Gerardo Romero, geógrafo nahua, nos explicó la lucha vital de la Sierra Norte de Puebla (y cómo apoyarla)

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Y, cuando se trata de este territorio, todos somos responsables. Este joven geógrafo nos explica por qué.

Territorio es la palabra clave en la historia de México. Al fin y al cabo, los choques y alianzas entre las distintas culturas, identidades y corrientes de pensamiento que transitan este espacio, se dan en torno al territorio. 

Mientras que algunos buscan poseerlo, otros simplemente quieren habitarlo y entienden que “habitar” es un ejercicio de reciprocidad, pues a su parecer, el territorio solo nos permitirá una vida plena si —a cambio— lo cultivamos, lo atendemos y hacemos el esfuerzo de resonar con él.

Estas formas de comprender y experimentar el espacio, al encontrarse, generan toda clase de conflictos, delineando no solo la historia del país, también las vivencias de cada uno de nosotros —aunque no siempre estamos conscientes de esto. 

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En ese sentido, se vuelven esenciales investigaciones como la de Gerardo Romero Bartolo. El licenciado en geografía por la UNAM recibió recientemente el Premio Arturo Warman, que se entrega a las mejores investigaciones en el área de ciencias sociales, por su tesis “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa” (que puedes leer aquí).

A lo largo de la tesis, Gerardo explica desde diversos ángulos la lucha que ejercen las comunidades locales de la Sierra Norte de Puebla por mantener —no solo la tenencia— la salud y la diversidad del territorio que habitan. Esta lucha es vital y en más de un sentido, nos concierne a todos. 

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Un poco sobre Gerardo Romero

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Originario de San Salvador El Seco (antes Cuayehualulco que significa “lugar rodeado de arboledas”) Gerardo Romero es parte de la comunidad macehual (nahua) de la zona. Su familia es campesina y artesana. Además de trabajar en la milpa y en la siembra de amaranto y haba se dedican al trabajo de artesanías de piedra (como los molcajetes).

En muchos sentidos su conexión con el territorio —con la tierra— es directa y constante. La geografía es para él una herramienta, una extensión que le sugiere la posibilidad de analizar simultáneamente naturaleza y sociedad. 

Y esta herramienta se volvió urgente, pues necesitaba investigar a fondo las “posibles afectaciones que generan los proyectos extractivos”, especialmente, el desarrollo interno de los conflictos socioculturales que provocan.

Entre relatos de amigos, familiares y vivencias propias, mientras crecía, Gerardo comenzó a entender que su relación personal con la tierra no era solamente una particularidad cultural, también era un acto de resistencia frente a una lógica de territorialización que —paradójicamente— se desenvuelve para alimentar un espacio abstracto muy lejano a la materialidad del espacio (de la tierra): el capital económico.

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¿Qué pasa en la Sierra Norte de Puebla y por qué es un territorio estratégico?

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Gerardo Romero explica que llama a la Sierra Norte de Puebla un “territorio estratégico” por distintas razones. Por un lado, porque en esta región abundan una serie de recursos clave para el desarrollo industrial y, así, se comprende como capital de distintos intereses empresariales. 

La Sierra Norte de Puebla está marcada por el yacimiento de hidrocarburos no convencionales (son los que se extraen por medio de un proceso conocido como “fracking”); además, es una zona esencial para la industria minera (financiada por capitales extranjeros, especialmente canadienses) y donde se tienen contemplados múltiples proyectos de hidroeléctricas.

Por otro lado, es estratégico en un sentido muy particular: la Sierra Norte de Puebla es un sitio con una amplia tradición de lucha social. De hecho, relata Gerardo Romero, fue en el poblado de Zacapoaxtla donde se libró la batalla del 5 de mayo, suceso que las comunidades poblanas aún tienen muy presente, de ahí la frase contemporánea citada por Gerardo: “Si pudimos con los franceses cómo no vamos a poder con los canadienses.”

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Imagen: Red de Afectados por la Minería

La sensibilidad aguerrida que guía a las comunidades de la zona no es gratuita. Hay una justa mezcla étnica en la región, entre nahuas, totonacas, tepehuas y otomíes que tienen como herencia cultural una historia de luchas no solo por el territorio, sino por la supervivencia de su estilo de vida. 

Pero el panorama que tienen frente a ellos es ultra complejo. Como explica Gerardo Romero, los proyectos extractivos (también conocidos como “megaproyectos” y “proyectos de muerte”) han establecido “relaciones metabólicas” entre sí. 

