Científicos de la UNAM prueban cómo Siqueiros descubrió la dinámica de fluidos a través de sus pinturas (VIDEO)

El arte, al igual que la ciencia, nos ha probado que en los accidentes se generan las reacciones más extraordinarias de la naturaleza.

Por mucho tiempo se ha negado la influencia del pintor y revolucionario David Alfaro Siqueiros en las pinturas abstractas del famoso Jackson Pollock. Sin embargo, un estudio reciente develó que Siqueiros no sólo formó parte del expresionismo abstracto inventado por Pollock, sino que además encontró accidentalmente una base científica para su método plástico de “accidente controlado” mediante la dinámica de fluidos.

La ciencia nos ha probado que en los accidentes se generan las reacciones más extraordinarias de la naturaleza. Sin embargo, el arte también puede probarlo, y lo hace a través de fenómenos químicos inesperados –tan impredecibles como la propia imaginación humana. Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), coordinados por Roberto Zenit del Instituto de Investigaciones en Materiales, mostraron que, mediante superposiciones de colores simples, Siqueiros descubrió una peculiar técnica plástica cuyo sustento científico recae en un fenómeno estudiado por la Física: la inestabilidad Rayleigh-Taylor. Esta se da cuando un fluido de menor densidad empuja a otro de mayor densidad y permanece flotando por encima de éste. Se trata de una inestabilidad que perturba a la esperada reacción de la gravedad de hacer que el fluido más pesado caiga. El mismo fenómeno ocurre entre las nubes, en las nebulosas y hasta en un hot cake, “cuando el fluido de la masa con leche, al entrar en contacto con el aire caliente del sartén, de diferente densidad, genera inestabilidades en las orillas”, explicó Zenit.

Siqueiros exploró esta reacción en su proceso de creación, vertiendo una pintura sobre otra bajo densidades distintas –en un caótico ensamble pictórico que dejaba acontecer hasta que finalmente ocurría la maravilla. Obras como Suicidio colectivo (1936), extraordinaria simbiosis de tonalidades oscuras y elogio a las culturas prehispánicas condenadas, o El fin del mundo (1936), donde nos proyecta el surgimiento de los regímenes totalitarios de Hitler y Mussolini a través de superposiciones de veladuras abstractas, son algunos ejemplos donde podemos apreciar su técnica accidental. Por lo pronto, la colaboración entre científicos e historiadores de arte de la UNAM, para indagar en los procesos creativos de algunos artistas mexicanos, continuará, según parece, con el fin de conservar su legado al mundo del arte y la ciencia. 

Imagen: 1) Suicidio Colectivo de David Alfaro Siqueiros.

¿Sabías que Jackson Pollock aprendió de este pintor mexicano la técnica que lo hizo una leyenda?

A mediados de los años 30, en un pequeño taller experimental en Nueva York, este pintor mexicano influenció un movimiento imprescindible en el arte: el expresionismo abstracto.

Siqueiros liberó a los pintores jóvenes del sentido de prejuicio y ortodoxia derivada de la academia.

Rueben Kadish

 

La obra de Jackson Pollock es un universo. De primera impresión, impacta, luego se descubren submundos ahí adentro; es el ritmo del caos. Pollock es considerado uno de los artistas más revolucionarios y su obra figura entre los 20 cuadros más costosos de todos los tiempos.

 

jackson pollock influencia siquieiros pintura

“Sea Changes”, pintura de Jackson Pollock (1947)

 

Pero, más allá del aura de celebridad que envuelve a Pollock y a su obra, lo que pocos saben es que las técnicas con las que hacía estas creaciones, conocidas como action painting y dripping, le fueron inculcadas de algún modo por el gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.

La investigadora Irene Herner escudriñó profundamente en la relación entre el trabajo de Pollock y la influencia de Siquieiros. Para Herner “por muchos años se ha negado la influencia de Siqueiros en Pollock. Ha sido una larga lucha por el reconocimiento de tal influencia”.

A mediados de los años 30, Alfaro Siqueiros dirigió un taller experimental que fue muy popular entre los artistas del expresionismo abstracto que estaba gestándose en Estados Unidos. En este taller, por medio de latas que llevaban un orificio, Siqueiros inculcó en sus alumnos el arte de crear por medio de la intuición y el ritmo y la acción.

