Imagen instántanea de Paty Quintana

Esta semblanza nos introduce a la personalidad de una las figuras más importantes en los últimos años en la resignificación de la comida mexicana.

 

“…La femineidad luce en su rostro. Trabaja, no se está ociosa, emprende cosas, tiene ánimo.”   

¡Gran embajadora de la cocina mexicana para el mundo!

Mónica del Villar K. 

 

Conocí a Patricia Quintana hace muchos o pocos años, depende del punto de vista, a principios de los años setenta, en un contexto familiar y social pero en el que, sin duda, era un honor sentarse en la mesa que ella servía con bondad y gusto, así nomás, en la vida diaria, cotidiana, casera pero con un toque de virtud porque sus platillos tenían ya “ese algo” de excepcional y disfrutable. Por supuesto, yo no tenía entonces una conciencia y conocimiento claro de la importancia y riqueza que posee la comida tanto como elemento cultural, como natural. Menos conocía los sabios tonalpohualli o “libro de los destinos” de nuestros antepasados, para poder predecir el futuro de la vida de una gran mujer, aunque algo se podía intuir ya en la importante labor destinada a Patricia: la preparación de los sustentos del hombre.  

Ella eligió el arte de la cocina que se manifiestó de varias maneras: en su seria investigación y experimentación, en su manejo y creación, en el enamoramiento de sus raíces antiguas que matrimonia con el presente mexicano. Pero además, en la gran difusión de su quehacer en las que ha empleado múltilpes vías: cursos, seminarios, conferencias, asesorías, banquetes, restaurantes, hasta convertirse en una empresaria exitosa con sus productos comerciales de gran éxito por sus recetas secretas.  

Conservo, con gran aprecio, el primer libro de Paty de 1975, con la portada dibujada por José Luis Cuevas en una edición pionera y artesanal. La tituló: La cocina es un juego, fue dedicada a “Todos aquellos que se aventuran en el maravilloso juego de la cocina”.  Así fue como el juego de Patricia, se convirtió en toda una aventura profesional, cultural y recreativa. Casi 10 años después,  en los años ochenta del siglo pasado, salió su segundo libro, The taste of México, y a partir de entonces, ha publicado numerosos títulos, más de 10, siendo uno de sus últimos libros, El Mulli. Pero Paty, no solo es una destacada chef y autora, sino que se ha convertido en toda una gran promotora cultural, tanto dentro como fuera de México. Cómo expresé en líneas anteriores, ella es: asesora, articulista, maestra, empresaria, embajadora culinaria, difunde y recrea numerosos platillos calificados como “el gusto mexicano”, es un contacto internacional y al mismo tiempo es un identitario nacional.  

Por 13 años fundó y mantuvo el reconocido y exitoso restaurante El Izote, que significa la flor de palma en maya yucateco, en la Ciudad de México, decorado con ese gusto de pictografías de nuestros anitguos mexicanos y con un menú digno de ellos hasta nuestros días. Fueron 13 años, una trecena, que marcan un ciclo calendárico prehispánico de inicio-fin para pasar a otros ciclos nuevos.  

En el 2015 fui invitada a un homenaje a Paty por cumplir 50 años de chef que ha dado tantos satisfactores a nuestros paladares y espíritu. Ha librado una gran y digna batalla por su salud física, sin demérito de su valores y creencias que tanto ha luchado por ellos con gran ejemplo por la vida . En verdad es una mujer extraordinaria y bella. Esa noche lucía un traje tan fino como autóctono de Veracruz, lugar donde guarda honda raíces. Nos sorprendió a todos al compartir su último libro, Polvo de jade. Esencia del tiempo. La primera obra narrativa que nos brinda, una piedra preciosa como su título. Es un reencuentro consigo misma, pasado y presente, también le damos las gracias por ello como otra muestra que nos comparte de su amor a la vida y a su cultura. 

Termino esta fotografía de Paty con una cita de Bernardino de Sahagún que resaltó Miguel León-Portila sobre  la figura ideal de la mujer indígena en el México antiguo, la cual incluye entre sus atributos esenciales, el ser buena cocinera, “prepara buena bebida, buena comida…”. “La mujer ya lograda, en la que se ponen los ojos, digna, no es objeto de diversión. Cihuayotl iixco ca, la femineidad luce en su rostro. Trabaja, no se está ociosa, emprende cosas, tiene ánimo”. 

 

¡Esta es Patricia Quintana!

 

*Imagen: 1) Cortesía de Patricia Quintana

Mónica del Villar K.
Autor: Mónica del Villar K.
Amante del México Antiguo, cuidadora del Bosque de Chapultepec y entregada a los oficios editoriales desde hace muchos años.

Lecciones de Anthony Bourdain para mexicanos y estadounidenses

Su amor por México, siendo estadounidense, llevó a Bourdain a entender con claridad la inevitable hermandad entre estos dos países.

Anthony Bourdain (1956-2018) fue un tipo que entendió que al alma de una cultura se puede llegar, y directamente, vía la comida. Amaba la cocina y, por ende, amaba la diversidad cultural de nuestro planeta. En este sentido no debiera sorprendernos que México, con su apabullante tradición gastronómica, ocupara un lugar especial en el corazón del chef y conductor televisivo. 

Para presentar un episodio de Parts Unknown, el programa que conducía para CNN, dedicado a México, Bourdain publicó en su blog un texto memorable bajo el título de “Under the Volcano”. En este, el estadounidense repasa una serie de fenómenos psicoculturales que distinguen la relación entre México y Estados Unidos –esa viva complejidad que los une y separa. Se trata de dos países cuya proximidad cultural les impone una intimidad que supera, por mucho, la simple coincidencia geográfica lo cual resulta en una fusión intensa, desorganizada y, hastía cierto punto, desaprovechada.

México es más guerrero que belicoso, más colorido que estéril, un país que goza de las bondades del surrealismo; generalmente cuenta con la magia de su lado, y puede presumir un linaje histórico como pocos. Estados Unidos, su hermanastro, vive mejor orientado hacia el futuro, procede de un experimento multicultural y filosófico que cambió la historia del mundo, es más funcional y ciertamente poderoso –incluso logró construir e imponer ese tablero en el que hoy se desarrolla buena parte del juego global.  

En esta relación tan improbable como intensa, surgen fenómenos que ayudan a entender las respectivas identidades. Y es que el vivo intercambio de insumos culturales no podría tener otro desenlace que impregnar a ambos de una manera entrañable. Justo en el instante en que uno, o millones, de estadounidenses están consumiendo un ‘tortilla chips’, planeando sus vacaciones a Playa del Carmen, o aplaudiendo el Oscar a Del Toro, uno, o millones, de mexicanos estamos viendo la última serie de HBO, planeando nuestro próximo viaje a California (no importa si es vía un pollero o una agencia de viajes), o portando un jersey de los Patriotas de Nueva Inglaterra. 

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En su texto, Bourdain recuerda lo que muchos sabemos: que la economía y sociedad estadounidenses difícilmente funcionaría sin su ingrediente estrella, México. Además, increpa a sus compatriotas a que incluyan dentro de sus intereses (más allá de la stripper o el springbreak),  lo que sucede al otro lado, a que se informen, por ejemplo, sobre los costos de una guerra contra las drogas impulsada, principalmente, por Estados Unidos, y que México ha tenido que pagar con cientos de miles de vidas  –considerando que el origen de esta tragedia radica en la demanda que su país genera.

Pero si por parte de EUA hay una comunión tan intensa y gustosa con la cultura mexicana, ¿porqué no se traduce esto es una postura más empática, incluso responsable, ante a lo que sucede en México? 

Amamos las drogas mexicanas. Tal vez no tú personalmente, pero nosotros, como nación, consumimos cantidades monumentales de ellas –y recorremos extraordinarias distancias y gastamos grandes sumas para obtenerlas. Amamos la música mexicana, las playas mexicanas, la arquitectura mexicana, el diseño de interiores, y las películas mexicanas. Entonces, ¿porqué no amamos México?

Desestimamos lo que ocurre apenas cruzando la frontera. Quizá estamos avergonzados. Después de todo México ha estado ahí siempre para nosotros, para satisfacer nuestros más oscuros deseos y necesidades. Ya sea para vestirnos como idiotas, alcoholizarnos y broncearnos con el sol de Cancún, arrojar unos pesos a strippers en Tijuana, o pasonearnos con drogas mexicanas, estamos lejos de nuestro mejor comportamiento en México. Nos han visto a muchos de nosotros en neutro peor plano. Conocen nuestros deseos más oscuros. 

Como mexicano el texto del chef neoyorquino resulta conmovedor. La sola idea de que haya estadounidenses que perciben así la relación con México, demuestra, al contrario que sus embajadores ‘springbreakeros’, el lado más luminoso de esta cultura –una faceta sensible, responsable ante la sincronía obvia y abierta a la riqueza del ‘otro’. Pero también me gustaría señalar que, aunque de forma distinta, nuestros hermanos mexicanos que están al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, representan (como víctimas y no como causantes) una buena porción de los más oscuro de México: un país ineficiente, confundido, incapaz de proveer con oportunidades a sus propios habitantes, vulnerable por las carencias educativas de su población, permisivo ante la irresponsabilidad de sus élites,  y resignado frente a la ineptitud y corrupción de gobiernos disfuncionales.  

En todo caso, más allá de las dos caras de la moneda que, respectivamente, evidenciamos tanto mexicanos como estadounidenses, más allá de reclamos o deudas, lo que parece indiscutible es que ambos estamos ‘condenados’ a convivir hombro a hombro. Y considerando lo anterior, resulta aún más benéfico para todos los involucrados, que existan posturas como la que Bourdain expresa en su texto. A fin de cuentas, como bien señala, nos guste o no, ambas culturas estamos inexorable y profundamente envueltas en un abrazo. 

En México lo vamos a extrañar, a Bourdain.

10 de las mejores cervezas artesanales de México

México tiene una gran tradición cervecera que le viene desde inicios de la Conquista; hoy la industria de cervezas artesanales se acentúa y crece.

La tradición cervecera en México es más antigua de lo que suele creerse. Solo veinte años después de la caída de la gran Tenochtitlán, en tierras mesoamericanas fue erigida una fábrica cervecera, la primera de todo el continente americano.

El siglo pasado, durante décadas, los dos grandes grupos cerveceros, tanto Cuahutémoc Moctezuma como Grupo Modelo, afianzaron la cultura cervecera en México, y aunque ambos fueron vendidos, en la última década ha crecido enormemente la producción y oferta de cerveza artesanal en el país.

Lo anterior gracias a que también el mercado ha aumentado; cada vez más personas degustan cervezas artesanales, de las que incluso, jamás han escuchado. Esta tendencia, más que una moda pasajera, parece que ha llegado para instalarse, generando muchos empleos y proveyéndonos de una experiencia gourmet en muchos casos.

Sabemos que todas las listas son arbitrarias, pero en un intento por reconocer algunas de las opciones más sabrosas, te presentamos cervezas artesanales mexicanas que han ganado reconocimiento (en el nombre de cada una viene un link por si quieres conseguirlas o contactar a sus creadores):

Colimita

 

Elaborada en la ciudad de Colima. Como parte de sus insumos hace uso de agua de las faldas del volcán. Su sabor es suave, el amargor del lúpulo y la malta están equilibrados y por ello la hacen un excelente acompañante de mariscos por ejemplo. Suele comparársele al sabor de las cervezas más hegemónicas en México del siglo pasado, como siguiendo una tradición.

Jabalí

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Esta bebida busca romper con el esquema tan conocido, y simplista, de las cervezas claras y oscuras. De un sutil sabor amargo que disimula el sabor de los cítricos y florales, que solo están presentes mucho más tenuemente.

Atotolin

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Esta cervecera nació en Puerto Vallarta, llamada Los Cuentos. Su primera cerveza se llama Atotolin, que significa pelícano en náhuatl y para los mexicas era el “Rey de las Aves”. Su sabor es suave y se ha posicionado muy bien en el área costera de Jalisco y Nayarit.

Cerveza Minerva

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Una de las pioneras de la cerveza artesanal en México, recién cumplió 12 años. Tienen hoy 8 cervezas fijas, estilos estilos Kölch, Viena, Stout, Pale Ale, entre otras.

Tempus

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Tres de sus cervezas han conseguido premios internacionales como el Australian International Beer Awards, de premios mexicanos, su Tempus Dorada alcanzó el oro en el Cerveza México 2012. Esta última tiene un ligero olor a miel y pan. Su Alt clásica tiene ligeras notas a tierra seca y madera; su Reserva Especial tiene un sutil amargor y notas caramelizadas.

Allende

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Tienen ya 5 cervezas, esta cervecera es oriunda de San Miguel de Allende. Su Bwown Ale es un “festín de malta, liderado por caramelos claros y obscuros con nueces tostadas y pan negro, con una fina nota de lúpulo floral y terráqueo”. Su Agave lager, por ejemplo, es muy exótica con un ahumado caramelo del agave, combinado con frutas. Tienen otra, también, de un suave dulzor de malta y sus notas de miel y galleta, que terminan en un prolongado final de gentil amargor cítrico.

Saga

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De Atlixco, Puebla. Su agua proviene de las faldas del Volcán Popocatépetl; de sabores cítricos y especiados.

Catrina

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Oriunda de Hidalgo, esta cerveza roja de notas acarameladas y levadura, y de un sabor ligeramente amargo, es de las favoritas.

Mantarraya

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De cervecería Agua Mala, con aroma a granos tostados medios con notas de café, chocolate y nueces, cremosa, muy gustada en el mercado.

Rámuri

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Este proyecto inició como uno escolar, y con tiempo consiguieron premios en el Asutralian International Beer Awards y en la Copa de Cervezas América. Tienen 7 estilos distintos; la Diablo Blanco lleva un sutil aroma a frutos secos, principalmente nuez; la Lágrimas Negras, una mezcla de avena y cacao tostado a punto, etc.

*Imágenes: 1) contactohoy.com.mx; 9) cocreamx.com

Mujeres Purépecha, detrás del nombramiento de la comida mexicana como patrimonio mundial

Un movimiento de cocineras purépecha en los años 80, desembocó en el nombramiento de gastronomía mexicana como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

En noviembre de 2010, la gastronomía mexicana fue nombrada por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Detrás de esta decisión quizá uno se imagina solo gestiones diplomáticas para conseguir este nombramiento, pero la verdadera historia es sorpresiva.

Detrás de este nombramiento existe una historia peculiar y orgullosa. En 1985, un grupo de cocineras tradicionales de remotas y tradicionales comunidades del hermoso Michoacán, advirtieron que en su estado la comida mexicana corría el riesgo de perderse, ya que los nuevos “modos” traídos por compatriotas que habían migrado a Estados Unidos, estaban influyendo en el cambio de hábitos, y encontraron que los nuevos jóvenes no estaban valorando la riqueza nutricional y cultural de la gastronomía mexicana.

Estas mujeres iniciaron caravanas gastronómicas y comenzaron a exhibir su comida en la feria artesanal anual de Uruapan. Curiosamente, incluso en Michoacán, sus platillos no eran del todo conocidos, así que tuvieron qué regalarlos, con el fin de que las personas los probaran.

mujeres purepecha patrimonio cultural de la humanidad comida mexicana

Estas mujeres iniciaron con el movimiento para que la Unesco declarara la gastronomía mexicana como patrimonio de la humanidad. Su primer intento fue en la Convención de París, y aunque fue negada la declaración, al siguiente año consiguieron la gran sorpresa.

Inicialmente fueron nueve mujeres purépecha de los municipios de Sichuicho, San Lorenzo, Capácuaro, Angahuan, Tarerio, Santiago Azajo, San Juan Nuevo y Caltzontzin, entre ellas Juana Bravo y Antonina González Leandro. A su caravana la apoyaron empresarios gastronómicos y Catalina Easley, una ex delegada.

Ahora Bravo es invitada a diversos lugares del mundo a cocinar sus ancestrales recetas, de hecho, recién llegó de Kenia, donde cocinó en la semana internacional gastronómica, invitada por la Secretaría de Relaciones Exteriores de ese país.

Y aunque el nombramiento tuvo qué ver con un movimiento más complejo, podría decirse que ellas fueron sus iniciales promotoras, desde su comunidades y la conciencia que aún guardan sobre el valor ancestral de la gastronomía mexicana. Su especialidad, por cierto, es la tortilla purépecha bicolor llamada Ichuskuta, verde y blanca, que para simboliza la vida y la muerte.

*Imágenes: Ubaldo Garibay/El Universal

*Fuente:

Cocineras. Mujeres indígenas rescatan la comida tradicional mexicana/ El Universal