Así describe Francisco Toledo el Istmo de Tehuantepec de cuando era niño

En esta zona se dio una de las interculturalidades más grandes de México, huaves, zapotecos y zoques; Toledo habla al respecto.

Apenas hace 100 años, en el Istmo de Tehuantepec, zona mayormente zapoteca, se apreciaban contundentes las costumbres de la gente ben´zaa o vinizá, que significa Gente de las nubes. Esta área abarca los estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Veracruz. Se trata de la región más estrecha de México que separa a los dos océanos, el pacífico y el Golfo. Ahí las tehuanas (así se les llama a las mujeres vestidas con uno de los trajes típicos más apreciados y reconocidos del mundo) se paseaban, sobre todo durante las festividades, por este espacio que siempre ha sido un gran corredor cultural, biológico y de comercio.

Lo anterior se aprecia fuertemente en el vestigio que nos dejó de ello uno de los grandes cineastas de la historia universal, Sergei Eisenstein, o bien Tina Modotti, en sus inolvidables fotografías. En la región del Istmo de Tehuantepec, se dio una de las mezclas culturales más importantes desde la época prehispánica (aquí confluyen huaves, zapotecos y zoques). Y la ciudad de Tehuantepec, de hecho, es la más antigua del reino zapoteco. Esta región, además, se reconoce, sobre todo por medio de la Tehuana, y es una de las zonas más matriarcales de México. Aquí, la mujer guarda una relación de poder superior a la del hombre, y ello es expresado en el hecho de que ellas bailan con otros mujeres, y que se “paran” a bailar sin los hombres; también que son las únicas que saben quién es el padre de sus hijos.

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Tehuana, foto de Tina Modotti

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En esta zona, específicamente en Juchitán, nació el artista y luchador social Francisco Toledo. Sobre el Istmo de Tehuantepec, en una entrevista para El País publicada en el 2015, Toledo nos regala esta breve aunque muy ilustrativa descripción de la zona:

Conocí el istmo de Oaxaca cuando las mujeres se bañaban desnudas en el río. Los trajes y las fiestas, los mercados, el zapoteco hablado por todas partes. Tenía cinco años y era el paraíso, un México diferente: la gente india no estaba sometida y tenía cierta autonomía. 

Te invitamos a viajar por el Istmo en proyectos ecoturísticos administrados por las mismas comunidades, como:

Parque Ecoturístico Las Pilas, en San Pedro Comitancillo.

Santa María Guienagati, Parque Guisxtoro y Chayotepec.

Guevea de Humbold, Centro eco turístico El Picacho de Guevea.

Santa María Nativitas Coatlán, Proyecto Corazón Vida Mixe

San Francisco Ixhuatán, El Morro, 20 de noviembre

Los Chimalapas “ejido La esmeralda”, Centro eco turístico Paraíso Jaguar

 

 

 
Imágenes: 1) Getty Images; 2) Tina Modotti

 

 

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Hipnóticas abstracciones del territorio mexicano vistas desde las alturas (FOTOS)

Estas fotografías nos recuerdan la inmensidad de un México inadvertido que solo ha podido captarse desde las alturas.

El territorio mexicano se erige entre un montón de gigantes naturales que no vemos. Es decir, millas de caminos caprichosos construidos por la tierra o el hombre mismo, que demarcan los espacios, a veces de manera invisible. 

Es curioso que, justamente lo que se construye a gran escala parece ocultar su inmensidad frente a los sentidos de una mirada bidimensional como la nuestra. Pero, si fuese posible no pasar inadvertidos tantos grandes detalles, sin duda nuestra persespectiva del mundo sería otra. Básicamente es lo que ha venido logrando tecnologías como el drone, o las herramientas de Google Earth y Google Street View, que hoy en día ponen al alcance de la red digital vistas masivas o de gran alcance en tan solo una fotografía. Nos muestran, por así decirlo, el universo complejo que enuncian planeta sin salir de él.

Pero, si se quiere ver más allá, esta tecnología no solo está cambiando la manera “visual” de experimentar el mundo, sino que a la vez está cuestionando al hombre sobre las maneras que hemos tenido hasta ahora de cuantificar nuestro espacio-tiempo. Porque cuando pensamos en universo miramos el cielo, y pocas veces recordamos que el suelo donde estamos parados es uno.

En México, los escenarios abstractos y los paisajes geométricos son irrevocables. Si deambulas un poco por herramientas como Google Earth encontrarás incontables escenarios indefinidos, inciertos pero hermosos, que han figurado bajo nosotros y moldeado nuestras conductas y maneras de extendernos sobre el territorio. Otros paisajes aéreos evidencian la tradicional práctica humana de reproducir geometría por todas partes, y en México sencillamente se hace de una manera hermosa:

Chihuahua

Sierra Tarahumara, en Chihuahua
Oaxaca
Puerto Escondido, Oaxaca
Cañón del Sumidero, Chiapas

 

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Campos de agave, Amatitlán, Jalisco. 