Su aparición en el territorio responde a un esquema mucho más amplio. Las hidroeléctricas y los gasoductos que atraviesan la Sierra Norte de Puebla sirven para abastecer industrias de maquila en otras zonas, por ejemplo. El trazo de esas relaciones es un eje central en la investigación de Gerardo. 

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Fotografía: Ana Karen de la Torre.

Por eso sugerimos —un poco antes— que los principios a los que responde la idea de “habitar” más capitalista, poco tiene que ver con la tierra. Así, explota aquí para usar los recursos allá, sin hacerse responsable de los lugares que atraviesa. En su caso, es el “estatus económico” y la abstracción llamada mercado quienes dictan cómo se construye y cómo se destruye. 

En un espectro completamente distinto, las comunidades regionales explotan el espacio que habitan, para aprovechar los recursos que necesitan y después se hacen cargo de mantener el equilibro y, encima, de defender al territorio de eso que llaman “megaproyectos de muerte”. 

Por eso, Gerardo Romero llama a la visión de las comunidades “megaproyectos de vida”, para denotar el enorme contraste entre una dimensión del habitar y la otra. Particularmente porque la “de muerte” no está atendiendo su huella y representa en muchos sentidos una catástrofe ambiental que produce contaminación en mantos acuíferos, subsuelo, aire y está lastimando a la vegetación, a los animales y causando distintas enfermedades en los seres humanos.

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Estamos viviendo una fuerte desconexión entre nosotros y el concepto de territorio

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Está claro que la lucha de las comunidades en la Sierra Norte de Puebla es vital, pero ¿cómo va a apoyarla o simplemente entenderla alguien externo? Es importante considerar que muchos de nosotros no solo no poseemos “tierra”, tampoco la reconocemos nuestra y mucho menos la hemos trabajado.

Que Gerardo Romero tenga una conexión tan evidente con el territorio que habita y que sea profundamente sensible a las vivencias que sus amigos y la comunidad que lo rodea no es un afortunado accidente: es su mejor recurso como investigador. Y por eso le preguntamos: 

Aunque territorio es la palabra clave en la historia de México, pocos podemos ligar nuestras experiencias cotidianas al territorio en sí. ¿Cómo volvernos a conectar?

“El territorio es vida”, respondió Gerardo Romero, haciendo referencia a otra frase común entre las comunidades de la Sierra, “dependemos absolutamente del territorio,” continúa: “Los pueblos indígenas sólo siguen vivos por su tierra.” La tierra les da alimento y también les da propósito, sentido, identidad. Si los pueblos indígenas sobreviven es porque comulgan con el territorio, saben cuidarlo, lo escuchan y han aprendido por siglos su lenguaje.

“Por otro lado,” nos advierte Gerardo “si cuando pensamos en territorio sólo pensamos en el bosque, en el campo, el desierto, estamos equivocados. El territorio es todo, es la base del movimiento subjetivo. El territorio es incluso tu cuerpo [que también está en disputa, cortesía de toda clase de intereses, especialmente el capitalismo].” 

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Así, para re-concectar con la idea de territorio hay que conectar con el territorio en sí: los sitios que habitamos, los espacios que, para nosotros, guardan significado, “el espacio en el que sobrevivimos: la calle, el barrio, la colonia, el espacio público”. Todo esto es territorio y, como nos dice Gerardo, también tiene recursos que están en disputa, que son capitalizados: agua, aire, espacio. Si dependemos de él, simplemente para estar, es territorio y de él somos responsables.

Es así que, “entendemos la lucha de estas comunidades como una lucha de todos,” pues la diferencia [fundamental] entre un megaproyecto de vida y uno de muerte es que el “megaproyecto” pretende absorbernos a todos en la proyección de un futuro concreto en donde posiblemente nos articulemos solo como recurso explotable [como trabajadores]. El proyecto de vida nos considera como energía activa, como subjetividad, como parte de la infraestructura orgánica.

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Así, además de empatizar con la lucha vital en la Sierra Norte de Puebla, hay que relfexionar sobre la forma en que cada uno de nosotros existe. El habitar siempre es territorial, de esta forma hay que preguntarnos ¿cómo nos apropiamos del territorio en el que vivimos? ¿Cómo lo tratamos? ¿Cómo lo cuidamos? ¿Cómo lo explotamos? ¿Cómo le retribuimos?

“Cuando vamos resistiendo desde lo local, nos damos cuenta de que nuestra lucha tiene en común con la del otro y podemos ir transitando a procesos de resistencia que no son solo locales. Nos damos cuenta de que dependemos mutuamente unos de otros.”

