“Con las estrellas de México podríamos llenar los cielos de Europa”: Fernando del Paso en ‘Noticias del Imperio’

Este fragmento de la novela más conocida de Fernando del Paso nos invita a recordar la generosidad del país en que vivimos.

Aunque a veces lo olvidamos o lo tenemos poco presente, Fernando del Paso es uno de los mejores escritores de nuestro país. Su obra es vasta, rica e impresionante por los límites expresivos a los que ha sido capaz de llegar con su escritura. Más allá de categorías académicas o nociones conceptuales, el talento y la constancia de Del Paso destacan por sí solos, y si a veces dejamos de considerarlo entre los grandes de nuestra literatura, quizá se debe a que a diferencia de otros, él nunca ha estado muy cerca de los reflectores y las entrevistas, quien sabe si porque esto no se lleva muy bien con la elaboración de libros sólidos y deslumbrantes, verdaderas joyas pulidas en la soledad y el silencio del taller.

La novela más conocida y celebrada de Del Paso es Noticias del Imperio, una elaboración ficticia y erudita en torno al Segundo Imperio Mexicano, aquel que resultó de la Intervención Francesa impulsada por Napoleón III (Luis Napoleón) y que estuvo encabezado por el archiduque Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica. Entre otras cualidades, el libro destaca por la polifonía hábilmente ejecutada, esto es, la incorporación de múltiples voces en múltiples registros de buena parte de los personajes involucrados en dicho periodo. Los monólogos de Carlota, los cotilleos cortesanos, la vida anónima de las calles: todo ello, y mucho más, está retratado ahí con vida auténtica, dentro de los límites de la ficción pero cada cual puesto en su propia naturaleza.

En Noticias del Imperio se encuentra también este fragmento transcrito a continuación, extenso quizá pero con una enumeración magistral y emotiva de algunas de las muchas riquezas que se encuentran en nuestro país. Así como a veces olvidamos a las personas que con su trabajo han engrandecido nuestra nación, así también podemos llegar a perder de vista que este es un territorio generoso como pocos, abundante, dueño de esos bienes que al final son los que importan: el sabor de una fruta, una caminata bajo el sol tibio de las montañas, el azul purísimo de ciertos mares. ¿Qué hay más valioso que eso? Apenas unas cuanta cosas, y eso también se encuentra en México.

El párrafo forma parte de uno de los soliloquios de Carlota, aquel que lleva como subtítulo “Castillo de Bouchout, 1927”.

¿Qué no han oído ustedes hablar, le dije al Mariscal Randon y al Conde de Chambord, de las riquezas infinitas de México, de sus metales y de sus piedras preciosas? ¿Quién dijo que tenemos que venderle al rastro tus caballos Orispelo y Anteburro? Maximiliano está nadando en los placeres de oro de la Sierra Madre Oriental, Maximiliano se está dando un baño de pulque en su tina de obsidiana. ¿Qué no saben ustedes, le dije a la Princesa Troubetskoy y a tu tío el Príncipe de Montenuovo y a mi tío el Duque de Montpensier que no hay país en el mundo, como México, sobre el cual la Divina Providencia haya derramado tantos dones? ¿No saben ustedes que México tiene todas las frutas, todos los paisajes, todas las flores? ¿Quién dijo que tengo que correr a todas mis damas de compañía y a la mitad de los cocineros de palacio? ¿Quién que le vamos a vender al Museo Kunsthistorisches de Viena el calendario azteca? Maximiliano está sentado en un trono de rosas que le regaló el General Escobedo. ¿Qué no saben ustedes, le dije al Conde D’Eu y al Duque de Persigny, no sabían la historia del virrey que invitó al Monarca de España a visitar México y le juró que de Veracruz a la capital y a lo largo de cien leguas castellanas sus pies no pisarían, su carruaje no transitaría por otro camino que no fuera de plata pura? ¿Quién dijo que vamos a empeñar nuestro carruaje dorado en el Monte de Piedad? ¿Qué no saben ustedes que cuando fui a Yucatán caminé desde la orilla del muelle y a lo largo de la playa y a través de la selva por un sendero de conchas y caracoles que mis inditos mayas tardaron un mes en hacer y que el camino estaba bordeado de árboles de maderas preciosas de los que colgaban festones de ramos verdes y por dos filas de indias vestidas de blanco que parecían vestales morenas y que me refrescaban con sus grandes abanicos de hojas de palma? ¿Quién dice que vamos a tener que subarrendar el Palacio Nacional? ¿Qué no saben ustedes que con las conchas de México y con sus caracoles podríamos cubrir el lecho de todos los lagos de Europa: el del Lago Como donde mi padre Leopoldo iba a llorar a su Princesa Charlotte de Inglaterra, el del Lago Starnberg donde Luis de Baviera ahogó a todos sus cisnes y sus pavorreales de cristal, el del Lago Constanza donde Luis Napoleón patinaba en invierno y soñaba con ser Rey de Nicaragua? ¿Quién dice que somos pobres y que vamos a tener que rifar el Castillo de Chapultepec? Ah, no, sepan ustedes, le dije a Madame Tascher de la Pagerie, le dije a la Condesa Walewska y le dije al Conde de Cossé- Brissac, sépanlo bien, que Maximiliano está tendido en una hamaca de hilo de plata pura que le tejieron las señoras de Querétaro. ¿Qué no saben ustedes que con la caoba y con el cedro, con el ébano y el palo de Campeche de México podríamos hacer todos los durmientes del expreso de Oriente? ¿Que con su oro podríamos revestir la Estatua de la Libertad, con el carey de sus tortugas cubrir la Catedral de Nuestra Señora de París, con la piel de sus venados forrar las pirámides de Egipto? ¿Qué no sabe todo el mundo, Maximiliano, que con las estrellas de México podríamos llenar los cielos de Europa, con los pétalos de sus orquídeas alfombrar los Campos Elíseos, con las alas de sus mariposas tapizar los Alpes? Ah, no, Maximiliano no está pobre: Maximiliano, en su tina de ónix, se está dando un baño de cochinilla imperial.

 

*Imagen: El País

Juan Pablo Carrillo Hernández
Autor: Juan Pablo Carrillo Hernández
Escritor y lector. Colaborador en los sitios web Pijama Surf, Petite Mort y otros.

Sobre los manuscritos inéditos de Juan Rulfo

Juan Rulfo nunca dejó de escribir. Pronto podrían ser publicados algunos de sus últimos manuscritos. Esto es lo que rondaba en la mente del lúcido mexicano hacia el final de sus días.

Para ser un mexicano plenamente lúcido, hay que saber navegar aguas oscuras. Pocos como el brillante Juan Rulfo, quien con sus enigmáticas imágenes —los textos y las fotografías— construyó profundos análisis de nuestra tierra, su gente y la energía compartida entre estas dos entidades. 

Y Rulfo nunca dejó de ser sensible a la magia de México; nunca dejó de escribir; a pesar de lo que muchos rumoran —que sólo escribió lo publicado (“El llano en llamas”y “Pedro Páramo”) y que sus textos le eran prácticamente dictados por su tío Celerino. Además, su sensibilidad no se limitó a la creación de sus inmortales ficciones: como él mismo señaló, además de escritor y fotógrafo, Juan Rulfo fue lector profesional. 

juan-rulfo-manuscritos-ineditos-ensayos-literarios

Su biblioteca personal es la mejor evidencia de esto, pues cuenta con más de 15,000 volúmenes; pero no solo eso: su noble “vicio” lo llevó a redactar exhaustivos comentarios con su preciosa caligrafía en una serie de cuadernos aún resguardados por su familia. 

Dos de estos manuscritos podrían ser publicados pronto. Se trata de piezas que probablemente fueron escritas hacia 1982 —cuatro años antes de su muerte. “Estos textos son probablemente lo último que escribió y nos ayudan a situarnos en qué andaba metido al final de su vida”, explicó Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo a El País. 

juan-rulfo-manuscritos-ineditos-ensayos-literarios

¿Y de qué van estas rarezas? Son ensayos sobre literatura, entre los que se encuentran anotaciones respecto a interesantes autores de distintas partes del mundo. En una de las piezas que podrían ser puestas a disposición del público, aparece una lista de escritores brasileños como Clarice Lispector (recomendada personalmente por la redacción de esta plataforma), Dinah Silveira de Queirós, Nélida Piñon, Lygia Fagundes Telles.

Sus comentarios también versan sobre literatura mexicana. Uno de sus recomendados es el bajacaliforniano Fernando Escopinichi a quien Rulfo llamó —como se cita en El País— “uno de los grandes cuentistas mexicanos”. Por otro lado, no tuvo en tan gran estima a los de la generación de la onda, sobre quienes escribió: “tipos irresponsables que lo que pretenden es escandalizar”. 

juan-rulfo-manuscritos-ineditos-ensayos-literarios

Entre otras cosas, recomienda también a una serie de “no antropólogos, que han escrito novelas y relatos indígenas con verdadero acierto.” Entre ellos están: Francisco Rojas González, Andrés Henestrosa, Rosario Castellanos, Ramón Rubín, Eraclio Zepeda. 

juan-rulfo-manuscritos-ineditos-ensayos-literarios

La recomendación viene al caso: muchos suponen que Rulfo habla en sus ficciones sobre los indígenas de México, por hablar de lo rural, pero en sus manuscritos declara que desconoce “cómo y por qué motivos actúa la mente indígena”.

Su prudencia parece contraria al espíritu que lo llevó a las entrañas de México en busca de profundas imágenes o densas tramas donde comulgan lo plenamente real y la naturaleza surreal de nuestra tierra; pero solo un lúcido mexicano sabe que la complejidad de este espacio nos sobrepasa a todos.

También en Más de México: Diccionario de cosmovisiones mexicanas, un obsequio de Juan Rulfo

*Fuente: “Dos ensayos inéditos de Rulfo ven la luz” de David Marcial Pérez, publicado en El País.

*Imágenes: Juan Rulfo

¿Puedes adivinar el título de estos libros mexicanos sólo con emojis? (TEST)

¿Te dices amante de la literatura mexicana? Entonces seguro te las sabes todas…

Hay que ser honestos con nosotros mismos: en la escuela no nos vendieron la literatura mexicana con suficiente entusiasmo. En consecuencia, no todos conocemos a profundidad las joyas que nuestros escritores han producido a lo largo de la historia. Y son muchísimas, porque en México la tradición literaria es muy sólida.

Por doquier se nombra a los grandes Carlos Fuentes, Juan Rulfo y Octavio Paz (quien ganó un Nobel de literatura, por cierto); en sitios menos internacionalistas y bastante exquisitos se admira a Juan José Arreola y a Alfonso Reyes; pero no solo tenemos escritores modernos, también hay grandes pilares en el pasado y en el presente.

Pero, bueno, tú estás aquí para poner a prueba tus saberes, así, si te consideras amante de la literatura mexicana, no te será muy complicado adivinar algunos de los títulos icónicos sólo con emojis. Aunque, si la verdad no te las sabes todas, esta es la oportunidad perfecta para descubrir algunas maravillas y dejarte seducir por las ganas de leer y leer.

También en Más de México: Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

 

 

Honestamente ¿a cuántos le atinaste? 😝

Los geniales atuendos del brillante escritor Fernando Del Paso (GALERÍA)

Si el genial Fernando Del Paso no te inspira a escribir, por lo menos permite que te contagie su incomparable estilo…

Aunque los millennials lo nieguen, o simplemente no lo sepan, la historia mexicana está plagada de fantásticos artistas, cineastas y escritores. Además, muchos de ellos no tuvieron miedo de explorar a profundidad los confines de este, su país de origen, porque sabían que no era necesario caer en ningún cliché, que la inmensidad de México da para inventar toda clase de narrativas.

Uno de ellos es (aunque ya nos dejó) Fernando Del Paso, escritor, pintor, académico y “fashionista”. Este hombre se volvió inmortal gracias a sus épicos textos, especialmente tres novelas, las más queridas y reconocidas por sus paisanos: “José Trigo”, llamada una de las mejores 100 novelas escritas en español, por el periódico “El Mundo”; “Palinuro de México”, publicada en 1977 y, la favorita del propio escritor, y, por supuesto, “Noticias del Imperio”, en donde relata desde múltiples voces las vidas de los excéntricos Maximiliano y Carlota.

fernando-del-paso-escritor-muerte-atuendos-ropa-novelas
¡Wow!

La narrativa de Del Paso es indispensable porque el hombre no se definía simplemente como escritor; sobre todo se llamó a sí mismo (y también a esos con quienes comparte oficio) poeta. Y, sí, en efecto: su forma de quebrar la realidad con momentos surreales que de alguna manera parecieran perfectamente posibles en nuestro México, no es menos que poesía.

Sí, Fernando Del Paso no cuadraba con esa realidad narrada por la historia politizada que compartimos. Y en muchos sentidos. Tal vez por eso simplemente no podía evitar señalar cómo se sentía con la situación social del país, especialmente en sus discursos de aceptación de premios y reconocimientos, en palabras de Juan Villoro: “En momentos de aceptación, refrendaba su inconformidad”.

Por suerte de él nos quedan todas esas palabras, pero, francamente, eso no es todo: “Ningún escritor mexicano se ha vestido con más colores”, dice también Villoro, con una innecesaria modestia, porque los geniales atuendos de Fernando del Paso no merecen menos que un intenso asombro. Como su narrativa, tienen algo de surreal y como sus discursos, denuncian que lo real necesita necesita consumirse en cientos de deliciosas texturas.

Sí, el tipo escribía increíble (y hay que leerlo), pero si sus palabras no se te pegan, seguro te inspira su estilo. Así, recuperamos para ti una fantástica curaduría propuesta por el también poeta mexicano Horacio Warpola en Twitter.