El peinado de la princesa Leia fue inspirado por las revolucionarias mexicanas

El creador de La Guerra de las Galaxias declaró que el peinado de la icónica princesa Leia fue inspirado por las valientes soldaderas de la Revolución Mexicana.

Llevar el cabello largo es una cualidad frecuente en los grupos étnicos del mundo. En el México prehispánico no fue la excepción, y de hecho, el cabello largo conllevaba una importante significado (y aún hoy).

Una manera sencillas y vistosa de recoger el cabello largo es hacerlo trenzas. Durante siglos, luego de la conquista, a las mujeres de descendencia indígena se les documentó, primero en pinturas y posteriormente en fotografías, llevando dos trenzas.

Este peinado se convirtió en un signo de pertenencia. Con la llegada de la Revolución, las soldaderas, también conocidas como adelitas, llevaron el peinado de las dos trenzas caídas.

De estas mujeres valientes, dignas, el creador de la exitosísima saga de la Guerra de las Galaxias, George Lucas, se inspiró para crear el peinado de la icónica Princesa Leia, según declaró a la revista Time, en 2002:

Me incliné hacia un estilo de mujer revolucionaria suroccidental a la Pancho Villa, que es precisamente eso. Los rollos son básicamente de principios de siglo en México.

Ahora que recién falleció la actriz Carrie Fisher (quien personificó a la princesa Leia), el tema ha vuelto a la luz cuando miles de mujeres y niñas en redes sociales han imitado el peinado haciéndole una especie de homenaje. Fisher misma declaró a la BBC en 1977:

George no quería una doncella en apuros, no quería la princesa estereotípica. Quería una luchadora, quería a alguien independiente.

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Amalia Robles Ávila, “Coronel” de la Revolución

Cabe apuntar que, como es notorio, el peinado no es igual, aunque sí memora al clásico peinado de las trenzas dobladas por la mitad, que hacen una especie de arco debajo de las orejas.

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*Imágenes: 1) AP; 2) portodoslosmedios.com

El Taller de Gráfica Popular: 80 años de arte revolucionario y popular en México

Eran artistas. Eran militantes. Y eran herederos de la revolución que vivían los convulsos tiempos de la primera mitad del siglo XX.

“El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma”.
Bertolt Brecht

Durante las décadas que verían sucederse dos guerras mundiales, así como profundos procesos de cambio social en México, surgió uno de los proyectos artísticos más interesantes: el Taller de Gráfica Popular (TGP)*, un movimiento de artistas muy politizados que revolucionaron la gráfica mexicana para siempre.

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Arturo García Bustos, uno de los más jóvenes integrantes del TGP, recuerda  a éste como una “proeza colectiva”, que tuvo sus antecedentes en la Liga de Artistas y Escritores Revolucionarios (LEAR). Dentro de estos grupos, entre otros, era donde la intelectualidad de izquierda hacía de la cultura un arma efectiva de lucha contra las oligarquías e instituciones que mantenían una guerra declarada contra los trabajadores (como los cristeros, quienes estaban detrás de una matanza de 200 maestros rurales), y servía también como medio de denuncia frente al fascismo que asolaba a Europa.

Fue el grupo de grabadores de la disuelta LEAR quienes, en 1937, fundaron el TGP. Leopoldo Méndez, junto con Pablo O’Higgins y Luis Arenal, alentados por David Alfaro Siqueiros, fueron quienes echaron a andar el Taller. Estaba ubicado en la plaza Belisario Domínguez, y actualmente sigue dedicado a la imprenta –por cierto que aún acuden organizaciones y activistas para imprimir volantes y carteles. Ahí es donde cobró vida el TGP, uno de los proyectos artísticos más importantes de toda Latinoamérica, al que pronto se incorporarían decenas de artistas y con el que colaborarían también escritores y poetas.

La gráfica ¡a las calles!