¿Cómo ayudar?

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Imagen: Gerardo Romero Bartolo

Empecemos por nosotros mismos. Hay que informarnos y generar conciencia social en un sentido amplio. Hablemos de tu calle: ¿Sabes qué pasa ahí? ¿Qué procesos de resistencia existen? ¿Quién administra los recursos? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Quién se beneficia y quién no? Cuando tú tengas la respuesta, difunde la información.

Para Gerardo, los investigadores son vitales en este sentido pues “pueden generar conexiones y entender consecuencias. Analizar es dar cuenta de las relaciones.” Después, podemos “ubicar rasgos en común entre nuestra lucha y la de otros” y, también “aprendemos a preocuparnos por otros”, a ser solidarios. En su momento, podremos “articularnos, tejer estrategias de resistencia y procesos de lucha.”

Un precioso relato de lucha

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“La resistencia en la Sierra Norte de Puebla es una resistencia barroca” nos dijo Gerardo Romero, porque resiste desde muchos lugares: “es lucha política, espiritual, cósmica, territorial, ecológica”, se trata de mantener el equilibrio desde muchos frentes. Así, nos contó para finalizar la entrevista, una entrañable anécdota que figura en su tesis:

“En el mes de diciembre de 2016 la organización Atlepe Tajpianij instaló un campamento en el lugar donde CFE pretende construir la subestación eléctrica de la línea de alta tensión. Más de mil personas realizaron una acción de fuerza simbólica que existe para el pueblo maseual: sembrar maíz. Desde ese momento protegerían la tierra […] hace más de 200 años el pueblo masehual hizo lo mismo para defender las tierras que un latifundista les quería arrebatar.”

(extraído de “Megaproyectos, despojo y resistencia: el caso de la Sierra Norte de Puebla como territorio estratégico en disputa”, p. 242-243)

Sembrar maíz, un acto muy particular, especialmente porque con esta planta guardamos una relación tan estrecha que se podría decir que nuestros destinos están permanentemente entrelazados. Sembrar maíz, como anuciándole a la tierra: aquí estamos, vamos a cultivarte, significarte, quererte, habitarte.

Mira aquí un documental hecho por Gerardo Romero con más información sobre lo que está pasando en la Sierra Norte de Puebla:

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Niños Dios remixeados: ¿quieres un Niño Dios Joker, Santo o Freddie Mercury?

Niños dios con exóticos disfraces y ropajes para refrescar en México la tradición del Día de la Calendaria.

De esa excitante frontera entre lo impío y lo refrescante, en la cual se debaten tarde o temprano todas las tradiciones, emergen los Niños Dios más extravagantes que hayas visto jamás. Se trata de encarnaciones de David Bowie, Superman, El Santo, Flash, Gokú o un cholo, que se hacen presentes en una de las fiestas mexicanas más significativas. 

El Día de la Candelaria, que se celebra el 2 de febrero, es una de las tradiciones más vigorosas del calendario mexicano. En esta fecha se acostumbra llevar a bendecir al Niño Dios a la iglesia, y es cuando aquellos que sacaron el muñequito en la rosca de Reyes deben ofrecer tamales al resto. Sin embargo, como suele ocurrir con toda tradición, llega un punto donde esta tiene que “adaptarse” para resonar entre las nuevas generaciones. 

El exuberante remix de los Niños Dios surgió con Ricardo Bahena Román, un ingeniero mecatrónico de 27 años, quien desde hace un tiempo decidió intervenir las figuras hechas originalmente por artesanos de Morelos y Estado de México. A continuación se dispuso a ofrecerlas vía Internet y la respuesta fue intensa: clientes varios que, encantados, le han adquirido alguna de sus piezas; pero también aquellos que lo atacan por sacrílego y lo tachan de payaso.

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Ante la polémica que ocasionalmente desata su trabajo, Ricardo advierte, en entrevista para Aristegui Noticias, que su intención no es ofender a nadie ni alterar la tradición. Por el contrario, lo que se propone es “refrescar” esta costumbre y, de hecho, acercarla a las nuevas generaciones a través de figuras que son importantes en los nuevos imaginarios. En pocas palabras parece que estamos ante un caso más de la remezcla de símbolos culturales como un vehículo de divulgación.   

No es una burla, al contrario, es diversificar al Niño Dios para que entre a otros lugares donde pues muchos jóvenes ya no están cerca, me parece que a muchos jóvenes ya no les interesa retomar esa cultura, no les interesa conservar esas costumbres y con esto tratamos de que ‘ah, bueno, yo quiero tener uno’ y tenerlo dentro de sus hogares o que lo ocupen como decoración, ahora sí que ya es personal.