A Pollock se le considera precursor de lo que se llamó action painting y dripping, que básicamente consistía en una pintura que se hacía mientras el lienzo yacía en el suelo y el artista caminaba, libre, sobre él. Según La Jornada:

Para Irene Herner, investigadora y especialista en el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros, el action painting y el dripping partieron de los experimentos de Siqueiros, quien en 1936 creó el Taller experimental Siqueiros: laboratorio de técnicas modernas en el arte, en el corazón de Manhattan, al cual se integró el joven Pollock.

 

siqueiros infleuncia jackson pollock taller nueva york

jackson pollock y siqueiros infleuncia taller nueva york

En la fotografía de arriba Siqueiros aparece en el suelo, con un overol, mientras Pollock es el tercero de derecha a izquierda. En la fotografía de abajo, Pollock aparece a la derecha, y Siqueiros al centro (ambas fotografías fueron tomadas en 1936).

 

Este expresionismo abstracto fue fundamental en la historia del arte, y con él Estados Unidos no solo se erigió como el gran ganador de la Segunda Guerra Mundial, también como el eje en las vanguardias tanto de las ciencias como de las artes.

Herner investigó durante 12 años la vida y obra de Siqueiros, y de acuerdo con su análisis, este último valoraba enormemente lo accidental en la pintura. Por su parte, el propio Siqueiros alguna vez expresó sobre su taller del número 5 Oeste, de la calle 14, en Union Square, en Manhattan:

En este taller experimental de Nueva York hemos podido encontrar algo maravilloso, sólo semejante al misterio de la creación, al secreto de las configuraciones geológicas, al misterio de la creación entera, mediante el uso de simples superposiciones de colores que por absorción, en un tremendo e inexplicable maridaje, producen los más extraños y gloriosos fenómenos plásticos. 

Algo así, muy parecido a lo anterior, es lo que genera la obra de Pollock. El taller de Siqueiros, en un afán por promover la inquietud de la espontaneidad de sus alumnos, terminó detonando parte de un movimiento que cambió para siempre el entendimiento y gozo de lo estético en el mundo.

 

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Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Consejos mágicos para crear un sistema planetario en casa (cortesía de Remedios Varo)

Un inesperado ritual alquimista donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura.

En un planeta donde impera la lógica y las ciencias poco intuitivas, Remedios Varo fue una revelación. Una mente atestada de símbolos, azufres volátiles y de una imaginación plegada de información de carácter esotérico.

Si hay algo valioso que rescatarle a Remedios Varo  (Anglés, España, 16 de diciembre de 1908 – Ciudad de México, 8 de octubre de 1963), además de su filosofía hermética en el mundo de los pinceles y el lienzo, es su aficionada inquietud por las disciplinas de orden natural, esas que unen al hombre a la tierra y reclaman su origen. Antes de erigirse como una de las pintoras surrealistas más importantes del siglo XX, Varo se perfiló como una activista en contra de las acciones fascistas del gobierno español, se introdujo al inconsciente de los surrealistas de post-guerra, se dedicó a la astronomía, a la entomología y principalmente a las ciencias ocultas y espirituales. 

El pensamiento creador de Varo no se hallaba sencillamente en un trazo y un lienzo. Parte de su imaginario se encontraba en antiguos tratados de materias como música, física, aritmética, arquitectura, botánica, astrología o criptología, en la lectura de la cábala, la alquimia y el hermetismo. Su afición oscilaba entre autores rigurosos: desde Meister Eckart, Eliphas Lévi, el sufismo, Carl Jung, la geometría sagrada y el místico texto de I Chinghasta las políticas de vida de Hermes Trismegisto. De hecho en su biblioteca personal, investigadores como Lois Parkinson hallaron títulos realmente geniales, entre ellos la obra de George GurdjieffRelatos de Belcebú a su nieto. 

Así transmutó literatura y textos ocultos en portentosas pinturas.

