4 razones para no perderte el nuevo documental sobre la vida de Chavela Vargas

Tienes que ver este precioso retrato de la mujer que reinventó los sentimientos mexicanos…

De Chavela Vargas, mexicana por elección (pues, en realidad nació en Costa Rica) se ha dicho mucho. Su figura es controversial, especialmente, porque —a pesar del aura de misterio que la acompaña—  la cantante se permitió ser siempre franca y hasta sus acciones y declaraciones más desmedidas, extrañas y polémicas fueron hechas porque se le pegaba la gana, no para complacer ni al público, ni a los medios.

Tal vez por eso vale tanto la pena explorarla, como figura mítica mexicana y también como sujeto con vivencias que a todos pueden ofrecer una pista sobre su propia a existencia. Así, celebramos el estreno de Chavela (2017) un documental que narra la vida de esta extraordinaria artista a través de fragmentos de una entrevista de hace 25 años, acompañada por los comentarios de otras grandes figuras (como Pedro Almodóvar, Eugenia León y Miguel Bosé) que aún hoy la aman y admiran.

Te compartimos 4 razones para no perderte esta nueva visión de uno de los personajes más fantásticos que ha puesto pie en esta tierra.

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Chavela Vargas para cultivar tu sensibilidad

El despecho, en México, es un auténtico arte. No significa simplemente manifestar el dolor que deviene de un corazón roto; es, en realidad, desgarrarse, casi a propósito, por el amor. Y aquí “el amor” es el hecho de amar, en un sentido universal, no particular.

En otras palabras, el despecho en México una práctica de sensibilidad, que puede ejecutar y disfrutar hasta quien no está “despechado”. Si alguien entendió esta peculiaridad nacional, narrándola, experimentándola y sobre todo musicalizándola, esa fue Chavela Vargas.

Entonces, si no has tenido el placer de escucharla y conocerla, este documental es una buena excusa para adentrarte a los placeres que ofrece.

Chavela y su historia para inspirarte a vivir

Su historia de vida es extremadamente compleja; pero la cantante nunca se dejó vencer. Así, pasó por toda clase de problemas: el rechazo de sus padres, de quienes huyó para venir a México; ser mujer en un mundo diseñado por la masculindad, adoptando precisamente una actitud neutra que la dejó bien parada en todos los géneros posibles; su amor por las mujeres, que como cualquier amor, le dolió en el alma y que la ha transformado en un ícono LGBT; su alcoholismo, que la aventó al abismo más profundo, pero que terminó dejando atrás.

Son muchos los que se pueden identificar con sus historias, los que se quedan tranquilos pensando que, por lo menos, Chavela entiende lo que están sintiendo.

Chavela como figura crucial en la historia del México moderno

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Isabel Vargas Lizano, la querida Chavela, se hizo buena amiga (y amante) de múltiples celebridades, artistas, políticos e intelectuales mexicanos. El testimonio de algunos de ellos sobre la mujer, su vida y el mundo que la rodeaba figura en el documental; pero además es imposible no tocar el contexto del México que habitó Chavela, desde los años 50 hasta que murió en 2012. Si quieres aprender más de esa tierra, este filme se volverá crucial.

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Para tirar tus prejuicios a la basura

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Como pasó con Juan Gabriel (otro grande), la especulación sobre la sexualidad de Chavela Vargas fue por años comidilla de los mexicanos. Afortunadamente a los 81 años de edad, la gran señora confirmó las sospechas de todos y se declaró lesbiana. No solo eso, aprovechó también para informar sobre algunas grandes conquistas, entre ellas la actriz Ava Gardner y la pintora Frida Kahlo.

Y así como con el cantante que bien dijo que “lo que se ve no se pregunta” el público pudo haber dudado brevemente de su admiración por Chavela, pero su voz ha sido siempre más poderosa que el prejuicio. Y su historia de vida contribuye a este ejercicio, por ello el documental ha sido galardonado y nominado a premios en festivales de la comunidad LGBT.

La amante de mujeres cantó las piezas de José Alfredo Jiménez para celebrar su feminidad y la de sus queridas compañeras, pero en sus propios términos y jugó con la noción de género de maneras insospechadas. Narra Miguel Bosé para el documental que Chavela le dijo un día: “Si yo hubiera sido un hombre, tú habrías sido mi mujer perfecta”. Con visiones así de amplias, los prejuicios tienen poco sentido.

Encuentra una función en tu cine más cercano aquí.

La verdad de la vida: 100 años de Chavela Vargas

Lo que conjura Chavela Vargas con su voz franca y desgarradora es la verdad.

En 2019 Chavela Vargas habría cumplido 100 años. Y la posibilidad extinta de esta fiesta nos deja desbordando nostalgia y también deseando un poquito más —solo un poquito más— de este sujeto enigmático, seductor, oscuro y solitario que de muchas formas continúa siendo Chavela.

Ahora no nos queda más que recordarla y, como ella lo hacía, permitirnos sentir ausencia profunda. Sobre ella sabemos todo y nada; su historia es tremendamente atractiva. La nacida en Costa Rica, en 1919, escapó de aquella tierra para encontrarse con la casa que siempre la estuvo esperando.

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Por convicción se declaró mexicana y se transformó después de una lucha fuerte contra sus duras circunstancias —trabajando de todo, viviendo como podía— en un auténtico icono de la identidad nacional, cantando corridos, rancheras y otras piezas tradicionales con una potencia tan grande que rasga el tejido primario de uno.

Con las delicias que ofrecía, eróticas y musicales, conquistó a brillantes personajes de su tiempo: José Alfredo Jiménez, Gabriel García Márquez, Joaquín Sabina, Frida y Diego Rivera, Pedro Almodóvar, Miguel Bosé y tantos más.

Su candor y tremenda seguridad para curar su propia identidad —llamándose mexicana, cantando como le gustaba, vistiéndose con pantalones, siendo contundentemente lesbiana— continúan inspirando a muchos a hacer lo propio y ese es sin duda su legado más relevante y eco que perdurará con suerte otros 100 años más.

Pero tal vez, sus lecciones más valiosas no están en la construcción que hizo de ella misma para el público, ni en su enorme valentía para superar toda clase de trabas existenciales (incluyendo un abrumador alcoholismo, del que también habló con mucha franqueza).

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“Chavela Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos” escribió alguna vez Pedro Almodóvar. Con palabras, pero especialmente con su sonoridad, demostró que cada uno de nosotros puede hacer de la soledad —esta enorme y pesada soledad que a todos nos alcanza— una casa y llenarla de lo que la vida nos va prestando, a sabiendas de que es prestado. Y así, anclándose en el propio estar, uno puede amar-con-otros la vida.

Y, aunque esta postura es dura y la vida es inmensamente dolorosa y por eso, también, auténtica, la misma Chavela dijo alguna vez que “La verdad de la vida se impone siempre”, sugiriendo que, aunque hagamos toda clase de artimañas para evitar encontrarnos con nosotros mismos, siempre hay espejos oscuros y afilados —como la voz de Chavela— donde no podremos evitar mirar nuestro vulnerable y precioso interior.

¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

José Alfredo Jiménez: la voz y el abismo

José Alfredo es un poeta imposible que aprendió a engañar a la muerte mientras se acuesta con ella.

 José Alfredo Jiménez: trovador, sacerdote mexicano del tequila y de las canciones. Su voz es la entrada al abismo, es un temblor a punto de nacer, es el despertar a una tragedia inminente. Su poesía es árida y salvaje, oscura como un diálogo mortal, lacerante como una maldición. Cantar sus canciones es ser consumidos por la fascinación de un incendio repentino, es flotar eternamente entre la niebla de un páramo sin nombre.

José Alfredo Jiménez es el aullido que enciende la noche, es el cometa ebrio que vaga por un universo sombrío hasta chocar de frente contra el destino, es el lobo herido que tiene su amorío fugaz con la luz de luna, es el evangelista de la tragedia, un poeta imposible que aprendió a engañar a la muerte mientras se acuesta con ella. El día es su enemigo, sus ojos se acostumbraron a leer la penumbra; eligió la noche para desbordarse, para maldecir al azar, para levantarse como una torre de misterios que parece indestructible y que se derrumba invariablemente cuando el día despierta.

Como buen profeta de la tragedia, rasga con su voz el velo de todos los templos posibles. Su espíritu entendió mejor que nadie que cualquier sitio puede ser el lugar donde se ofrece un ritual por las penas de la vida diaria, que México es el gran Monte de la Calavera y se hace visible cuando alguien canta, de modo que en cada esquina hay una muerte y una crucifixión, una resurrección y un coro de lamentos. Su música es la voz más pura de nuestra gente. Nadie como él para entender que no le tememos a Dios ni al diablo, que no le tememos a la muerte ni a la vida, que a lo que le tememos verdaderamente es a la pérdida. El mexicano siempre está perdiendo algo: al amor, a la mujer, a sus tierras, a sus máscaras. Nuestra historia nacional y nuestros traumas surgen de la pérdida, y José Alfredo lo expresa en un huracán de suspiros; no puede hacer más.

Entre música y tragos, sus canciones son el hierro candente que marca la piel de quien las escucha. La cantina o la parranda son el teatro perfecto, el confesionario veraz y el sitio de la verdadera penitencia. En esta atmósfera de humos trasnochados, donde el alcohol y el desamor son a un tiempo salvación y perdición, José Alfredo levanta la voz: las emanaciones de su espíritu se convierten entonces en un canto colectivo que se eleva desde las entrañas de nuestro país. Es el hombre-espectro que le canta al héroe bocabajo, ese ser ajeno al ritmo del mundo, a nosotros que escuchamos el rumor de las edades y que sólo podemos avanzar hacia abajo, hacia lo hondo de la tierra, resignados, doloridos, ahogados en nuestro propio llanto. El héroe que José Alfredo describe está en el límite del tiempo, afuera, allá lejos, donde los elementos se agolpan y se confunden, donde la sangre da de beber a los jilgueros, donde la existencia es un llano en llamas o un diluvio inesperado.

Una intuición vibrante resuena en esta música de neblina y confesiones: el mar enardecido de la vida no ha sido lo suficientemente poderoso como para hundirnos. José Alfredo lo sabe, se vuelca en sus canciones, sufre, reclama, pero no se mueve; resiste. Esa resistencia nos recuerda decididamente a Arthur Schopenhauer cuando explica que la añoranza y el dolor de la poesía no describen a un sólo ser efímero y fugaz, sino que son el suspiro de toda una especie que se condensa, se oscurece y se arroja a la vida en un haz de luz tan mágico como doloroso.

Los poemas que este hombre lanza contra el mundo tienen un efecto existencial poderosísimo: nos enseñan a resistir en el vacío, a hacernos fuertes en la inclemencia de la nada. Las canciones de José Alfredo Jiménez son el aliento punzante de nuestra especie, una especie que aprendió a respirar en el ritmo incontenible de la música.

Samuel Rodríguez Medina
Autor: Samuel Rodríguez Medina
Samuel Rodríguez Medina es graduado del master en Filosofía contemporánea con acentuación en artes por la Universidad de Granada. De 2014 a la fecha es profesor de Estética y Arte contemporáneo en el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey. Es autor de blog "Neuma" www.rodriguezsamuel.wordpress.com que es seguido en mas de 10 países.

Rafael Mendez, el virtuoso mexicano de la trompeta (que pocos mexicanos conocen)

De la talla de Charles Parker o John Coltrane, este mexicano es conocido por su estimulante agudeza con la trompeta a la hora de tocar jazz y música clásica.

Muchos mexicanos, ya sea por malinchismo o ignorancia, creen que el encontrar un genio creativo del jazz en México es algo improbable. Nada podría estar más lejos de la verdad. Hubo y hay grandes artistas nacionales –por ejemplo, estas propuestas contemporáneas de jazz que recomendamos–. Pero por ahora queremos hablar del caso de Rafael Mendez (1906-1981), el trompetista cuya destreza y gracia podrían equipararse con músicos de la talla de Charles Parker o John Coltrane. 

rafael mendez mejores musicos mexicanos trompetista jazzEl virtuoso de la trompeta nació en el pueblo michoacano de Jiquilpan, y desde niño su madre observó que tenía la habilidad de soplar más fuerte que todos sus hermanos. El continuo estímulo de esta habilidad hizo que Rafael soñara a lo grande; hasta que un día, subió a la montaña más alta de su pueblo para tocar su corneta de juguete. El sonido, gracias a los inmensos pulmones del niño, recorrió toda la población de Jiquilpan e inclusive, algunos dicen, sus inmediaciones. Desde ese día, Rafael supo lo que quería ser de grande: músico. Los años siguientes prosiguió con su veta artística, por lo que  se unió a la orquesta familiar de su padre: un grupo de mariachis que tocaba en plazas de toros y fiestas del pueblo. 

El impulso de su carrera continuó cuando Lázaro Cárdenas, otro oriundo de Jiquilpan, se lo llevó a la División de Norte, como músico de la banda del Estado Mayor de Pancho Villa. Allí se ganó la admiración del centauro del norte, con quien compartiría amistad y gustos musicales. Al término de la Revolución, el artista participó en la orquesta de diferentes circos.

Su oportunidad de oro llegó cuando se trasladó a Estados Unidos, donde al principio tuvo que lavar platos para ganarse la vida. Tras debutar en el Teatro Fox de Detroit como trompetista, estudió con el cornetista Herbert L. Clarke. Luego recorrió ese país hasta consagrarse como un virtuoso de su instrumento y vender millones de vinilos.

Entre sus aportes más relevantes destacan sus versiones en trompeta de  música mexicana; las interpretaciones de Moto perpetuo de Niccolò Paganini y el arreglo que elaboró para la pieza Jesusita en Chihuahua en la película Holiday in Mexico (1964). Además, fue el primer intérprete en tocar durante todo un programa completo con solos de trompeta en el Carnegie Hall de Nueva York, y acompañó diversas películas de Disney con sus piezas. Sin embargo, el cariño con el que hablaba de México tras su éxito internacional y hasta su muerte, reveló que nunca dejó de ser ese niño que tocó la corneta en Jiquilpan. 

Miranda Guerrero
Autor: Miranda Guerrero
Estudió la carrera de Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Su carrera artística involucra tanto narrativa, poesía y elaboración de collages.