Sobre las tlahuelpuchi: mujeres vampiro de Tlaxcala

Arquetipo insistente de las culturas humanas, el vampiro también es parte del imaginario mexicano y es encarnado por las tlahuelpuchi.

Desde las épicas babilónicas hasta las milenarias tradiciones de la India; de las antiguas leyendas del este de Europa hasta los pueblos indígenas de América, el arquetipo del vampiro se repite una y otra vez en las culturas humanas. Su insistencia mítica mapea la relación de los humanos con su cuerpo y también con la muerte. 

Seres inmortales que viven de la sangre de otros y pueden cambiar de forma a voluntad, los vampiros habitan el mundo entero, y México tiene los suyos. Pero en el caso de nuestro país, estos seres son encarnados por mujeres. Se llaman “tlahuelpuchi”, que significa “sahumador luminoso”, y son temidas en muchos pueblos del altiplano mexicano, específicamente el estado de Tlaxcala, hasta el día de hoy.

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Con origen en creencias y mitos prehispánicos, tocadas por el cristianismo europeo y su concepción de la bruja, las leyendas de las tlahuelpuchi sostienen que se trata de mujeres que, en una primera mirada, podrían parecer normales, pueden ser hermosas o muy feas, jóvenes o viejas, y se mimetizan en sus sociedades sin que nadie conozca su verdadera naturaleza.

Usualmente, estos seres descubren su gusto por la sangre muy jóvenes, y esto coincide con su primer ciclo menstrual, que despierta en ellas una insaciable hambre del líquido vital; específicamente la de bebés, a los que matan mordiéndolos —y quizá esto recuerda a todos esos dichos populares, tan típicos en nuestro país, que hacen referencia a que una bruja es capaz de “chupar” a sus víctimas.

Así, estas vampiras mexicanas son también consideradas brujas, pero muchas de las fuentes de esta leyenda coinciden con que estos seres son un tipo de nahual, una persona que puede tomar la forma de un animal y que desprende luz cuando lo hace —de ahí, probablemente, el significado de su nombre.

A las tlahuelpuchi, se dice, les gustan los días nublados y fríos, y generalmente salen de cacería entre la media noche y las cuatro de la mañana. Esto implica un rito de transformación para el cual utilizan una preparación con madera de capulín, raíces de agave, copal y hojas secas de zoapatle —planta usada por la herbolaria indígena para inducir el parto o como abortivo. 

Una vez hecha la mezcla, la bruja camina sobre ella tres veces, de norte a sur y de este a oeste, para luego sentarse viendo hacia la dirección del hogar de su próxima víctima. Las conocidas también como “mujeres vampiro de Tlaxcala” tienen poderes hipnóticos, algo que les ayuda a confundir a sus enemigos, y así poder alimentarse de la sangre de los bebés hasta matarlos. 

En los pueblos del altiplano existen métodos para ahuyentarlas, uno de ellos incluye la colocación de artículos de metal (material que detestan las tlahuelpuchi), como tijeras y agujas, o ajo y trozos de cebolla debajo de los metates; también se colocan espejos cerca de la puerta.

Las leyendas señalan que, a diferencia de las brujas, las tlahuelpuchi trabajan solas. Se trata de seres solitarios que habitan los fríos bosques de la región. Se dice que ellas se reconocen entre sí y normalmente respetan sus territorios.  A veces, pueden comunicarse entre ellas, sólo para advertir peligros externos. También se dice que estas vampiras nunca matan a sus familiares, a menos que éstos las acusen ante las autoridades u otras personas de su sociedad. Esto, muchas veces ha derivado en juicios públicos y ejecuciones. 

De hecho existen, hasta el día de hoy, documentos en registros de niños que murieron prematuramente, y cuya causa de muerte fue documentada, literalmente, a causa de la mordedura de una bruja. Se sabe, finalmente, que el último juicio y ejecución de una tlahuelpuchi data de año 1973.

Muchos estudiosos y expertos en leyendas tradicionales mexicanas han adjudicado la leyenda de las vampiras tlaxcaltecas a enfermedades propias de recién nacidos, como la llamada muerte de cuna. El mito se transforma, entonces, en una manera de explicar y lo inexplicable. 

El hecho es que en los pueblos de México aún se cree en la existencia de estas mujeres vampiro, y su presencia en el imaginario popular las convierte en representaciones fascinantes y temibles de la más profunda oscuridad humana.

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*Fuente:

“¿Mordida de bruja o enfermedad? Las muertes de niños en un pueblo tlaxcalteca (México), 1917-1922”, Marciano Netzahualcoyotzi Méndez en Historelo: revista de historia regional y local.

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.