Con toda esta información era difícil que Remedios Varo se negara a timonear el oceánico territorio de la escritura. Y así lo hizo. Aunque es poco común mencionar sus escritos, Varo fue una extraordinaria pensadora surrealista de su tiempo. A mediados de los años 30, y a la par que expuso su primera obra pictórica, Composición– se entregó al impredecible mundo de los cadáveres exquisitos, uno de los métodos clásicos del surrealismo para hacer valer la voluntad de la mente por medio de la escritura. En aquellos años empezaba a introducirse al grupo de surrealistas parisinos –con los que habría de reencontrarse prontamente en su exilio a México– y más tarde congeniaría con Leonora Carrington, una figura esencial en sus relaciones amistosas. 

A propósito de su obra escrita, existe una serie de cartas dirigidas a personajes desconocidos, místicos y probablemente inasibles, con los que intercambiaba planes y pensamientos. En una de ellas –escrita a mano en francés y hallada en uno de sus cuadernos de dibujo–, Varo desglosa una serie de sorpresivos consejos para reconfigurar un sistema planetario en casa. Se trata de un ritual donde tienen lugar los objetos que constituyen nuestro universo; meras representaciones de la voluntad psíquica pura:

(…) Poco tiempo antes de que tuvieran lugar estos fenómenos pictóricos, me había entregado a la labor de reacomodar el sistema solar en mi mesa, tarea que es necesario realizar cada 210 días, ya que esta actividad constituye una tarea obligatoria para todos los adeptos del grupo “los observadores de la interdependencia de los objetos domésticos y su influencia sobre la vida cotidiana.” Este grupo, activo desde hace mucho tiempo, ha hecho ya constataciones notables que hacen la vida más simple desde el punto de vista práctico. Por ejemplo: muevo un bote de pintura color verde unos cinco centímetros hacia la derecha, clavo una chinche junto a un peine y, si el señor A… (adepto que trabaja en coordinación conmigo) pone en ese mismo momento su libro sobre apicultura al lado de un patrón para cortar un chaleco, entonces estoy seguro de que se dará, en la avenida Madero, el encuentro con una mujer que me interesa y cuyo origen no he podido averiguar hasta ahora, así como tampoco su dirección. Hemos logrado algunas conquistas sobre la vida de cada día, como usted puede observar.

Al manipular un viejo directorio telefónico, un ramo de laurel, una chinche, un peine, un bote de pintura verde, un zapato de mujer de terciopelo violeta bordado de perlas y una moneda falsa de 5 pesos (este conjunto de objetos es mi universo instrumental, cuyo funcionamiento es concordante e interdependiente con el de los otros miembros del grupo), me permití introducir, hace poco, como novedad, un colibrí disecado y relleno de polvo magnético, todo bien ligado con un mecate como se envuelven las momias, utilizando un hilo rojo de seda. Lo hice sin prevenir a mis colegas, transgresión muy grave dentro del reglamento del grupo. Tan sólo nuestro jefe, con su larga experiencia y su alto grado de conocimientos, puede hacer una cosa así sin provocar graves consecuencias. Más aún, expresamente coloqué el bote de pintura verde bajo un rayo de luz roja que se filtraba a través del vidrio coloreado de mi ventana (¡horror complementario!) Hice todo esto, sin medir sus consecuencias (teniendo poco tiempo de haber ingresado al grupo, mi control alcanza exclusivamente a los objetos que mencioné anteriormente). Como era previsible, ciertos incidentes se han producido desde el día de mi transgresión: mi mejor camisa se ha quemado, un gran depósito de sal se ha acumulado debajo de mi cama, y al día siguiente tuvo lugar el inicio de la sorprendente transformación de mi inspiración pictórica.

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                                                        Naturaleza Muerta Resucitando, 1963

Otra de sus cartas, expresa la posibilidad de que este sistema solar sea una gráfica imprescindible de lo que acontece en nuestras vidas, un recuento del imaginario proyectado en simples objetos del hogar:

(…) Después de largos años de experimentación, he llegado a poder ordenar de manera conveniente los pequeños sistemas solares del hogar, he comprendido la interdependencia de los objetos y la necesidad de colocarlos en determinada forma para evitar catástrofes, o de cambiar súbitamente su colocación para provocar hechos necesarios al bienestar común. Por ejemplo, eligiendo mi gran sillón de cuero como astro central, teniendo a su alrededor y a 50 centímetros de distancia en posición de este a oeste una mesa de madera (primitivamente, banco de carpintero y fuertemente impregnada de emociones artesanales); detrás de sillón, a dos metros y medio de distancia, el cráneo de un cocodrilo; a la izquierda del sillón, entre otros objetos, una pipa incrustada de falsos brillantes, y, a la derecha, a tres metros de distancia, un jarro verde de cerámica ordinaria; tengo un sistema solar (no entro en una descripción detallada de todo él, sería demasiado largo), que puedo mover a voluntad, conociendo de antemano los efectos que puedo producir, aunque a veces lo incalculable se produzca, provocado por la rápida trayectoria de un meteoro inesperado, a través de mi orden establecido. El meteoro no es otro que mi gato, pero poco a poco estoy llegando a dominar este factor azaroso, ya que he descubierto que, alimentando al gato exclusivamente con leche de oveja, su trayectoria no produce casi ningún efecto.

Desde luego, mis amigos se ocupan también de arreglar en forma conveniente pequeños sistemas solares en sus casas, y hemos establecido una interdependencia entre todos ellos. A veces cambiamos astros de una casa a otra y, desde luego, nunca se hace una modificación sin ponernos todos de acuerdo, pues, de otra manera, suceden cosas a veces desagradables. Debo decir que hemos llegado a realizar todo esto gracias a un larguísimo y profundo estudio de las variaciones y combinaciones matemáticas, pero sirviéndonos para ello de la capacidad natural que tiene uno de nuestros miembros para agrupar los seres y objetos según su verdadera naturaleza. El primer paso fue la fulminante revelación que nuestro amigo tuvo de que su zapato derecho, una cortina de terciopelo rojo y un trozo de ópera (que se oía en ese momento) eran exactamente equivalentes. A partir de entonces, todo fue fácil, ya que, resumiendo las cosas en grandes grupos, los trabajos matemáticos sobre variaciones y combinaciones se hacen rápidamente.

Con una imaginación, diría el alquimista, atestada de sal, mercurio y fuego, Remedios Varo ideó éstas y otras cartas más que fueron expuestas en 1994 gracias al Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En estos textos Varo nos enseña que, quien sintetiza o fusiona los ingredientes de su universo con cierto ángulo intuitivo y calculador, supera incluso las capas astrales y las leyes universales del todo. Si agregamos a esto un ejemplo ilustrativo (por ejemplo su pintura Naturaleza Muerta Resucitando) como parte de una aleación multifacética de su trabajo, en suma, obtenemos una de las escasas revelaciones que nos ha otorgado la fusión de la alquimia y la magia mexicana.

Espíritus sulfúreos.

 *Con material extraído desde el libro “Remedios Varo: Cartas, sueños y otros textos”, Ediciones ERA.

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Editora de tiempo completo, música y ser humano. Ha escrito numerosos artículos en este medio, dando vida principalmente a los rubros de Arte, Cultura, Misticismo y Surrealismo. Escribe y edita Ecoosfera. Su tiempo libre lo dedica a leer literatura griega, tarot y ocultismo, además de crear música con sintetizadores.

Recorre los trajes típicos mexicanos con este increíble catálogo que creó el pintor Carlos Mérida

Con figuras sencillas y pocos colores Mérida consigue, paradójicamente, llevarnos la complejidad y belleza de los atuendos tradicionales.

Carlos Mérida ha sido uno de los artistas imprescindibles que reivindicó la esencia indígena en el arte contemporáneo. Aunque nació en Guatemala, fue naturalizado mexicano; cuando formó parte del muralismo mexicano, de algún modo lo permeó de geometría abstracta pero que siempre llevaba algo en su esencia de la estética de las culturas primigenias.

Mérida tenía descendencia maya-quiché y ello fue siempre su orgullo. Su búsqueda por reconocer y preservar el valor artístico prehispánico lo llevó a adoptar series que engrandecían sus cualidades. Como ejemplo hoy presentamos su serie de veinticinco litografías que hizo en 1945 llamada “Trajes Regionales Mexicanos”.

De una estética completamente distinta a la de su plástica muralística y pictórica, Mérida parece adelantarse a los tiempos y retar a la ilustración digital. Sus figuras son todas muy sencillas y con patrones algo minimalistas nos da una idea de la creatividad y compleja minuciosidad en los textiles mexicanos de los trajes típicos de los grupos indígenas y del flocor popular luego de la conquista.

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )