertura a conversaciones sobre problemas relacionados. 

Por ejemplo, recientemente en el Senado de la República se llevó a cabo el foro “Los costos de la masculinidad tóxica: retos y alternativas para la igualdad y el bienestar” donde la idea era demostrar cómo ciertas actitudes culturales le cuestan al Estado vidas, pero también dinero. 

La premisa, de entrada, es muy extraña, pero se presta para llamar la atención de muchos sujetos que siguen sin entender la violencia de género (entre otras formas violentas de tratar a algunos grupos sociales) como uno de los problemas más graves que estamos enfrentando los mexicanos.

Uno de los invitados al foro fue el músico y activista Rubén Albarrán. El también integrante de Café Tacvba dio un potente discurso que vale la pena escuchar y discutir. 

No solo porque escandalizó a muchos de los presentes y ha causado revuelo en las redes sociodigitales, también porque pone sobre la mesa una serie de problemas muy urgentes que, a su parecer, derivan todos de eso que hoy se llama masculinidad tóxica.

Mira el discurso de Rubén desde el minuto 38:

A todo esto ¿qué es la masculinidad tóxica?

El concepto contemporáneo es una derivación de una idea central en los estudios de género. Se trata del concepto de “masculinidad hegemónica” popularizado por la socióloga Raewyn Connell. Se define como una serie de prácticas que aseguran la posición dominante de los hombres frente a las mujeres. Estas prácticas pueden ser sutiles o inmensamente violentas.

El origen de esta actitud es elusivo, aunque sí ha sido analizado por distintos investigadores a lo largo de la historia y hay muchas teorías sobre por qué esta “masculinidad hegemónica” se repite en distintas culturas. 

Hay tres preguntas que cada uno de nosotros debe hacerse con respecto a este asunto. La primera es si estas actitudes tienen una función real en nuestras vidas personales. En caso de que la tengan ¿esta función es probar el dominio de un género sobre otro? Si lo es ¿por qué deberían los hombres asegurar su dominio sobre las mujeres? 

Al señalar la existencia de eso que se manifiesta como “masculinidad hegemónica” y reconocerla en uno mismo, cabe la posibilidad de construir la masculinidad propia desde otro sitio. Es un ejercicio valioso que, además, puede repetirse con otros rasgos “tóxicos” de la identidad, otros rasgos que nos hacen pensar que somos más o menos importantes que cualquier otro sujeto.

Los puntos clave del discurso de Rubén Albarrán

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El excéntrico Rubén le da al clavo con muchos de los ejes que trató durante su discurso. Pero vamos paso a paso. Mientras que a algunos les parece detestable que se dirigiera a los Senadores con el apelativo de Hijos de la Chingada, hay que entender un poco el contexto que el activista quiso plantear. 

Más que una “mentada de madre”, Albarrán estaba haciendo un llamado a la madre. Y cuando decimos madre, lo hacemos en un sentido muy amplio: a nuestras mamás, por un lado; a la Tierra y a quienes la protegen, incluso al lado maternal que, como explica Albarrán, todos guardamos. 

Sin hacerlo necesariamente explícito, Albarrán mienta el conocido texto de Octavio Paz (“El laberinto de la soledad”) para relatar nuestra historia compartida. Los mexicanos, dice, somos hijos de un padre que explota y daña a nuestra madre: el padre, sin duda son los conquistadores españoles y la madre es nuestra tierra y el conjunto de culturas y etnias que la habitaban. 

Pero el padre es toda manifestación de “patriarcado”. El padre es la explotación contemporánea del territorio que ahora siempre viene acompañada del permiso de nuestros propios gobiernos (aprovecha aquí para hacer una dura crítica al Tren Maya). El padre somos también cada uno de nosotros y nosotras cuando permitimos esta explotación y cuando nos aprovechamos de los demás. 

El padre es la violencia que subordina igual a las mujeres, a la tierra, a las minorías. Y los hijos, somos esos que replicamos, tal vez sin saberlo, esa llamada “masculinidad tóxica”. Por su parte, Albarrán agradece a esa madre y padre culturales y metafóricos, pero les urge cambiar y les recuerda que él va a ser otro. 

Que aunque se reconoce en su mestizaje y se reconoce igualmente masculino y femenino, él no va a ser explotado, ni permitirá que sus hijos lo sean. Aunque la idea es intrincada y puede ser difícil descomponerla para extraer de ella algo más que una impresión superficial, desencantada y escandalizada, hay que hacer el esfuerzo.