México seguía siendo un país iletrado (53.1 de analfabetas) y con poco acceso a la cultura; no había forma posible de seguir haciendo arte si no era haciendo un arte popular que saliera de los fríos museos y que trascendiera los reducidos márgenes del arte de élite. Se necesitaba de un arte que se retroalimentara de la realidad circundante y que, al mismo tiempo, se irradiara de todas las maneras posibles por las calles de todo México.

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Así, los artistas del Taller de Gráfica Popular, incluidos sus muralistas, bajaron de sus andamios y recorrieron las calles pegando los carteles que imprimían con la técnica de impresión litográfica que le habían aprendido al maestro Jesús Arteaga. Y para elaborar tirajes más grandes es que el local de Belisario Domínguez tenía destinado uno de sus cuartos para la vieja imprenta mecánica que habían comprado, fabricada en París en 1871 (razón por la cual la llamaron orgullosamente “La Comuna”), y de la cual saldrían, además de carteles, cientos de telones, volantes y revistas, como la publicación de propaganda Frente a Frente. A otras técnicas como la pintura mural también las harían “móviles”, (como precisamente los llamados “murales transportables”), todo con la intención de hacer llegar el arte hasta los últimos confines del territorio.

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Pero además, el estilo gráfico de estos mexicanos traspasó las fronteras y llegó incluso a Estados Unidos y Europa; incluso –y como tanto anhelaban los miembros del TGP–, se llegó a exponer en Moscú en 1940. No obstante, al ya instaurado stalinismo no le parecieron suficientemente ortodoxa la estética en las obras del TGP, lo que conllevó a un cierto alejamiento por parte del TGP de la corriente de la URSS, por lo menos de la corriente artística denominada “realismo socialista”; un alejamiento que se volvería también político con el paso de los años, pues posteriormente el TGP comenzaría un trabajo más cercano al gobierno, amparado en la política de unidad nacional, lo que abriría una nueva etapa en su trabajo.

Grabando memoria

De este nuevo giro el TGP marcó como principal objetivo el rescate a la memoria de la revolución mexicana, lo que incluía develar las omisiones  que el gobierno pudiese llegar a haber hecho de un movimiento que tenía apenas 30 años de ocurrido y que era menester reivindicar. También era una apuesta contra los detractores de la revolución, algo que en 1946 el recién nombrado presidente Miguel Alemán vio con buenos ojos, apoyando por ello los esfuerzos del TGP. Y aquí surgió uno de los trabajos más importantes: el de Estampas de la Revolución Mexicana, una colección que constaba de 85 grabados y que fueron publicadas, una cada día, en el periódico El Nacional.

En este proyecto participaron todos los miembros del TGP, y tuvo como uno de sus principales logros el rescatar del olvido la famosa Convención de Aguascalientes, en la que en 1914 se reunieran los bandos revolucionarios del sur y del norte cuya primera etapa fue en la Ciudad de México, además de rescatar otras figuras y héroes populares, como a los hermanos Serdán, a Zapata, a Villa y a Carranza, además de otros personajes multitudinarios como a los obreros, a los campesinos e incluso a las populares “adelitas”.

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Sin embargo, tras esta mancuerna con el gobierno, Leopoldo Méndez dijo a los miembros que debían intentar alejarse de “representar a los hombres (y las cosas) fuera de su realidad, pues esto le da a nuestra producción cierto tinte de arte puramente oficial”. Hacía falta pintar a las personas en su aspecto real, y no “con coturnos a los pies y una aureola alrededor de la cabeza”.

El Taller de Gráfica popular sobreviviría todavía 20 años después de este periodo, en los cuales seguirían teniendo una fecunda producción artística y cultural, sobre todo hasta 1967, año en que la mayoría de los miembros originales se habían marchado. Durante ese tiempo –sea desde una perspectiva comunista o más nacionalista–, el TGP no sólo irradió el arte y la cultura popular de una forma innovadora, sino que fue un efectivo agitador político. Motivos y símbolos como el maguey, el águila o las famosas calaveras, como las de Leopoldo Méndez (inspiradas en el trabajo de José Guadalupe Posada), se mezclaron en un discurso revolucionario en un momento donde aún cabía pensar en la posibilidad de terminar con años de colonialismo en México, de la mano de los ideales revolucionarios que aún pervivían en las conciencias y que el TGP ayudó a volver indelebles.

Arte, cultura y revolución después del TGP

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-El Movimiento Gráfico del 68

En ese 2 de octubre que Jacobo Zabludobsky denominó como “muy soleado” ocurrió la masacre de Tlatelolco, a partir de la cual se conformaría un fuerte y potente movimiento juvenil, del que se desprenderían diversas exigencias hacia el Estado, así como un reclamo generalizado por justicia y contra la violencia policial y militar.

A esta lucha la acompañaría el denominado Movimiento Gráfico del 68, conformado por jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado (ENPEG), como también de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (ENAP). La inspiración de este movimiento artístico fue el TGP, y muchos de sus carteles recuerdan al estilo de éste, aunque después tuvieron su propia estampa.

-El neomuralismo

Un movimiento contemporáneo de arte callejero que ha rescatado la tradición muralista, con todo lo social y popular que rodea a la misma, y que ha dado nueva vida al arte popular y colectivo valiéndose del graffiti para hacer lo que en su tiempo hiciera el TGP con los grabados y la pintura tradicional: difundir el arte, esparcirlo por las calles y hacerlo de todas y todos.

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Gracias a este movimiento se han recuperado espacios públicos y se ha bajado considerablemente el grado de violencia y delincuencia en decenas de barrios del país, llevando no sólo murales bonitos y coloridos a las comunidades, sino toda una nueva forma de ver la vida y las relaciones humanas en general.

Todas estas corrientes no son sino prueba de que el arte no sólo es arte en sí, sino que es, ante todo, un tiempo y espacio por donde el hombre y la mujer pasan, fijando su visión estética del mundo e imprimiendo lo que ven en la realidad. El TGP, el Movimiento Gráfico del 68, el neomuralismo y muchas otras corrientes continúan demostrándonos que, como dijera el poeta alemán Bertolt Brecht, el arte es un martillo.  

 *Para conocer más a fondo el arte del TGP te recomendamos darte una vuelta por la exposición inaugurada hace poco en las rejas del Bosque de Chapultepec, sobre Paseo de la Reforma.

 

*Imágenes: 1) Piso 9; 2) Pinterest; 2) Graphic Witness; 3)Colmich; 4) Cmegenis; 6) LaGuerrerodf

*Fuentes de consulta:

Al rescate de la memoria. Estudio iconográfico del grabado La Convención de Aguascalientes, 10 de octubre de 1914

Sandra Vanina Celis
Autor: Sandra Vanina Celis
Hija de tiempos posmodernos, pero aún así terca en la necesidad de construir el socialismo. Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio.

Amelia Robles Ávila, la Coronel que se vistió de hombre en la Revolución

Fue una de las primeras mujeres en vivir abiertamente sus preferencias sexuales por las mujeres. Por su papel en la Revolución Mexicana, Amelia Robles fue condecorada por expresidentes.

En la historia del mundo siempre hubieron mujeres que retaron las convenciones sociales de privilegio para el hombre. Muchas de ellas, y la mayoría de los casos sin que seguramente lo sepamos, se vistieron de hombres para poder ser libres y decidir su vida sin el yugo impuesto para la mujer.

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De la Revolución Mexicana se conoce un caso muy particular de una mujer que llegó a ser incluso Coronel, y se sabe que fue muy querida por Emiliano Zapata; su nombre fue Amelia Robles Ávila, nacida en Xochipala, Guerrero. Sobre su incursión a la Revolución, al parecer en un inicio la emprendió más por fines de libertad que ideológicos, aunque el reclamo de justicia también la invadió:

…vino la bola y me fui a la bola. Al principio no dejó de ser una mera locura, pero después supe lo que defiende un revolucionario y defendí el Plan de Ayala. Huerta había matado a Madero y fui contra Huerta. Carranza era sólo un mistificador de la revolución y combatí a Carranza. 

