6 personajes ilustres que llegaron a México y se enamoraron del país

A lo largo de la historia, muchas personas han llegado a México y han quedado prendidas de sus encantos; estos 6 personajes ilustres no son la excepción.

¿Qué tiene México que le encanta a los extranjeros? Si uno lo piensa con detenimiento, no es de extrañar. Paisajes majestuosos, delicias culinarias y una población históricamente hospitalaria y cálida son solo algunos de los alicientes que este hermoso país presenta. No son pocas las personas que llegan a México de visita o por circunstancias extraordinarias y acaban haciendo de él su residencia permanente.

Hay algo para todos: artistas, exploradores, científicos y catedráticos se han enamorado de la tierra de los aztecas y los mayas. Los siglos de tradición y resiliencia de los mexicanos descubren un nuevo mundo ante los ojos y corazones de los que vienen de fuera. Les sorprende lo aguerrido de sus hombres y mujeres, su amor feroz a la familia, los amigos y los cerros que los vieron nacer.

De hecho, varios personajes ilustres han dejado su marca en México, después de que México dejara la suya en ellos. Muchos de ellos adoptaron la nacionalidad mexicana, e hicieron de este país su hogar. Sin más, te presentamos 6 de ellos:

1: Luis Buñuel

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Imagen de: FICM

El afamado director cinematográfico español, nacido en Calanda en los albores del siglo XX, se trasladó a México durante la Guerra Civil Española. El conflicto bélico más cruento y cruel de España orilló a muchos artistas, intelectuales y políticos españoles a huir de la dictadura. Tras su exilio, se naturalizó mexicano, y fue aquí donde adquirió la fama de uno de los directores de cine más importantes e influyentes en la historia. Debido a la censura franquista, realizó la mayoría de sus largometrajes en México: obras maestras como Los Olvidados, Viridiana o El ángel exterminador.

2: Leonora Carrington

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Imagen de: The Independent

Después de una adolescencia y juventud turbulentas, Carrington recaló en México, después de escapar de su familia, que la quería internar en un hospital psiquiátrico. El poeta y escritor Renato Leduc se casó con ella en Lisboa, para que pudiera huir de Europa. Fue en nuestro país donde dio rienda suelta a su genio creativo, maravillando al mundo del arte con sus creaciones surrealistas. Convivió con Remedios Varo, Frida Kahlo, Diego Rivera, Carlos Fuentes y Octavio Paz, entre otras personalidades de la época. Pasó el resto de su vida en México, junto al fotógrafo húngaro “Chiki” Weisz, con quien formó una familia.

3: Alexander von Humboldt

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Imagen de: Fine Art America

El padre de la geología moderna llegó a México en calidad de explorador, interesado por las características geográficas del país. En 1803 pisó tierras mexicanas por primera vez, y aprovechó su visita al máximo. Quedó maravillado por sus volcanes, sus zonas arqueológicas y sus maravillas geológicas. Además, llegó a interceder por los obreros mexicanos, quienes vivían en condiciones muy precarias. Llevó sus dibujos, como el de los prismas basálticos en Huasca de Ocampo, a Europa, y fue aclamado de manera unánime. Cautivó a la sociedad europea con sus anécdotas de la Nueva España y sorprendió a sus colegas con el conocimiento que adquirió.

4: Remedios Varo

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Imagen de: Gallery Wendi Norris

La segunda española de nuestra lista llegó a México bajo las mismas circunstancias que Buñuel: huyendo del terror de la dictadura y de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno de Lázaro Cárdenas la acogió, y nunca miró atrás. La pintora surrealista más reconocida de la historia se naturalizó mexicana y se dedicó enteramente a su arte. Forjó una amistad inquebrantable con Leonora Carrington, con quien mantuvo contacto hasta el día de su muerte. Fue en México donde encontró una gran inspiración para sus maravillosos cuadros, y alcanzó el reconocimiento de los círculos artísticos más importantes en el país y en el resto del mundo.

5: Edward James

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Imagen de: Once Upon a Journey

El amor y la fascinación por las orquídeas fue lo que llevó al poeta, escultor y arquitecto escocés a México. Llegó en 1944, atraído por la propuesta de su amigo y colega Geoffrey Gilmore de “situar un jardín del edén” en el país. La localización elegida fue la Huasteca Potosina, y James encontró un terreno ideal para sus ambiciones en Xilitla. Su prolífica mente y sus hábiles manos dieron luz a un jardín maravilloso y surrealista. Sus arcos, columnas enormes, escaleras enrevesadas y ángulos imposibles convirtieron a Xilitla en un lugar legendario.

6: Chavela Vargas

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Imagen de: Periódico Correo

No podríamos terminar nuestra lista de personajes ilustres sin mencionar a Chavela Vargas. La imponente figura de la música ranchera mexicana es, probablemente, el mejor ejemplo del amor incondicional que alguien puede profesar por una tierra. Chavela nació en Costa Rica en 1919, pero se trasladó a México cuando tenía 17 años. Se enamoró inmediatamente de su gente, de su música y de sus pueblos. Fue acogida por José Alfredo Jiménez, y al poco tiempo adquirió fama como una de las mejores voces de su época. Su inconfundible voz, grave, potente y cargada de sentimiento, se convirtió en un legado indeleble para nuestro país. No es por nada que Chavela acuñó la famosa frase: “¡Los mexicanos nacemos donde nos da la rechingada gana!”.

Más personajes ilustres que admiran el arte mexicano: se encuentra guion cinematográfico de Juan Rulfo, escrito por García Márquez.

*Imagen destacada: Cineteca Nacional

La verdad de la vida: 100 años de Chavela Vargas

Lo que conjura Chavela Vargas con su voz franca y desgarradora es la verdad.

En 2019 Chavela Vargas habría cumplido 100 años. Y la posibilidad extinta de esta fiesta nos deja desbordando nostalgia y también deseando un poquito más —solo un poquito más— de este sujeto enigmático, seductor, oscuro y solitario que de muchas formas continúa siendo Chavela.

Ahora no nos queda más que recordarla y, como ella lo hacía, permitirnos sentir ausencia profunda. Sobre ella sabemos todo y nada; su historia es tremendamente atractiva. La nacida en Costa Rica, en 1919, escapó de aquella tierra para encontrarse con la casa que siempre la estuvo esperando.

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Por convicción se declaró mexicana y se transformó después de una lucha fuerte contra sus duras circunstancias —trabajando de todo, viviendo como podía— en un auténtico icono de la identidad nacional, cantando corridos, rancheras y otras piezas tradicionales con una potencia tan grande que rasga el tejido primario de uno.

Con las delicias que ofrecía, eróticas y musicales, conquistó a brillantes personajes de su tiempo: José Alfredo Jiménez, Gabriel García Márquez, Joaquín Sabina, Frida y Diego Rivera, Pedro Almodóvar, Miguel Bosé y tantos más.

Su candor y tremenda seguridad para curar su propia identidad —llamándose mexicana, cantando como le gustaba, vistiéndose con pantalones, siendo contundentemente lesbiana— continúan inspirando a muchos a hacer lo propio y ese es sin duda su legado más relevante y eco que perdurará con suerte otros 100 años más.

Pero tal vez, sus lecciones más valiosas no están en la construcción que hizo de ella misma para el público, ni en su enorme valentía para superar toda clase de trabas existenciales (incluyendo un abrumador alcoholismo, del que también habló con mucha franqueza).

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“Chavela Vargas hizo del abandono y la desolación una catedral en la que cabíamos todos” escribió alguna vez Pedro Almodóvar. Con palabras, pero especialmente con su sonoridad, demostró que cada uno de nosotros puede hacer de la soledad —esta enorme y pesada soledad que a todos nos alcanza— una casa y llenarla de lo que la vida nos va prestando, a sabiendas de que es prestado. Y así, anclándose en el propio estar, uno puede amar-con-otros la vida.

Y, aunque esta postura es dura y la vida es inmensamente dolorosa y por eso, también, auténtica, la misma Chavela dijo alguna vez que “La verdad de la vida se impone siempre”, sugiriendo que, aunque hagamos toda clase de artimañas para evitar encontrarnos con nosotros mismos, siempre hay espejos oscuros y afilados —como la voz de Chavela— donde no podremos evitar mirar nuestro vulnerable y precioso interior.

¿Qué más quieres? ¿Quieres más?

Leonora Carrington y el desconocido universo de sus bordados

Leones y escudos, símbolos y estandartes... Carrington diseñó escenas que artesanos con un legado prehispánico concluyeron hermosamente.

Leonora Carrington es un mundo que pareciera no dejar de expandirse. Su obra abarca, desde luego, su catálogo pictórico, pero pocos saben que también trabajó muñecas de trapo, esculturas de plata y bronce, piezas teatrales y literarias, y también escenografías.

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Otro de sus lienzos poco conocidos son sus bordados. Carrington, la esoterista y humanista, diseñó tapetes con un estilo que, si bien se sale de su esencia habitual, son símbolos que nos llevan a lo oculto de su mundo. Se sabe que un artesano de Chiconcuac, el pueblo del Estado de México de donde surgió el mítico suéter que Marilyn Monroe hizo famoso en las costas de Santa Mónica en California, ayudó a Carrington a hacer estos ejemplares.

Este lugar es famoso por sus tejidos desde la época prehispánica. Antes de la llegada de los españoles  se tejía el echcat (algodón) y el hilo de matl (maguey) y eran de tal calidad sus artículos que los portaban los emperadores mexicas.

Después, la lana fue el insumo con el que se continuó una tradición de tejidos y bordados.

Estos son algunos de los trabajos en conjunto entre Carrington y la herencia de este lugar (entre ellos algunos son regalos para Edward James, el surrealista escocés creador de uno de los rincones más oníricos de México, y otros amigos suyos:

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Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Del surrealismo prehispánico a tu mesa: la fantástica invención del mole contada por Leonora Carrington

La desconcertante historia de la invención del mole, una narración corta con humor ingenio y cultura, cortesía de Leonora Carrington.

