12 frases de Jaime Sabines sobre el amor verdadero

Siendo el tema más recurrente en sus poemas el amor, Jaime Sabines nos compartió muchas de sus reflexiones al respecto.

Uno puede enamorarse mil veces quizá, pero hay amores que marcan mucho más. Y aunque algunos puedan ser altamente pasionales, que sacuden, ocurre un algo que impide que de algún modo “necesitemos” a esa persona. ¿Qué es lo que hace que alguien se vuelva tan deseable en nuestra vida, casi imprescindible (o al menos así se sienta)?

Aunque es difícil definir el amor verdadero, podríamos caer en cuenta que, sin que una persona se convierta en la condición de la felicidad propia (ya que esa es una tarea individual) sucede verdaderamente que con ciertas personas la existencia se torna más significativa, ello la vuelve de algún modo necesaria, y sobre ello han escrito incontables poetas en la historia del mundo.

Compartimos algunas frases de amor, extraídas de fragmentos de poemas y cartas de Jaime Sabines, el poeta y político chiapaneco que renunció a su profesión de doctor por una más lírica, sobre esas personas a las que sentimos necesitar, y que ello las vuelve en un amor más presente, futuro, persistente, y quizá, real.

 

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba…

 

Mansamente, insoportablemente, me dueles. Toma mi cabeza. Córtame el cuello. Nada queda de mí después de este amor.

 

Tú eres como mi casa, eres como mi muerte, amor mío.

 

No es que muera de amor, muero de ti. Muero de ti, amor, de amor de ti, de urgencia mía de mi piel de ti, de mi alma, de ti y de mi boca y del insoportable que yo soy sin ti.

 

Te quiero, amor, amor absurdamente, tontamente, perdido, iluminado, soñando rosas e inventando estrellas y diciéndote adiós yendo a tu lado.

 

Te quiero, sí, te quiero: pero a medida de que te quiero se me van haciendo innecesarias las palabras.

 

Amor, todos los días. Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.

 

(…) Estoy enfermo de ti que me eres necesaria como un vicio tremendo imprescindible, exacta, insoportable.

 

Estoy terriblemente solo. Te necesito. No puedo defenderme más contra tu ausencia y mi soledad.

  

En ese momento sentí que te quería más allá de la pasión que es necesidad, más allá del hábito que es ejercicio.

 

Porque eres distinta a todas las mujeres, en tu cuerpo, en tu andar, en lo que eres para mis ojos, en lo que sugieres a mi corazón.

 

Me doy cuenta de que me faltas  y de que te busco entre las gentes, en el ruido,  pero todo es inútil. 

 

*Puedes leer más poemas de Jaime Sabines en el siguiente link.

 

*Imagen: zoesees.com

3 conmovedoras cartas de Salvador Novo a Federico García Lorca

El poeta mexicano le tenía un amor enorme al gran poeta español. De esto quedan como preciosa evidencia algunas cartas y otras líneas discretas.

De entre los chismes literarios que se guardan entre líneas nuestros grandes escritores, el apasionado amor que le profesó Salvador Novo a Federico García Lorca es uno de los más conmovedores. Elegante y ceremonioso, el poeta mexicano parece haber sido como sus palabras: discreto solo en cierta medida. 

Como dijo el escritor español José de la Colina

Ante una sociedad hipócrita y de una larga tradición en el escarnio, en la represión moral y social de la sexualidad disidente, el poeta de las arrogantes poses dandísticas, el de la sinuosa y guiñadora prosa, el apodado (con gran regocijo suyo) “don Nalgador Sobo”, se arriesgaba a manifestar lo que la clase alta y dizque culta conocía pero hipócritamente pasaba por alto […]

Su encuentro con García Lorca fue fugaz, pero también apasionante y controvertido. De este Novo dejó registro en “Continente vacío”, sus crónicas viajeras. Además quedan 3 preciosas cartas y un poema en que se le “declara”, de forma bastante más que evidente, aunque ciertamente ingeniosa. 

Cuenta Novo que conoció al brillante español en Buenos Aires, en diciembre de 1933. Fueron a desayunar a un restaurante y, aunque era la primera vez que hablaban, se trataron como “amigos de toda la vida”. García elogió los sonetos del mexicano y después le dijo, poniéndose serio: “Para mí, la amista e ya pa siempre; e cosa sagrá; ¡paze lo que paze, ya tú y yo zeremos amigo pa toa la vida!”. Así lo escribe Salvador, haciendo alusión al acento español de Federico.

