En la UNAM ya se están haciendo robots de compañía

Justina es capaz de hacer labores domésticas e incluso recordarle a un adulto mayor sobre tomar sus medicinas.

Siempre la tecnología ha tenido su “doble filo”. Por una parte puede deshumanizarnos, alejarnos de las personas de las que estamos cerca, desplazar puestos de trabajo… aunque también nos otorga innumerables posibilidades como la interconexión y la capacidad de mostrar al mundo nuestros proyectos, por ejemplo.

Sobre los robots, humanoides capaces de realizar labores humanas, aunque sigilosamente, son cada vez más una realidad. En México un grupo de estudiantes de distintas y carreras y posgrados de la UNAM han elaborado a Justina, una robot auxiliar con la capacidad de reconocer voces, tomar objetos, limpiar la casa, tirar la basura y hasta tender las camas.

Esta robot estuvo exhibida hasta hace unos días en el Universum (Museo de las Ciencias de la UNAM) y del 30 de junio al 4 de Julio de este año competirá en el Mundial Robo Cup Leipzig 2016 en Alemania.

justina robot UNAM

“Son robots de servicio que van a estar en nuestra casa, oficinas, y escuelas ayudando a los seres humanos en sus tareas cotidianas”, indicó el responsable del proyecto, Jesús Savage Carmona (professor de la facultad de ingeniería), en una entrevista con Notimex.

“A veces los adultos mayores pierden la noción del tiempo, pero Justina les podría decir la hora exacta e incluso a qué hora deben de tomar sus medicinas”.

Justina no es solo un proyecto de este grupo de personas. Como la ciencia misma, es resultado de una investigación interconectada de muchos años, en este caso de quince.

Otro de los robots más destacados en competencias nacionales es Golem-II quien también estuvo expuesto en el mismo museo recientemente.

*Imagen: 1)Justina/ndmx; 2)jornada.unam.mx

[La Jornada]

La historia de 4 jóvenes migrantes que hicieron un robot fantástico

Hace una década cuatro adolescentes mexicanos le ganaron al MIT en un concurso de robótica. Su historia parece trama de película…

Fue un incidente curioso. Joshua Davis, uno de los editores de la revista WIRED se enteró de una noticia insólita. Cuatro jóvenes mexicanos, migrantes e indocumentados, acababan de ganarle al MIT en un concurso de robótica organizado por la NASA. Sorprendido, decidió buscar más; pues, evidentemente, detrás de esa curiosidad, debía haber otras historias interesantes. Su investigación lo llevó a escribir un precioso artículo titulado “La Vida Robot”, que conmovió a sus lectores y puso un dedo sobre un problema social que continúa vigente: la vida de los jóvenes migrantes.

Óscar Vázquez, Cristian Arceaga, Luis Aranda y Lorenzo Santillán eran, hace 10 años, alumnos de preparatoria en Carl Hayden Community High School. Habían nacido y pasado algunos años de la infancia en México, pero sus papás los habían llevado a vivir a Estados Unidos, cruzando la frontera, ocultos por supuesto. Ninguno de ellos se imaginaba en la universidad, porque las oportunidades que tienen en Estados Unidos son muy escasas. Sin papeles, sólo pueden tener trabajos de bajo perfil y, por supuesto, no pueden adquirir financiamientos o becas escolares.

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Construyendo a “Stinky”.

Pero, extrañamente, no parece ser muy importante. Con un pasado tan desafortunado y un futuro poco prometedor, nadie espera gran cosa de estos chicos. Por eso, cuando conformaron un equipo en la escuela para tratar de entrar a la Competencia de Vehículos Operados Remotamente del Centro de Educación de Tecnología Marina Avanzada, ellos, sus maestros –y probablemente otros miembros del evento– pensaron que lo hacían sólo por diversión.

De cualquier manera, entrar a la competencia implicaba dedicarle tiempo al ensamblaje de un robot submarino, asunto que a los cuatro les consumía tiempo y aseguraba que no tuvieran que estar en la calle. El Este de Phoenix era su escenario urbano. Un sitio que, como lo describió Joshua Davis hace 10 años, está poblado en gran medida por migrantes y por dinámicas de calle muy intensas.

Así, con poco presupuesto, mucho ingenio y la ayuda de dos fantásticos maestros, construyeron un robot barato, rudimentario, pero increíble. Fue una extraña coincidencia que los puso en este equipo y nadie podría haber especulado que los cuatro eran brillantes; cada uno desde su propia trinchera.

Como si fuera el guión de una película predecible, las cosas empezaron a salir bien y el equipo logró llevar a “Stinky” (“Apestoso”), el robot submarino, a competir contra alumnos de universidades como Cambridge y MIT; superiores, especialmente porque sus robots contaban con un tremendo presupuesto.

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En el clásico giro negativo, el robot casi no llegaba ni siquiera a competir, pues en una prueba previa, notaron que este tenía una fuga y, evidentemente, si se mojaba, no podría operar. Necesitaban algo para absorber el agua que se colara dentro del Apestoso. A continuación, en una magnífica y cómica epifanía, Lorenzo “el vato loco” dijo: “¿absorbente, como un tampón?”. Por supuesto, conseguir los tampones fue toda una aventura y Lorenzo se rehusó a rezarle a la Virgen que los tampones funcionaran, porque le dio un poco de pena.

