Vuélveme a contar lo mexicano: el GIF, una probadita de mexicanidad en nuevos medios

Estos artistas están volviendo a imaginar lo cotidiano mexicano a través del arte digital.

Entre la fauna de contenidos digitales, por cierto bastante extensa, los GIF han destacado por su sensibilidad estética, por su coquetería loopeada que nos permite refrescarnos una y otra vez en una pincelada casi aromática de un instante audiovisual. Y México, sus creadores, se han sumergido también en esta faceta del arte digital: como dulces electrónicos que, asociados con cierto tino, representan pixeles de identidad cultural, en su caso mexicana. 

Los memes probablemente no necesitan presentación: son tan populares que hay memes sobre ver memes. Podríamos definirlos como imágenes o textos que sintetizan una situación o evento de dominio popular característica de una forma de sentirse o de ser. Normalmente son chistosos o absurdos y, sin exagerar, son uno de los medios de representación característicos de las generaciones contemporáneas.

Por otro lado, están los GIF. Son muchas las redes sociodigitales que ya permiten enviar archivos GIF (graphic interchange format), y eso definitivamente ha aumentado la popularidad de este formato. Los GIF son pensados comúnmente como una versión sofisticada de los memes, porque tienen una función similar, pero están construidos por una secuencia de imágenes que se repite infinitamente. A primera vista, pueden parecer videos, pero en realidad están conformados de sólo unas pocas imágenes. Podríamos decir que son videos de pocos cuadros por segundo.

Los archivos en formato GIF son utilizados como recurso para ilustrar sitios web desde la década de los 80. Además, desde que existen se han desarrollado como herramienta para los artistas que trabajan con nuevos medios. En México tenemos muestras dignas del uso creativo de este tipo de archivos.

¿Qué es el arte en nuevos medios?

En los años 80, el arte que se producía haciendo uso de las, entonces, nuevas tecnologías (como la computadora y el internet) era tan distinto a las producciones contemporáneas que diversos grupos de creadores decidieron otorgarle su propia denominación. Y aunque es posible argumentar que el arte en nuevos medios no puede ser considerado como un estilo o un movimiento en sí mismo, haciendo su denominación aún más laxa o floja, sí hay algunas posibilidades técnicas inscritas en esta forma de hacer arte que se repiten.

Importa mucho, por ejemplo, que los medios digitales nos permiten descomponer y recomponer desde lo más profundo la programación (a la que nos podríamos referir como “estructura virtual”) de todo objeto digital (imágenes, audio, video, texto, etc), lo que representa una corrupción de los conceptos y sus contextos, que nos invita a reflexionar sobre los mismos, sobre su pertinencia, su significado y sus formas de ser narrados y representados. La parodia que es un ejercicio del que se valen frecuentemente los memes y la intervención podrían ser también característicos de este tipo de arte. A veces la intervención puede ser una forma de confundir a los espectadores de la obra (como es el caso de jordi.org, uno de los primeros proyectos de arte en nuevos medios ligado a lo digital, que constaba de una página web interactiva conformada por una mezcla aparentemente aleatoria de elementos extraídos de otras páginas web, sobre la que el usuario no tenía ningún control).

Otro elemento importante es la interactividad. El espectador se vuelve usuario de la obra, en muchos casos. Y, si la obra no es “interactiva”, como en el caso de los GIF, el usuario puede decidir cómo y hacia dónde distribuirla o si corromperla para generar una obra nueva. Esto último nos lleva a otra característica importante. El arte en nuevos medios está muy ligado a la tendencia de abrir las fuentes de información para que cualquiera pueda reciclar y transformar los elementos que conforman una obra de este tipo. Posiblemente, la misma obra esté compuesta a partir de un proceso de “reciclaje” o “copy paste”.

¿Por qué no ha dejado de ser subversivo?

