Receta para unos esquites maravillosos ¿cómo hervir el maíz?

Para garantizar unos esquites Es indispensable que su punto de cocción sea el indicado y hacerlo con un par de ingredientes clave.

 

El esquite es una de las botanas más mexicanas y prácticamente se consume en todo el país. Su origen data de tiempos prehispánicos y su terminología proviene del náhuatl ízquitl, que viene del verbo icehqui (tostar). Su principal ingrediente, como sabrás, es el elote hervido.

Tal vez el principal secreto para lograr unos esquites memorables es, precisamente, el cómo cocer los elotes. El tiempo que tendrás que dejarlos para que queden al punto depende de si usas olla exprés o una normal –lo mismo con los ingredientes que añades al momento de hervirlo.

Según el lugar del país, se sirve con mayonesa, queso y limón, o bien, solo con limón y chile. Aún así, la preparación previa es la clave.

Receta para dos personas.

3 elotes de maíz tierno

1 ramita de epazote

2 cucharadas de mantequilla

sal de grano

 

Modo de preparación

1. Desgrana el elote y colócalo en un recipiente

2. En un sartén derrite la mantequilla

3. Ahora agrega los granos de elote y déjalos mezclarse con la mantequilla durante 5 minutos

 

Si vas a hervirlos en una olla normal:

1. Agrega agua al elote, solo hasta que esta los halla cubierto parcialmente, luego las hojas de epazote y dos puños de sal de grano.

2. Hierve entre 20 y 30 minutos. Cuando llegues a los 20, checa continuamente que estén ya hervidos y apaga cuando estén lo suficientemente suaves.

 

Si vas a hervirlos en una olla exprés

1.Agrega agua al elote, solo hasta que esta los halla cubierto parcialmente, las hojas de epazote y dos puños de sal de grano.

2.Espera a que la válvula comience a sonar, y déjalos solo diez minutos más.

 

Preparación

Con mayonesa, limón y queso.

Introduce los granos a un vaso con algo de caldo y luego unta dos cucharadas de mayonesa y esparce un poco de queso rayado; luego exprímele una mitad de jugo de limón.

Con limón y chiles

Introduce los granos a un vaso con algo de caldo y luego exprímele un limón entero y agrega sal y chile en polvo al gusto.

9 cosas que tú puedes hacer para conservar la gastronomía mexicana

Nuestra gastronomía es diversa y maravillosa. Funciona como punto de encuentro y es materia prima de nuestros recuerdos más felices. Por eso y más, hay que conservarla.

México también se percibe por sus aromas. Si cierras los ojos y prestas atención a los que te rodean, seguro te encontrarás con el delicioso olor del pan saliendo del horno por las mañanas. A las dos de la tarde, los pasillos y escaleras de los edificios son conquistados por el olor conocido de un caldillo de jitomate, listo para recibir al fuego lento de unas albondigas o quizá una buena sopa. Si nos detenemos a pensar en sus aromas, México expone una deliciosa lista de ellos, la mayoría gastronómicos. 

Nuestro patrimonio gastronómico es gigante y, a decir verdad, diverso. Miles de platillos e ingredientes se conjugan para conformarlo y al mismo tiempo, es tan acogedor y familiar, que se olvida su riqueza. La cocina mexicana entraña memorias gratas y nostalgia de la infancia, porque el acto de su ejecución está ligado al amor mismo: al amor por la comida, al amor por la vida y al amor por aquellos a los que estamos alimentando o que nos alimentan. Nada reconforta tanto como un plato caliente y acompañarse de otros para recibirlo. Y pocas cosas tan satisfactorias como hacer feliz a los demás, provocando experiencias sorprendentes o haciendo que se rencuentren con sabores anhelados.

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Cada generación es responsable de traer a la mesa los deliciosos recuerdos y las recetas tradicionales que nos han alimentado. El patrimonio que reconocemos definitivamente no es para siempre y vale la pena cuidarlo. Mientras que no es necesario que se mantenga exactamente igual pues toda manifestación cultural se abre al juego, a la experimentación y a la variabilidad—, defender su existencia es, en cierta forma, defender la posibilidad de mantenernos diversos. Y no necesitas hacer grandes esfuerzos: con estas microacciones, que pueden formar parte de tu vida cotidiana, ayudarás a conservar la cocina mexicana.

Aprende cocina mexicana

La cocina mexicana es un acto que activa relaciones sociales. Escucha las historias que comparten tus padres y abuelos sobre la comida que preparan.

Prueba de todo

Ve a todos los lugares que puedas. No dejes de probar la comida local, hecha por locales. Descubre lo que está haciendo la cocina mexicana contemporánea con nuestras tradiciones ancestrales.