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Pero tal vez el momento más entrañable de su feliz encuentro es este, que describe el poeta mexicano: 

Tú cantaste La Adelita, que sabías tan bien, y me dijiste que para ti esa canción  simbolizaba todo el México que querías conocer, que Adelita era para ti una mujer viva, de carne y hueso, idolatrada por los sargentos, respetada hasta por el mismo coronel; fiel a su soldado, apasionada, morena y fecunda, y, hechizado por tu conjuro, por tu promesa de hacerle un monumento, cuando paladeabas su nombre, Adela, Adelita, y te conté su vida. 

Porque en Torreón, cuando vivimos la epopeya de Villa, una criada de mi casa, que era exactamente como tú la imaginas, llevaba ese nombre cuando nació esa canción, y decía que a ella se la había compuesto un soldado. Y al proclamarlo satisfecha, con aquella boca suya, plena y sensual como una fruta, no pensaba sino en el abrazo vagabundo de aquel con quien al fin huyó por los montes de aquella estrecha cárcel de su laguna; no imaginó jamás esta perenne sublimación de su vida en un himno que ahora a tus ojos vuelve a prestarle un corazón y que llena el mío del violento jugo de la nostalgia.

Es extraño y muy especial imaginarse a García Lorca entonando, como podía, el corrido suriano más popular del país; buscando tal vez, un lugar común con el poeta mexicano. 

Aunque es curioso pensar que en los asuntos de Revolución, no tenían casi nada en común: Novo era bastante conservador, tanto que cuando el país era presidido por Lázaro Cárdenas le escribió a Lorca que “este México que ha caído en las peores horribles manos” y a Lorca lo mataron por sus ideales socialistas, muchos de los cuales podrían ser comparables a visión de Cárdenas.  

Después de ese crucial desayuno, García y Novo no se volvieron a ver, pues al día siguiente, el primero cayó misteriosamente enfermo. Según los chismes de Sergio Téllez-Pon, otro poeta mexicano, corría entre escritores la historia (desde la boca del mismo Salvador Novo, dicen) de que, después de desayunar, los dos poetas y amigos tuvieron un encuentro de una naturaleza más sensual a orillas del río, lo que causó en Novo una enfermedad respiratoria tremenda, que lo sumió en “un prolongado, febril sueño”. 

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No sabemos, ni nos interesa, si esto efectivamente pasó: todas las palabras y narraciones suman a la construcción de ambas figuras, bien queridas y dignas de protagonizar nuestras mitologías

Después del episodio, Novo envió 3 cartas a García Lorca. No se tiene registro de respuesta. Pero las palabras son igual de disfrutables que cualquier poema. Además, está el poema, en donde él se pinta como una Adela y Federico es “Angelillo”, un torero y aventurero: 

Ella venía de México

—quietos lagos, altas sierras—,

cruzara mares sonoros

bajo de nubes inciertas:

por las noches encendía

su mirada en las estrellas.

Iba de nostalgia pálida,

iba de nostalgia enferma,

que en su tierra se dejaba

amores para quererla

y en su corazón latía

amarga y sola la ausencia.

Él se llamaba Angelillo

—ella se llamaba Adela—,

él andaluz y torero

—ella de carne morena—

él escapó de su casa

por seguir vida torera;

mancebo que huye de España,

mozo que a sus padres deja,

sufre penas y trabajos

y se halla solo en América.

Tenía veintidós años

contados en primaveras.

Porque la Virgen lo quiso

Adela y Ángel se encuentran

en una ciudad de plata

para sus almas desiertas.

Porque la Virgen dispuso

que se juntaran sus penas

para que de nuevo el mundo

entre sus bocas naciera,

palabra de malagueño

—canción de mujer morena—,

torso grácil, muslos blancos

—boca de sangre sedienta.

Porque la Virgen dispuso

que sus soledades fueran

como dos trémulos ríos

perdidos entre la selva

sobre las rutas del mundo

para juntarse en la arena,

cielo de México oscuro,

tierra de Málaga en fiesta.

¡Ya nunca podrá Angelillo

salir del alma de Adela!

(De Nuevo amor y otras poesías, SEP, 1984)

Puedes leer más sobre esta historia aquí.

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También en Más de México: Mario Santiago Papasquiaro: dos poemas brutales de un infrarrealista con jeta de santo

Mario Santiago Papasquiaro: dos poemas brutales de un infrarrealista con jeta de santo

Un aullido vibrante penetró violentamente en la elegante producción cultural del México moderno: era la voz de Mario Santiago Papasquiaro.

Se asumía Mario Santiago Papasquiaro, aunque se llamaba José Alfredo Zendejas Pineda. Pero “José Alfredo solo hay uno” y en Santiago Papasquiaro había nacido José Revueltas. Por eso asumió el nombre, elegante por su longitud, distinguido por su sonoridad, pero rebelde, por ser otro que no era el que le habían asignado originalmente.

Nació y vivió en la Ciudad de los Palacios, pero lejos de su elegancia; más bien en sus inframundos, en sus poéticas y apestosas pulquerías, en sus cafés mal iluminados. Estudió apenas filosofía en la UNAM, pero desistió para convertirse en poeta de tiempo completo.

Tal vez tú lo conoces como Ulises Lima, el entrañable amigo de Arturo Belano en “Los detectives salvajes”, la épica novela de Roberto Bolaño (donde, incidentalmente desentraña la identidad nacional). Sí, detrás de Lima está Mario Santiago, hombre inventado a medias por los recuerdos de su viuda, amigos que lo querían y literatos mexicanos que lo detestaban.

Igual que a otros del grupo autodenominado como “infrarrealistas” (en la novela de Bolaño, los real-visceralistas) a Mario Santiago Papasquiaro lo hundieron en un tremendo olvido su soberbia creativa, su “rebeldía sin causa”, la falta de financiamiento por parte del gobierno y el desdén rotundo de quienes en el México moderno protagonizaron la elegante producción cultural.

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Pero a Mario Santiago le importaba poco la “falta de reconocimiento”, especialmente de parte de personajes que consideraba deleznables como Octavio Paz y Carlos Monsiváis. Así, junto a Bolaño y otros amigos nocturnos (delicadamente retratados en “Los detectives”), encontraron la forma de publicar y autopublicarse en revistas de corto tiraje, editadas por ellos mismos.

De su vida hay pistas regadas por todos lados, como gotas de pulque derramadas en una esquina polvorienta; pero francamente, es lo de menos, pues la hipótesis que ilumina la existencia de este texto es que Mario Santiago Papasquiaro, además de ser poeta, además de ser rebelde, encarna a un sujeto desfigurado —anarquista dice de sí mismo— y marginal, en el mejor de los sentidos, que necesitamos revivir.

Con jeta de santo…

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En la historia hay muchos de esos. No es casualidad que los infrarrealistas se identificaran tan profundamente con la generación Beat, tampoco que a Mario Santiago lo llamen el Allen Ginsberg mexicano. Tal vez en el sentido de su poesía, visceral, por supuesto, llena de huecos (y huevos), honesta, desdichada, iluminada, fértil y putrefacta. Inútil, en todo el sentido de la palabra; es decir, perfectamente inoperante, y, por lo tanto, activa, presente, auténtica.

Pero Ginsberg estaba cortado con otra tijera. Era más depresivo que rebelde, parsimonioso, en muchos sentidos, iluminado, también, pero fresco. Secretamente buscaba la calma, la plenitud que solo la felicidad, la pareja, los compromisos socio-civiles, pueden ofrecer. Mario Santiago era un Neal Cassady, pero radical.

Con jeta de santo, por supuesto y un bastón, terriblemente engañoso. La jeta, posiblemente devenir de madrugadas, drogas y alcohol. El bastón, porque tenía la costumbre de caminar largamente por el Distrito Federal y particularmente de cruzar la calle sin mirar a los lados, “jugándole al…”, haciendo suerte con la muerte. En 1980 se ganó el bastón. En 1998 se ganó el final perfecto.

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Se puede decir que en su poesía se vertía de la misma manera en la que cruzaba la calle. Así, algunos piensan que su obra es el resultado de la indisciplina, de la estupidez. Otros pensamos que se requiere de un temple de hierro para elegir ser inoperante, cruzar la calle sin mirar y escribir y publicar auténtica verborrea.

