El significado detrás de la Guelaguetza, fiesta máxima de Oaxaca

Aunque la Guelaguetza se ha convertido en uno de los máximos atractivos turísticos de Oaxaca, aún conserva un significado entrañable.

Sin duda uno de los destinos más excitantes de México es Oaxaca. Vibrante desde donde lo mires, no hay ningún aspecto de este increíble estado que sea homogéneo: en todos los sentidos (desde lo étnico, hasta lo gastronómico) es absolutamente diverso. No hay forma de no enamorarse de este sitio y querer regresar una y otra vez.

Por otro lado, Oaxaca se vive desde muchas dimensiones distintas y la más superficial es, en todos los sentidos, el turismo. Como sucede en otras partes de México, mucho de lo que sucede en la capa más visible está diseñado para encantar a quienes vienen de otro sitio. 

Es fácil percibir esta superficialidad en expresiones como la Guelaguetza; especialmente porque lo que más reportan los medios son los récords de ocupación hotelera y los datos relacionados a la enorme derrama económica. 

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Fotografía: Rosalba Bustamante

Y mientras que es celebrable que muchos viajen para empaparse de este tipo de tradiciones y activen las economías locales, es vital considerar un par de cosas. Hay un turismo muy invasivo que contamina, maltrata el espacio y en realidad conecta poco con el contexto. Y en las dimensiones espectacular y masiva de la Guelaguetza puede haber mucho de esto.

Por otro lado, aunque la Guelaguetza se ha convertido en uno de los máximos atractivos turísticos de Oaxaca, aún conserva un significado entrañable, con el que vale la pena comulgar.

El complejo significado detrás de la Guelaguetza

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Imagen: Puntoyaparte/Flickr.

Celebrada en la capital de Oaxaca durante distintas fechas en julio, la Guelaguetza tiene un origen múltiple que combina tres grandes ejes. Por un lado, está ligada a las fiestas por la Virgen del Carmen que se celebran los dos lunes siguientes al 16 de julio; también llamados “Lunes de Cerro” porque las fiestas se llevan a cabo en el cerro del Fortín, el punto más alto de la ciudad y una formación montañosa emblemática.

Por otro lado, durante la Guelaguetza se celebra también a Centeótl, diosa del elote. Además de otorgarle ofrendas (de comida, danza y demás) se acostumbra elegir a una chica que la hace de “representante” de la diosa durante las fiestas. La chica elegida es la que más conozca sobre las tradiciones de su pueblo. 

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Imagen: 7gallery/Flickr.

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A lo largo de la fiesta se realizan distintas representaciones de la historia de los Lunes de Cerro y también de las comunidades oaxaqueñas pertenecientes a las ocho regiones del estado que acuden a la capital para participar en la Guelaguetza: los Valles Centrales, La Cañada, el Papaloapan, la Mixteca, la Costa, el Istmo de Tehuantepec, las Sierras Norte y Sierra Sur.

Una de las representaciones más relevantes es la de la leyenda de la princesa zapoteca Donají. Según el relato, Donají fue entregada a los mixtecos para conseguir la paz. Pero, una noche, mientras estos estaban distraídos, Donají llamó a su padre para que realizara un ataque sorpresa que resultó terrible. Al final, los líderes mixtecos capturaron a Donají y la decapitaron. Su cabeza aún figura en el escudo de la ciudad de Oaxaca.

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Imagen: Y! Música/Flickr.

Así, la Guelaguetza es una fiesta que entreteje toda clase de influencias culturales y, sí, en el fondo, podría tratarse de unificarlas, recordarles que trabajan en un sentido comunitario. 

El significado central de la fiesta se vislumbra desde su nombre. La palabra “guelaguetza” es una variación del zapoteco ‘guendalizaa’. Significa cooperar, ofrendar, regalar. Para los oaxaqueños implica un acto de generosidad que al ser presentado, debe ser correspondido. En ese sentido, el acto hermana y reúne.

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Fotografía: Jacobo Zanella.

Normalmente se usa para referir el apoyo que se recibe de otros cuando se llevan a cabo grandes eventos como bodas, bautizos y fiestas patronales. Pero también cuando un miembro de la comunidad tiene un problema y recibe apoyo de otros o cuando hay un evento extraordinario (como un sismo) y todos se ayudan para sobrevivir juntos.

El investigador de pedagogía Pedro García Olivo la define así:

La guelaguetza ‘educa’ desde el momento en que contempla al otro, al vecino, al amigo o hermano, no como competidor, ni como “recurso”, no como adversario o enemigo, ni como negocio, sino como sujeto con el que identificarse, como verdadero ‘compañero’, como donador de sentido para la interrelación cotidiana […]

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Fotografía: Jacobo Zanella.

