Desvelando el misterio que fue B. Traven

Este personaje que marcó la literatura del siglo XX viajó por el México profundo y desde esta experiencia creó cuentos y novelas inolvidables contra el capitalismo abrumador.

Tener o carecer de papeles es inhumano. Ello va contra las leyes naturales.

B. Traven.

B. Traven fue un hombre ingeniosamente discreto y fundamental en la formación de la identidad del mexicano. Esto último sobre todo desde el cine en la época de oro del cine mexicano. Sus novelas, numerosas, fueron llevadas a la pantalla; su ojo crítico encontró en el mexicano una eterna simpatía por su manera desapegada de vivir la vida, aunque también reconocía la parte engañosa de su proceder (recordemos el “efecto del tlacuache” en la personalidad del mexicano). Asimismo, daba un valioso reconocimiento al legado indígena que yace lejano de los valores del capitalismo (como ejemplo, el cuento Canastitas en Serie).

Su persona, sin embargo, ha estado siempre envuelta en el misterio. Se sabe que usó muchos pseudónimos, como B. Traven, con el que firmó libros sobre la cotidianidad mexicana y que luego fueron hechos películas como: Macario, La Rebelión de los Colgados, Canasta de Cuentos Mexicanos, Rosa Blanca o Días de Otoño

B. Traven 

Sin embargo, sobre su persona, lo que se conoce es muy poco. En internet, por ejemplo, la información sobre su vida y verdadera identidad es escasa. Se sabe sobre su historia por su esposa Rosa Elena Luján, quien además se convirtió en su agente literaria. Su hijastra Malú Montes de Oca Luján de Heyman, por su parte, abrió el acervo personal de este escritor, fotógrafo y filántropo. B Traven, considerado uno de los escritores más importantes del siglo XX en el mundo, usó numerosos sinónimos (Bruno Traven, Traven Torsvan, Hal Croves y Ret Marut) siempre elusivo, como su propia naturaleza viajera.

De su archivo personal pueden desprenderse en una misma persona al anarquista de Ret Marut en Alemania, la labor fotográfica en el sureste mexicano de Torsvan Traven y las adaptaciones cinematográficas de Hal Croves.

b traven

En su radicalismo político, Marut (el Traven anarquista) transitó por las ciudades de Essen, Chemnitz, Berlín, Prusia del Este, Danzi, Düsseldorf y Munich (se cree que nación en Alemania). En 1912 declaró ser inglés, y tiempo después haber nacido en San Francisco en 1882. Cuando se dio el golpe revolucionario en Baviera, Marut huye y el hecho quizá explica la “muerte simbólica de Marut” y el nacimiento de Trosvan Traven cuando llega a América.

B. Traven

B. Traven escribió entre 1926 y 1960, 12 novelas, más cuentos y libros de viajes, publicados en 40 lenguas con unas 40 millones de copias. A mediados de siglo su fama se había multiplicado y en México Esperanza López Mateos (la hermana del ex presidente mexicano) comienza a traducir sus escritos para el público nacional.

Cuando muere su traductora López Mateos, Rosa Elena Luján (lo acompaña en la imagen de la derecha) toma este papel. Con el tiempo se convierte en su esposa, en 1961, y en su agente literaria. B. Traven en todo este tiempo luchó fuertemente por su derecho a la privacidad y la libertad individual: siempre defendió su propia identidad difusa e íntima.                                                    

Murió en México el 26 de Marzo de 1969. “Bruno Traven”, “‘Traven Torsvan”, “Hal Croves” y “Ret Marut”, siempre defendiendo su identidad y propias etapas. Fue, aunque desde un enigmático perfil, amigo de personajes como Gabriel Figueroa, Tina Modotti, Frida Kahlo, Adolfo y  Esperanza López Mateos, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y Federico Canecí.

Luego de que este camaleónico humanista llegó al puerto de Tampico en 1924 fue conmovido por el México pos revolucionario con sus injusticias y contradicciones y también con ese algo (que implica quizá liviandad ante el misterio de la vida) y que hace más ligera la existencia del mexicano. Quizá ambos fenómenos lo tocaran profundamente.