No nos escapemos de la sensación de incomodidad o tristeza que este discurso podría provocar. Sin duda hay algo ahí que nos con-mueve. Y recordemos que no se trata de bandos contrarios, como dijo alguna vez con elocuencia uno de los nuestros: La polarización es más o menos el peor camino que colectivamente podemos elegir, aplica tanto para fifis vs chairos como, todavía peor, hombres vs mujeres

Tenemos que cambiar la manera, no en la que entendemos a los demás, sino en la que nos construimos a nosotros mismos. Asumir que encarnamos una multiplicidad y que los rasgos de la misma (género, etnicidad, sexualidad, lengua, estatus económico) son maleables. Son como la masa del maíz que en muchos sentidos nos forma. 

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María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Pequeñísimo concierto de Café Tacvba (VIDEO)

Date una pausa de la vida intensa y escucha este sutil concierto de los tacvbos.

Si hay una banda que figura en el soundtrack de la vida de prácticamente todos los mexicanos, esa debe ser Café Tacvba. No a todos les fascina, pero sus icónicas melodías han encontrado la manera de colarse en nuestras más preciadas memorias. Así, la voz de Rubén Albarrán y los ritmos de los tacvbos, tienen el poder de evocar dulces nostalgias.

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Por otro lado, nunca los habías visto como se presentan en este pequeñísimo concierto. “Cafeta” tuvo recientemente una aparición en los “Tiny Desks Concerts”, un proyecto de la Radio Pública Nacional estadounidense en donde distintas bandas son invitadas a compartir un repertorio corto (de menos de 20 minutos), interrumpido de forma esporádica por comentarios íntimos sobre lo que sienten y piensan de su propia obra.  

La presentación de Café Tacvba es un auténtico dulce, para deleitar a cualquiera. Aprovechando la intimidad del formato, se dejan llevar por el disfrute de su propia música y esto se aprecia deliciosamente en el video con risas, sonrisas, chistes y miradas de complicidad entre los miembros de la banda. Además, se permiten entregar versiones únicas de las piezas que eligen compartir, jugando con las posibilidades de estar “unplugged”. La voz de Rubén suena madura, muy distinta, pero, simultáneamente es la que ya conocemos muy bien, es dulce y fantástica.

La presentación comienza de inmediato con “Olita de altamar”, una canción de su álbum “El objeto antes llamado disco” de 2012. Con los espíritus bien animados, hacen sonar este precioso son que, posteriormente Rubén dedica a “nuestra preciada agua, nuestra agua sagrada; no a la minería, ni al fracking. Es para todos los humanos y los seres vivos.” Así, nos recuerda que su práctica artística está íntimamente ligada a su activismo y a través del son nos invita a compartir su postura. 

Después de la dedicatoria, comienza “Diente de León”, una de las nuevas, que habla sutilmente de la armonía ambiental y con la naturaleza. El arreglo sonoro es una auténtica belleza.

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A continuación, lleno de energía nos regala, una vez más, “Las Flores”, no sin antes platicar que cuando tocan esta canción en vivo, le piden a los asistentes que levanten las manos, para poder ver un “hermoso jardín de flores distintas, de distintos colores” y entre risas también anota que se pueden oler “diferentes perfumes”, los sudores, claro y emociones de quienes están ahí. Para cerrar, nos dejan con “Que no”, una linda canción de su nuevo disco (Jei Beibi).

La experiencia es muy agradable y aunque sea un video, pieza unilateral, la intimidad desborda y nos llega. Está claro que las ganas de compartir vibran en frecuencia sonora. Y algo más se activa. Los tacvbos nos regalan así una pausa de la vida intensa en este ejercicio que también es una especie de activismo, un activismo cuya causa es el alma, el corazón o algo así…

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Los pachucos: la seductora comunión entre rebeldía y elegancia

Ser pachuco es bailar la vida a ritmo de danzón, mambo y resistencia (todo, siempre, envuelto en contracultural elegancia).

A la pregunta ¿qué es un pachuco? no existe respuesta correcta o incorrecta. Porque el pachuco no es algo que se defina por un color, por una actitud y ni siquiera por una forma de baile. El pachuco es una gama de colores y una multiplicidad de actitudes y bailes, siendo incluso portadores de un basto caló.

Todo lo que son se forjó al calor de los movimientos migratorios de los años 40 del siglo pasado, y por eso un pachuco es las fronteras que cruzó, los anhelos que dejó y las nostalgias recurrentes de estar en tierra extraña. Y es también la elegancia ante la facha de quienes los discriminaban.