Los sujetos así, los que corrompen el mundo con su estar rizomático, son espectacularmente atractivos, los consagramos por sus actos vivos, mucho más que por su obra y sus memorias. Los anhelamos profundamente por ser sabios disfrazados de ladrones, místicos perfumados con basura, arrogantes y dorados criminales, pero generosos como bosques inmensos.

En una carta a Juan Pascoe, Roberto Bolaño escribió sobre nuestro héroe: “…he descubierto que TODO mi teatro lo he realizado para que Mario Santiago haga el papel principal, para que él haga mi papel, protagonice mis sueños, ¿bonito, no?»” Aunque Papasquiaro no leyó nunca el drama de Bolaño, murió un día después de que el chileno acabara de corregir su novela.

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Ojalá en nuestra generación se hagan manifiestos estos ladrones de sueños.

A continuación dos poemas brutales, cortesía de Mario Santiago Papasquiaro. Son largos, pero te los compartimos completos, porque vale la pena la lectura:

Canción Implacable

Me cago en Dios
& en todos sus muertos
Me cago en la hostia
& en el coñito de la virgen
Me cago en los muertos
del Dios de Dios
En la soberbia de Federico Nietzche
en el cuerpo tembloroso de mi alma
& en las ortigas al aire del ateo
En la muerte prematura de los justos
en la fugacidad del coito & sus centellas
en el verbo animal
en la imaginación-rizoma
en los textos del saber tan destetado
En la raja de los mundos
yo me caigo
Concentrado en el incendio de mis poros
En este alcohol-maleza que me cimbra
en el ojo infinito de mis huellas
en el furor salvaje del desmadre
en la imposible muerte & sus ofrendas
en el barro de áspid que calienta
en las rocas de la amada
en la levitación de mi calaca
en el cojo corazón de lo innombrable
En el aleph acuoso de mis llagas
en la vítrea desazón de mi asesino
en la mano del placer
en la droga anidada en sus colmillos
En el ogro filantrópico & su esposa
en la tumba del azar tan manoseada
en el germen de la lírica / que es caca
En la boñiga aérea
en las lagañas topas
en el cráneo todo esplendor de Charleville
En las ratas que aún huyen del Mar Ebrio
en lo blando
en lo fofo
& en lo inerme
En el eructo de éter de los sapos
en las sangres hirvientes
en las sombras
en el rosa gargajo de las albas
en el vidrio insensato que he escogido como calle en las barrancas de Venus tumefacta
En el platón del festín
en las bacinicas de la tregua
en el hongo podrido & su tridente
En el genealógico tumor de la US Army
en el extenso linaje de la mierda
Abismo & resplandor / azar & viento
Vena abierta de cocxis a clavícula
Regazo de embriaguez
Llama de arpas embozadas
En las ingles sin axilas de Dios-inventamuertos
en el suave & múltiple rumor que hacen 2 lágrimas
en el mar : en sus desiertos :
& en mí mismo.

La Poesía sale de mi boca…

Para Roberto Bolaño, al que presiento ya como mi Maharischi
e iniciador de 1 movimiento cuyo nombre ignoro
& en el cual prometo realizarme plenamente