Dicen que el mole encantó a Leonora Carrington, especialmente el poblano. Que fue hechizada por su aleación de ingredientes, tan variados como fervientes. Pero sobre todo por los procesos alquímicos de tan diversos moles que, fusionándose entre chiles, almendras y un poco de chocolate, resultan altamente sabrosos para acompañar una tortilla y cualquier tipo de carne. A este mágico platillo Carrington dedicó su obra La invención del mole (1960), escrita como una especie de guión teatral con humor, ingenio, cultura y mucho surrealismo a la mexicana. 

Pintora, escritora y enervantemente surrealista, Leonora Carrington es, a 100 años de su aparición en este mundo aparente, una de las mentes mexicanas más brillantes de la realidad contemporánea. Y se dice mexicana y no inglesa –como su raíz natal–, puesto que hay en prácticamente la mitad de su vida y obra, una influencia directa de la cultura mexicana, especialmente la indígena y sus misticismos prehispánicos. 

Popularmente, se dice que México es un país en extremo surrealista. Que esa “voluntad psíquica pura” –cuyo nombre fue inventado en Francia, pero en México, en esencia, ha existido desde siempre–,  yace en todos sus detalles: en su sabor, su sonido, su geometría, sus patrones, sus lenguajes, su cultura eterna. Históricamente así se ha mostrado México: como una aleación alquímica, incluso cósmica, de un ingobernable mestizaje. Y en ese espectáculo de sustancias interpoladas, a veces más prehispánicas que mestizas, se dejan mirar personajes que hacen de esta utopía mexicana su orgullo.  Es el caso de varios surrealistas europeos unidos en México, la tierra roja: Leonora Carrington (la novia del viento),  Remedios Varo (la bruja), Sir. Edward James, André Bretón y el incomprendido surrealista Antonin Artaud por mencionar solo unos cuantos.

De este orgullo mexicano se desprenden cuantiosas obras extraordinarias, plegadas de bestias mitológicas y fantasmas de zoológicos oníricos, donde solo es posible accesar si uno cree en su locura y sufrimiento como canales para encontrarse con lo que es verdadero. En las obras que estos surrealistas crearon en y sobre Mexico, también es posible avistar al mundo prehispánico más veces de las que podríamos imaginar. Ejemplo de ello es La invención del mole, una obra teatral breve escrita por Leonora Carrington en 1960. 

 

La invención del mole

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La cocina aromática de la abuela Moorhead (1975)

En este fascinante relato (casi como un cuento), la surrealista nos escribe con humor, ingenio, cultura y mucho surrealismo a la mexicana, la posible aparición del mole, hace tal vez unos 500 años. Aparece “Montezuma”, compartiendo escena con el Arzobispo de Canterbury, una bruja prehispánica, ocelotes, quetzales y otros personajes. En la obra se lee cómo los prehispánicos (caníbales y sanguinarios según la visión del foráneo) preparan una gran festín donde el arzobispo será lavado, marinado en pulque y cocido en salsas para el plato fuerte:

Mi querido señor, no se enoje, no pierda el sentido del humor. Ninguno de nosotros va a vivir para siempre.

Usted será simplemente asimilado, absorbido por estos reales príncipes, una vez que se haya impregnado de las salsas más exquisitas, todo con la mayor dignidad y los modales más aristocráticos. 

Pero, además de esta irónica y canibalesca invención del mole, Carrington hace una agudísima crítica al catolicismo que ha venido imperando desde los tiempos de conquista en México. Escribe:

Montezuma: ¡Entonces el pueblo contempla la misma ceremonia una y otra vez, sin milagros, ni magia, ni sacrificios, ni danzas!…

Arzobispo: la Santa Iglesia está fundada sobre la Roca de la Eternidad, y contra ello no prevalecerán ni las mismas puertas del infierno. La naturaleza universal de la Iglesia le permitirá eventualmente absorber a toda la humanidad. 

Como muchos de sus cuentos de Carrington, el imaginario no tiene limites concisos. No hay razón para entender sus historias, pero sí mucha voluntad para valorar su alta carga de humor negro. 

La peculiaridad que Carrington tenía al pintar en su cocina, en medio de una casa que invitaba a saborear el caos, era exclusiva. Le parecía saludable la influencia que ejercía la comida sobre el arte, misma que habría de detallar en esta fascinante historia. En breve te compartimos el relato completo:

 

En el centenar que la gran surrealista cumple este 2017, uno se pone a meditar cómo ha sido posible que ella se considere la última surrealista auténtica. Que posterior a ella no haya aparecido más de una mente que indague en orígenes sagrados y sanguíneos desde una perspectiva atinadamente surrealista, y la ponga en el reflector de las salas de arte del imaginario mexicano moderno –tan descontextualizado de su realidad–, a 500 años de no permitirnos olvidar la fragmentación de nuestra cultura. Hacen falta más surrealistas que recuerden el pensamiento psíquico puro de México.

 

*Cuento extraído del libro “El séptimo caballo y otros cuentos”, de Leonora Carrington.

*Imagen principal: “La cocina aromática de la abuela Moorhead”, de Leonora Carrington, 1975.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora, música y ser humano. Le gustan los volcanes, los caballos y los sintetizadores.