Las 5 revoluciones que atraviesan México hoy y a las que deberías unirte (VIDEO)

Elige tu causa, pero hazlo pronto: México te necesita.

México celebra 109 años de la Revolución. Hablamos de un movimiento que generó una auténtica sacudida ideológica, social, política, cultural y campesina. Las consecuencias de este movimiento, en muchos sentidos, aún están vigentes; en igual medida las positivas y las negativas. 

Por otro lado, el espíritu revolucionario —encarnado en nuestra contemporaneidad por las figuras mitificadas de Emiliano Zapata y Pancho Villa— aún vibra entre muchos de nosotros. Y no solo nos sirve como memoria histórica, también como inspiración. 

México nunca terminará de (re)evolucionar

Nuestro territorio está en permanente estado de efervescencia y probablemente nunca deje de transformarse; sin embargo, hay algunas causas muy urgentes que atraviesan al México contemporáneo y que tú también deberías tener en tu radar; no solo para estar bien informado, sino para unirte a la lucha. 

Estas son 5 revoluciones que hoy están activas en México

Estas son 5 revoluciones que hoy están activas en México

1: Rescate del maíz nativo

El maíz mexicano ha sido desplazado por maíces extranjeros (en muchos casos transgénicos). Esta terrible paradoja —pues el maíz es endémico de esta tierra— nos está costando la desaparición y desvalorización del sistema de cultivo milpa y también el desplazamiento económico y político del sector campesino. Firma aquí la petición para que la protección y reconocimiento de nuestro maíz sea ley. 

2: Defensa del territorio y los ecosistemas de México 

Nuestros ecosistemas están siendo explotados de formas muy lejanas al principio de “sustentabilidad”. Las comunidades que habitan nuestros bosques y selvas se han hecho responsables de cultivarlos y protegerlos. Pero en México ser defensor ambiental se ha convertido en una actividad de riesgo. Nuestra tierra pide a gritos que cambiemos nuestras formas de consumir y que aprendamos a respetarla. 

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3: Comunidades contra el plagio

Este es solo uno de los cientos de problemas que las comunidades indígenas del país están enfrentando. El estado mexicano insiste en referirse a estos grupos como “nuestros indígenas”, generando una distancia terrible, que los hace parecer casi propiedad de los mexicanos y no sujetos por sí mismos. 

Pero los individuos que se identifican a sí mismos como indígenas tienen (o por lo menos deberían tener) acceso a los mismos derechos que cualquier otra persona. Esto involucra el respeto a su propiedad intelectual. 

Dado que los gobiernos no han logrado consolidar una figura que proteja la “propiedad intelectual colectiva”, manifiesta particularmente en los textiles tradicionales (que son propios de una comunidad, pero no de una persona), muchas compañías nacionales e internacionales aprovechan para robar diseños y técnicas, sin consecuencia alguna y sin pensar en remunerar a las comunidades. 

Si eres amante de las artesanías y los textiles tradicionales de estas comunidades, asegúrate de adquirirlos a través de prácticas de comercio justo y, de preferencia, sin intermediarios.

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4: Rescate de las lenguas indígenas

En México aún hay 68 lenguas vivas, pero están en peligro. Aunque ¿te has preguntado cómo muere una lengua indígena? No se extinguen sin más: se trata de procesos sociales y políticos que suelen implicar violencia y prácticas muy injustas. Cuidar a las lenguas indígenas es parte del cuidado de estas comunidades. Y “cuidado” simplemente significa: asegurar que, como todos los demás, tengan derecho a la vida. 

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5: Lucha de las mujeres por igualdad de derechos

Ser mujer en México es complejo: es peligroso, es desigual, es violento. Las mujeres están sometidas por una cultura anclada al machismo que ha permeado sus vidas por miles de años. Por otro lado, a estas alturas de nuestra historia, este machismo es una actitud que resta posibilidades a las relaciones que tejemos entre sujetos. Es urgente que las mujeres se sientan seguras en su propio cuerpo y en el territorio que este cuerpo habita.

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*Imagen destacada: Zatriel Madrid.

¿Qué se necesita para construir la paz en México?

Ante la violencia evidente que se vive en nuestro país, es momento de que entendamos que todos somos agentes de cambio…

México tiene un largo camino por delante para convertirse en un país pacífico y seguro; no podemos negarlo. Inseguridad, violencia y crimen organizado son términos cercanos, incluso familiares, para nosotros. Pero ¿dónde se construye este fenómeno?

Aunque no se busca negar la responsabilidad de miembros del gobierno —de todos los niveles— en muchos de los eventos de violencia que ocurren en nuestro país, no parece suficiente atribuir a las autoridades la totalidad de la violencia que experimentamos cotidianamente. Hay que decirlo: hay un poco de responsabilidad en cada uno de nosotros y vale la pena reflexionar sobre eso.

La violencia se filtra a las estructuras más ínfimas de nuestra vida

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La violencia se manifiesta de múltiples maneras, unas más visibles que otras, pero todas igualmente importantes y perjudiciales para la sociedad y los individuos. Hemos escuchado hablar con frecuencia de la violencia física y emocional, sobre todo en lo referente a relaciones de pareja o de familia.

Existen, sin embargo, otras formas de violencia, como la estructural, que limita los derechos de ciertos grupos ciudadanos. En este sentido, la discriminación resulta también una forma de violencia.

Siendo críticos, podemos encontrar que en nuestro actuar individual y cotidiano llegamos a ser violentos con más frecuencia de la que quisiéramos admitir. A partir de esta reflexión, algunas preguntas me rondan la cabeza: ¿qué es entonces la paz? ¿Y dónde se construye?

Definir la paz como la ausencia de conflicto ya no es suficiente en el mundo actual

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En la actualidad, la paz debe entenderse como la ausencia de violencia estructural, es decir, cualquier limitación de los derechos de ciertos grupos. No se trata de violencia física o directa, sino que está entramada en las leyes o en la sociedad.

En México, existen políticas públicas encaminadas a promover la igualdad de oportunidades y el respeto a los derechos humanos, mismas que podrían, eventualmente, tener un efecto positivo en favor de la paz. Sin embargo, esto no implica que desde la sociedad no podamos comenzar a actuar: todos podemos, en nuestro entorno inmediato, construir con nuestras palabras y nuestras acciones un espacio pacífico.

Para lograrlo, debemos ser capaces de cuestionar nuestra propia conducta, y reflexionar si, en nuestra vida diaria, actuando como individuos, no somos promotores de alguna forma de violencia.

Para muestra, un botón: basta pararse en una esquina en la hora pico en cualquier vialidad de la Ciudad de México para ser testigos de incontables interacciones con tintes de amenaza, prepotencia e incluso violencia física. Automovilistas, ciclistas, peatones, usuarios y conductores del transporte público: de todos se puede esperar cualquier tipo de reacción ante el estrés que genera un embotellamiento. Este tipo de situaciones se viven también en la escuela, el trabajo, y otros espacios de convivencia.

Aunque estos eventos aparentemente empiezan y terminan en algunos minutos y no tienen mayor trascendencia, lo cierto es que al sumarlos todos van causando pequeñas grietas en el tejido social y afectando negativamente la calidad de nuestras interacciones. Lo que antes era una grosería impensable poco a poco gana terreno en nuestras palabras y acciones, y finalmente se convierte en la respuesta inmediata a cualquiera que se atraviese en nuestro camino y nos impida actuar como queremos.

En México necesitamos educación para la paz

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Hemos perdido la conciencia de que cada uno de nosotros conforma la sociedad y nuestras acciones tienen consecuencias, aunque estas no sean siempre visibles de manera inmediata o directa.  

La educación para la paz es un campo de estudio que hace énfasis en las relaciones humanas como espacios donde las acciones individuales pueden impactar el entorno. Promueve un cambio no solo de conductas, sino de actitudes.

Ante la violencia evidente que se vive en nuestro país, es momento de que entendamos que todos somos agentes de cambio; está en nuestras manos decidir el tipo de cambio que queremos crear.

Vivir en sociedad implica necesariamente tender puentes hacia otros; queda en nosotros decidir si los puentes que tendemos hacia quienes viven a nuestro alrededor se construirán con agresiones o con respeto.

Las acciones individuales son las que construyen a nuestra sociedad; la decisión correcta, tomada de manera repetida y cotidiana, tendrá un peso mucho mayor del que pensamos. Las decisiones a favor de la paz son las decisiones correctas.

*Imágenes: 1) Atlas Subjetivo de México; 2, 3 y 4) 72 kilos.

Regina Garduño Niño
Autor: Regina Garduño Niño
Relaciones Internacionales, ITAM. Trabajo en sociedad civil. Siempre tengo más preguntas que respuestas.