¿Sabías que el son jarocho es terapéutico para los niños con autismo?

Sobre todo los acordes menores del son jarocho han comprobado ser positivos en el aprendizaje de los niños.

La verdad es que sabemos que la música es mágica desde toda la vida, nosotros que somos jaraneros sabemos el significado de ?jarana?, que es alegría en palabra árabe, y al ser jaraneros somos alegradores. Más allá de ser una cura o algo así, la música siempre nos alegrará.

Camil Messeger, integrante de la agrupación Sonex.

 

El autismo sigue siendo, hasta cierto punto, un misterio. Se manifiesta en los primeros tres años de vida, por la dificultad de un niño para socializar, comunicarse o aprender cosas básicas como ir al baño. Sin embargo, no existe una diferencia visible en su código genético.

Para el padre de un niño autista es muy difícil su crianza, pues este difícilmente responde a estímulos externos. Afortunadamente existen herramientas como la música, que ostentan propiedades terapéuticas cuyo valor es cada vez más reconocido.  Y de hecho en el caso del autismo existe un género tradicional mexicano que ha demostrado resultados particularmente buenos con los niños: el son jarocho.

El son jarocho es oriundo de los estados de Oaxaca, Tabasco y Veracruz, nació hace unos 300 años; es una música muy alegre, un ritmo armónico, generalmente sesquiáltero, con síncopas y contratiempos, y su lírica tiene coplas cambiantes llamadas "verso".

En el Centro Estatal para la Detección y Atención del Autismo (Cedaa) de Veracruz, desde hace tres años es impartido un taller para niños con autismo, haciendo uso del son jarocho. Rafael Figueroa, especialista en son jarocho por la Universidad Veracruzana, explica que es una música orgánica, predominantemente acústica, que funciona a partir de maderas y cuerdas; tiene mucha flexibilidad.

Sael Bernal, profesor del taller de jarocho, narra que en un principio la mayoría de los niños son intolerables a esta música, aunque con el tiempo van adaptándose. Y existe un caso de éxito en específico, el de Emir Yosimar Mendoza de 7 años. Gracias al taller, según narra su madre Victoria Cosme, ha aprendido a pronunciar su nombre, convivir con otros niños y soportar ruidos que anteriormente no toleraba como la guitarra, el violín y la jarana. "También soporta que le toquen sus bracitos, algo que antes era impensable".

La terapia se da con músicos en vivo, lo que a su vez hace que los niños se familiaricen aún más con las tradiciones de su entorno.

*Imagen: Iustración del libro La Jarana de Mario.