Finalmente Traven tocó fibras en el mundo entero al provocar preguntas sobre el éxito, el capitalismo, la acumulación, desde enternecedores y bellos relatos sobre la sencillez humana. “Un solitario que acercó a México a millones de lectores y  dedicó su existencia a la sátira del capitalismo devorador y a la dignificación del proletario y el indígena.” como alude Natalia de la Rosa, curadora de la exposición B.Traven sobre su acervo personal presentado por primera vez en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

B. Traven

Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )

Alfonso Reyes: sobre por qué la originalidad no debe ser forzada

Uno de los grandes pensadores mexicanos nos habla sobre la crisis de la originalidad y cómo ha sido vendida como un producto, paradójicamente insustancial.

Tal vez, por consecuencias azarosas del destino, algunas personas derraman una originalidad apreciable a los ojos de cualquiera. La historia nos ha enseñado que esta autenticidad es espontánea en algunos, y que el resultado es una completa idea desconocida hasta entonces, que no ha sido creada jamás.

En este sentido, estaríamos hablando de la originalidad como un don, acaso como un milagro, que no le sucede a cualquiera. Este dato es falso, o más bien poco profundo. Para los que no tenemos la fortuna de destacar por una originalidad de nacimiento no todo está perdido. La clave está en no pensar en cómo ser original, sino en analizarnos como individuos.  

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Al respecto, el escritor Alfonso Reyes dedicó algunos breves párrafos a ilustrar cómo la originalidad ha sido forzada –y evidencia que ha pasado durante siglos–, pues nadie en este mundo está excluido de ser original; nadie podría nacer con aquella dicha, pero sí, en cambio, con la suerte de saber observarse a sí mismo. Se trata de una “originalidad que no se busca sino se encuentra”, nos dice, y continua:

Esta originalidad no buscada es fruto de procesos tan inevitables como lo son todos los procesos de la naturaleza. 

Reyes creía que la clave para encontrar esa originalidad estaba en el autoconocimiento, en obligarse a ser quién se es, y defenderlo a toda costa sin importar los escenarios, mucho menos una reputación:

 El descubrirse a si mismos es, más bien, descubrir al hombre abstracto que hay entre nosotros, al universal, al arquetipo, y abrazarse a él con fervoroso entendimiento platónico. 

 

La originalidad del Romanticismo

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Por otro lado, Alfonso Reyes habla sobre la probabilidad de que nadie, a su vez, se excluya de ser un farsante de la autenticidad, pues como bien nos comparte, la originalidad también puede ser vista como un objetivo y no como una consecuencia, tal vez, de la sensibilidad:

Se nos dice que una de las ideas motrices del Romanticismo fue la preocupación por la originalidad entendida como un fin en sí, como meta directa. . . ¡y es un by-product! [subproducto]

Para entender esta idea es necesario ponerse un poco en contexto:

En pleno desdoblamiento del Romanticismo europeo, en el siglo XIX, los hombres y mujeres de literatura encontraban la originalidad como una forma de rebeldía. El artista y escritor de este ciclo personificaba el espejo de la angustia y el tormento, efectos acaso evidentes de la sobrecargada historia de sucesos nacionalistas en occidente. 

Las bellas artes para entonces comulgaban con la visión del artista como profesión; la obra como objeto de mercado. El impulso plausible de aquellos románticos, no fue sino la capacidad de imaginar, soñar y sensibilizarse frente a este paradigma burgués; conectarse con el mundo natural, para regresar a nociones de origen, que les permitiesen asimilar una exquisita variedad de pantones desde la realidad en su obra. 

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Sin embargo, cabe señalar que los parámetros del romanticismo fueron también criticados por Alfonso Reyes. La postura romántica era radicalmente opuesta al movimiento de la Ilustración –una hazaña sin duda innovadora–, pero su extremismo algunas veces llegaba a otros confines, donde la originalidad era vista con cierta arrogancia y anclada a una serie de vicios humanos, tan banales como el mismo acto de considerarse un artista con “sensibilidad”.

En este sentido, las palabras de Alfonso Reyes parecen tan frescas como en aquella época. Escribe:

Cuando el poeta, cuando el artista declaran que al fin se han descubierto a sí mismos, a veces solo logran desagradar a los demás. Y es que confunden la originalidad con la indisciplina, y creen haber encontrado su ruta por entregarse a sus impulsos temperamentales, a sus manías, a sus tics nerviosos.