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Ahora el pachuco es como un fantasma: una figura con un halo de misterio que en ocasiones se pasea por las calles de Ciudad Juárez, o que arma bailongos de mambo, danzón y chachachá los sábados en Balderas, removiendo la memoria de los más grandes y retrayendo la historia a los más jóvenes.

Muchas plumas han vertido tinta en busca de la esencia del pachuco (y de las pachucas). ¿Se trata de un movimiento o son sólo unas pandillas cerradas? ¿Es moda banal o identidad permanente? ¿Son agresividad o ternura? Quizás cabría pensar que son todo eso: que hay una dialéctica del pachuco que no puede conocer extremos absolutos, como los que Octavio Paz intentó ubicar en el capítulo El Pachuco y otros extremos en su obra El laberinto de la soledad (1963).

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Pero lo que importa no es lo que otros hayan dicho del pachuco, sino lo que el pachuco hizo para ser lo que fue y lo que es actualmente. Aunque ahí bien cabría recordar a José Agustín cuando define a los pachucos como el primer movimiento contracultural mexicano, y que se trató “de una rebelión instintiva y visceral” que encontró grandes incomprensiones.

En aquellos fantasmas de carne y hueso que pueblan las ciudades puede aún reconocerse al pachuco en esas contradicciones que lo hacen un símbolo perenne, que lidia con las posibilidades del olvido pero que se yergue orgulloso de sus colores extravagantes, sus grandes cadenas y sus más que conocidos sombreros. Por eso su presencia es grandilocuente e inspira respeto como provoca alegría.

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Así, el pachuco baila un danzón permanente con la realidad para mantener la dignidad del ser mexicano y, también, la felicidad de ser mexicano. Una felicidad, por cierto, particularmente pachuca de la cual Tin Tan fue el mayor exponente, y que se ha vuelto un festejo permanente en las actuales comunidades de jóvenes pachucos. Es ahí donde la existencia discurre en un compartir con los otros, creando colectividad en donde quiera que se esté y organizando fiestas de solidaridad, como el Club Pachucos Juárez 656, en Ciudad Juárez, que organiza bailes caritativos y que documentó fabulosamente el sitio Roads and Kingdoms.

Sigamos, pues, cultivando la memoria y el gusto por estas expresiones culturales mexicanas como el pachuco, que son parte de nuestra historia. Y festejemos el ser mexicanos a su manera: bailando pa’ gastarle la suela al cacle.

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* Bibliografía: Paz, Octavio, El laberinto de la soledad, Fondo de Cultura Económica, 1964, México
*Imágenes: 1) y 3) Francesco Giusti; 2) Flickr Angeloux

¿Ya escuchaste a Octavio Paz recitar a Juan Gabriel?

En un universo paralelo hasta el gran escritor Octavio Paz rinde homenaje a Juanga recitando la letra de "Corresponde".

El domingo 28 de agosto Alberto Aguilera Valadez “Juan Gabriel” murió en Estados Unidos. Tras consagrarse como uno de los máximos ídolos populares de las últimas décadas, el festivo cantautor murió de la única forma posible para él, del corazón. Millones de lamentos inundaron literalmente las redes sociales y cientos de medios alrededor del mundo dedicaron espacios al suceso y a su figura. Y es que “Juan Ga”, sus letras y carisma, fungieron durante años como un catalizador sentimental de muchos.

Lo que muy pocos saben es que el llamado “Divo de Juárez” fue alguna vez incluso homenajeado por el Nobel mexicano Octavio Paz. Esto ocurrió allá en 2012, 14 años después de la muerte del brillante escritor, en un universo paralelo. El improbable tributo germinó gracias al artista sonoro Benjamin Moreno Ortiz. Originario de Querétaro, Moreno se abocó a crear una serie de piezas en las que se escucha a Paz declamando la letra de “Corresponde”, de Juan Gabriel, “Triste Canción”, de El Tri, o “La Puerta Negra”, de los Tigres del Norte, entre otras. 

Las simpáticas aberraciones son producto de un paciente proceso que implicó extraer palabras de audios en los que se escucha a Paz declamando sus propios poemas, y pegarlas hasta empatar la letra de las canciones populares. 

Juan Gabriel fue un embajador natural de México ante el mundo. De hecho, murió justo después de una presentación en Inglewood, California, como parte de su gira titulada “México es Todo”. Su paso por este mundo lo celebramos millones, incluido, por lo visto, el gran Octavio Paz

Y aquí “La Puerta Negra” y “Triste Canción”