Conoce aquí uno de los últimos escritos de Víctor de La Cruz, el gran intelectual zapoteca

Poco antes de morir, Víctor de la Cruz publicó un ensayo sobre el legendario Arcadio G. Molina, pionero de la literatura escrita zapoteca.

octubre 20, 2016

En septiembre de 2015, el queridísimo Víctor de la Cruz, murió. Se trata de uno de los intelectuales más importantes del último siglo en México; fue un escritor zapoteca aunque sobre todo un divulgador de la literatura de su pueblo, los biznná. 

Víctor de la Cruz, fue, por ejemplo, el compilador de La flor de la palabra/Gui’st’ diidxazá, el “libro más clásico de la poesía zapoteca”, según Manuel Matus. Meses antes de su muerte, de la Cruz envió a la revista Ojarasca (de La Jornada), un interesante ensayo que habla sobre Arcadio G. Molina, el precursor de la literatura zapoteca en impreso, pues desde 1876 Molina comenzó a producir sus primeros relatos y poemas en esta lengua. Uno de los últimos trabajos de de la Cruz, este ensayo, es en sí un documento histórico sobre la literatura zapoteca, sobre el nacimiento de la misma, al menos en su versión escrita:

 

El florecimiento de la literatura contemporánea de los binnizá o zapotecas en el sur del Istmo de Tehuantepec, principalmente en Juchitán, tuvo su antecedente en un antiguo barrio de Tehuantepec, hoy municipio de San Blas Atempa, a fines del siglo XIX, en la obra de Arcadio G. Molina —quien hasta ahora ha sido casi totalmente desconocido y a veces confundido con un médico inglés de apellido Castle, quien radicaba en Tehuantepec cuando el antropólogo Frederick Starr visitó la región.1

La primera vez que tuvimos noticias de este intelectual binnizá fue en las Notes upon Ethnography of Southern México, volumen IX, de Frederick Starr, publicadas por la Davenport Academy of Sciences. De acuerdo al “Prólogo” a la obra de Starr En el México indio, estas notas corresponden al periodo 1900-1902 y fueron publicadas por la Davenport Putman Memorial Publication Fund.2 En la “Presentación” que hice al librito Canciones zapotecas de Tehuantepec,3 donde publiqué las canciones tomadas de dichas Notes, afirmé que éstas corresponden a los años 1901-1903, volumen IX y publicadas en 1904. No recuerdo de dónde tomé estos datos inexactos, pues tengo en las manos otra fotocopia, que obtuve en la biblioteca de la Universidad de California en Davis, que concuerda en todo con la fotocopia que usé para las Canciones zapotecas de Tehuantepec, excepto que ésta no tiene la portada, de donde vino mi confusión.

 

Respecto al doctor Castle, Frederick Stark afirma: “Hacía tres años, cuando regresaba de Guatemala, había conocido a un doctor inglés de nombre Castle, quien ha vivido aquí [en Tehuantepec] durante muchos años”. Y en la introducción a las canciones, bajo el título “The Zapotecs of Tehuantepec”, Starr nos da la información que le proporcionó su informante inglés sobre el origen de La Zandunga:

 

“El doctor Castle, en Tehuantepec, llamó nuestra atención sobre las canciones zapotecas. De éstas dice, La Zandunga es una favorita particular. Él cree que ésta fue escrita después de los acontecimientos históricos de La Noria y en relación con el inicio de dicha rebelión. Dice que se usa particularmente en celebraciones de boda, las cuales son aquí asuntos elaborados y se extienden por un período de dos semanas, durante las cuales las familias de las dos partes contrayentes tratan de exceder la una a la otra en los festejos. Él afirma que cuando se toca La Zandunga en un [palabra borrosa e ilegible en la copia] transeúnte, aún el indio más pobre puede entrar y participar en las festividades: puede invitar incluso a cualquier dama presente a bailar con él y ella no se negaría. Se reproduce una canción que lleva su nombre abajo, pero no vemos ninguna conexión entre ésta y La Noria”.

 

 

Una vez vuelta nuestra atención a estas canciones, acordamos con nuestro amigo, Don Arcadio G. Molina, él mismo un zapoteco, ayudarnos en obtener ejemplos de ellas. Podemos presentar dieciséis, incluyendo La Zandunga. Un amigo músico nos aseguró que la música ha sido influenciada profundamente por la música europea. Las letras son dadas en zapoteco, con una traducción inglesa: ésta última hecha desde las traducciones españolas de Molina, que se encontrarán en las notas de pie de página. La música ha sido escrita por Luis B. López, un zapoteco nativo director de una banda. Hasta donde sabemos éstas son las primeras canciones que se imprimen. En sus letras —una mezcla extraña de zapoteco y español—, en su forma poética y en su contenido presentan puntos interesantes de consideración.