Al final, a pesar de todas las peripecias, ganaron la competencia. Dejaron considerablemente atrás al MIT y, a pesar de que los estirados jueces estaban sorprendidos de tratar con jóvenes chicanos; el equipo de indocumentados ganó la competencia. La historia es casi absurda y al mismo tiempo, perfecta, pero no terminó ahí.

Como lo describió Davis, hace diez años eran 60,000 indocumentados los que se graduaban de preparatorias estadounidenses, sin posibilidad de entrar a la universidad. En ese momento, la solución planteada era el “Dream Act”, programa que le dio residencia a muchos de estos jóvenes, pero que el gobierno estadounidense hoy está descontinuando. Felizmente la revista WIRED y sus lectores reunieron más de $90,000 dólares en becas para los cuatro chicos; aunque, a pesar de esto no todos lograron terminar la universidad.

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“Spare Parts” (2015)

“La Vida Robot” ahora es una película llamada “Spare Parts”. La traducción literal del título a español, “Partes sueltas”, funciona para entender y reflexionar sobre el dilema implicado en esta maravillosa historia. Los chicos ensamblaron el robot como pudieron, con lo que tenían; de la misma forma –y a causa de la disparidad social a la que nos enfrentamos– los migrantes ensamblan su destino con partes sueltas; con reminiscencias de una sociedad, que penden descuidadamente en los rincones; pero que, extrañamente, no les corresponde tomar.

Este robot agricultor creado por mexicanos está sobresaliendo en el mundo

El artefacto es capaz de ayudar a los campesinos a eficientar sus parcelas.

Este no es un robot que va a suplir la mano de obra humana, desplazando empleos sin reparo. Se trata de un robot más bien pensado para ayudar a los campesinos en áreas de terreno pequeñas para eficientar su producción

Para 2050, se calcula que seremos 9 mil millones de humanos en la tierra y ello demanda un mínimo de 24% de incremento agrícola para cumplir la demanda. Suena muy peligroso, considerando la cantidad de áreas devastadas para la agricultura, pero no necesariamente tiene que ser así, ya que es posible cultivar en zonas pequeñas con mucha eficiencia.

Y este es el criterio del mexicano Noé Velázquez López, profesor investigador del Departamento de Irrigación y también parte del Posgrado de Ingeniería Agrícola y Uso Integral del Agua de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh). Según dijo a Conacyt:

Realicé una estancia de cuatro meses en Japón (…) Durante esa estancia, noté que Japón tiene superficies de cultivo muy pequeñas, similares a las que hay en la zona centro y sur de México, ante ello pensé que no tiene caso hacer uso de tecnología muy grande para mecanizar pequeñas áreas. En ese momento comencé a trabajar un proyecto para mecanizar pequeñas áreas de cultivos.

mexicano desarrollan robot agricultor

Su robot consiguió formar parte del Field Robot Event 2017 y entre sus acciones está el realizar monitoreo, detección de enfermedades y control de plagas, e incluso tareas de siembra. En el equipo, también participan el ingeniero Bonifacio Gaona Ponce y el M.I. Juan Carlos Olguín Rojas, del Departamento de Ingeniería Mecánica Agrícola, y 17 alumnos de la UACh 

Entre las innovaciones que consiguieron con este invento:

Una de las innovaciones tiene que ver en la relación del motor con las ruedas, es decir, la forma en la que están conectadas porque en agricultura tenemos diferentes terrenos, lo que nos obliga a contar con un motor elevado, por lo que innovamos en la forma de transmisión con las ruedas y el motor.

También, el equipo es capaz de segmentar las plantas de manera automática. Un éxito más en la carrera de la robótica mexicana.

*Imágenes: Conacyt

¿Sabías que un mexicano de la UNAM es ahora el investigador más joven de la NASA?

A sus 20 años Yahir Israel Piña López llamó la atención del mundo por sus investigaciones para la medición de la radiación en el espacio.

Cuando Yahir Israel Piña López tenía solo 15 años, ya había ingresado a estudiar una estancia de investigación en el Instituto de Ciencias Nucleares. Allí estudió los ciclos de combustible nuclear.

Hace unos meses, en el Congreso Internacional de Astronáutica, realizado en Guadalajara, Jalisco, dio a conocerse una investigación suya que ha llamado la atención del mundo llamada “Desarrollo de materiales con propiedades termoluminiscentes para la medición de radiación en el espacio”, publicada también en el Journal of Physics.

En su análisis Piña López desarrolla un detector activo con materiales de distintos tipos de radiación, desde uranio hasta estroncio. Es muy importante medir el nivel de radiación en el espacio, pues esta es uno de los principales peligros que afrontan los astronautas en el espacio.

Su estudio lo desarrolló con el doctor Epifanio Cruz Zaragoza, en la Unidad de Irradiación y Seguridad del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM. A partir del artículo antes mencionado, la NASA (Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio), lo invitó, con solo 20 años, a afiliarse como estudiante-investigador.

También fue invitado al Project Pilot Manager de la Universidad de Samara, Rusia, para desarrollar un componente satelital y medir los iones en la ionósfera.

Piña López se dice muy orgulloso de ser mexicano, pero más de poner en alto el nombre de la UNAM:

Uno de mis sueños (…) es poner el nombre de la UNAM en el espacio. (…) Tengo una frase: ‘amor y respeto al pueblo que me vio nacer: México; pero honor y gloria al pueblo que me forjó: la UNAM.

*Imagen:esbarrio.com