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Rastrea el origen de los ingredientes que amas

Haz preguntas. Muchísimas preguntas. Preocúpate por saber de dónde vienen los ingredientes que consumes y cómo se producen. Platica con los vendedores y averigua sobre sus vidas al rededor de la cocina mexicana.

Descubre nuevos ingredientes

La biodiversidad en México es única, por lo tanto los ingredientes que tenemos disponibles son muchísimos, pero, si nadie los consume, tal vez desaparezcan.

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Combina y transforma

No tengas miedo de experimentar y recuerda que más vale informar una cultura con otra, que dejar que ambas se pierdan. Nuestra identidad es resultado de múltiples capas de mestizaje.

Haz un registro

Hacer registro es hacer patrimonio. No dejes de exponer la cultura que te rodea. Toma fotos de lo que comas, graba a tus papás cocinando y escribe las historias de tus abuelos.  

Investiga a profundidad

Cada plato tiene una historia y algunas son bastante curiosas y divertidas. Hay mucha literatura al respecto y gente encargándose de restaurar y difundir recetarios antiquísimos de cocina mexicana.

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Consume y produce local

Consumir local es más sustentable y apoyarás la economía de los que te rodean.  Además al hacerlo promueves la autosuficiencia alimentaria y ayudas a proteger la biodiversidad mexicana.

Comparte lo que sabes

La cocina mexicana llegó a ti como un regalo. Te toca devolver el favor. Comparte lo que sabes con quien sea que te pregunte. Si tienes hijos o hijas, enséñales a cocinar. Cuéntales tus propias historias. Publica tus registros. Hagamos juntos honor a una de las experiencias más relevantes de la vida.

 

*Imágenes: 1) Restaurante Pujol; 2) “México gastronomía”, de Margarita Carrillo, fotografía tomada de eladerezo.com; 3)Netflix; 4) Mauricio Castillo; 5) “Cocinero mexicano” recetario que data de 1831, fotografía tomada de Claustronomía en elclaustro.edu.mx/claustronomia; 6) Massa Assassin – flickr

 

La milpa, el generoso microcosmos que sostiene a México

La milpa es un ecosistema perfecto, que aporta el sustento alimentario y nutre, también, un riquísimo lienzo cultural... hagamos milpa.

Más allá de ser un cultivo históricamente popular en los campos mexicanos, la milpa es una suerte de microcosmos confeccionado en Mesoamérica, que ha servido desde hace siglos como sustento alimenticio y lienzo cultural para los grupos de la región.

Cuando pienso en milpa pienso en un modelo “perfecto”, creado por el ser humano en colaboración con la naturaleza. Por perfecto me refiero a un sistema en equilibrio pleno, que cumple sus funciones de manera inmejorable y que es auto-sostenible.

Pero la milpa no solo es perfecta, sino que su perfección es tridimensional. Sus atributos los manifiesta no solo exteriormente, en la sinergia de los cultivos que incluye, también se replica en el interior del organismo, en un plano nutricional y, finalmente, en su capacidad para hacer germinar riqueza cultural.

La milpa como ecosistema inmejorable

Equilibrio y abundancia son las cualidad que resumen lo que ocurre al interior de una milpa, la interacción entre sus elementos:

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El tallo del maíz se alza, hasta tres metros, y sirve como eje para que el frijol, planta trepadora, se sostenga; a cambio, el frijol amplía el suministro de nitrógeno al maíz, uno de los nutrientes que más necesita este último para desarrollarse. La calabaza es rastrera, crece en la base de la mata de maíz; así ayuda a conservar la humedad en el piso y, por la estructura de sus hojas y una sustancia que libera, a proteger al resto de ciertos animales e insectos.

A lo largo de la milpa crece una gran variedad de hierbas silvestres, los quelites, cuyo sabor y valor nutricional complementan admirablemente al resto. Cuando se incluye el chile, que generalmente se siembra en los márgenes de la parcela, la planta funge como como escudo al resto del cultivo, ya que ahuyenta diversas plagas. En muchos lugares de México los campesinos separan sus parcelas, donde se siembra la milpa, por hileras de nopales o magueyes, plantas que también aportan insumos importantes a la tradición alimenticia del país.

Al ser un policultivo, no desgasta la tierra tanto como los cultivos únicos, lo cual facilita el no utilizar fertilizantes químicos –pues además el rastrojo, aquello que queda después de cosechar, sirve como abono natural para el siguiente ciclo de siembra. Pero la generosidad milpera no termina ahí, ya que este policultivo atrae diversos animales, lo cual facilita la caza y, en general, actúa como imán de abundancia. Finalmente,  la milpa es un “ecosistema donde se favorecen interacciones ecológicas benéficas (control biológico de insectos, fertilidad del suelo y polinización) brindando diferentes beneficios a las especies que en ella conviven”. 

La dieta de la milpa

Pasemos ahora a otro plano de la perfección milpera, el que refiere a los atributos nutricionales que proveen sus elementos en conjunto; lo que se produce en la milpa, además de delicioso, presume un asombroso equilibro nutricional.

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El maíz y el frijol aportan sustanciosamente vitaminas, aminoácidos, proteínas y  minerales –en el caso del primero, sus cualidades aumentan cuando se nixtamaliza; vale la pena mencionar que las bondades de estos dos alimentos se potencian cuando se consumen simultáneamente. La calabaza contribuye con nutrientes diversos y una buena cantidad de fibra, mientras que el chile aporta Vitamina A y C, además de proveer altas cantidades de magnesio, potasio, hierro y sodio. En pocas palabras en la milpa se conjuga una combinación de alimentos que responde plenamente a la demanda de nutrientes de una persona.  

“La fuerza de la milpa no está en la productividad del maíz o del frijol o de la calabaza o del chile o del tomatillo medidas por separado. Su virtud está en la sinérgica armonía del conjunto. Su eficacia no le viene de las partes sino de su entrevero, de su abigarrada simbiosis”, dice Armando Bartra.

Para profundizar en las virtudes nutricionales de la milpa puedes consultar  aquí “La dieta de la milpa”, publicado por la Secretaría de Salud.

La milpa como fertilizante cultural

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En torno a la milpa, a su cultivo y consumo, ha florecido una fascinante cartografía cultural, repleta de leyendas, de tradiciones y técnicas; la milpa figura en incontables mitos, a ella se le llevan ofrendas, se le viste con flores o se le canta; por ella se dialoga con las deidades de la naturaleza y se invoca su generosidad.

La milpa es un escenario donde mucho ocurre: exige colaboración, y propicia la colectividad, estimula la cohesión familiar y comunitaria; ofrece un rico sustento y es un ingrediente esencial en la economía familiar de los mexicanos, pues favorece la autonomía alimentaria; sus distintas etapas se asocian a festividades, combinando el calendario natural con fiestas religiosas y ritos sociales, genera encuentros y rituales, inspira danzas y, en síntesis, nutre la identidad cultural. Es decir, paralelamente a su función alimentaria, la milpa propicia el cultivo de un boyante tejido cultural.      

Hagamos milpa

Hacer milpa se refiere estrictamente al acto de sembrarla. Pero podríamos afirmar que también “se hace milpa” conociendo sobre ella, entendiendo lo mucho que enriquece nuestro patrimonio biocultural y, por supuesto, consumiendo los deliciosos productos que en ella se cultivan. Es decir, se hace milpa, también, valorándola.  

Imágenes: 1) Archivo +DeMX; 2) Sierra Norte de Oaxaca, por Andrés Ramírez; 
3) Secretaría de Salud; 4) Rafael Maldonado Estevez  
Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Un recorrido por la historia del teocintle, el antepasado del maíz

El teocintle es una antigua gramínea silvestre a partir de la cuál el hombre mesoamericano creó el eje de su cultura, el maíz.

Hace unos 10 mil años, el hombre mesoamericano encontró que podía hacer híbridos con una gramínea de forma cónica, conformada por diversos granos, y que nacía de manera silvestre: el teocintle (que en náhuatl significa grano de Dios).

Desde entonces, comenzó a cultivar esta semilla, eligiendo los mejores granos y generando híbridos, y así, a partir de una de las biotécnicas más antiguas y exitosas, el maíz nació. Los vestigios más antiguos del maíz ya domesticado se encontraron en la localidad de Tlaxmalac, Iguala, Guerrero, y tienen una antigüedad de 8,700 A.C.(Ranere et al., 2009, Piperno et al., 2009).

Hoy, el teocintle continúa viviendo en México de manera silvestre a lo largo de arroyos y laderas. Existen muchos tipos, se cree que del que proviene directamente el maíz es del Z. mays ssp. Parviglumis, el cual crece en los valles del suroeste del país y es el más similar en estructura genética al maíz.

teocintle

 

Similitudes entre el teocintle y el maíz

Genéticamente son muy similares, pueden hibridarse y producir  híbridos viables totalmente fértiles.

El teocintle como el maíz son únicos entre las gramíneas porque tienen las flores masculinas y femeninas en la misma planta pero en lugares separados.

                            teocintle comparativo                         

   teocintle maiz comparativo

En el siguiente video, aunque casero, se hace un comparativo visual de teocintle actual con maíz.

 

Acá otro material sobre la historia de la convergencia del teocintle hacia el maíz:

 

También, conoce más sobre el teocintle, acá. 

 

*Imágenes: 1 y 2) biodiversidad.gob.mx; 2 y 4) infoaserca.gob.mx

*Fuente:

El Teocintle: El Ancestro del Maíz