 

De acuerdo con un historiador local de San Blas Atempa, Arcadio G. Molina nació en el entonces barrio de San Blas, municipio de Tehuantepec, el 12 de abril de 1864 y falleció en 1924.4 Por la dedicatoria hecha en su obra El jazmín del Istmo a su maestro Victoriano A. Flores, deducimos que estudió la carrera de profesor en la Escuela Normal de Oaxaca, aunque no concluyó los estudios; y podemos proponer la edad que tenía cuando conoció a ese profesor y los años aproximados alrededor de los cuales nació: “A la memoria del inolvidable profesor Victoriano A. Flores; veracruzano, Director y Catedrático de Antropología Pedagógica, que fue de la Escuela Normal de Oaxaca, le dedica esta insignificante obrita, en testimonio de verdadero cariño y respeto, su malogrado discípulo Arcadio G. Molina”.

 

El profesor Victoriano A. Flores nació en Puebla alrededor de 1859, pero debido a que sirvió en escuelas de Orizaba y en la región de Zongolica, Veracruz, y de este último estado procedía cuando llegó a Oaxaca, don Arcadio creyó que era veracruzano. “En agosto de 1890 llega a Oaxaca a reorganizar la normal de profesores que dirigía a la sazón el profesor Demetrio M. Navarrete”. Las nuevas ideas que traía el profesor Flores para reorganizar la educación en Oaxaca eran las de dos Enrique, Laubscher y Rébsamen.5

Desgraciadamente la presencia reformadora del profesor Flores en la educación de Oaxaca fue breve, aproximadamente nueve meses, pues murió el 27 de abril de 1891.6 Fue en esta época cuando lo conoció el normalista Arcadio G. Molina y podemos suponer que en esa época el estudiante tendría alrededor de 26 años si damos crédito a la fuente antes citada.

 

Son estos escasos datos los que tenemos sobre las fechas probables de nacimiento y muerte de este intelectual y escritor binnizá y apenas si conocemos tres de las obras de su autoría y una traducción de El evangelio según San Juan que publicó en vida entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX; aparte de las canciones cuya letra transcribió para el antropólogo norteamericano Frederick Starr, quien sin decir su nombre también se refiere a él en su In Indian Mexico (1908), traducido con el título En el México indio:

El secretario de San Blas asistió a la escuela. Es de los pocos indios del distrito interesado en estudiar su lengua nativa. Ya ha publicado una gramática del zapoteco, a la manera en que se habla en su pueblo. También publicó un folleto para los enamorados, en el que están traducidas las frases más rimbombantes del español al zapoteco. Asimismo escribió —aunque aun está en manuscrito— un diccionario del dialecto con alrededor de 4 mil palabras.7

 

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1 Por ejemplo, Michel Oudijk, en su Historiography of the Bènizàa. Postclassic and early colonial periods (1000-1600 A. D.), The Netherlands: Research School of Asian, African, and Amerindian Studies, Universiteit Leiden (2000), confunde a don Arcadio G. Molina con un médico inglés radicado en Tehuantepec apellidado Castle; de dos nombres, uno inglés y otro zapoteco de San Blas, construye “Arcadio Castle”.

2 Beatriz Scharrer Tamm, “Prólogo” a Frederick Starr, En el México indio. Un relato de viaje y trabajo. (1902). Traducción de Gloria Benuzillo Revah, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1995, nota 11, p. 14.

3 Canciones zapotecas de Tehuantepec. Transcripción, presentación y notas de Víctor de la Cruz, Ediciones del Patronato de la Casa de la Cultura del Istmo, Juchitán, 1980, p. 3.

4 Antonio Ortiz Rojas, Reseña histórica de San Blas Atempa y vida y obra de Arcadio G. Molina, Oaxaca, sin pie de imprenta, 2008, p. 73

5 Javier Sánchez Pereyra, “Ficha de Vitoriano A. Flores”, y Fidel López Carrasco, “Datos biográficos del Sr. Prof. D. Victoriano A. Flores”, en revista Amanecer, año I, núm. 1946, p. 139. Agradezco al profesor Sánchez Pereyra haberme proporcionado una copia de su ficha y una copia del artículo de López Carrasco.

6 López Carrasco, idem, p. 141.

7 Frederick Starr, En el México indio, p. 168.

8 Daniel Cosío Villegas, Historia moderna de México. La república restaurada. México-Buenos Aires: Editorial Hermes, pp. 628 y 633.

 

*Imagen: imparcialoaxaca.mx

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