Creció en una familia acomodada; a la muerte de su padre, y en el segundo matrimonio de su madre, al parecer no se sintió muy cómoda. Desde niña mostró intereses más bien asociados a los de un hombre: como destrezas en la ganadería y otras proezas físicas. También, desde niña le gustaba vestirse como hombre.

Su incursión en la Revolución

La fecha exacta en que se unió a las líneas revolucionarias no se conoce, aunque ella llevó una bitácora de los combates en los que participó, iniciándola con el año de 1913.

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Hasta 1918 se sabe que se deslindó del Ejército Liberal del Sur y fue, cuando como Coronela, se presentó al mando de la Jefatura de Operaciones Militares de Guerreo, que estaba a cargo del general Fortunato Maycotte. Participó por dos años en la pacificación del estado y en 1920 se unió a la Jefatura de Operaciones Militares de Puebla y Tlaxcala.

La última etapa de su vida

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En 1924, en la batalla en que fue muerto  el general delahuertista Marcial Cavazos, salió herida. Después de este capítulo se determinó a cambiar su identidad y mutó su nombre a Amelio Robles. También fue aquí cuando comenzó a manifestar su vida sexual. En la Revolución consiguió 3 estrellas, luego recibió honores por parte de los expresidentes de los expresidentes Adolfo López Mateos, Manuel Ávila Camacho y Luis Echeverría.

Después de la guerra se dedicó a la agricultura, la ganadería y la repartición agraria, en una vida tranquila.

 

Pionera en los derechos sexuales en México

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No obstante la época en la que le tocó vivir, Robles Ávila mantuvo públicas sus preferencias sexuales. Fue lesbiana e incluso tuvo una relación conocida con una mujer llamada Ángela Torres, de Apipicuilco Guerrero. Ambas tuvieron una hija adoptiva, Regula Robles Torres.

Desde su libertad para mostrar su verdadera inclinación sexual, de algún modo abrió paso para la diversidad sexual en México. Su valentía al respecto es un ejemplo a seguir incluso hoy día.

 

 

Amelia robles con su esposa

Ya como Amelio Robles, con su esposa Guadalupe Barrón.

 

*Fuente:

Cárdenas Trueba, Olga. Amelia Robles y la Revolución Zapatista en Guerrero.  

 

Imágenes: 4) Gertrude Duby/ Museo Na Bolom; 5) Marcelo González Bustos

¿Sabías que el Indio Fernández fue el modelo de la legendaria estatua del Oscar?

La actriz Dolores del Río presentó a Emilio Fernández a uno de los encargados del diseño de la estatua del Oscar; finalmente lo convencieron de posar.

A Emilio Fernández Romo (Indio Fernández) se le vincula a múltiples historias. Este icono de la Época de Oro del cine mexicano, además de ser director, actor y gran artífice de la historia fílmica de México, fue un personaje en sí mismo, uno que es su vida cotidiana generó decenas de historias desde su peculiar y fuerte personalidad.

Entre estas se encuentra la historia de cómo este mexicano se convirtió de manera casi fortuita en el modelo de la legendaria estatuilla del Oscar. Resulta que Cedric Gibbons uno de los miembros fundadores de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas y director de arte de Metro-Goldwyn-Mayer estuvo entre los encargados de supervisar el diseño de la estatua para los oscares.

En ese entonces Gibbons ya conocía a la legendaria actriz mexicana Dolores del Río, su futura esposa. Del Río presentó a Gibbons con Fernández; entonces la futura pareja en una no fácil tarea, convenció a Fernández de que posara desnudo para la estatuilla, figura que hoy prevalece en esta premiación.

Además de por las decenas de anécdotas y su irreemplazable papel en la historia del cine mexicano, Fernández quedó inmortalizado en uno de los iconos internacionales del cine, en la estatuilla que insospechadamente muestra perenne el cuerpo del gran Fernández.

*Imagen: planetacurioso.com