Muchos ya estamos muy acostumbrados al consumo de lo digital. En muchos sentidos, podríamos decir que ya está institucionalizado. Y aunque los museos y galerías siempre han encontrado maneras de abrazar estas corrientes alternas, aún hay elementos interesantes en los nuevos medios que no han dejado atrás los cuestionamientos hacia la cultura que los está utilizando y produciendo. El “copy paste” , el “remix” y el movimiento por el “copy left”, invitan a una cultura diversa, cuyos bienes simbólicos están abiertos a ser reformulados y cuestionados todo el tiempo. Y no necesariamente desde la tolerancia, también desde la burla, el absurdo, el juego, el albur y la recomposición.

¿Por qué importa el GIF en el arte mexicano?

La forma en la que el GIF, como extensión del meme, se ha posicionado en el imaginario de los usuarios de lo digital, combinado con sus cualidades técnicas, permite retomar eso que reconocemos todos los que nos inscribimos en una cultura y replantearlo. Tal vez sacándolo de contexto o exaltándolo tanto que nos resulte absurdo. En otra tendencia, el GIF puede ser poético y trae los detalles que valoramos de nuestras tradiciones y mitos a una dimensión en donde se vuelven a conectar con su contemporaneidad y su valor simbólico se refresca o se activa.

El bucle, inherente al GIF, puede cumplir la función de volver absurdo un símbolo, por el desgaste visual al que lo somete; o si nos presenta una imagen muy compleja, nos obliga a ponerle atención como nunca antes lo habíamos hecho. La inmediatez, temporalidad en la que se expone mucha de la producción de este tipo de arte, reitera el argumento: lo simbólico importa en su facticidad, pero puede cambiar, puede refrescarse, y también puede olvidarse.

Muchos artistas mexicanos que han trabajando con GIFse valen de los objetos o situaciones que son cotidianos en nuestra cultura, apelando a la identificación nacional, pero dándole vida desde nuevas formas de imaginar lo mexicano y de narrarlo, volviendo sus símbolos accesibles, sin dejar de ser juguetón y experimental.

No dejes de revisar este increíble proyecto narrativo de “The Broken English”, colectivo mexicano que trabaja con arte digital.

Este GIF es de ib_h264, artista emergente mexicano que trabaja con diversas técnicas ligadas al arte en nuevos medios, como el glitch. 

 

LATS es un ex-arquitecto que ahora representa el paisaje en constante deconstrucción de la Ciudad de México de forma digital.

 

 

 

El trabajo de Simon Gerbaud es visualmente elegante y técnicamente sorprendente.

 

 

Chacalall trabaja con motivos muy poéticos, que remiten a culturas de este país poco representadas en lo digital.

 

Yasilslas tiene animaciones simpáticas y muy curiosas, además de la reinterpretación de motivos callejeros de la vida mexicana.

 

 

*Imagen: recortada de la obra de ib_h264

*GIF: 1) Chacalall; 2) Yasislas; 3) ib_h264; 4)LATS

Mexican Pink: una vibrante representación de nuestra tierra (GALERÍA)

Paloma Rincón construye con sus fotografías hermosos mundos llenos de significado…

Cuando decimos que las fotografías de Paloma Rincón son vibrantes, es en serio. En ellas hay algo ineludible que captura el ojo y más que un elemento concreto, ese algo es una sensación que emerge del conjunto: entre colores brillantes, hermosas composiciones y una sospecha de que, lo que ahí se presenta es un mundo cargado de significado.

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La fotógrafa mexicana ahora vive y trabaja en Madrid, pero en ella y su hacer se manifiesta algo que evidentemente se originó en otro lado. Su estilo definitivamente hace eco profundo con su profesión: la fotografía publicitaria; sus imágenes tienen un acabado impecable y siempre están sugiriendo algo que no termina de concretarse en el encuadre. Ella les llama juegos visuales y sin duda hay una invitación en su obra que apuesta por lo lúdico. Paloma dice:

La fotografía me permite trabajar con elementos del mundo real y descontextualizarlos para formar pequeños universos que de alguna forma representan de manera icónica conceptos o ideas que me gusta explorar.