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Reyes no estaba en contra de utilizar la sensibilidad como vía de acceso a la originalidad, ni tampoco a favor del arte y literatura como productos. Lo que en algunas breves líneas cuestiona, es que la originalidad sea vista como un acto individual y no como lo que realmente es: una obra colectiva, que no es ajena a los matices que nos regala la vida, ni a las perspectivas del otro, ni del pasado, ni a la gama de ideas que ya se han servido al mundo en bandeja de plata: 

Aunque tal angustia [la de alcanzar la originalidad] hace crisis en los extremosos, tanto que todos acaban por resultar triviales, habría que meditar mucho la sentencia de un maestro ultra, Lautréamont, quien dice que el milagro no puede ser obra individual, sino colectiva. 

. . . No entendamos groseramente la doctrina. No se trata de collage, sino de absorción, digestión, refundición de los temas tradicionales. Toda creación es re-creación, y recreación.

 

*Referencia: Obras Completas de Alfonso Reyes, Tomos VIII y XII, Fondo de Cultura Económica.

*Ilustraciones: Joanna Neborsky

 

Jaen Madrid
Autor: Jaen Madrid
Licenciada en Derecho por la UNAM. Editora por profesión. Música por convicción.

Lecciones de economía alternativa (cortesía de un artesano mexicano)

Es urgente la humanización del actual sistema económico, y en este proceso la lógica artesanal del artesano mexicano tiene mucho que aportar.

La tradición artesanal de México es deslumbrante. Ya sea que la materia prima tenga forma de fibras naturales diversas, de conchas, madera o barro negro, de estambre o chaquira, la maestría y corazón que los artesanos mexicanos imprimen a cada una de sus piezas , son francamente arrobadores.

El artesano como maestro de vida

En la figura del artesano confluyen muchas de las más encomiables virtudes del ser humano. La mayoría de estas, por cierto, evidencian las mayores carencias de la actualidad: paciencia, dignidad, talento y humildad, entre otras. Y es que, por ejemplo, en un mundo dominado por la pretensión informativa –todos creemos saber un poco de todo– y la multi-tarea, el ejercer un oficio con cabalidad es un acto no solo contracultural, también un desplante de sanidad; en tiempos en los que el narcicismo voyerista forma parte del credo masivo, la discreción creativa, el genio forjado, y no pretendido, mediante la perseverancia, resultan en un verdadero bálsamo para la humanidad.     

La economía artesanal, un precioso paradigma

En cuanto a economía se refiere, en particular al mercado y la transacción de bienes, la dimensión de lo artesanal adquiere el papel de un agente provocador. A fin de cuentas los procesos de producción, la relación entre el productor y el bien producido, y el ánimo comercial que desenlaza dicho círculo, son una oposición perfecta al espíritu (o a la falta de) del sistema económico que nos rige.

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Este contraste fue capturado de forma contundente por B. Traven, el misterioso escritor alemán que supo detectar, y compartir, una buena porción de la esencia mexicana. “Canastitas en serie” es el cuento publicado a mediados del siglo pasado, que ilustra dicho antagonismo. En él se narra la relación entre un comerciante estadounidense y un artesano mexicano, cuyas realidades son sencillamente incompatibles. Los principios que rigen a uno y otro se evidencian como irreconciliables.

Él, Mr. E.L. Winthrop, se embelesa con el trabajo de un artesano oaxaqueño que produce pequeñas canastas de fibras naturales. Su realidad mercantil traduce inmediatamente este encanto en una oportunidad comercial. Asumiendo una ley básica del mercado, la que apunta a mayor volumen, menor precio, el estadounidense vislumbra un jugoso negocio… hasta que se topa con un universo paralelo, gobernado por reglas que nada tienen que ver con las suyas.  

Difícilmente la historia escrita por Traven, que puedes leer aquí, no logrará sacudir la forma en la que concibes estas supuestas abstracciones (mercado, consumo, producción), que en realidad cimientan buena parte de nuestra realidad más tangible. Y si dedicamos un ánimo reflexivo a “Canastitas en serie”, podemos extraer lecciones importantes, una suerte de guía para re-humanizar nuestro consumo:

1. Productos de calidad y producción responsable

Compromiso genuino del productor con aquello que produce, garantiza la calidad de los productos disponibles para todos. Esto no solo humaniza el intercambio de dinero por bienes o servicios, también beneficia a la sociedad que dispone de dichos bienes. 

El material que empleaba no sólo estaba bien preparado, sino ricamente coloreado con tintes que el artesano extraía de diversas plantas e insectos por procedimientos conocidos únicamente por los miembros de su familia.  

 

2. El producto como la materialización de múltiples bondades 

En el caso de lo artesanal, aunque hasta cierto punto podría aplicarse a cualquier proceso de producción, las piezas resultan de un encuentro entre talento, oficio y sensibilidad. Tal vez a esto se deba que las cosas producidas artesanalmente contengan “un algo”, como un halo singular, que rara vez encontramos en productos industriales.

Era un humilde campesino, pero la belleza de sus canastitas ponían de manifiesto las dotes artísticas que poseen casi todos estos indios. En cada una se admiraban los más bellos diseños de flores, mariposas, pájaros, ardillas, antílopes, tigres y una veintena más de animales habitantes de la selva. Lo admirable era que aquella sinfonía de colores no estaba pintada sobre la canasta, era parte de ella, pues las fibras teñidas de diferentes tonalidades estaban entretejidas tan hábil y artísticamente, que los dibujos podían admirarse igual en el interior que en el exterior de la cesta. Y aquellos adornos eran producidos sin consultar ni seguir previamente dibujo alguno. Iban apareciendo de su imaginación como por arte de magia, y mientras la pieza no estuviera acabada nadie podía saber cómo quedaría. 

 

3. El valor incalculable de lo único por sobre lo seriado

A diferencia de la manufactura en serie, los artículos únicos son comercialmente invaluables y deben valorarse como tal –es decir, más allá de lo monetario pero, también, al menos remunerar el tiempo y talento invertidos en cada pieza.

A menudo no le era posible vender todas las canastas que llevaba al mercado, porque en México, como en todas partes, la mayoría de la gente prefiere los objetos que se fabrican en serie por millones y que son idénticos entre sí, tanto que ni con la ayuda de un microscopio podría distinguírseles. Aquel indio había hecho en su vida varios cientos de estas hermosas cestas, sin que ni dos de ellas tuvieran diseños iguales.

 

4. Hay realidades que trascienden la lógica de mercado

Afortunadamente, y aunque a muchos costará concebirlo, la lógica impuesta por el mercado es absolutamente ajena a incontables realidades que aún laten en rincones del planeta. Por ejemplo, como mencionamos antes, “mayor volumen es igual a menor precio” –pues disminuye los costos de producción–, es algo que no aplica en el universo de lo artesanal; y aquí el “pobre méndigo vestido de harapos”, como lo concebía el estadounidense, da una ejemplar lección en este sentido.

—¿Cuánto querer por esa canasta, amigo? —dijo Mr. Winthrop en su mal español, sintiendo la necesidad de hablar para no aparecer como un idiota.

—Ochenta centavitos, patroncito; seis reales y medio —contestó el indio cortésmente.

[…]

—Amigo, si yo comprar diez canastas, ¿qué precio usted dar a mí?

—Si compra usted diez se las daré a setenta centavos cada una, caballero.

—Muy bien, amigo. Ahora, si yo comprar un ciento, ¿cuánto costar?

—En tal caso se las vendería por sesenta y cinco centavitos cada una.  

[…]

—Bien, si yo querer mil, ¿cuánto costar cada una?

—El precio, bien calculado y sin equivocaciones de mi parte, es el siguiente: Si tengo que hacer mil canastitas, cada una costará cuatro pesos; si tengo que hacer cinco mil, cada una costará nueve pesos, y si tengo que hacer diez mil, entonces no podrán valer menos de quince pesos cada una.

[…]

–Usted decir yo comprar un ciento, costar sesenta y cinco centavos cada una. Bien, yo no comprender por qué no poder venderme doce mil mismo precio.

[…]

—Bueno, patroncito, ¿qué es lo que usted no comprende? La cosa es bien sencilla. Mil canastitas me cuestan cien veces más trabajo que una docena y doce mil toman tanto tiempo y trabajo que no podría terminarlas ni en un siglo. Cualquier persona sensata y honesta puede verlo claramente. Claro que, si la persona no es ni sensata ni honesta, no podrá comprender las cosas en la misma forma en que nosotros aquí las entendemos. Para mil canastitas se necesita mucho más petate que para cien, así como mayor cantidad de plantas, raíces, cortezas y cochinillas para pintarlas. No es nada más meterse en la maleza y recoger las cosas necesarias. Una raíz con el buen tinte violeta, puede costarme cuatro o cinco días de búsqueda en la selva. Y, posiblemente, usted no tiene idea del tiempo necesario para preparar las fibras. Pero hay algo más importante: Si yo me dedico a hacer todas esas canastas, ¿quién cuidará de la milpa y de mis cabras?, ¿quién cazará los conejitos para tener carne en domingo? Si no cosecho maíz, no tendré tortillas; si no cuido mis tierritas, no tendré frijoles, y entonces ¿qué comeremos?

—Yo darle mucho dinero por sus canastas, usted poder comprar todo el maíz y frijol y mucho, mucho más.

—Eso es lo que usted cree, patroncito. Pero mire: de la cosecha del maíz que yo siembro puedo estar seguro, pero del que cultivan otros es difícil. Supongamos que todos los otros indios se dedican, como yo, a hacer canastas; entonces ¿quién cuida el maíz y el frijol? Entonces tendremos que morir por falta de alimento.

—¿Usted no tener algunos parientes aquí? ¿No poder ellos cuidar su milpa y sus animales y usted hacer canastas para mí?

—Podrían hacerlo, patroncito; pero ¿quién cuidará entonces de las suyas y de sus cabras, si ellos se dedican a cuidar las mías? Y si les pido que me ayuden a hacer canastas para terminar más pronto, el resultado es el mismo. Nadie trabajaría las milpas, y el maíz y el frijol se pondrían por las nubes y no podríamos comprarlos y moriríamos. Todas las cosas que necesitamos para vivir costarían tanto que me sería imposible, vendiendo las canastitas a sesenta y cinco centavos cada una, comprar siquiera un grano de sal por ese precio. Ahora comprenderá usted, jefecito, por qué me es imposible vender las canastas a menos de quince pesos cada una.

Imágenes: 1) Archivo +DeMX; 2) thendi.com.mx
Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

La mexicanidad en el nuevo álbum de Natalia Lafourcade

Musas suena a México, con intención explícita de por medio, una especie de homenaje.

Quería interpretar temas que pudieran resaltar lo bello y lo que amo de mi país, de mi gente, de su historia, de su música, y su folklore, de las cosas bonitas que tenemos, me conecté mucho.

Natalia Lafourcade

Hace unos años años, Natalia Lafourcade comenzó a coquetear con la mexicanidad y sus raíces en su música explícitamente, y lo hizo por medio del disco homenaje a Agustín Lara, de 2012, llamado Mujer Divina.

Siendo Veracruzana de corazón, en los últimos años con mayor ahínco ha manifestado la necesidad de sentir colectivamente todo lo bueno de México, lo que este país le ha dado al mundo desde su cultura, la cual no termina; se encuentra en construcción, y puede ser algo valiosísimo si uno voltea a enriquecerse no solo desde el folclor, también desde su profundidad y la filosofía hermosa que yace bajo muchas de sus manifestaciones.

Este 2017, lanzó un disco que reafirma su gusto y compromiso con la mexicanidad, desde un reconocimiento, una especie de homenaje. En 2016, completamente “a escondidas” de sus promotores musicales, e incluso amigos, comenzó a trabajar en Musas, un disco que honra a la mexicanidad, desde la música que nos une en un tipo de sentimiento, incluso hacia todo Latinoamérica.

Lafourcade dice que fue un capricho musical. En 2014 vio tocar a los Macorinos con Chavela Vargas y Eugenia León, y supo que haría algún proyecto con ellos, en algún momento. Finalmente, el 2016 fue el momento personal, y creó Musas.

El disco, en general, suena a boleros. A esa elegante melancolía que hace pensar no solo en el desamor, o el amor hecho realidad, sino en una especie de sentimiento hacia la tierra de uno, una especie de vínculo con ella. También suena en algunas canciones como Mi Tierra Veracruzana, al alegre y conmovedor Son Jarocho.

Musas suena a México, y no a uno que está de moda por algún tiempo, más bien a uno que se mantiene con un tipo de sentimiento, que conmueve, por que más allá de sus problemas, es una tierra irrepetible, que invita a quererla.

Puedes bajar el álbum completo, acá.

*Imagen: Sony Music Latin
Ana Paula de la Torre Diaz
Autor: Ana Paula de la Torre Diaz
Editora en jefe de +DeMx. Politóloga de carrera, colabora para diversas publicaciones digitales como Pijama Surf. Creadora del proyecto ciudadano yanostoca.com. Y pintora ocasional ( http://bit.ly/2jkE8lD )