En un sitio con tanta multiplicidad, una fiesta que lleve al extremo este principio de ofrenda y hermandad podría ser esencial. Y. aunque es muy atractiva la Guelaguetza con sus bandas serranas, su deliciosa oferta gastronómica y mezcalera, sus danzas tradicionales, adornos, vestimentas típicas; más allá de la folclorización, habrá que practicar la guelaguetza como esquema para relacionarnos y vincularnos, a pesar de todas nuestras diferencias.

Revisa aquí el programa completo de la Guelaguetza 2019.

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*Imagen destacada: Y! Música/Flickr.

La Noche que nadie duerme: una fiesta muy colorida que se apropia de la calle y la oscuridad (FOTOGALERÍA)

Para celebrar a la Virgen de la Caridad, la comunidad de Huamantla decora las calles con vibrantes tapetes efímeros. Una visión espectacular.

La noche y la calle son dos espacios con los que los mexicanos tenemos una relación ultra-compleja. 

Aunque somos plenamente callejeros y habitamos con todo nuestro esplendor el espacio público y nuestras ricas garnachas aromatizan el aire de la atmósfera nacional, la calle se ha vuelto sinónimo de la dolorosa violencia. Y la noche: su misterio sigue activo, la fiesta de la que es eterno escenario, también, pero no es tan sencillo navegarla.

Sin embargo, hay expresiones preciosas, vibrantes, luminosas, coloridas y comunitarias que, tal vez sin saberlo, contrarrestan esta oscuridad. Una de las más magníficas es “La noche que nadie duerme”, en Huamantla, Tlaxcala. Esta celebración se realiza en honor a la Virgen de la Caridad, aunque también está ligada a la fiesta prehispánica en honor a Xochiquetzalli, diosa de las flores y la fertilidad. 

Los preparativos para la fiesta se realizan desde temprano. Las calles son adornadas con velas, flores y otras decoraciones. Pero el motivo principal son los larguísimos tapetes de flores y aserrín, algunos con imágenes religiosas, que los artistas y artesanos del pueblo diseñan cuidadosamente cada año. 

Los tapetes están para adornar el camino por donde se hará una procesión con la representación de la Virgen. El trabajo es absolutamente impresionante y será disfrutado por locales y viajeros durante una noche de júbilo, cohetes, música, cantos, rezos y la rica gastronomía típica de Tlaxcala, como el mole de guajolote, memelas y los clásicos buñuelos.

Así en la noche del 14 de agosto la identidad, la pertenencia y el cariño reclaman la calle y la noche. La fiesta es plenamente comunitaria: las familias deben reunirse para trazar estas enormes y vibrantes artesanías efímeras, que a penas termina la fiesta son barridas y descompuestas (como los hermosos mándalas de los monjes budistas). A veces no duran la noche, pues los aguaceros las difuminan a su paso. 

Pero eso no detiene las ganas de celebrar, de poblar la calle con color y reactivar una y otra vez su potencia en la noche, demostrando en dónde está oculta la energía necesaria para salir de esta oscuridad.

También en Más de México: El significado detrás de la Guelaguetza, fiesta máxima de Oaxaca

 

 
 
 
 
 
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Las plantas recuerdan y narran: íntimos retratos de la flora oaxaqueña (GALERÍA)

Hay comunidades indígenas en Oaxaca que creen que las plantas sienten, recuerdan, escuchan y nos hablan. Estas fotos retratan sus delicados mensajes.

Dice Amaury Barrera, joven fotógrafo mexicano, que las plantas forman parte de la naturaleza de una manera profunda y compleja; mucho menos evidente de lo que nos parece en lo cotidiano.

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Además de su “compleja estructura molecular interna”, de su función con respecto a otros seres y de ser el ícono que resume eso que coloquialmente llamamos “ecología”, las plantas son “entidades cósmicas que tienen memoria, una historia impregnada en sus ‘venas’ y las reminiscencias de otro tiempo”.

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Sus sospechas son confirmadas por las creencias de las comunidades indígenas de Oaxaca, quienes saben que las plantas “pueden sentir, recordar, escuchar e incluso hablarnos.” Pero nosotros tenemos que prestarnos a recibir sus mensajes.

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Como a otras joyas que se despliegan constantemente frente a nuestros ojos a las plantas y a sus insólitas texturas, sus inteligentes patrones, las cicatrices en su piel, los dejamos pasar de largo. Pero hay en distintas cosmogonías, elementos para interpretar al mundo que nos rodea como un plano constante de significados, que solo es interrumpido por nuestra necesidad de de “avanzar”, de ir lejos.

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Así, expresiones como el íntimo acercamiento propuesto por Amaury Barrera en la serie “Venas de otro tiempo”, son una invitación a detenernos a explorar el mundo desde un ángulo muy distinto, uno que no quiere descubrir, sino descubrirse; uno que no quiere aprehender, sino ser aprehendido.

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Ahí, en este permiso que nos damos de entrañar con lo más ínfimo del mundo, se hace presente una imagen potente y dramática. Aparecen plantas, pero capturan el ojo como si fueran cuerpos desnudos (tal vez porque lo son) o sublimes paisajes.

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Estos exquisitos retratos, tomados en la Sierra de Juárez, Oaxaca, se develan frente a nuestros ojos como poesía, extraída directamente de la tierra, escrita en el idioma de la flora y recitada de forma particular para quien se atreva a dejarla sonar.

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También en Más de México: Ensueños MX: Un paseo por las deliciosas nubes oaxaqueñas (FOTOS)

La simbología tras la piñata y el porqué las rompemos con los ojos vendados

Cada Navidad en México es única y especial ¿la razón? Una estrella que se balancea en el cielo, mientras que con risas y gritos, se busca romperla. Ésta es la piñata.

Conocida por muchos y amada por casi todos. Este es el signo distintivo de la piñata, cuyo brillo y picos vuelan en el cielo, con la esperanza de que nadie la atrape –aunque su final siempre será fatídico–. Se sospecha que proviene de China, donde fue descubierta por Marco Polo y llevada a Italia. Después de esto, los españoles no tardaron en conocerla y comenzar a usarla en Navidad. Por lo que su llegada a México sucedió de manera inevitable. Aún así, también existe la teoría de que los aztecas hacían una celebración al dios Huitzilopochtli con un objeto similar.

El uso de la piñata en China se remonta a las celebraciones en primavera. Aquí se hacía una ceremonia en la que se realizaban figuras de animal, las cuales eran cubiertas con papel de colores y les colgaban herramientas agrícolas.  En el caso de China, los colores de la piñata simbolizaban las condiciones en las que se esperaba cómo se desarrollaría el año. También se rellenaba esta supuesta piñata con cinco tipos diferentes de semillas, las cuales caían al suelo cuando los reyes mandarines les pegaban con varas de diferentes colores. Una vez quebrada la piñata, ésta era quemada y sus cenizas altamente codiciadas entre los espectadores, quienes creían que les darían buenos augurios.

Hasta esos momentos, la piñata era meramente conocida por sus cualidades festivas y coloridas. Sólo fue hasta que llego a Europa, cuando se le dio un significado religioso. En esta región, la piñata comenzó a ser utilizada para la cuaresma, la cual concordaba con la primavera. Las piñatas también empezaron a ser hechas de recipientes de barro y decoradas con colores brillantes, cuyo atractivo no era casual.

En Europa, la piñata estaba hecha con la intención de representar al demonio, al mal que se vale de lo llamativo y atractivo para cautivar a los hombres, mujeres y hacerlos caer en la tentación. Por su parte, pegarle a la piñata con los ojos vendados, era un símbolo de la fe ciega. Al hacerlo, el sujeto ponía a prueba sus virtudes contra la soberbia, la avaricia, la ira, la envidia, la lujuria, la gula y la pereza. Que el número de estos  pecados sean siete no es gratuito, por eso es que las piñatas son estrellas de siete picos.

Cada una de estas protuberancias aluden a un pecado. Pero no todo es representación de maldad o pecado en la piñata. Al romperla, el desprendimiento de la fruta y los cacahuates es un símbolo de la gracia de Dios una vez que se derrota el mal.

En el caso específico de México, la piñata continuó con el sentido religioso. Aunque hay teorías que, justamente por esta asociación con la religión, los frailes las utilizaban para enseñar las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. La fe es representada por la confianza que quien está al turno debe tener al resto –que van orientándolo–; la esperanza, porque todos miran al cielo esperando el premio; y la caridad, para compartir los regalos que caen de la piñata.

Tanto Europa como China tienen un papel muy importante en la creación de la piñata. Aunque, su origen, aún puede decirse que es muy mexicano. Ya que, también existen pruebas que, cuando la tradición de la piñata era aún desconocida, los indios mayas practicaban un juego en el que trataban de romper una holla de barro llena de chocolate con los ojos vendados. Acorde a muchos, sólo fue después de esto que los frailes querían dar una visión religiosa al acto.

Nunca se sabrá a ciencia cierta de dónde proviene la piñata. Lo más acertado es decir que resulta un producto del sincretismo de culturas y religiones. Pero esto no aminora su relevancia y su importancia en la cultura mexicana.

*Referencias de imágenes: 2) cefuenco3) Kekko Diaz4) adrian, 5) Pulpolux !!!, 6) drmtoiber