Y es que su proceso implica mucho más que capturar un momento, Paloma se dedica a montarlo, a ensamblar la escena con lujo de detalles, contruyendo preciosos  —y ya muy característicos de su trabajo— bodegones contemporáneos.

“Mexican Pink” es una serie dedicada a bodegones inspirados en nuestra tierra. Nombrada para hacer honor el mítico rosa nacional, este proyecto es enteramente personal y el resultado final trae a presencia los hermosos colores mexicanos, los sabores, los olores y sin duda también, la rica y fina tradición artesanal local. En palabras de Paloma:

Todo lo que hacemos ahora se nutre inevitablemente del pasado, ya sea de la tradición o de expresiones artísticas anteriores que se van adaptando a las nuevas épocas. Nada es nuevo del todo pero sí se puede aportar una nueva mirada a algo ya existente. Hay muchas maneras de abordar un tema desde un nuevo punto de vista y con ello generar algo diferente.

Es claro que, con su hacer, Paloma está honrando nuestras tradiciones, pero también se permite encuadrarlas desde lugares insospechados, recordándonos que el ingenio es vital en la práctica creativa. Solo a través de la re-creación y la experimentación nos podemos encontrar con nuevas formas de leer e inventar el mundo que nos rodea. En ese sentido, “Mexican Pink” se vuelve también una pregunta por la identidad.

Me intereso mucho por técnicas de todo tipo y sobretodo las que tienen más conexión con lo hecho a mano […] Intento incorporar en mi trabajo formas de trabajar con materiales que aporten algo diferente y que a la vez tengan identidad.

Y la búsqueda termina bien. Aunque en su obra Paloma utiliza elementos típicos, con los que cualquiera de nosotros podría relacionarse o por lo menos puede reconocer, no deja de de-construirlos y re-construirlos, como diciendo que no somos solo los clichés. Es claro: ser mexicano es mucho más que eso. Para Paloma esta identidad es casi una forma de sentir el mundo:

Para mí el ser mexicana tiene asociada una forma de haber crecido, haberme relacionado y estimulado con el mundo de los sentidos a muchos niveles. Es una manera de entender el mundo a partir de las texturas, los olores, los colores y los sonidos. Esa riqueza artística y gastronómica además va acompañada de un gran peso cultural.

Conoce más de su obra en su web, Facebook e Instagram.

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Sobre la boyante escena del arte contemporáneo en México

En un contexto de violencia social, incertidumbre política y movimientos en la periferia, florece el arte contemporáneo de este país…

“Este es un momento que demanda que los artistas se involucren. En los seis años con este presidente (Peña Nieto), la guerra contra las drogas ha empeorado. Nuestro tejido social ha sido cambiado. Pero eso no nos afectó en Zona Maco. Ha sido increíble para nosotros.” El ríe, avergonzado. “Me siento mal al respecto. Culpable.”

José Kuri para el Financial Times

¿Se pueden enunciar (y celebrar) posibles ventajas del escenario violento al que se enfrenta hoy la sociedad mexicana? Quien lo haga está poniendo muchas cosas en riesgo. Tal vez, en primer lugar, su credibilidad. Cuando José Kuri una de las figuras más relevantes en la boyante escena del arte contemporáneo en México declaró para el Financial Times que los cambios al tejido social derivados de la guerra contra las drogas en México han beneficiado a su gremio, debió levantar por lo menos un par de cejas

Pero, hay que decirlo: las rupturas (como las muchas que nos continúa dejando la guerra contra el narcotráfico) siempre traen consigo oportunidades (en el sentido más amplio de la palabra), particularmente porque nos exigen innovar, ser creativos y también buscar formatos resilientes para no dejar que la fisura nos coma. Así, nos toca indagar más a fondo sobre la afirmación vertiginosa de Kuri. Afortunadamente de ella podemos desprender muchos asuntos problemáticos.

La escena del arte contemporáneo ¿mexicana?

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Zona Maco, 2018

No vale la pena en este momento detenerse a definir qué es y qué no es arte, porque en el mercado en donde se comercian los bienes que llevan ese título, la definición está demás. Así, se puede poner complicado discutir si en México “siempre ha habido arte” o si llegó a nosotros con la conquista (o tal vez después); que, por cierto, marcó para siempre nuestro ritmo al avanzar de estilo a estilo como tardío. Esto quiere decir que a México los grandes estilos europeos siempre llegan un poco tarde, pero llegan (y no solo en el arte).

Y, a pesar de que grandes figuras de la escena defiendan lo contrario, el arte en México siempre ha estado basado en modelos externos, no sólo técnicos, también conceptuales. Nuestro toque personal es que podemos darnos el lujo de ser relativamente críticos de dichos modelos. Si nos ponemos a pensarlo son estos los que han excluido a toda otra manifestación estética. Así, cuando los mexicanos hacemos arte contemporáneo, nos conviene hablar de México y de su fragmentada sociedad, porque ese es nuestro delicado diferenciador en el mercado global. La escena mexicana sigue siendo exótica y sigue valiendo en tanto al modelo original: el de la burguesía occidental; pero está aquí para corromperlo.

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Arte mexicano de aparador (y galería)

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Terceruquinto en Poroyectos Monclova. El trabajo reflexiona en torno a los graffittis callejeros que aparecieron en la CDMX después de la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

En 1985, después del temblor, la ciudadanía en México tuvo que auto-organizarse para sobrevivir. Esta sensación de que el Estado era incapaz de actuar, de “rescatar” a la sociedad se transformó en una fuerza enorme que, a lo largo de los años 90 llevó a los creadores mexicanos a tomar sus asuntos en sus propias manos. Fue entonces cuando comenzó a florecer la escena del arte contemporáneo, que, curiosamente, siempre ha estado parada sobre una situación política muy inestable.

Sin ganas de ofender, se podría decir que el arte mexicano siempre ha “lucrado con su desgracia”; con la de su contexto. En defensa de José Kuri, podría uno afirmar incluso que no hay por qué sentirse culpable al respecto: la labor que mucho del arte mexicano se ha auto impuesto tiene que ver con el acto de la “denuncia social”. Incluso si las piezas y los artistas no se mezclan nunca con el violento contexto y se mantienen tranquilas en galerías, siendo observadas solo por ojos a los que los secretos de la escena ya le habían sido revelados.

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Still de video del performance “Desecho” de Regina José Galindo, donde se metió a una bolsa negra de basura y permitió que la llevaran en el camión, en referencia al anonimato de los desaparecidos en Latinoamérica.

Por otro lado, estamos preocupados. El Financial Times llamó a México un lugar “intoxicante para artistas”, porque la escena no deja de crecer. Kurimanzutto, la mítica galería fundada por José Kuri y Mónica Manzutto, hace 20 años estaba compuesta de “sólo un departamento y un teléfono” dicen en el FT. Ahora es otra cosa; solo el nombre del espacio hace vibrar a cualquier artista y crítico mexicano: el nombre lleva la promesa de acontecer en la escena, no solo local, también internacional.

De la misma forma, los artistas internacionales quieren venir aquí. Y no solo a la Ciudad de México, también a Guadalajara y a Tijuana. Si no es para exponer o vender, es para encontrar un tema, es para abordar la violencia, es para hacer crítica del modelo. Basta con ir a cualquier pueblo y preguntar: siempre hay algo de qué hablar.

“Claro, hay mucho de qué hablar. México es especial para hablar de cosas porque hay mucha apertura. En México todo está roto: la ley, la nacionalidad, la moral. No se hacen cosas concretas, porque no hay nada concreto. Esa es la ventaja.” dice Ian Benet, artista emergente.

Cuando se cansen de sentirse inseguros, pueden volver a la Ciudad; a las galerías y a los parques; a los cafés y las avenidas.

Pero ¿el arte le debe algo a “lo social”?

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101 indigentes, Santiago Sierra.

