9 emprendedores mexicanos que han triunfado en Estados Unidos

Contra los mitos xenófobos, las cifras muestran que de cada 100 latinos en Estados Unidos, 12 son empresarios, la mayoría mexicanos.

En el 2014 el estudio “Better Business: How Hispanic Entrepreneurs Are Beating Expectations and Bolstering the U.S. Economy”, reveló que en los últimos 22 años los latinos son casi 10 veces más emprendedores en este país que el resto de la población.

Para el 2014 al menos 765 mil mexicanos eran ya dueños de su propio negocio. Por cada 100 ciudadanos estadounidenses, 10 son empresarios, por cada 100 latinos que viven en ese país, casi 12 lo son. Y de éstos últimos, la mayoría son mexicanos. De hecho, de acuerdo con cifras de este mismo reporte, el emprendedurismo latino ayudó a salir de la depresión económica del 2008.

Por su parte, un reporte más reciente de la Fundación Kauffman ha reportado que los inmigrantes emprendedores doblan la tasa de los estadounidenses nacidos en el país. El análisis afirma que los latinos han sido el grupo étnico más emprendedor de Estados Unidos en los últimos 22 años y que son casi 10 veces más emprendedores que el resto de la población. Los empresarios inmigrantes lanzaron el 28.5 por ciento de las nuevas compañías en 2014, frente al 25.9 por ciento registrado en el 2013, ello representa casi el doble del 13.3 por ciento de su participación en1996.

Las anteriores cifras son un gran aliado para hacernos de argumentos que combatan la xenofobia infundada. Hoy presentamos algunos de los emprendedores mexicanos que en los últimos años han alcanzado éxito y contribuido a la economía generando empleos, un papel que suele achacársele únicamente a los estadounidenses.

 

Manolo Díaz

Creó Yogome, una exitosa startup con presencia internacional de 60% en Estados Unidos, 20% en Asia, 5% en México y 15% en Europa. El objetivo es enseñar de mano de la tecnología a niños de entre 4 y 10 años a desarrollar sus habilidades y proceso de aprendizaje. Esta herramienta, aunque está enfocada en matemáticas, cuenta con juegos educativos validados por la Universidad de Berkeley.

 

Manny Hernández

Ha fundado la mejor food truck reconocida por el por el Chicago Journal, Chicago Magazine y el Time Out Chicago. En 2013, la empresa cerró con ganancias cercanas a los 350,000 dólares. Esta food truck conjuga el sabor de la comida prehispánica en un gracioso concepto de lucha libre.

 

Jorge Ríos, Lili Tawil, Guillermo Vilchis, Diego García y Roberto Betancourt

Formaron una app que ganó un premio otorgado por personalidades del mundo digital como Guy Kawasaki y Robert Scoble ganando el segundo lugar del del Startup Bus 2014. Su creación es una innovadora herramienta que ayuda a las personas con problemas de conectividad en caso de desastres naturales.

 

Arturo Galván Contreras

Fundador de Naranya en el 2002, una la empresa pionera hispanoamericana en marketing móvil y omnimedia con televisoras. Hoy cuenta con oficinas en en México, Miami, Florida, Estados Unidos, en países de Latinoamérica y en China.

 

Alex Charfen

Fundador del exitoso Charfen Institute en Austin, Texas, empresa líder que da asesoramiento a profesionales inmobiliarios y propietarios de pequeñas empresas para hacer crecer sus negocios.

 

Eduardo Graniello

Creador de Intellego. Hacen soluciones inteligentes para negocios sobre todo a partir de la generación de valor con las nuevas tecnologías, con tendencias tecnológicas como tendencias tecnológicas como Big Data y Analítica Avanzada

 

Oscar González

Desde hace 12 años es dueño de la cadena mueblería OSGO Furniture en El Paso que ha conseguido posicionarse.

Somos más aventureros y dedicados, los mexicanos tenemos una disciplina para seguir con el manual de las empresas, pero también podemos improvisar y resolver problemas de manera creativa y eso nos distingue.

 

Rosa Macías

Con su negocio Mueblería del Sol en Phoenix, Arizona, emplea a 70 personas y factura seis millones de dólares (mdd) al año. Lo inció junto a su esposo Venancio Macías desde 1997.

 

Jaime Lucero 

Es uno de los ejemplos más loables, pues además se ha dedicado a apoyar a estudiantes inmigrantes. Emigró a E.U. en 1975 y para el 2000 tenía ya una distribuidora de ropa con una flotilla de hasta 25 camiones. En 2012 creó el Instituto de Estudios Mexicanos, desde donde ha otorgado hasta 63 becas a universitarios mexicanos sin papeles. Conoce más de su historia acá. 

*Imagen: facebook.com/tamalespaceship/

 

La historia de 4 jóvenes migrantes que hicieron un robot fantástico

Hace una década cuatro adolescentes mexicanos le ganaron al MIT en un concurso de robótica. Su historia parece trama de película…

Fue un incidente curioso. Joshua Davis, uno de los editores de la revista WIRED se enteró de una noticia insólita. Cuatro jóvenes mexicanos, migrantes e indocumentados, acababan de ganarle al MIT en un concurso de robótica organizado por la NASA. Sorprendido, decidió buscar más; pues, evidentemente, detrás de esa curiosidad, debía haber otras historias interesantes. Su investigación lo llevó a escribir un precioso artículo titulado “La Vida Robot”, que conmovió a sus lectores y puso un dedo sobre un problema social que continúa vigente: la vida de los jóvenes migrantes.

Óscar Vázquez, Cristian Arceaga, Luis Aranda y Lorenzo Santillán eran, hace 10 años, alumnos de preparatoria en Carl Hayden Community High School. Habían nacido y pasado algunos años de la infancia en México, pero sus papás los habían llevado a vivir a Estados Unidos, cruzando la frontera, ocultos por supuesto. Ninguno de ellos se imaginaba en la universidad, porque las oportunidades que tienen en Estados Unidos son muy escasas. Sin papeles, sólo pueden tener trabajos de bajo perfil y, por supuesto, no pueden adquirir financiamientos o becas escolares.

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Construyendo a “Stinky”.

Pero, extrañamente, no parece ser muy importante. Con un pasado tan desafortunado y un futuro poco prometedor, nadie espera gran cosa de estos chicos. Por eso, cuando conformaron un equipo en la escuela para tratar de entrar a la Competencia de Vehículos Operados Remotamente del Centro de Educación de Tecnología Marina Avanzada, ellos, sus maestros –y probablemente otros miembros del evento– pensaron que lo hacían sólo por diversión.

De cualquier manera, entrar a la competencia implicaba dedicarle tiempo al ensamblaje de un robot submarino, asunto que a los cuatro les consumía tiempo y aseguraba que no tuvieran que estar en la calle. El Este de Phoenix era su escenario urbano. Un sitio que, como lo describió Joshua Davis hace 10 años, está poblado en gran medida por migrantes y por dinámicas de calle muy intensas.

Así, con poco presupuesto, mucho ingenio y la ayuda de dos fantásticos maestros, construyeron un robot barato, rudimentario, pero increíble. Fue una extraña coincidencia que los puso en este equipo y nadie podría haber especulado que los cuatro eran brillantes; cada uno desde su propia trinchera.

Como si fuera el guión de una película predecible, las cosas empezaron a salir bien y el equipo logró llevar a “Stinky” (“Apestoso”), el robot submarino, a competir contra alumnos de universidades como Cambridge y MIT; superiores, especialmente porque sus robots contaban con un tremendo presupuesto.

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En el clásico giro negativo, el robot casi no llegaba ni siquiera a competir, pues en una prueba previa, notaron que este tenía una fuga y, evidentemente, si se mojaba, no podría operar. Necesitaban algo para absorber el agua que se colara dentro del Apestoso. A continuación, en una magnífica y cómica epifanía, Lorenzo “el vato loco” dijo: “¿absorbente, como un tampón?”. Por supuesto, conseguir los tampones fue toda una aventura y Lorenzo se rehusó a rezarle a la Virgen que los tampones funcionaran, porque le dio un poco de pena.

Al final, a pesar de todas las peripecias, ganaron la competencia. Dejaron considerablemente atrás al MIT y, a pesar de que los estirados jueces estaban sorprendidos de tratar con jóvenes chicanos; el equipo de indocumentados ganó la competencia. La historia es casi absurda y al mismo tiempo, perfecta, pero no terminó ahí.

Como lo describió Davis, hace diez años eran 60,000 indocumentados los que se graduaban de preparatorias estadounidenses, sin posibilidad de entrar a la universidad. En ese momento, la solución planteada era el “Dream Act”, programa que le dio residencia a muchos de estos jóvenes, pero que el gobierno estadounidense hoy está descontinuando. Felizmente la revista WIRED y sus lectores reunieron más de $90,000 dólares en becas para los cuatro chicos; aunque, a pesar de esto no todos lograron terminar la universidad.

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“Spare Parts” (2015)

“La Vida Robot” ahora es una película llamada “Spare Parts”. La traducción literal del título a español, “Partes sueltas”, funciona para entender y reflexionar sobre el dilema implicado en esta maravillosa historia. Los chicos ensamblaron el robot como pudieron, con lo que tenían; de la misma forma –y a causa de la disparidad social a la que nos enfrentamos– los migrantes ensamblan su destino con partes sueltas; con reminiscencias de una sociedad, que penden descuidadamente en los rincones; pero que, extrañamente, no les corresponde tomar.

El día que los mexicanos hicieron del muro fronterizo su red de voleibol

Parece inimaginable, pero el muro que divide a Sonora y Arizona fue, en 1979, sitio de reunión para jugar voleibol con el muro fronterizo (y para festejar la amistad).

Del ingenio mexicano han surgido improbables ritos que transforman realidades. Uno de ellos: el acto de hacer, de un símbolo de discriminación –como lo es el muro fronterizo con Estados Unidos–, un espacio para practicar un deporte inédito y entre camaradas.

No hay cómo explicar que tal contradicción exista, excepto si pensamos que dicha perspicacia distingue de forma innata a los mexicanos, sobre todo cuando se trata de poner en práctica filosofías como “al mal tiempo buena cara”. Así lo han hecho los habitantes de Naco, en Sonora, y los mexicanos estadounidenses del otro lado de esta misma población, que pertenece a Arizona.

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Todo comenzó con la invención del Border Volley, o wallyball, un voleibol que comenzaron a jugar en 1979 en la frontera, utilizando el muro —que en ese entonces era una malla con púas— como la clásica red del deporte original. Ambos equipos jugaban, paradójicamente, en casa. Mirones y jugadores eran parte, en aquellos años, de los festejos que se hacían cada cinco partidos, cuando el equipo perdedor debía hacer un homenaje, en su lado de la frontera, al vencedor.

En ese entonces se podía cruzar el muro, ya fuera con agujeros hechos con alicates o a hurtadillas por “el hoyo”, un túnel que servía para pasar de un lado a otro, lo que hacían los vencedores para asistir a su homenaje.

Este inédito deporte fue posteriormente documentado por la televisión francesa, y actualmente se práctica también en Baja California y Tijuana. Se trata de un voleibol subversivo y de resistencia contra el terror y la disgregación que implica la frontera. Con él, los pobladores de estas zonas deconstruyen el paradigma impuesto por una valla y, si acaso, se quedan con la melancolía irremediable que prosigue a todo partido acabado.

Hoy en día este encuentro entre dos poblados que, en esencia, pertenecen a la misma tierra, se transformó en la famosa Fiesta Bi-nacional. Se trata de un evento tradicional donde se celebra con bailes regionales, se lleva comida y se toca música en vivo, como puede verse en el siguiente video del 2007:

Además, desde 2010 la frontera se volvió también el lienzo de cientos de niños de ambas comunidades que dibujan sobre el muro. 

Grandes festejos transfronterizos, como la Fiesta Bi-nacional, son ya comunes no sólo en Sonora, sino en otras comunidades a lo largo de la frontera. Según Xavier Oliveras-González, del Colegio de la Frontera Norte, se puede decir que la reproducción de esta fiesta “crea unos efectos tanto o más insidiosos que el propio endurecimiento material y legal de la frontera”.

Pero, de aquellos legendarios encuentros de voleibol en la frontera no solo queda la celebración ritual. En esta fiesta se reafirma la identidad colectiva –la mexicanidad sin límites–, en una preciosa metáfora surgida, paradójicamente, de uno de los mayores símbolos de odio y segregación en el planeta.

*Referencias: Fiestas transfronterizas y representaciones espaciales en la frontera México-Texas
Cuando mexicanos y estadounidenses usaban el muro para jugar al voleibol

*Imágenes: 1) y 2) Archivo particular Sixto de la Peña; 3) Proyecto Puente

La increíble historia de la Reina de la Tortilla en Europa

Sin un plan previo, Delfina Solorio fue haciendo tortillas nixtamalizadas cuando fue a visitar a uno de sus hijos, hoy su emporio ha crecido, y se le conoce como la Reina de la Tortilla.

Yo soy así, muy guerrillera. Lo que empiezo, lo termino: solo yo sé como.

                                                                                                          Delfina Solorio

Para cualquier mexicano que ha viajado a Europa u otro país lejano, es común vivir una profunda nostalgia por su gastronomía. Y aunque en casi todo el mundo existen restaurantes con comida “mexicana”, la verdad es que rara vez esta nos remite a los sabores del país –y en ocasiones incluso tiene muy poco que ver. 

En México amamos nuestra gastronomía, y la tortilla es un acompañante infaltable. En cualquier plato mexicano su ausencia genera un extraño vacío.

Y a propósito de la nostalgia, sabores y geografía, la historia de Delfina Solorio ha dado la vuelta al mundo. En 2005 esta mujer  viajó desde Guadalajara a Madrid para visitar a sus hijos Luis y Alberto, quienes se habían ido a vivir a este país un par de años antes.

Cuando llegó, y su hijo Luis se iba a trabajar a un restaurante mexicano, ella se quedaba horas desquehacerada. Luego su hijo la llevó a su trabajo, y se dio cuenta de que servían los tacos al pastor con tortillas de harina: sorprendida ante este sacrilegio, decidió tomar cartas en el asunto y actuar.

Como en su maleta había llevado una pequeña placa para hacer tortillas, sin saber la odisea que sería conseguir masa en España, decidió enviar al jefe de su hijo un paquete con tortillas de maíz para que sirviera algunos tacos con la receta clásica.

Ese momento fue decisivo, Delfina Solorio comenzó a hacer tortillas. En un inicio llegó a hacer 200 a mano, el negocio fue creciendo, abasteciendo a lugares de comida mexicana en Madrid, y un año después, junto con sus hijos, formó su empresa de tortillas de maíz nixtamalizado: La Reina de las Tortillas de Maíz.

Su exesposo le envió en barco una tortilladora automática, gracias a las cual subió enormemente su producción. De producir 200 tortillas a mano, hoy produce 5 toneladas de tortilla mensuales: tiene una fábrica en Madrid, otra en Barcelona, provee a más de 110 restaurantes en España, y exporta a 15 países en Europa: entre ellos Portugal, Francia, Suecia, Italia, Dinamarca, Reino Unido y Noruega.

delfina solorio reina de la tortilla europa

Delfina Solorio con sus hijos

En entrevista para El Universal, Solorio, comparte:

No queremos que sea la típica comida mexicana para extranjeros, sino recetas artesanales de Jalisco, de Puebla, porque esa es nuestra filosofía y porque es la que puede encontrar sitio en el mercado.

Su historia evidencia el enorme interés que existe alrededor del mundo por los ingredientes ancestrales de México. Y la tenacidad de esta mujer, que simplemente se negó a permitir que lo más básico de la cocina mexicana se distorsionara, resulta en un inspirador ejemplo. También, no olvidemos que este es un episodio más, de muchos, en los que la cocina mexicana representa al país, y lo hace de manera preciosa. 

Conoce más de su empresa, aquí.

Imágenes: 1) Juan Carlos Rojas/ El Universal; 2) Santi Burgos/ El País.