Una preciosa compilación de mapas antiguos de México

Historia y estética confluyen en un hermoso ejercicio: contemplar mapas antiguos de México, estados y ciudades; entre ellos Oaxaca, Veracruz, Acapulco, Querétaro

Entra las innumerables formas en las que la historia de un país va materializándose, creando a su alrededor objetos representativos, los mapas ocupan un lugar especial. En México la cartografía, y en este caso sus mapas antiguos, es fascinante no solo por su naturaleza estética, también por que nos familiarizan, por medio de instantáneas, a distintos momentos de la evolución del país –es sorprendente la cantidad de inferencias o reflexiones que surgen con solo observar detenidamente una de estas piezas.  

México presume una historia rica y compleja, condición privilegiada que enaltece la identidad del país. La región que comprehende hospedó uno de los pocos pulsos culturales primarios; después, con la conquista, fue escenario de una efervescente fusión de culturas que derivaría en un sincretismo endémico y con el tiempo esta mixtura de insumos culturales daría forma a esa apasionante diversidad que hoy nos une.

Sobra decir que el “mapa nos es el territorio”, y que jamás lo será. Pero el mapa es, en cambio, un recordatorio de que formamos parte no de una arbitrariedad geopolítica sino de un suelo en común que implica una historia compartida. Por eso dedicar unos momentos a repasar los mapas antiguos de México representa una especie de terapia identitaria. Además, y en especial si consideramos que entonces la cartografía contenía varios ingredientes especulativos, por no decir imaginarios,  estos mapas antiguos facilitan el encuentro con una narrativa visual que masajea la imaginación y encausa la fantasía.

Pasemos entonces a este breve recorrido de alhajas cartográficas:

Ciudad de México, Estado de México y Michoacán (1608)

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Hispaniae Novae Nova Descriptio.

 

Acapulco, Guerrero (1628)

Este mapa antiguo de Acapulco destaca por su ánimo narrativo, como una especie de diorama; bien podría ser la ilustración de un cuento de hadas, piratas o ambos.

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Puerto de Acapulco en el Reino de la Nueva Expaña en el Mar del Sur. Litog. Ruffoni, 1628.

 

Guadalajara, Jalisco (1800)

mapa-antiguo-guadalajara-mexico-ciudad Guadalajara. Facsimile de un plano de la Ciudad de Guadalajara como se hallaba en el año de 1800; Plan de la Ciudad de Guadalaxara Capital del Reyno de Nueva Galicia. Dedicado á el Yllmo. Sor. Doctor Dn. Juan Cruz Ruiz de Cabañas del Conso. de S. Md. Digno Obispo de esta Diacesis.

 

Ciudad de Oaxaca (1868)

Este mapa histórico, hermosamente presentado, de la Ciudad de Oaxaca,  fue comisionado por Benito Juárez, entonces gobernador del estado. 

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Sabalkanski, Conde Antonio Diebitech de. Oajaca 1848 de órden del Exmo. Sr. Gobernador D. Benito Juárez, 1848.

 

Centro y norte de México, desde Querétaro hasta Texas (1756) 

Una curiosa síntesis del centro-norte del país, que comienza por Querétaro, al sur, y prosigue hacia arriba hasta terminar en Texas –pasando por San Luis Potosí, León y Coahuila, entre otros–. Destaca la aridez gráfica que, por cierto, corresponde con buena parte de la región que representa. 

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Prieto, Alejandro. Mapa de la Sierra Gorda, y Costa de el Seno Mexicano desde la Ciudad de Querétaro, situada, cerca de los 21 gs. hasta los 28 en que está, la Bahia de el Espiritu Santo, sus Rios, Ensenadas, etc., 

 

Istmo de Tehuantepec, desde Oaxaca hasta Veracruz (1774) 

Una preciosa panorámica del Istmo de Tehuantepec, atravesando desde el Océano Pacífico, por Oaxaca, hasta desembocar en el Golfo de México, atravesando veracruz. Esta pieza destaca por ser una de las más hermosas de esta selección de mapas antiguos de México que les compartimos.  

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Crame. Istmo de Tehuantepec y Curso del Rio de Goazacoalcos, 1774.

 

Cerro del Tepeyac, Ciudad de México (siglo XVIII)

Este mapa retrata el sitio que cimienta uno de los mitos más importante en la identidad del mexicano: el Cerro del Tepeyac, donde la Virgen de Guadalupe, “la Patroncita”, hizo su aparición. 

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 Montes de Oca, J. Tepeyacac, Santiago, Atzacualco, Santa Ysabel, Zacatenco, Tecoma, San Lorenzo, etc.,

 

Puerto de Veracruz (1628)

Esta panorámica del Puerto de Veracruz, que en algo recuerda a las “ciudades invisibles” que describe Italo Calvino, es atribuida al ingeniero flandés Adrián Boot. 

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Puerto de la Vera Cruz Nueva con la Fuerça de San Juan de Ulua en el Reino de La Nueva Expaña en el Mar del Norte. tiene la Ciudad Longitud 1200 varas L a Fuerça tiene de Longitud 195 varas tiene La Canal desde tierra asta la Fuerça 200 varas, 1628. Litog. A. Ruffoni.

 

Ciudad de México (1628)

La antigua Tenochtitlán presumiendo su condición única: estar abrazada por agua y vigilada por volcanes… 

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Gomez de Trasmonte, Juan. Forma y Levantado de La Ciudad de Mexico por la correspondencia de los numeros se halan en esta copie loss conuentos y cosas enalados, 1628.

 

Querétaro y alrededores (1840)

Este mapa muestra al estado de Querétaro, incluida su capital y alrededores, entre los que se distingue la Sierra Gorda y ciudades que hoy pertenecen a otros estados, por ejemplo Celaya (Guanajuato) y San Luis de la Paz (San Luis Potosí).  

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Camargo, Francisco. Mapa Geográfico del Estado de Querétaro, 1840.  

 

León, Guanajuato (siglo XVIII)

Este pintoresco mapa de la ciudad de León es un buen detonante para imaginar algunas de las historias que ahí ocurrían a diario.  

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Leon. Mapa y Plan Orisontal que manifiesta la Villa de León con sus Barrios, Pueblos calles y cuadras.

 

* Imágenes: Todos los mapas incluidos, con excepción del primero (Hispaniae Novae Nova Descriptio / Dominio público) son cortesía de University of Texas Libraries, The University of Texas at Austin.

 

Javier Barros Del Villar
Autor: Javier Barros Del Villar
Editor digital con aspiraciones carpinteras. Mexicano.

Este mapa se propuso lo imposible y lo logró: simplificar la Ciudad de México

Este relajante mapa de la Ciudad de México es resultado de un perfecto ejercicio de cartografía minimalista.

La Ciudad de México es un ser fascinante y sin duda abrumador. Con varios millones de habitantes, una inmensa zona metropolitana, y un plan urbano absolutamente entrópico, esta capital califica como una de las ciudades más vibrantes, y caóticas, del planeta. 

Difícil imaginar siquiera una versión simplificada de la Ciudad de México. Pero un mapa creado por un urbanista de la Universidad de Harvard, Archie Archambault, fue exactamente lo que logró. El resultado es una representación cartográfica, perfectamente clara y simple, de esta capital. 

Observar el mapa es una experiencia casi relajante. La sola posibilidad de dimensionar su distribución (algo así como su orden detrás del desorden) y, quizá por primera vez, entender cómo está repartida la Ciudad de México, definitivamente da serenidad.

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Archambault lleva tiempo generando versiones híper simplificadas de ciudades alrededor del mundo. Su versión de la CDMX, con una superficie de 1,500 km2, es sencillamente genial. Si contrastas este mapa con un mapa satelital, o más detallado, de la ciudad, comprobarás que la representación que logró el urbanista coincide con la distribución real, pero la expone con claridad hasta ahora inimaginable. 

Imagen principal: Moritz Bernoully

 

 

Mapas simbólicos de la Conquista (imágenes de la cartografía indígena mexicana)

Estos mapas del siglo XVI —narrativas codificadas del poder, la identidad y el arte— nacieron de documentos administrativos de la Conquista y de una encuesta que inspiró a los cartógrafos del México indígena.

“El mapa no es el territorio”, aseguró Alfred Korzybski, pero ciertamente un mapa es muchas otras cosas. Además de ser obras de arte en sí mismas, los mapas son una celebración de la imaginación, que logra representar algo irrepresentable en un plano; y, también, narrativas gráficas que, a lo largo de su existencia, han sabido hablar sobre el poder, el tiempo e incluso sobre los miedos más arraigados de la humanidad. Con los siglos, se volvieron depositarios de muchos tipos de información, no solamente cartográfica —es el caso de esta bella colección de mapas de algunos territorios que hoy son parte de México, hechos en siglo XVI.

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En la década de 1580, el rey español Felipe II, conocido como “el prudente”, se vio en la necesidad de mapear (y así conocer) el inconmensurable territorio americano que había heredado de su padre, el rey Carlos V; este vasto imperio era, entonces, completamente desconocido para él.

De este esfuerzo, nombrado por los conquistadores relaciones geográficas, nacieron estos peculiares mapas: piezas de arte y documentos administrativos de uno de los imperios más grandes de nuestra era. En 1937, los planos fueron subastados por los hijos de un coleccionista mexicano y hoy habitan la Universidad de Texas, en Austin. Son parte de una división dedicada al arte latinoamericano, la LLILAS Benson Latin American Studies and Collections

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Siendo que un viaje trasatlántico tenía enorme implicaciones y peligros, Felipe II decidió lanzar una encuesta que contenía 50 preguntas para conocer mejor sus tierras en América. Esto sucedió pocas generaciones después de la llegada de los primeros invasores europeos, tras lo cual el territorio se llenó de administradores que respondían al rey de España.

Los cuestionarios fueron distribuidos entre las poblaciones del Nuevo Mundo y pretendían recabar información de todo tipo —desde la historia de cada poblado, sus epidemias y quién había sido su conquistador, hasta características naturales del lugar (volcanes, lagunas, árboles frutales, puertos, ferocidad del mar, herbolaria) y cómo éstas eran explotadas por sus habitantes.

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La respuesta a estos cuestionarios muchas veces era extensa y llenó manuscritos enteros, ricos en información que trascendía lo cartográfico y la mera descripción de los territorios, algo que explica la profunda singularidad de los mapas que resultaron de ellas. De hecho, esta colección cartográfica constituye sólo la respuesta a la pregunta número 10 del censo, que pedía una “pintura” o representación visual de los pueblos —una solicitud que, además, dio una clara libertad representativa a los “cartógrafos”. 

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Además, muchos de estos mapas utilizan lenguas indígenas, como el náhuatl. Aunado al tipo de iconografía utilizada, los expertos sostienen que la gran mayoría de estos planos fueron hechos por nativos del México prehispánico, algo que abrevó necesariamente de sus propias prácticas cartográficas (a pesar de algunos ecos claros y sincréticos del arte europeo) y los convierte en una hermosa muestra de cómo los lugares fueron reimaginados simbólicamente por sus habitantes.

Se sabe, además, que quienes hicieron estos mapas eran miembros privilegiados y poderosos de sus sociedades: la práctica de hacer mapas tenía implicaciones esotéricas en estas sociedades, por el mero acto de condensar el conocimiento en un lenguaje gráfico y hacerlo visible.

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No se sabe a ciencia cierta si estas pinturas llegaron a manos del rey o cuál fue su opinión sobre ellos, pero es un hecho que carecen de ciertos elementos básicos, como medidas longitudinales e indicaciones de latitudes, información necesaria para hacer un mapa de estos territorios.

A pesar de ello son fascinantes: cuadrículas que describen las calles de manera sobria; representaciones de montañas y sus alturas; acueductos; edificaciones; poblaciones de plantas, e incluso descripciones gráficas de cómo los lugares habían cambiado con el paso del tiempo son sólo algunos de los métodos a los que los encuestados recurrieron para responder la pregunta 10 del censo del rey español. 

El mapa no es el territorio, pero sí es un ejercicio de imaginación y de poder. En el caso de estos antiguos planos, se trata de una representación de la identidad de pueblos en un tiempo en el que su futuro cambió ineludiblemente, y cuyo simbolismo ha quedado plasmado con hermosos pigmentos sobre papel o piel de venado.

Imágenes:

LLILAS Benson Latin American Studies and Collections.  

Fuentes:

*“How a 16th-Century Spanish Questionnaire Inspired Indigenous Mapmakers of Mexico”,  JESSICA LEIGH HESTER, Atlas Obscura

**BENSON LATIN AMERICAN COLLECTION, LLILAS BENSON LATIN AMERICAN STUDIES AND COLLECTIONS, THE UNIVERSITY OF TEXAS AT AUSTIN

María González de León
Autor: María González de León
Escritora, guionista y editora web. Estudió letras inglesas; escribe películas y series. Ha trabajado en medios como Faena Aleph y Pijama Surf. Le gustan la música, el yoga y los vampiros.

El códice Quetzalecatzin, la prueba de la perduración en el tiempo

Los nahuas, y su primer contacto con Europa, está retratado en este bello códice, conocido por su atemporalidad.

Actualmente se vive en un mundo de instante. El perdurar de la imagen se vuelve un mito y, sin importar su contenido, el olvido es la única guía. No obstante, en esta era, aún existen las representaciones atemporales, aquellas cuya belleza e importancia perduran en el tiempo. El ejemplo más representativo de esta pictoralidad atemporal reside en los códices, cápsulas de tiempo, tanto de memoria y trazo. 

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El códice Quetzalecatzin (también conocido como Mapa de Ecatepec-Huitziltepec) es la prueba. La belleza y sinuosidad con que está trazado es única y la historia que encierra es igual o más de maravillosa. El códice muestra el paraje del sur de Puebla, desde la iglesia de Texcoco, sus inmediaciones, el lago de Texcoco, hasta la iglesia de Santa Cruz Huitziltepec. Otra de las características de este mapa es el retrato de la línea genealógica y propiedad de la tierra de la familia “León”, parentela que al ser inscrita en este códice, sin saberlo, se ha vuelto parte de la historia de estos antepasados. 

La inmortalización que ha hecho de este árbol genealógico no es única. La particularidad de este códice reside en ser parte de las primeras piezas durante la  época en la que los europeos y los nahuatls estuvieron en contacto. De esta manera, no sólo estos dibujos y figuras  cobran la relevancia de un testimonio de los ancestros de México, sino en observadores de lo que vendría a ser esa zona en un futuro, el México que hoy en día se conoce. La fauna y fotografía pintadas lo comprueban, México desde sus inicios siempre fue una tierra de montañas y plantas sinuosas. El relieve de su geografía y naturaleza de los códices remite a la importancia de volver muchas cosas de dicho país como un patrimonio de la cultura y, sobre todo, su gente. 

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Actualmente, el códice se encuentra en la colección de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Aunque la vivencia de su tiempo en el presente, así como la prueba de su perduración, puede verse ya en línea. Recientemente, el códex ha sido digitalizado y puede ser consultado por cualquier persona en internet. 

Durante mucho tiempo, el códice había pertenecido a colecciones privados, por lo que la oportunidad de verlo en línea significa una gran oportunidad para conocer la historia de México y la atemporalidad de sus ancestro, quienes, al fin y al cabo, también vivieron en su tierra.