Si “la culpa” de Kuri molesta, es porque parece decir: le debemos algo a lo social, nosotros desde el mundo del arte; pero en lugar de dárselo, lucramos con sus desgracias. La frivolidad con la que se trata el asunto irrita un poco; pero, por otro lado ¿el arte le debe algo a lo social?

Gustavo Luna, profesor e investigador de la Universidad del Claustro de Sor Juana nos dice:

“…ni en México ni en ningún otro lugar es obligación del arte hablar de las condiciones políticas, sociales o económicas de su origen y menos aún si los espacios de consagración corresponden al extranjero (es decir, fuera de los lugares para los que supuestamente estaría hecho en términos de crítica o compromiso).”

Además explica que si el modelo occidental forzó a sus periferias, como a México, a ser crítico de lo social en lugar de permitirle hablar de temas como “la autosuficiencia de la forma, la reflexión sobre el medio, la definición del arte, etc.” eso es otra manifestación de violencia.

Por otro lado, como explica el artista Ian Benet:

“El arte contemporáneo surgió aquí como corriente alterna en un contexto ardiente, de desconfianza hacia el estado. Artistas como Santiago Sierra (que no es mexicano, pero ha trabajado aquí en temas de violencia) y Teresa Margolles, localizaron la violencia en donde no se estaba señalando. El primer mundo está jodiendo todo y lo que se hizo fue una denuncia crítica, que se regocija en el dolor del cuerpo (en el asco, la incomodidad) porque está abriendo sus posibilidades, no porque está lucrando con él.”

Pero después esto se transformó en un estilo, aceptable, vendible; también bello, a su manera. Ahora que la violencia se convirtió en un estilo, es prácticamente invisible. Y, mientras que el señalamiento parecía necesario, el compromiso entre arte y sociedad nunca debió ser fijado.

Y es que, tal vez, quien le debe algo a lo social no es el arte, somos todos. Dice Gustavo Luna:

“Los artistas tienen tanta responsabilidad como cualquiera, todos somos sujetos políticos y nuestras acciones forman parte de las acciones de otros, los compromisos políticos que pueda tener un artista pueden ser considerados por otros como políticamente correctos (cuando defienden el “estado de derecho”, “las leyes”, la justicia, la verdad, etc.) o como tendenciosos o irresponsables si defienden lo que a otros no les parece. En esto el artista no tiene ninguna posición de privilegio ni se puede presumir que su mirada sea más “honesta” que la de cualquiera que toma posición frente a las situaciones que nos comprometen políticamente. Cualquiera podría estar siendo cooptado por poderes fácticos que no comprende y pensar que está actuando honestamente o actuar intencionada y cínicamente movido por intereses que lo favorecen, pero no se le puede pedir al artista mayor o menor compromiso que el que se le pide a cualquier otro ciudadano. Si no lo pensamos así, somos nosotros quienes actuamos irresponsablemente concediéndoles a ellos la responsabilidad que nos corresponde.”

Los espacios (mexicanos) que difieren

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Azotea de Biquini Wax.

La explosión del arte contemporáneo en México es natural. Como explicaron Luna y Benet para Más de México tiene que ver con el crecimiento del mercado global y las ganas de este país de formar parte de él y con el aumento de la población que consume y produce arte. No tiene que ver con la “evolución” de los miembros de esta esfera. Lo que es cierto es que también ha aumentado (bajo las mismas condiciones) el interés por aprender en y sobre arte contemporáneo.

Como pasa con las galerías, existen espacios institucionales o independientes pero muy determinantes (como Kurimanzutto) y espacios diferentes. En los últimos, lo que importa es abrir espacios donde se pueda hablar desde otro lado; donde uno pueda darse lugar, más allá de la violencia.

Un sitio destacado en este sentido sin duda es Biquini Wax, colectivo artístico con sede en un pequeño departamento en la Ciudad de México. Su práctica es bastante radical. Viven, trabajan y exhiben su obra en el mismo espacio y de forma simultánea. Se han posicionado como un modelo efervescente, siempre cambiante, siempre en la ruptura, con un camino que no necesita terminar de quedar claro. Pero ¿la efervescencia es suficiente?

Ian Benet piensa que no: tenemos que poder hacer política. No basta montarse en la efervescencia o manifestarse permanentemente en contra; en sus palabras: “hay que ser crítico, incluso de la forma de hacer crítica. Todo lo que tiene que ver con arte siempre es social, sólo porque se despliega en las relaciones entre personas y ahí siempre hay una responsabilidad.”

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La obra de Ian Benet, artista egresado de “La Esmeralda” ilustra la relación directa entre el modelo de sociedad occidental y sus aspiraciones y el terrorismo en Medio Oriente como su consecuencia directa.

Si la responsabilidad con lo social es de todos, nos toca apostarle a espacios que se presten a construir con eso en mente. En la visión de Benet, el arte contemporáneo, su estudio y su crítica debería darse en sitios que no sean doctrinarios, sino que ofrezcan herramientas a quienes están comprometidos; que se manifiesten como potencias, no instituciones; que se atrevan a hacer política, y, especialmente, que organicen sus relaciones de forma explícita; sin culpa, pues.

Como ejemplo de este modelo menciona a Zona de Desgaste, espacio donde se ensamblan de forma peculiar seminarios de “teoría crítica” y que se mantiene cerca de la escena del arte contemporáneo en la CDMX.  Sobre el trabajo que realizan, Sandra Sánchez, miembro del equipo, dijo para La tempestad:

“Revisamos los textos a profundidad. Con una obsesión no por desempolvar sus verdades, sino por abrir un campo de juego en el que se de una comunión. Entonces el texto es lo de menos, es el anfitrión de una fiesta que convoca a derivas que se reconfiguran en cada sesión y que para quienes quieran se convierten (en) investigaciones largas. En Zona hay gente que lleva dos meses y otra que lleva dos años. Somos amigos. Van brotando conceptos, los pisamos o los cuidamos. Es una fiesta amarga. Estudiar entristece. Le exigimos al mundo mucho más de su simpleza pusilánime. Pero estar juntos nos da fuerza”.

Las lecciones aprendidas

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“Fresh Start” de Ian Benet. Si Benet prefiere hablar de Medio Oriente, específicamente de Siria, en lugar de México es porque piensa que, como periferias ambos espacios están en condiciones similares; pero en Siria las consecuencias más avanzadas ya están presentes.

Nos dijo Gustavo Luna:

“Mi tarea es siempre tomar distancia crítica frente a cualquier cosa que se produzca, no importa qué intenciones parezca tener, siempre se debe sospechar de las intenciones que persiguen los productos culturales y controlar hasta donde sea posible las formas de su consumo. No hay que facilitarle la tarea al consumidor, sino todo lo contrario.”

Empezamos por esta lección. Si hoy nos damos a la tarea de cuestionar a la rebosante escena del arte contemporáneo en México es precisamente porque nos preocupan los eventos que la llevaron a florecer. ¿Cómo ocurrió? ¿Quiénes la sostienen? ¿Por qué? ¿Qué es lo que ganan? Y, especialmente ¿qué es lo que se pierde? Aunque celebramos, claro, que la producción artística en México crezca, nos preocupa lo que se va quedando de lado. Bueno, no nos preocupa, nos ocupa y lo estamos trabajando.

Por otro lado sí hay que anunciar las ventajas de nuestro contexto: está claro que México es un país dislocado y como dice Ian Benet esto “da cabida a la posibilidad de crear en un contexto que no está construido sobre unos cuantos signos, como se nos había hecho creer. México está fundado en la contradicción, no podemos dar una respuesta simple.” Como sucede con cualquier otra nacionalidad ser mexicano es una afirmación institucional concreta, pero, en palabras de Benet:  “Afortunadamente para todo mundo, cualquiera puede ser humano” y el arte, constantemente, nos lo está recordando.

Epílogo: Lo que ya viene

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Dr Lakra en Kurimanzutto.

La violencia está que arde. Somos muchos los que preferimos renunciar a sus insinuaciones creativas y verla frenar ya. En el marco de las elecciones presidenciales, aún después de los tres debates, seguimos sin tener claridad sobre cómo el Estado planea abordarla, sobre cómo podemos ayudar sin salir heridos y sobre las características del papel que nos toca asumir. Todo es incierto y, también, cuando escuchamos declaraciones como las de José Kuri, un poco “esquizofrénico”.  

Las propuestas sobre el campo del arte tampoco han sido enunciadas, menos las que tienen que ver con la escena que nos atañe. Ricardo Anaya, candidato de la colación “Por México al Frente” planteó un solo eje en donde promete: “educación y formación artística y apoyo a creadores.” López Obrador de la coalición “Juntos Haremos Historia” ha hablado de generar proyectos culturales para estimular la paz social; pero de arte no ha dicho nada. De los otros dos candidatos es difícil extraer propuestas en este rubro.

Para Gustavo Luna lo que cambiará, dependiendo de quién gane, es el tipo de productos culturales y artísticos que se permitan exhibir y que se apoyen; pero eso poco tiene que ver con el mercado general. Para Ian Benet lo más grave para la escena del arte contemporáneo sería que el nuevo régimen abandone la necesidad de consolidar a México como potencia mundial, porque habría un “retorno a las bases, la autorreferencia; un círculo vicioso de producción de nacionalismo. Mientras no exista una identidad tan clara, hay apertura para lo emergente, para lo creativo”. Sin duda las fallas tienen sus ventajas…

*Agradecimientos:

A Ian Benet y Gustavo Luna por ofrecer una extensa entrevista con respecto a los temas aquí tratados.

**Referencias:

FINANCIAL TIMES: “Mexico: an intoxicating place for artists”, Richard Holledge

LA Times: “Mexico City’s art scene is booming, but even with deep roots, political uncertainty keeps it fragile”, Carolina Miranda

The Telegraph: “Why art lovers are flocking to Mexico City”, Alastair Smart

The New York Times: “Art Scene Thrives on the Edges in Mexico City”, Elisabeth Malkin

LA TEMPESTAD: “El giro educativo en las artes”, Guillermo Nuñez Jáuregui

CULTURA COLECTIVA NEWS: “Estas son las propuestas de Ricardo Anaya para impulsar la cultura en México”, Gustavo Pineda

AGENCIA REFORMA: “Discuten propuestas representantes de cultura de los candidatos presidenciales”, Tatiana Maillard

***Imagen destacada: Ian Benet.

María Fernanda Garduño Mendoza
Autor: María Fernanda Garduño Mendoza
Estudios y gestión de la cultura, UCSJ. Ensayando discursos, constantemente. Articulando rupturas.

La ilustradora mexicana entre la cerámica, cartonería y la repostería: Rachel Levit Ruiz

Esta creadora mexicana trasciende sus personajes a oficios inesperados.

Con solo 28 años Rachel Levit Ruiz ha hecho un estilo en el mundo de la ilustración. Sus sutiles personajes aparecen en The New York Times, The New Yorker y Lucky Peach y este año fue elegida junto con el español Isidro Ferrer para hacer el cartel de la 46 edición del Festival Internacional de Cine de Huesca.

El trabajo de Levit Ruiz, quien creció en CDMX, nos sorprende con líneas discretas y humanos ligeros que parecieran flotar en el papel.. Sus cabezas de cerámica nos traen igualmente, ligereza, y sus tonos pastelosos contienen una deliciosa calma.  

Como la imaginación usa todo tipo de materiales intangibles, o no, sus obras también llegan al universo de la repostería junto a la bloguera/chef Azúcar Pastel.

Esta es una probada del trabajo de esta joven promesa quien ya trasciende los límites de la ilustración y los lleva a otros lugares impensados: 

 
 
 
 
 
 
 
Conoce más de su trabajo, aquí.
 
 
Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )