Sobre los muxes de Oaxaca o la fascinante diversidad sexual en México

En México existe una amplia diversidad sexual que cruza las fronteras del tradicionalismo heternormativo, en donde la heterosexualidad, forjada por los pilares de la familia, deja de ser suficiente para ...

En México existe una amplia diversidad sexual que cruza las fronteras del tradicionalismo heternormativo, en donde la heterosexualidad, forjada por los pilares de la familia, deja de ser suficiente para las vivencias de placer y salud de cada individuo.

Ahora el mexicano comienza a reconocer la diversidad de su sexualidad al reconocer sus propias experiencias a través de su cuerpo y genero. De algún modo los embajadores de esta vivencia tan única son los miembros de la comunidad LGBTTTI –lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis e intersexuales–. Gracias a ellos, al menos en la ciudad de México, se ha comenzado a defender legalmente sus derecho a salud sexual plena y satisfactoria, libre de discriminación, abuso y violencia, así como a la libertad de decisión acerca de su reproductividad.

Si bien pareciera que este reconocimiento a la diversidad sexual en el país es un hecho reciente, en realidad registra antecedentes ancestrales. Por ejemplo, desde el siglo XVI en México, principalmente en comunidades zapotecas, ha existido aquello que se le conoce como el tercer género, aquel ser extraordinariamente conformado por ambos sexos –o ambas identidades de género– que ha liberado a las personas de la dicotomía de género. Se trata de los muxes, un grupo cuyo singular estilo de vida encarna la magia humanista de la cultura en Juchitán, Oaxaca.

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Muxe, que quiere decir “mujer”, es aquel hombre que se vive y se sabe mujer. No se trata de cualquier travesti, transgénero o transexual, sino de una deidad hermafrodita o de un sacerdote azteca que simboliza la buena suerte.

Podría decirse que la muxe es el único tercer género –y en ocasiones, tercer sexo– reconocido “oficialmente” por la sociedad masculina. La autodefinición de las muxes inclusive ha provocado que la sociedad se adapte a ellas y no a la inversa –como sucede con el resto de la población “trans”–. Por ello, la vivencia misma de las muxes ha tenido que trascender a lo que el Estado o las leyes entienden al respecto de la diversidad de géneros; ha implicado un replanteamiento no sólo acerca de la idealización de la experiencia de lo femenino, también acerca de la identidad cívica y religiosa de una cultura entera.

Gracias a ello más de 3 mil muxes de Juchitán viven su propio género más allá del cuerpo: han escapado de los límites dicótomos de género; han aprendido a ser libres y autónomas, monógamas y  poliandras, con o sin hijos; han descubierto una manera de amar a hombres y mujeres deconstruyendo al género y al sexo porque la orientación sexual ya no les alcanza para delimitar su capacidad de amar; han gozado el cuerpo de un hombre o de una mujer por el simple hecho de ser personas.

La intrigante dinámica de las muxes ha sido capaz de transformar una sociedad paternalista para que esta última se adapte a las necesidades de ellas. Las muxes, libres de la discriminación férrea que sufre la población trans, gozan del reconocimiento social sin pedirles a cambio su capacidad reproductiva. Ellas viven su propio género más allá del cuerpo que tengan. Simplemente gozan su existencia, como cualquier cosa en la vida.

Para conocer más acerca de esta cultura tan apasionante, te compartimos el cortometraje de Las Intrépidas buscadoras de peligro, del archivo de VICE. Se trata de una invitación a experimentar la vivencias de una muxe.

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Imágenes: 1 y 2 )Nicola Ókin Frioli, representaciondf.oaxaca.gob.mx

10 películas mexicanas para celebrar el orgullo LGBT

Te dejamos una lista de cine mexicano que también se une a la celebración por la diversidad…

Hay un montón de prejuicios curiosos sobre el cine mexicano. Uno tal vez el más arraigado y equivocado  es que en este país no se hace buen cine. Y vale la pena desmentirlo: en México se hacen fantásticas películas que, además, se abren a la posibilidad de trabajar cualquier clase de tema. Al fin y al cabo, el cine es una preciosa herramienta, que permite a quien está narrando presentar al espectador la perspectiva de un otro con quien tal vez no había podido relacionarse. El cine invita a la comprensión.

Así, queremos recordar películas mexicanas que abren la discusión sobre la sexualidad. Algunas son verdaderas curiosidades, que valen más por sus riesgos en la trama que por su cinematografía. Otras, son joyas en la historia de nuestro cine. Sea por celebrar la diversidad; por curiosidad, o porque no le has entrado a estos temas y buscas una buena excusa, aquí te dejamos una selección de películas mexicanas sobre la comunidad LGBT que tienes que ver.

También en Más de México: Joyas del cine mexicano contemporáneo que puedes disfrutar desde la comodidad de tu casa.

Los marcados de Alberto Mariscal, 1971

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Auténtica tragedia que cuenta la historia de dos bandidos que son pareja y que atacan a un pueblo protegido por “El marcado”. Un clásico de héroes y villanos con un toque ciertamente setentero. De hecho fue en este año, cuando comenzó a levantarse en México el movimiento que defendía y quería visibilizar la homosexualidad.

El lugar sin límites de Arturo Ripstein, 1978

Un auténtico clásico, no solo entre estas temáticas, también del cine mexicano. El guión está basado en la novela homónima del escritor chileno José Donoso. La Manuela es travesti, ella y su hija “la japonesita” son prostitutas, pero se enamoran del mismo hombre. El drama no se hace esperar, pero a pesar del título y el extraño tono con el que el narrador del trailer insinúa la trama es, en efecto (como se dice ahí mismo) “una película que revela el aspecto más sórdido de la represión sexual” Checa la entrevista que le hizo el Canal 22 a Ripstein. La historia detrás del filme es muy interesante. Puedes ver la película completa aquí.

Las apariencias engañan de Jaime Humberto Hermosillo, 1983

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La trama de este drama ochentero es, sin duda, extremadamente complicada. Lo que te podemos decir es que abre la discusión sobre la diferencia entre género y orientación sexual y toca temas como la transexualidad y bisexualidad, sumergiendo al espectador en la misma confusión que toca a cada uno de los personajes involucrados mientras se encuentran consigo mismos.

El callejón de los milagros de Jorge Fons, 1994

Basada en la novela homónima del escritor egipcio Naguib Mahfuz. El filme que ganó muchísimos premios (incluyendo 11 Ariel) pinta una trama complicada. Está dividido en cuatro partes, cada una cuenta la visión de distintos personajes que viven en la misma calle. Don Rulito, un hombre machista, que resulta ser homosexual. Alma, (Salma Hayek) una chica preciosa con una historia trágica. Susanita, una “solterona” enamoradiza y otros tantos que sufren por asuntos de amor y sexualidad.

Y tu mamá también de Alfonso Cuarón, 2001

Ya un clásico del director, protagonizado por Gael García, Diego Luna y la española Maribel Verdú, relata el viaje de los tres por Oaxaca y sus costas. La trama se transforma en un delicado drama que aborda cuidadosamente la bisexualidad, la política del sexo y también el panorama político de nuestro país, especialmente los asuntos de corrupción y violencia. Muy vigente, sin duda.

Quemar las naves de Francisco Franco Alba, 2007

Un drama adolescente que cuenta la historia de dos hermanos que, frente a la trágica muerte de su madre, tienen que enfrentarse al hecho simple y brutal de crecer. Entre tanto, explorar una sexualidad incestuosa y confusa con otros chicos que comienzan a inmiscuirse en sus vidas. La expresión que titula el filme, “quemar la naves” es una deliciosa curiosidad: se le atribuye a Hernán Cortés, que, según se cuenta, durante la conquista inhabilitó sus navíos para advertirle a sus hombres que “pase lo que pase” no habría retirada.

Todo el mundo tiene a alguien menos yo de Raúl Fuentes, 2012

Con cuidado y de forma inteligente, esta película denuncia la forma opresiva en la que se suelen construir todas las relaciones amorosas, sin importar la sexualidad de los involucrados. Alejandra, harta de sus relaciones pasadas, se involucra con María, una adolescente con la que lleva una pasional y demandante relación…

Carmín tropical de Rigoberto Perezcano, 2014

Si afirmas que en México no se hace buen cine, tienes que ver esta película. Es sutil, es hermosa, cada cuadro es simbólico y digno de explorarse detenidamente. No es, en realidad, una historia que aborde la sexualidad de los personajes, pero sí es protagonizada por sujetos poco convencionales y les permite narrarse sin prejuicios. Se trata de la historia de Mabel una muxe de Juchitán que regresa a su pueblo para investigar la muerte de su mejor amiga. El final es aterrador, pero los momentos que lo anteceden son extremadamente conmovedores. No dejes de verla.