 

Jardines del Pedregal, Ciudad de México
Espacio Escultórico, Ciudad de México

 

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Presa “Las Ánimas”, Xicoténcatl, Veracruz.

Las comunidades rurales de México que lograron la restauración de un gran bosque incendiado

Después de un desafortunado incendio que arrasó el área natural, un bosque en Veracruz es rescatado por sus habitantes.

En México, casi todas las comunidades rurales que habitan los bosques, selvas o paisajes de gran riqueza natural, comparten una valiosa premisa: conservar es asegurar un futuro. A lo largo del territorio mexicano existen numerosas historias de comunidades forestales que están haciendo posible la protección del medio ambiente. Ello gracias a su compromiso con la naturaleza, a una efectiva organización colectiva y a un baúl de conocimientos ancestrales meritorio. Estas personas conocen bien sus territorios; ahí han nacido, y ahí pretenden vivir durante generaciones.

El caso de las comunidades de las montañas de Veracruz, concretamente del Cofre de Perote, que restauraron un área natural protegida, es uno de los acontecimientos más destacables en el rubro de la conservación forestal en México: frente a un incendio histórico que devastó más de 3 mil hectáreas del bosque, estas personas han logrado restaurar, hasta la fecha y en un lapso de 7 años, 2,500 de ellas.

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El Parque Nacional Cofre de Perote es Área Natural Protegida desde su decreto, en 1937. El ecosistema que predomina ahí es el bosque mesófilo de montaña, o bosque de niebla, un territorio con una gran variedad de especies y un volcán inactivo, considerado una de las montañas más altas de México (con una cima de 4,200 metros sobre el nivel del mar). En 1998, un intenso incendio terminó con una parte muy considerable del bosque. No sólo la flora y fauna silvestre, sino también varios pueblos y comunidades fueron víctimas del fuego, uno de los incendios más catastróficos que ha vivido el país.

 

Las razones

A pesar de su inmensa riqueza natural, México ha tenido complicaciones con la regulación de sus bosques. La carencia de una normatividad apropiada para la diversidad de sus ecosistemas forestales –y para los diferentes tipos de tenencia de la tierra en el país–, ha provocado que problemas como la tala ilegal, la explotación de los recursos naturales sin conciencia ambiental, la ganadería y la agricultura a gran escala contribuyan a la deforestación a nivel nacional. Entre las comunidades que viven en bosques de propiedad social, estas dificultades han podido superarse con bastante éxito gracias a un modelo que respeta su derecho sobre el territorio: el manejo forestal comunitario. 

Sin embargo, la situación por la que atraviesan otros bosques sigue representando un reto a nivel normativo, sobre todo para combatir el tráfico de madera ilegal.

El incendio en 1998 fue provocado, según relatan algunos pobladores, por antorchas que talamontes dejaron encendidas. Los resultados de tal devastación, sumados a la sobrerregulación que existía en el área natural, provocaron que el terreno incendiado se mantuviera fuertemente degradado hasta el 2010. En ese año, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) finalmente acordó con una organización de la sociedad civil un proyecto para restaurar el bosque.  

  

Restauración comunitaria y regreso de la vida al bosque

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La recuperación de este emblemático bosque de Veracruz sucedió gracias al gran esfuerzo de once comunidades de los municipios de Xico y Ayahualco. Asesorados por el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) –organización que impulsa proyecto–, hombres, mujeres y jóvenes destinaron jornadas laborales de ocho horas cada día para regresar poco a poco el verdor al paisaje.

En el municipio de Xico, por ejemplo, actualmente los ejidos de Paso Panal, Tembladeras, Carabinas, Cuartelillos y Rusia, realizan actividades que van desde la reforestación del espacio y la restauración de suelos, hasta la aplicación de medidas de prevención de incendios y manejo del fuego, como son el trazo de líneas negras y las brechas corta fuego. De igual forma, podar los bosques es también una actividad importante para darle mantenimiento, y estás comunidades lo realizan frecuentemente, basados en un plan de manejo cuidadosamente elaborado y aprobado por lastimas comunidades y las autoridades ambientales.

Pero en el bosque no sólo en necesario cuidar la regeneración de los árboles. La captación, infiltración y escurrimiento del agua son actividades de gran importancia que mantienen sano el ecosistema y presentan enormes beneficios para las comunidades. Para hacerlo posible, los locales construyen represas de piedra, que ayudan a recargar los mantos acuíferos y a disminuir la velocidad del agua pluvial, mientras que el acomodo de material vegetal muerto –entre otras cosas–, permite que el suelo se humedezca y facilite la regeneración natural. Gracias a estas actividades hoy las comunidades de Xico, Ayahualco, y ciudades como Coatepec y Xalapa, gozan de agua en cantidad y calidad.

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Finalmente, para que la restauración de este ecosistema sea completa, se destinan espacios para facilitar madrigueras a la fauna silvestre, y estratégicamente se mantienen algunos árboles muertos para que las aves puedan parar o anidar.

El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible, detalla que las actividades de restauración, que se comenzaron aquí desde 2010 y hasta la fecha, incluyen una amplia gama de beneficios sociales y económicos para las comunidades involucradas, ya que con los trabajos de restauración les ha permitido complementar sus ingresos provenientes de actividades agrícolas y ganaderas. Tan sólo entre 2010 y 2017, este proyecto logró activar la participación comunitaria y destinar al rededor de 80 mil salarios, en suma, en la región. Al mismo tiempo, algunas de estas comunidades han logrado evitar la emigración de sus habitantes a causa de falta de empleos. 

Durante más de siete años, el proceso de restauración del Cofre de Perote, que en esencia nos habla de la efectiva organización comunitaria de estas personas, ha contribuido a la recuperación, del bosque, de los manantiales, de la fauna que se pensaba extinta en el lugar, pero sobre todo de una conciencia ambiental que hoy se sigue reflejando en la calidad de vida de sus habitantes. 

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*Imágenes: CCMSS

Traer a los muertos: la función ritual de volar un papalote

En Oaxaca se recurre a los papalotes para guiar el descenso de los muertos a este mundo y recibirlos con una colorida fiesta de olores y sabores.

Volar un papalote es un acto de libertad, de soltura originaria. Hacer comulgar colores, geometrías y fuerzas naturales, jugar a platicar con ellas vía un objeto que está en nuestras manos y al mismo tiempo en el cielo, es en esencia mágico. Tal vez por eso es que esta práctica forma parte de culturas de todo el mundo y se han volado papalotes desde hace miles de años.

Pero además de decorar el cielo y rejuvenecer el espíritu, incluso purificarlo, el papalote puede cumplir funciones rituales como enlazador de mundos. Existe una tradición en el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, que advierte en los papalotes la cualidad de fungir como vehículos para que las ánimas desciendan a este mundo, esto en vísperas de la celebración del Día de Muertos.

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En diferentes poblados de la región istmeña se utilizan las cometas para navegar los cielos y traer a los muertos. Los papalotes sirven como brújula o señalización para que las ánimas encuentren la ruta que los traerá a este mundo. Aquí serán recibidos con coloridos altares que ofrecen ramas de albahaca, flores de cempasúchil, velas, algunos de los platillos predilectos de los difuntos, dulces y aguardiente, todo cortesía de sus familiares y seres queridos.  

Francisco Toledo, el siempre inquieto artista oaxaqueño, practicó esta tradición cuando niño, lo cual le llevó a montar la exposición En vuelo libre (2009) que reunió 300 papalotes elaborados por el propio Toledo y alumnos de sus talleres.  

La zona de donde vengo, dos o tres días antes de Todos Santos, la gente vuela papalotes, porque creen que los muertitos van a bajar por el hilo. Pasando las fiestas, otra vez se vuelan, para que regresen más allá de los cielos.

Figuras de estrellas, aves o flores, generalmente negras y con estelas de colores, aprovechan los fértiles vientos de esta zona para barbechar los cielos y llamar la atención de los difuntos. Así se asegura que el invitado de honor estará presente en su celebración y podrá ser regocijado por sus vivos. Pero, como menciona Toledo, los papalotes no solo orientan a las ánimas en su recorrido hacia este plano, también les ayudan, luego de las fiestas, a regresar a su morada.

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El origen de esta tradición es incierto. Es posible que haya llegado a la región vía una expedición proveniente de Nicaragua, en el siglo XVII. Pero hay quienes apuntan a que podría tratarse de un ritual popular ya antes de la llegada de los españoles. Lo que es un hecho es que la costumbre está profundamente arraigada en el Istmo, sobretodo en algunos grupos, por ejemplo los “mareños” o ikoots

“Los fieles difuntos usan el papalote como transporte y se baja lentamente, porque se pueden caer”, dice Francisco Avendaño, habitante del pueblo San Mateo la Mar, sitio donde por fortuna se mantiene la preciosa costumbre. “El papalote es un instrumento de recepción o un transporte para nuestros ancestros, para el espíritu de nuestros familiares. La intención es ayudar a los que nos vienen a visitar a que no hagan el largo trayecto y no se cansen mucho, lo que implica es darles el transporte, bajar el papalote en la tarde para que bajen los espíritus”.

Esta tradición de los papalotes que puentean dimensiones y permiten destilar las animas que pululan allá arriba, lejos, forma parte de la marcada ritualidad que impregna las costumbres zapotecas; también, adereza aún más la viva interacción que en México se tiene con la muerte, un destino tan ineludible como festivo.

Imágenes: Patricia Briseño
Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.