La poesía sale de mi boca,
asoma las narices / el pene
a lo imprevisto /
el estremecimiento
el resplandor /
& la baba también
& los pelos arrancados a este tiempo
a fuerza de jinetearlo
& desatascarle su rodeo /
& la caspa / & la petrificación
de tantas de las yerbas y raíces
de este mundo / que antes de
morderlas nos vemos obligados
a escupir…
La poesía sale de mi boca,
de mis puños, de cada poro
resuelto de mi piel /
de éste mi lugar volátil, aleatorio /
testiculariamente ubicado /
afilando su daga / sus irritaciones
su propensión manifiesta a
estallar / & encender la mecha
en 1 clima refrigerador
donde ni FUS ni FAS
ni mechas ni mechones
ni un solo constipado
que merezca llamarse constipado,
ni 1 solo caso de Fiebre-Fiebre
digno de consignarse en este
mi inmóvil país
La poesía sale de mi boca,
con 1 pelambre & unas antenas
& unos ojos de mosca/
Con los gorjeos de 1 canario
enjaulado / & los bostezos
cacofónicos bostezos del cuidador
del zoológico /
Noche & día / Roja & negra
con los ovarios de 1 muchacha
con la voz ronca de 1 muchacho
con la mirada vacilante
pero rabiosa / hermosamente rabiosa
de 1 niño marica que no
quiere que lo escondan en 1
barril sin fondo
La poesía sale de mi boca
con la limpia negrura de la gasolina
con el brillo elocuente de 1 foco de 500 voltios
con la emoción & el orgullos
de unos bíceps
dueños de su mundo
(& dentro de la relatividad
del maestro Einstein):
Todopoderosos
Con los colores de 1 vestido
hecho con retazos de telas /
con los sonidos confundidos
caóticamente armonizados
de cientos & cientos de cláxons
distintos /
1 día de embotellamiento
en el periférico
Contra vendavales e inundaciones
(& de cierta manera a
favor de ellos)
contra casas de puertas cerradas
contra soles agusanados
contra cirrosis más allá
del hígado /
contra botellas de refresco
conteniendo urea /
contra niños & niñas
castrados / congelados
el día de su nacimiento /
contra las toneladas
de tierra & basura
que nos caen encima,
cuando lo que 1 quiere
es mostrarse alegre & hermoso
como demostración palpable
de 1 nuevo “renacimiento”
Saltando y corriendo con los
ágiles / poniendo 1 cerillo en
el fundillo de los lerdos /
planeando almuerzos & veladas
con los lúcidos /
poniéndole unas ganas
inmensas a la resolución
de las averías / de Aries a Piscis
de lunes a domingo /
de enero a diciembre
del día 1 al día 31
de tabla apolillada en el piso
a telaraña bailoteando sobre
el techo /
de reventazón en reventazón
de la impresión de 1 cavernícola
al conocer por 1ª vez a 1
mujer desnuda /
el última Ah de un “fulano
cualquiera”, cuando estalle la
3ª Guerra Mundial /
visitando enfermos
saludando sanos
conspirando bajotierra
saboteando sobretierra
deteniéndose / avanzando
apurando su trago
saboreándolo
gargareándolo
masajeándoselo
inyectándoselo
/ rascando, rasguñando
por 1 sol de medianoche
como 2 enamorados excarvándose
como 2 enamorados ensanchando
hasta sus últimas posibilidades
los significantes & el significado
del sistema Braille
como 1 borrachera de
girasoles en círculos / como 1
diadema de dalias la flor
favorita de Judith /
como 1 toque de mariguana
& tocas el Nirvana con las manos
mueves 1 dedo, & te das cuenta
arrancas el pasto & te sonríes /
gusano de maceta / gusano de
tierra roja que no te conocías /
Como 1 psilocibinazo galopante
que hace harina la piedra
de tus 4 paredes /
& te pone en la proa del cometa Kohoutek
& deja tu jarana al descubierto,
toda tu extensión
tu abreviatura,
lista a sacudirse /
a no olvidar la cólera justa
por las cabronadas injustas /
sino a enriquecerla
sino a fortificarle
la mecha al TNT,
sino a explotarle
a revirarle la pupila
Ahora canta el que lloró
hace rato
Grita / Salta / Monta / Eyacula /
el fulano aquel, ya dábanlo
por muerto /
Ahora los cantares duros
las cantatas suaves / las trompetillas
& el regusto de aquel que ha escupido
la tierra & las lagañas
con que habían tapádole los ojos /
La poesía sale de mi boca
a todo tranco de gerundio
a todo flujo de agua potable
a todo virus luminoso
a toda capacidad de contagio
Así va la poesía /
& para ella
no tengo sino alabanzas.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

Uno de los grandes pensadores mexicanos nos habla sobre la crisis de la originalidad y cómo ha sido vendida como un producto, paradójicamente insustancial.

Tal vez, por consecuencias azarosas del destino, algunas personas derraman una originalidad apreciable a los ojos de cualquiera. La historia nos ha enseñado que esta autenticidad es espontánea en algunos, y que el resultado es una completa idea desconocida hasta entonces, que no ha sido creada jamás.

En este sentido, estaríamos hablando de la originalidad como un don, acaso como un milagro, que no le sucede a cualquiera. Este dato es falso, o más bien poco profundo. Para los que no tenemos la fortuna de destacar por una originalidad de nacimiento no todo está perdido. La clave está en no pensar en cómo ser original, sino en analizarnos como individuos.  

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Al respecto, el escritor Alfonso Reyes dedicó algunos breves párrafos a ilustrar cómo la originalidad ha sido forzada –y evidencia que ha pasado durante siglos–, pues nadie en este mundo está excluido de ser original; nadie podría nacer con aquella dicha, pero sí, en cambio, con la suerte de saber observarse a sí mismo. Se trata de una “originalidad que no se busca sino se encuentra”, nos dice, y continua:

Esta originalidad no buscada es fruto de procesos tan inevitables como lo son todos los procesos de la naturaleza. 

Reyes creía que la clave para encontrar esa originalidad estaba en el autoconocimiento, en obligarse a ser quién se es, y defenderlo a toda costa sin importar los escenarios, mucho menos una reputación:

 El descubrirse a si mismos es, más bien, descubrir al hombre abstracto que hay entre nosotros, al universal, al arquetipo, y abrazarse a él con fervoroso entendimiento platónico. 

 

La originalidad del Romanticismo

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Por otro lado, Alfonso Reyes habla sobre la probabilidad de que nadie, a su vez, se excluya de ser un farsante de la autenticidad, pues como bien nos comparte, la originalidad también puede ser vista como un objetivo y no como una consecuencia, tal vez, de la sensibilidad:

Se nos dice que una de las ideas motrices del Romanticismo fue la preocupación por la originalidad entendida como un fin en sí, como meta directa. . . ¡y es un by-product! [subproducto]

Para entender esta idea es necesario ponerse un poco en contexto:

En pleno desdoblamiento del Romanticismo europeo, en el siglo XIX, los hombres y mujeres de literatura encontraban la originalidad como una forma de rebeldía. El artista y escritor de este ciclo personificaba el espejo de la angustia y el tormento, efectos acaso evidentes de la sobrecargada historia de sucesos nacionalistas en occidente. 

Las bellas artes para entonces comulgaban con la visión del artista como profesión; la obra como objeto de mercado. El impulso plausible de aquellos románticos, no fue sino la capacidad de imaginar, soñar y sensibilizarse frente a este paradigma burgués; conectarse con el mundo natural, para regresar a nociones de origen, que les permitiesen asimilar una exquisita variedad de pantones desde la realidad en su obra. 

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Sin embargo, cabe señalar que los parámetros del romanticismo fueron también criticados por Alfonso Reyes. La postura romántica era radicalmente opuesta al movimiento de la Ilustración –una hazaña sin duda innovadora–, pero su extremismo algunas veces llegaba a otros confines, donde la originalidad era vista con cierta arrogancia y anclada a una serie de vicios humanos, tan banales como el mismo acto de considerarse un artista con “sensibilidad”.

En este sentido, las palabras de Alfonso Reyes parecen tan frescas como en aquella época. Escribe:

Cuando el poeta, cuando el artista declaran que al fin se han descubierto a sí mismos, a veces solo logran desagradar a los demás. Y es que confunden la originalidad con la indisciplina, y creen haber encontrado su ruta por entregarse a sus impulsos temperamentales, a sus manías, a sus tics nerviosos.

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Reyes no estaba en contra de utilizar la sensibilidad como vía de acceso a la originalidad, ni tampoco a favor del arte y literatura como productos. Lo que en algunas breves líneas cuestiona, es que la originalidad sea vista como un acto individual y no como lo que realmente es: una obra colectiva, que no es ajena a los matices que nos regala la vida, ni a las perspectivas del otro, ni del pasado, ni a la gama de ideas que ya se han servido al mundo en bandeja de plata: 

Aunque tal angustia [la de alcanzar la originalidad] hace crisis en los extremosos, tanto que todos acaban por resultar triviales, habría que meditar mucho la sentencia de un maestro ultra, Lautréamont, quien dice que el milagro no puede ser obra individual, sino colectiva. 

. . . No entendamos groseramente la doctrina. No se trata de collage, sino de absorción, digestión, refundición de los temas tradicionales. Toda creación es re-creación, y recreación.

 

*Referencia: Obras Completas de Alfonso Reyes, Tomos VIII y XII, Fondo de Cultura Económica.

*Ilustraciones: Joanna Neborsky

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.