Te prometo anarquía de Julio Hernández Cordón, 2015

Con radical frescura y honestidad, la ficción presenta de manera verosímil a jóvenes personajes que no suelen ser retratados en el cine mexicano. Miguel y Johnny son amigos, amantes, skaters y traficantes de sangre. Por supuesto, las cosas no salen bien y eso da lugar a una magnífica trama. El lado técnico de esta película es también imperdible.

Casa Roshell de Camila José Donoso, 2017

El documental nos cuenta sobre la Casa Roshell y sus personajes. El espacio es un club de travestismo y feminización desde lo masculino; pero funciona como un refugio, un espacio abierto para la práctica que estos hombres delegan a lo nocturno. De día se disfrazan de su género biológico. De noche se descubren.

Nuevos retratos de muxes que celebran la diversidad sexual

El mundo de los muxes ha generado expectación y asombro en todo el mundo, y por ello se documenta constantemente, como una manera de celebrar la diversidad sexual.

Hace más de 500 años, antes de que los europeos llegaran a tierras americanas, las preferencias sexuales se trataron en Mesoamérica de manera mucho más natural que en Occidente. Es decir, simplemente se aceptaba que había otros géneros más allá del dictado por el cuerpo físico; había quien se sentía mujer siendo físicamente hombre, o viceversa, o, simplemente, se sabía que algunos sentían atracción por el mismo sexo.

La palabra nahua, xochihua significa literalmente “el que porta la flor”, y según la versión de Fray Bernardino de Sahagún “El xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor”. Es decir, era un especie de travesti en el mundo mexica.

Luego de la colonización, en el siglo XVI nacieron en el Istmo de Tehuantepec, específicamente en Juchitán, Oaxaca, las muxes, zapotecas que son los dos géneros sin que ello cause escándalo alguno. Y, de hecho, tienen un rol social importante, ya que hacen labores asignadas para las mujeres, y suelen quedarse en el hogar a cuidar de los padres cuando son ancianos.

La diversidad sexual, así, se ha practicado en México desde tiempos prehispánicos, un reconocimiento que se dio de manera orgánica a una pluralidad que ha existido desde siempre.

El mundo de las muxes, desde luego, ha generado expectación y asombro en todo el mundo, y por ello se documenta constantemente, como una manera de inducir al mundo, por medio de una cultura milenaria, a la inclusión de la diversidad sexual a la que tanto miedo hemos tenido, como a todo lo que sale de la “norma” social.

Las siguientes son fotografías de Nuria López, publicadas en el País:

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La homosexualidad en el mundo prehispánico

En diversos grupos étnicos eran aceptadas formas distintas de sexualidad; la homosexualidad fue aceptada por los mayas, y un poco menos por los mexicas.

Parece que en Occidente, luego de la influencia católica que permeó durante siglos el significado de la sexualidad, apenas vamos comprendiendo la diversidad sexual más allá de la dualidad hombre-mujer.

En las culturas mesoamericanas, sin embargo, la diversidad sexual era  más aceptada. Como ejemplo tenemos la existencia de la palabra nahua, xochihua, que significa literalmente “el que porta la flor”, y según la versión de Fray Bernardino de Sahagún “el xochihua se vestía como mujer, hablaba como mujer, corrompía, confundía y engañaba a las personas y poseía la flor”. Es decir, era un especie de travesti.

No es extraño que fuese aceptada la existencia de algo así como sexos alternativos. Según describe Guilhem Olivier en su texto Entre el “pecado nefando” y la integración, La Homosexualidad en el México antiguo, para Arqueología Mexicana:

Uno de los primeros testimonios sobre hombres vestidos como mujeres se debe a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien describe en la región de Texas “hombres casados con otros, y estos son unos hombres amariconados, imponentes, y andan tapados como mujeres y hacen oficios de mujeres”. Asimismo, entre los indios de Sonora los españoles encontraron jóvenes ataviados como mujeres.

También:

Vimos que durante una fiesta religiosa en Tlaxcala intervenían hombres vestidos como mujeres. En contextos rituales, eran los sacerdotes los que podían representar a diosas y vestirse como ellas.

Al hablar sobre homosexualidad en el México prehispánico, tenemos vestigios arqueológicos que prueban su presencia y aceptación en algunas culturas, como en el caso de la maya. Sin embargo, en las relaciones que hicieron algunos frailes y que son de los pocos vestigios que tenemos sobre la vida cultural mesoamericana, se entrevé una aversión moral, la cual, por su puesto permea la “veracidad” u objetividad en estas fuentes.

Entre las cartas de que Hernán Cortés envió al rey Carlos V de España, informó lo siguiente: “…a un allende de lo que hemos hecho relación a Vuestras Majestades de los niños y hombres y mujeres que matan y ofrecen en sus sacrificios, hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado”. Sin embargo, ¿no pudo generalizar esta versión con el fin justificar aún más la presencia evangelizadora en estas tierras?. El testimonio de Sahagún al respecto difiere, ya que en los escritos de parte de sus informantes nahuas se denota que, lejos de lo que dice Cortés, estas prácticas sí eran penadas duramente: “Se hace pasar por mujer. Merece ser quemado, merece ser puesto en el fuego”.

Por lo anterior, las fuentes españolas parecen no resultar tan fiables para entender la relación con la homosexualidad en el mundo mesoamericano.

En el artículo de Arqueología Mexicana La sexualidad entre los mayas, se da cuenta de la relación de los mayas con la homosexualidad, la cual, en algunos contextos rituales, de clases, y en lugares específicos, como cuevas, era común y aceptada, y de hecho, parte de la vida social en que un joven era iniciado como hombre:

En la cueva Naj Tunich, Guatemala, se plasmaron escenas de placer explícito del siglo final del Clásico Tardío (…)  Hay evidencia de homosexualidad entre distintos grupos de edad durante el periodo prehispánico, que acaso ocurría en lugares específicos. Estos lugares probablemente proporcionaban un ámbito para la libertad sexual, la experimentación y los encuentros entre hombres jóvenes y mayores.

La feminidad y masculinidad en los dioses

Parte de la aceptación de la diversidad sexual quizá resultaba de su concepción dual de la divinidad. Y cabe recalcar que también se tenía un concepto para la homosexualidad femenina: existía la palabra patlachuia o patlache, documentada por Fray Alonso de Molina, autor del diccionario Vocabulario en lengua castellana y mexicana y mexicana y castellana, y según su definición significa “mujer inmunda, mujer con pene, poseedor de un pene erecto, la que está con una mujer, procura mujeres jóvenes, la que se ve como hombre, la que lo hace con otra mujer”.

Entre los dioses mexicas a los que se les atribuía cualidades de ambos sexos están Centéotl (dios del maíz) al que en la fiesta Uey Tozoztli, se le representaba vestido de mujer, aunque con peinado de hombre. O bien, Metetotl y Mayahuel (deidades del maguey) en sus versiones masculina y femenina. Y no puede faltar, desde luego, la gran dualidad del panteón mexica Ometéotl, la cual tiene su versión femenina Omecíhuatl, ambos, señor y señora de la dualidad.

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Conclusiones

Si bien las versiones de los conquistadores pudieron desvirtuar el significado de la sexualidad entre personas del mismo sexo en Mesoamérica, se sabe que existió cierta aceptación. En el caso de los mexicas se cree que se le tenía más castigado, y en el de los mayas más aceptado. Sin embargo, la presencia de transexuales se tomó con naturalidad, y de ello aún tenemos testimonio actual con la presencia vigente de los muxes, en Juchitán, Oaxaca, que significa mujer, “aquel que se vive y se sabe mujer”.

 

Imagen: Códice Borbónico/Qutzalcóatl y Tezclatlipoca, ambos con aspectos masculinos y femeninos al tiempo. 

*Fuentes:

Houston, Stephen; Taube Karl.(2010). La Sexualidad entre los Mayas. Arqueología Mexicana. Vol. XVIII (104).38-45

Olivier, Huilhem.(2010). Entre el “pecado nefando” y la integración, La Homosexualidad en el México Antiguo. Arqueología Mexicana. Vol. XVIII (104). 58-64.

Bastida Aguilar, L.(2015). Lo Nefando de la Homosexualidad, Revisión Crítica de la Transgresión Sexual Prehispánica. La Jornada. Recuperado desde: http://www.jornada.unam.mx/2015/02/05/ls-central.html

 

 

 

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto huenasnoticias.com Y pintora con bordadora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )